BONNIE D. PARKIN
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Las exhorto a que no sólo se amen más unas a
otras, sino a que se amen con más intensidad.
Es maravilloso estar juntas como hermanas de la Sociedad de Socorro, mujeres del convenio en el Evangelio restaurado del Señor. A cada una de ustedes, no importa su edad, etapa de la vida o circunstancias, se la necesita, se la valora y se la estima en la Sociedad de Socorro. Gracias por lo que son; gracias por todo lo que hacen.
En mi oficina hay una hermosa pintura que representa a Jesús con María y Marta1. Cada día, al ver esa pintura, pienso en los desafíos que tenemos como mujeres. La hermana Hughes, la hermana Pingree y yo nos sentimos inspiradas a utilizar el relato de María y Marta como el tema para nuestra
reunión. El Señor enseñó: una cosa es necesaria: escoge la buena parte2. De eso hablaremos esta noche, de escoger la buena parte.
Marta vivía en la aldea de Betania, donde "recibió [a
Jesús] en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la
cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra"3. Ambas mujeres
amaban al Señor, y "amaba Jesús a Marta, [y a María]"4.
De hecho, esa interacción iba en contra de lo acostumbrado, ya que
en esa época no era común que las mujeres hablaran sobre temas
del Evangelio con los hombres.
En una ocasión, Marta preparaba la cena y dice la Escritura que "se
preocupaba con muchos quehaceres"5. En otras
palabras, ¡tenía mucho estrés!
María, por el contrario, "sentándose a los pies de Jesús,
oía su palabra"6, mientras que Marta
se sentía cada vez más disgustada porque nadie le ayudaba.
(¿Les parece eso familiar?) ¿Pensaba ella: "¿Por
qué está María sentada allí mientras yo trabajo
tanto para preparar la comida?". Marta se volvió a Jesús
y le dijo: "Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me
deje servir sola? Dile, pues, que me ayude"7.
La tierna exhortación que el Señor hizo a Marta debió de
haberla sorprendido. "Marta, Marta, afanada y turbada estás con
muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido
la buena parte, la cual no le será quitada"8.
La respuesta del Salvador claramente recalcó lo que era más
importante. Esa noche, en el hogar de Marta, la buena parte no se encontraba
en la cocina, sino a los pies del Señor; la cena podría esperar.
Al igual que María, añoro aprender a los pies del Salvador,
mientras que, al igual que Marta, tengo que lavar la ropa que se va amontonando,
terminar mis proyectos pendientes y prepararle a mi esposo algo más
que pizza fría. Tengo quince nietos cuyas personalidades y desafíos
quiero comprender mejor, aunque también tengo un llamamiento en la
Iglesia un poco difícil. No dispongo de mucho tiempo y, como ustedes,
tengo que escoger. Todas tratamos de escoger la buena parte que no nos será quitada,
de equilibrar lo espiritual y lo temporal en nuestra vida. ¿No sería
fácil escoger entre efectuar las visitas de maestras visitantes o
robar un banco? En vez de ello, nuestras opciones son a veces más
sutiles; debemos escoger entre muchas opciones encomiables.
María y Marta somos ustedes y yo; somos todas las hermanas de la
Sociedad de Socorro. Ambas amaban al Señor y deseaban demostrar ese
amor. Me parece que en esa ocasión, María expresó su
amor al escuchar Su palabra, mientras que Marta expresó el suyo al
prestarle servicio.
Marta pensó que estaba haciendo lo correcto y que su hermana debía
ayudarla.
No creo que el Señor estuviera diciendo que hay Martas y Marías.
Jesús no rechazó la preocupación de Marta, sino que
volvió a encauzar la atención de ella al decir "escoge
la buena parte". ¿Y qué es? El profeta Lehi enseñó: "...quisiera
que confiaseis en el gran Mediador y que escuchaseis sus grandes mandamientos;
y sed fieles a sus palabras y escoged la vida eterna, según la voluntad
de su Santo Espíritu"9
Lo que es necesario es escoger la vida eterna. Escogemos a diario. Al buscar,
escuchar y seguir al Señor, nos encontramos envueltos en los brazos
de Su amor, un amor que es puro.
Mormón nos enseña que "la caridad es el amor puro de
Cristo, y permanece para siempre"10. El
amor puro de Cristo. Veamos, ¿qué significa esa frase? Parte
de la respuesta se encuentra en Josué: "...que con diligencia...
améis a Jehová vuestro Dios... y le sirváis de todo
vuestro corazón y de toda vuestra alma"11.
La caridad es nuestro amor por el Señor, manifestado a través
de actos de servicio, paciencia, compasión y comprensión de
la una por la otra.
En Éter se encuentra conocimiento adicional en cuanto al amor puro
de Cristo: "[Jesús ha] amado al mundo, aun al grado de dar [Su]
vida por el mundo, a fin de volverla a tomar, con objeto de preparar un lugar
para los hijos de los hombres. Y ahora sé que este amor que [Él ha] tenido por los hijos de los hombres
es la caridad"12. La caridad es también el
amor del Señor por nosotras, manifestado a través de Sus actos
de servicio, paciencia, compasión y comprensión.
El "amor puro de Cristo"13se refiere
no sólo a nuestro amor por el Salvador, sino a Su amor
por cada una de nosotras.
El relato de María y Marta también demuestra la forma en que
al don de la caridad se le puede restar importancia. La petición de
ayuda de Marta llevaba una opinión callada pero clara: "Yo tengo
razón; ella está equivocada".
¿Nos criticamos la una a la otra? ¿Nos criticamos por decisiones
individuales, pensando que sabemos más? Cuando, de hecho, pocas veces
entendemos las circunstancias particulares o la inspiración de otra
persona. ¿Hemos dicho alguna vez: "Ella trabaja fuera de casa",
o: "Su hijo no sirvió en una misión", o: "Es
muy mayor para ese llamamiento", o: "A ella no, porque es soltera"?.
Ese tipo de opiniones, y muchas otras como ésas, nos despojan de la
buena parte, del amor puro de Cristo.
También perdemos de vista la buena parte cuando nos comparamos a
las demás; "el cabello de ella es más bonito, tengo las
piernas más gruesas, los hijos de ella son más talentosos o
el huerto de ella es más productivo". Hermanas, ustedes saben
lo que quiero decir. Simplemente, no podemos hacer eso. ¡No debemos
permitir sentirnos ineptas al concentrarnos en lo que no somos, en
vez de en lo que somos! En la Sociedad de Socorro todas somos hermanas;
sencillamente no podemos criticar, chismear ni juzgar y tener el amor
puro de Cristo. ¿No oyen la dulce exhortación del Señor: "Marta,
Marta..."?
El élder Marvin J. Ashton lo expresó de forma hermosa: "Quizás
adquiramos la mayor caridad al ser amables los unos con los otros, al no
juzgar ni adjudicar categorías a los demás, al limitar nuestras
malas opiniones de otras personas o permanecer en silencio. La caridad es
aceptar las diferencias, debilidades y faltas de los demás; es tener
paciencia con alguien que nos haya fallado; es resistir el impulso de sentirnos
ofendidos cuando alguien no hace las cosas de la manera en que nos hubiera
gustado. La caridad es rehusar aprovecharnos de las debilidades de otros
y estar dispuestos a perdonar a alguien que nos haya herido. La caridad es
esperar lo mejor de los demás"14.
Al ejercer la caridad, llegamos a conocer el corazón de una hermana;
cuando eso sucede, cambiamos; ya no la juzgaremos, sino que sencillamente
la amaremos. Las exhorto a que no sólo se amen más unas a otras,
sino a que se amen con más intensidad. Al hacerlo, llegaremos
a saber con certeza que "la caridad nunca deja de ser"15.
Al igual que en el caso de Marta, una de las primeras cosas que desaparece
cuando estoy afanada y turbada es mi actitud caritativa. ¿Les sucede
lo mismo a ustedes?
He aprendido que la mejor manera de recuperar la caridad es despojarme de
las cargas y simplemente amar y servir al Señor. ¿Cómo
lo logramos? Al comienzo de cada día, nos arrodillamos en oración
a nuestro Padre Celestial, escuchamos Sus palabras a través del estudio
diario de las Escrituras, y seguimos la guía que recibamos. Si amamos
y adoramos a Cristo, amaremos también a los demás. "Nosotros
le amamos a él, porque él nos amó primero"16. Éste
es el ciclo de la caridad. Hermanas, "la caridad nunca deja de ser".
Cuando recibí este llamamiento, deseé con todo mi corazón
tener suficiente caridad para amar con sinceridad a cada una de las
hermanas de la Iglesia; deseé que el aumento de mi amor las ayudara
a sentir el amor del Señor en su vida. Oré a mi Padre Celestial "con
toda la energía de [mi corazón] que [fuera llena] de
este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos
verdaderos de su Hijo Jesucristo"17.
En diciembre del año pasado, en la Escuela Dominical, nuestro maestro
sugirió que durante el ajuste de diezmos diéramos al Señor
un informe privado de nuestro estudio y aplicación de un principio
del Evangelio. Tuve el claro sentimiento de que mi estudio debía basarse
en la caridad. Esa impresión me fue confirmada en la reunión
sacramental, y supe que había recibido dirección del Señor.
Al relacionarme con muchas de ustedes, he experimentado un poderoso amor
por ustedes y por su bondad; el apoyo que me han brindado me ha dado una
lección de humildad; mis deseos de servirles han aumentado. Ésos
son los sentimientos de la caridad; ésas son las respuestas a mis
oraciones; ésos son algunos de los momentos más dulces de mi
llamamiento. Creo que he logrado cierto progreso, porque algunos de mis hijos
me preguntan por qué me he portado tan bien últimamente. Este
diciembre daré a mi Padre Celestial un informe de mis esfuerzos por
comprender y ejercer la caridad.
De la misma manera que lo hizo con María y con Marta, el Señor
nos mostrará la buena parte que no nos será quitada. Él
nos concederá la caridad, ese amor puro de Cristo, porque "la
caridad nunca deja de ser".
Queridas hermanas, sólo una cosa es necesaria: seguirle cada día.
Escojan, por tanto, a Cristo el Señor; escojan deleitarse en Su palabra;
escojan confiar en Él que mora en las alturas; escojan esperar en
Su amor; escojan ofrecerle todo su corazón; escojan, por tanto, la
buena parte.
Ésta es mi oración, en el nombre de Jesucristo. Amén.
NOTAS
1. Mary Heard His Word, de Walter
Rane, cortesía
del Museo de Historia y Arte de la Iglesia.
2. Véase Lucas 10:42.
3. Lucas 10:38-39; cursiva agregada.
4. Juan 11:5.
5. Lucas 10:40.
6. Lucas 10:39.
7. Lucas 10:40.
8. Lucas 10:41-42.
9. 2 Nefi 2:28.
10. Moroni 7:47.
11. Josué 22:5; cursiva agregada.
12. Éter 12:33-34; cursiva agregada.
13. Moroni 7:47.
14. Marvin J. Ashton, "La lengua puede ser una espada
aguda", Liahona, julio de 1992, pág. 20.
15. Moroni 7:46.
16. 1 Juan 4:19.
17. Moroni 7:48; cursiva agregada.