ÉLDER NEAL A. MAXWELL
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Aun cuando José Smith hubiera sido el conducto por
el cual se hubiera recibido sólo una de esas revelaciones divinas,
ese hecho en sí sería suficiente para declarar su grandezade
Profeta.
Apartir
de 1820, José Smith recibió constantes ataques de acusaciones,
seguidos al fin por reivindicaciones. Esa práctica continúa.
Como se profetizó, los necios lo ridiculizan, el infierno brama contra él
yse toma su “nombre para bien y paramal” (José Smith—Historia
1:33). Esaagitación inquieta a unos pocos queprefieren roer los huesos
en el exterior en lugar de entrar a disfrutar delespléndido banquete
de revelación, desviándolos de ese modo de prestarla debida
atención a la misión de José Smith como “vidente
escogido” (véase 2 Nefi 3:6–7).
Tal como lo enseñó la experienciade Ammón, un vidente
tiene el poderde traducir anales antiguos, “es mayorque un profeta”,
pero, dijo Ammón,“un vidente es también… profeta”(véase
Mosíah 8:11–16). Así llamado,José Smith ha llegado
a ser “un granbeneficio para sus semejantes”(Mosíah 8:18).
El traductor "escogido" sacó a luz —"por el
don y el poder de Dios" (D. y C. 135:3)— el Libro de Mormón,
algo tangible que se puede verificar. Para todos los que le presten atención,
el Libro de Mormón es como abrir de par en par las puertas largo tiempo
cerradas de lo que se suponía ser un canon completo de Escrituras.
En la portada misma del Libro se hace constar su capacidad para "convencer" a
las personas de que Jesús es el Cristo (véase también
2 Nefi 25:18). En una época de incredulidad y de error con respecto
a ese hecho preeminente, la función convincente del libro ¡es
tan necesaria! ¡Cuán penetrante su promesa!
El Libro de Mormón se proclamará al mundo "desde los
techos de las casas" (2 Nefi 27:11). Aun cuando se descuide, será siempre
una invitación, "mientras dure la tierra" (2 Nefi 25:22).
No es de extrañar que "los extremos de la tierra indagar[á]n [el]
nombre [de José Smith]" (D. y C. 122:1). Otras profecías
tranquilizadoras afirmaron que los enemigos de José "serán
confundidos" y que el pueblo del Profeta no se "volverá...
en contra de" él por el testimonio de los traidores (véase
2 Nefi 3:14; D. y C. 122:3).
Como nos lo recordó ayer el presidente Faust, sobre sus propias imperfecciones
José Smith dijo: "Yo nunca os he declarado que soy perfecto;
pero no hay error en las revelaciones que he enseñado" (Enseñanzas
del Profeta José Smith, pág. 457).
Paradójicamente, el joven José Smith fue a la arboleda con
el único deseo de saber a qué religión unirse, no con
la intención de ser llamado vidente, revelador, traductor y profeta
(véase D. y C. 21:1). En la arboleda, y después, sin embargo,
hubo una explosión de bendiciones inesperadas. Las revelaciones y
traducciones que resultaron no fueron meras conjeturas, dichos del día
ni epigramas, sino en cambio revelaciones que provenían de Dios.
El volumen de esas revelaciones y traducciones es enorme, subrayando las
palabras "vidente escogido". Pero lo asombroso no es sólo
el inmenso volumen de lo que José recibió y lo cual ahora se
da a conocer a la humanidad, sino también la existencia de revelaciones
prodigiosas en medio de tanta abundancia.
Por ejemplo, mediante múltiples revelaciones y traducciones recibió la
descripción de un universo que excedía en mucho a los conocimientos
astrofísicos de la época, un cosmos de "incontables mundos",
y la explicación de que "sus habitantes son... hijos e hijas [de]
Dios" (Moisés 1:33; D. y C. 76:24).
En la antigüedad, la magnitud de la posteridad de Abraham se comparó con
las arenas del mar, una promesa asombrosa (véase Génesis 22:17).
Las revelaciones y traducciones de la Restauración, admiten la posibilidad
de un vasto universo, por lo que no es de sorprender que los últimos
cálculos de la cantidad de estrellas que hay en el universo, sean
de "cerca de 70 cuatrillones... más estrellas en el cielo",
dicen los científicos, "que granos de arena en todas las playas
y desiertos de la tierra" (Allison M. Heinrichs, "The Stellar Census:
70 Sextillion", Los Angeles Times, julio 26 de 2003. Véase
también, de Carl Sagan, Cosmos, Random House, 1934, pág.
196).
Además, se recibieron revelaciones y traducciones relacionadas con
el propósito principal de Dios de "llevar a cabo la inmortalidad
y la vida eterna del hombre" (Moisés 1:39), dándonos divinos
y concisos conceptos tranquilizadores. Los planes de Dios para el desarrollo
de las almas no han cambiado; son los que se describieron al antiguo Israel,
cuyos cuarenta años en el desierto fueron "para afligirte, para
probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías
de guardar o no sus mandamientos" (Deuteronomio 8:2). Por lo tanto,
los discípulos de hoy en día podemos comprender por qué se
ponen a prueba nuestra fe y nuestra paciencia de vez en cuando: a fin de
que estemos preparados para volver al Hogar (véase Mosíah 23:21).
Hermanos y hermanas, en la vida diaria no pasan muchas horas sin que tengamos
que decidir una y otra vez "¿Qué dirección seguir?",
o si debemos armar nuestras tiendas con el frente hacia el mundo o hacia
el santo templo (véase Génesis 13:12; Mosíah 2:6).
Dios no tiene pasatiempos que lo distraigan en algún rincón
remoto del universo; nosotros ocupamos el centro mismo de Su interés
y propósito. Esto ofrece un marcado contraste con los que creen que
el hombre vive en un "universo donde no existe la consciencia" (Bertrand
Russell, "A Free Man's Worship", en Mysticism and Logic and
Other Essays, 1917, pág. 50), "un universo... sin un señor" (Albert
Camus, The
Myth of Sisyphus and Other Essays, trad. por Justin O'Brien, 1955, pág.
123).
Se recibieron revelaciones similares sobre la duración de nuestra
vida como hijos espirituales de Dios, puesto que "el hombre fue en el
principio con Dios", una revelación acompañada de más
vislumbres sobre la naturaleza eterna del hombre (véase D. y C. 93:29).
Esas enunciaciones con sus profundas implicaciones son de gran importancia
y eliminan, por ejemplo, la teoría de que haya sido creado en un instante, "de
la nada".
Otra realidad de haber estado con Dios "en el principio" significa
que "ustedes han sido ustedes" desde hace mucho tiempo; de ahí que
el apóstol Juan haya escrito correctamente que Dios "nos amó primero" (1
Juan 4:19). Asimismo, en medio de la turbulencia terrenal, aprendemos lo
que en realidad son los demás seres mortales: nuestros hermanos espirituales
y no las funciones que desempeñen, ni tampoco rivales ni enemigos.
Más aún, debemos tener una actitud de santidad y respeto especiales
hacia la vida humana.
Estas tres revelaciones y traducciones, todas prodigiosas, son respuestas
especiales a las perplejidades y los anhelos humanos más profundos.
Nos hablan de la naturaleza de Dios, del universo, ¡y también
de nuestra identidad personal y del significado de la vida! ¿Qué podría
ser más personal que esas breves pero globales declaraciones?
Aun cuando José Smith hubiera sido el conducto por el cual se hubiera
recibido sólo una de esas revelaciones divinas, ese hecho en sí sería
suficiente para asegurar su grandeza de Profeta. No obstante, aunque Dios
quiere darnos "todo lo que tiene", ¡sufrimos escasez de percepción para imaginarlo! (véase D.
y C. 84:38).
No es de extrañar que Pablo elogiara a Abraham, que "tampoco
dudó... por incredulidad" (Romanos 4:20). Al contemplar las doctrinas
de la Restauración, existe el riesgo de que "dudemos" ante
verdades tan sobresalientes y promisorias.
Al considerar esas revelaciones y traducciones tan asombrosas, sigamos,
por lo tanto, el consejo del rey Benjamín: "Creed en Dios...
creed que el hombre no comprende todas las cosas que el Señor puede
comprender" (Mosíah 4:9).
Un Dios que es absolutamente competente deja al ser mortal la libertad de
decidir, pero cuán agradecidos debemos estar de que Dios haya decidido
hace mucho, mucho tiempo rescatar y resucitar a todos Sus hijos por medio
de la expiación de Su Hijo. A pesar de ello, algunos rechazan éste
y otros incentivos divinos, y muchos son indiferentes a ellos, principalmente,
por hallarse demasiado envueltos en los afanes del mundo. Se sienten extraños
para el Salvador, que está lejos de sus pensamientos y de las intenciones
de su corazón (véase Mosíah 5:13).
En medio del plan de Dios y la increíble vastedad del universo, hay
una increíble individualidad. Por ejemplo, "[La mirada de
Dios] está sobre todos los hijos de los hombres; y conoce todos los
pensamientos e intenciones del corazón..." (Alma 18:32; véase
también Isaías 66:18).
Por eso somos totalmente responsables ante Él. ¡El Día
del Juicio no podremos invocar el derecho a no declarar en contra de nosotros
mismos!
He dejado para lo último la revelación preeminente, que en
verdad está en primer lugar: las apariciones divinas mostrando la
realidad de un Jesucristo resucitado que es nuestro Salvador. Dio comienzo
en la Arboleda Sagrada y después hubo otras apariciones en localidades
desconocidas como Kirtland y Hiram, y por ellas toda la humanidad recibió esa
confirmación imprescindible.
Es una pena, pero en el mundo secular, a lo más, muchos ven a Jesús
como una figura distante; incluso lo denigran. Cuán trascendental
es, por lo tanto, que las revelaciones de la Restauración confirmen
este hecho universal: "Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo Jesús llevó a cabo la "Expiación
infiunigénito..." (Juan 3:16).
Jesús llevó a cabo la “Expiación infinita”,
en la cual sufrió infinitamente, y como Salvador Él lo comprende
todocompletamente, porque “descendiódebajo de todo, por lo que
comprendió todas las cosas” (2 Nefi 9:7; D. y C.88:6). Sí,
como dice la letra del conmovedor canto religioso de los esclavos de antaño: “Nadie
conoce laspenas que he visto, nadie las conocesino Jesús”.
Hermanos y hermanas, la lista de actores en este planeta, para quienes las
revelaciones y traducciones son tan pertinentes, incluye a los que, según
se ha dicho, viven una vida de "silenciosa desesperación" (véase
de Henry David Thoreau, Walden, 1965, pág. 7); a éstos
se han unido los que viven en un estado de complacencia escandalosa y rimbombante,
celebrando erróneamente su capacidad de sentir hasta el punto en que
pierden toda sensibilidad y "han dejado de sentir" (véase
Moroni 9:20; Efesios 4:19; 1 Nefi 17:45). Por eso, acaban por lamer sus platos
particulares en una búsqueda desesperada de más sensaciones.
No obstante, ese tipo de personas no son todavía una mayoría,
sino "la parte menor del pueblo" (Mosíah 29:26-27).
Lo interesante es que, de todos modos, en el postrer día el adversario
no "amparará" a los que lo sigan (véase Alma 30:60).
No puede hacerlo. Jesús triunfará majestuosamente y las astutas
invenciones del adversario, agradables para la mente carnal, también
caerán, y "su caída [será] grande en extremo" (Alma
30:53; 1 Nefi 11:36). Aun ahora podemos ver en la vida de los hijos pródigos "volviendo
en sí" que las doctrinas del diablo se esfuman y desaparecen,
todavía a tiempo (véase Lucas 15:17). Muchos, habiendo experimentado
el absoluto vacío de las vías más bajas, están "preparados
para oír la palabra" y ahora esperan que se les enseñe
sobre las revelaciones y traducciones redentoras (véase Alma 32:6).
Mis hermanos, ¡no osamos retener las verdades del Evangelio restaurado!
No osamos retener las tranquilizadoras revelaciones y traducciones de la
verdad sobre "las cosas como realmente son, y... las cosas como realmente
serán", que tanto necesitan aquellos cuyas debilitadas manos
caen porque sufren de anemia doctrinal y para quienes el mejor tratamiento
son los glóbulos rojos de la Restauración (véase Jacob
4:13). El retenerlas sería restringir el arrepentimiento y ocultar
la atrayente alternativa espiritual, que llegará "a ser resplandeciente
como el sol, claro como la luna" (véase D. y C. 105:31).
Entretanto, hagámonos a la idea de que muchos nos mirarán
con indiferencia; otros nos considerarán raros o descarriados. Soportemos
que nos señalen con el dedo aquellos que, irónicamente, están
entre los que, después de todo, aburridos ya, se encuentren con que "el
grande y espacioso edificio" es un hotel confinado de tercera clase
(véase 1 Nefi 8:31-33). No insultemos a los que nos insultan y no
les hagamos caso (véase D. y C. 31:9). En cambio, utilicemos nuestra
energía para levantar el escudo de fe a fin de dominar los ardientes
dardos que nos acosen, con la ayuda de una capa protectora del Evangelio
(véase 1 Nefi 15:24).
Hermanos y hermanas, en vista de todo lo que he dicho "¿Qué más
puedo decir?", excepto ¡"Al gran Profeta rindamos honores"!
(Jacob 6:12; Himnos, N° 15). ¡En el nombre de Jesucristo,
amén!