PRESIDENTE JAMES E. FAUST
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
La fe vigorizante puede ser el máximo consuelo de la vida. Todos
debemos buscar nuestro propio testimonio.
Esta mañana quisiera expresar un testimonio humilde a los que tengan
luchas y dudas personales en cuanto a la misión divina de La Iglesia
de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. A veces, muchos
de nosotros somos como el padre que le pidió al Salvador que sanara
a su hijo que tenía un espíritu inmundo. El padre del muchacho
exclamó: Señor, "Creo; ayuda mi incredulidad". A
todos aquellos que aún tengan dudas e interrogantes, hay maneras de
ayudar su incredulidad. En el proceso de aceptar y rechazar información
en la búsqueda de luz, verdad y conocimiento, casi todos, en un momento
dado, han tenido dudas, lo cual es parte del proceso de aprendizaje.
La fe vigorizante puede ser el máximo consuelo de la vida. Todos
debemos buscar nuestro propio testimonio.
Un testimonio se inicia al aceptar mediante la fe la misión divina
de Jesucristo, la cabeza de esta Iglesia, y al Profeta de la Restauración,
José Smith. El Evangelio, tal como fue restaurado por José Smith,
o es verdadero o no lo es. A fin de recibir todas las bendiciones prometidas,
debemos aceptar el Evangelio con fe y en su plenitud. No obstante, esa clase
de fe no siempre se adquiere toda a la vez. Aprendemos espiritualmente línea
por línea y precepto por precepto.
Joseph Hamstead, profesor de la Universidad de Londres, había hablado
sobre la Iglesia y sus programas para la juventud con sus compañeros
de esa gran institución. Uno de ellos dijo: "Me gusta todo eso,
lo que se está haciendo por las familias, etc. Si eliminara la parte
del ángel que se aparece a José Smith podría pertenecer
a su iglesia". El hermano Hamstead contestó: "Ah, pero si
eliminara lo del ángel que se aparece a José Smith, entonces
yo no podría pertenecer a la Iglesia porque ése es su fundamento"2.
Al igual que el profesor de la Universidad de Londres, muchos ven la maravilla
singular de esta Iglesia y se convencen de su gran mérito y esencia;
agradecen lo que la Iglesia puede hacer por sus creyentes; no obstante, carecen
de la confirmación espiritual de que José Smith en verdad vio
en visión al Padre y al Hijo, y que un ángel le entregó las
planchas de las que se tradujo el Libro de Mormón. El llegar a conocer
a Dios es el principal don espiritual que pueda recibir cualquier hombre
o mujer. José Smith recibió ese conocimiento personalmente.
Muchos años más tarde, cuando aún reflexionaba sobre
el impacto que ése y otros acontecimientos habían tenido en
su vida, José dijo: "No culpo a nadie por no creer mi historia;
si yo mismo no hubiera experimentado lo que pasó, tampoco la hubiera
creído"3.
No había nadie con el joven José Smith en la Arboleda Sagrada,
en Palmyra, Nueva York, cuando Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo se aparecieron.
Sin embargo, incluso aquellos que no creen que ocurrió, tendrán
dificultad para probar que no sucedió. Han pasado muchas cosas desde
que eso tuvo lugar para negar que no haya ocurrido.
Los que dicen, al igual que el padre que se menciona en la Biblia: "Creo,
ayuda mi incredulidad", pueden recibir una confirmación si siguen
la indicación del Libro de Mormón, que nos invita a preguntar "a
Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo", en cuanto a la verdad
que sólo se puede recibir por medio de la fe en Cristo y mediante
la revelación. No obstante, hay dos elementos indispensables. Uno
debe pedir "con un corazón sincero, con verdadera intención",
y luego Dios "manifestará la verdad de ellas por el poder del
Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo podréis
conocer la verdad de todas las cosas"4.
Hay contundente evidencia, además del Libro de Mormón, que
corrobora las afirmaciones de José Smith. Para empezar, los Tres Testigos
y los Ocho Testigos, quienes palparon las planchas y vieron los grabados,
testificaron que el Libro de Mormón fue traducido por el poder de
Dios. Los familiares de José Smith, que lo conocían mejor,
también aceptaron y creyeron su mensaje. Entre los creyentes estaban
sus padres, sus hermanos y hermanas, y su tío John Smith. Su hermano
mayor Hyrum probó su total fe en la obra de José al dar su
vida junto con él. Todos esos testigos fidedignos ratifican el testimonio
del Profeta.
Sus colegas más íntimos eran terminantes en la creencia que
tenían de la divina misión de José Smith. Dos de ellos,
Willard Richards y John Taylor, estaban con José y con Hyrum cuando
fueron asesinados. José le preguntó a Willard Richards si estaría
dispuesto a quedarse con ellos. Claramente Willard dijo: "Hermano José,
usted no me pidió que lo acompañara a cruzar el río,
ni que viniera a Carthage, ni tampoco me pidió que viniera a la cárcel
con usted, ¿y piensa que lo abandonaría en un momento como éste?
Le diré qué es lo que voy a hacer: si le condenan a la horca
por traición, pediré que me ahorquen a mí en su lugar
y que a usted lo dejen libre"5.
John Taylor testificó: "José Smith, el Profeta y Vidente
del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre
en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando
sólo a Jesús"6. El pragmático
Brigham Young dijo: "Siento como que siempre quisiera exclamar: ¡Aleluya!,
al pensar que pude conocer a José Smith, el Profeta a quien el Señor
levantó y ordenó, y a quien entregó las llaves y el
poder para edificar el Reino de Dios sobre la tierra y sostenerlo"7.
En mi opinión, a esos hombres fuertes e inteligentes no se les podría
haber engañado.
Para mí es también muy convincente que ninguna otra religión
afirme tener las llaves para unir los lazos familiares por la eternidad.
El presidente Hinckley dijo: "Todo templo, ya sea grande o pequeño,
viejo o nuevo, es una expresión de nuestro testimonio de que la vida
más allá de la tumba es tan real y segura como la vida terrenal"8.
Aquellos que atesoren a su familia tienen una convincente razón para
reclamar las incomparables bendiciones de estar sellados por la eternidad
en los templos de Dios. Para todos: abuelos, padres, maridos, esposas, hijos
y nietos, este poder y autoridad para sellar es el principio supremo, el
pináculo de la restauración "de todas las cosas"9 mediante
el profeta José Smith. Los sellamientos unen para siempre. Esta bendición
se extiende a todos los vivientes, al igual que vicariamente a los que han
muerto, uniendo así a las familias por la eternidad10.
Otra poderosa evidencia de la divinidad de esta santa obra es el extraordinario
crecimiento y fortaleza de esta Iglesia por todo el mundo. Es una institución única;
nada se le compara. Como discurrió Gamaliel, cuando Pedro y los primeros
apóstoles testificaban de la divinidad de Jesucristo:
"...si... esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si
es de Dios, no la podréis destruir"11.
Sin embargo, aunque todo esto sea cierto, toda persona debe tener una confirmación
espiritual por el poder del Espíritu Santo, que es más fuerte
que todos los sentidos combinados. A los que dicen: Señor, "creo,
ayuda mi incredulidad", quisiera sugerirles que miren "hacia adelante
con el ojo de la fe"12. A los que lo hagan,
el Señor ha prometido: "...hablaré a tu mente y a tu corazón
por medio del Espíritu Santo que vendrá sobre ti y morará en
tu corazón"13.
Algunas de las razones que dan algunas personas cuando la llama de la fe
parpadea y se extingue, son: debilidades humanas y las imperfecciones de
los demás; algo en la historia de la Iglesia que no pueden entender;
cambios en las normas que resultan del crecimiento y de la revelación
continua; indiferencia o transgresión.
En una ocasión, el Señor dijo que estaba "bien complacido" con
Joseph Wakefield14, quien fue valiente y fiel,
y enseñó a cientos de personas en cuanto a la obra profética
de José Smith. Pero de 1833 a 1834 influyeron en él algunos
disidentes de Kirtland. Una vez estaba en casa de José Smith, cuando éste
salió de la habitación donde había estado traduciendo
la palabra de Dios, y de inmediato se puso a jugar con unos niños. "Eso
convenció [al hermano Wakefield] que" José "no era
un hombre de Dios, y que, por lo tanto, la obra era falsa"15.
Con el tiempo, Joseph Wakefield apostató, fue excomulgado, y llegó a
perseguir a la Iglesia y a los santos.
Cuando su hijo salió en una misión, una hermana inactiva de
pronto se dio cuenta de que ella no estaba convertida a la Iglesia. Al compararse
con otros que tenían impresionantes relatos sobre su conversión,
se preguntaba: "¿Por qué se han convertido estas personas
de forma tan poderosa, y yo, con mi legado pionero, sigo sin convertirme?" Empezó a
leer el Libro de Mormón a pesar de que dudaba de su valor y lo encontraba
aburrido. Entonces una amiga le dijo: "Dices que crees en la oración; ¿por
qué no oras al respecto?".
Lo hizo, y una vez que oró, empezó a leer el Libro de Mormón
de nuevo. Ya no lo encontró aburrido; cuanto más leía,
más le atraía, y pensó: "José Smith no pudo
haber escrito eso; ¡esas palabras eran de Dios!". Terminó de
leerlo y se preguntó cómo le haría saber Dios que era
verdadero. Ella dijo: "Un poder fuerte, hermoso y feliz me recorrió el
cuerpo... sabía que Jesucristo había resucitado... que José Smith
era un profeta que vio a Dios y a Jesucristo. Sabía que milagrosamente él
había traducido los registros antiguos con la guía de Dios.
Sabía que José Smith recibió revelaciones de Dios".
Eso cambió su vida, porque ahora ella también es conversa16.
Para aquellos cuya fe se haya debilitado, las razones tal vez les parezcan
reales, pero ésas no cambian la realidad de lo que José Smith
restauró. El profeta José Smith dijo: "Yo nunca os he
declarado que soy perfecto; pero no hay errores en las revelaciones que he
enseñado"17. Uno no puede tener éxito
al atacar principios o doctrinas correctas porque son eternas. ¡Las
revelaciones que se recibieron por medio del profeta José Smith aún
son correctas! Es un error permitir que las distracciones, descortesías
u ofensas destruyan nuestra casa de fe.
Podemos tener un testimonio firme de que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios y Redentor de la humanidad, y de que José Smith fue un profeta
comisionado para restaurar la Iglesia en nuestro día y época,
sin que tengamos una comprensión total de todos los principios del
Evangelio. Pero cuando se recoge un palo, se recogen ambos extremos. Lo mismo
ocurre con el Evangelio. Como miembros de la Iglesia, debemos aceptarlo en
su totalidad. Aun el tener una certeza espiritual limitada de algunos de
los aspectos del Evangelio es una bendición, y con el tiempo, los
otros elementos de los que estamos inseguros pueden adquirirse mediante la
fe y la obediencia.
La brecha entre lo que es popular y lo que es recto se está ensanchando.
Como profetizó Isaías, hoy día muchos "a lo malo
dicen bueno, y a lo bueno malo"18. Las revelaciones
de los profetas de Dios no son como platillos de restaurante: unos se seleccionan
y otros se rechazan. Estamos en gran deuda con el profeta José Smith
por las muchas revelaciones grandiosas que se recibieron por medio de él.
Nadie se le equipara en restaurar conocimiento espiritual19.
Se ha llevado a cabo el cumplimiento de la revelación dada a José Smith
en marzo de 1839:
"Los extremos de la tierra indagarán tu nombre, los necios se
burlarán de ti y el infierno se encolerizará en tu contra;
"en tanto que los puros de corazón, los sabios, los nobles y
los virtuosos buscarán consejo, autoridad y bendiciones de tu mano
constantemente"20.
A aquellos que creen, pero que de- sean que su creencia sea fortalecida,
les exhorto a andar con fe y confianza en Dios. El conocimiento espiritual
siempre requiere el ejercicio de la fe. Para adquirir un testimonio de los
principios del Evangelio debemos ser obedientes en vivirlos. El Salvador
dijo: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá... la
doctrina"21. El testimonio de la eficacia
de la oración se logra mediante la oración humilde y sincera.
El testimonio del diezmo se obtiene al pagar el diezmo. No permitan que sus
dudas personales los aparten de la fuente divina de conocimiento. Con oración
sigan adelante, buscando humildemente la luz eterna, y su incredulidad se
disipará. Testifico que si continúan en el proceso útil
de buscar y aceptar la luz espiritual, la verdad y el conocimiento, estos
de seguro vendrán. Si siguen adelante con fe, descubrirán que
su fe aumentará. Al igual que una buena semilla, si ésta no
se desecha a causa de la incredulidad, se ensanchará dentro de su
pecho22.
Creo que el testimonio que cada persona tenga de que Jesús es el
Cristo viene como un don espiritual. Nadie puede refutarlo ni cuestionarlo
ya que es de naturaleza sumamente personal para aquel al que ha sido dado.
Será como una batería espiritual que continuamente dará energía
a nuestra luz espiritual para mostrarnos el camino a la felicidad eterna.
Pero testifico que puede ser mucho, mucho más. Al hacer convenio "con
nuestro Dios de hacer su voluntad, y ser obedientes a sus mandamientos en
todas las cosas que él nos mande, todo el resto de nuestros días",
nuestros "corazones [habrán] cambiado por medio de la fe en [el]
nombre [de Cristo]". De ese modo, habremos "nacido de él
y... [llegaremos] a ser sus hijos y sus hijas"23.
Tengo un firme conocimiento de esto, lo cual declaro en el sagrado nombre
de Jesucristo. Amén.
NOTAS
1. Véase Marcos 9:17, 24.
2. Carta privada.
3. History of the Church, 6:317.
4. Moroni 10:4-5; cursiva
agregada.
5. Véase "El día seis de abril de 1830",
Howard W. Hunter, Liahona, julio de 1991, pág.
69.
6. D. y C. 135:3.
7. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia:
Brigham Young, pág. 106.
8. Véase "Esta pacífica
Casa de Dios", Liahona, julio
de 1993, pág. 82.
9. Hechos 3:21.
10. D. y C. 110:15-16.
11. Hechos 5:38-39.
12. Alma 5:15.
13. D. y C. 8:2.
14. D. y C. 50:37.
15. George A. Smith, Deseret News, 20
de enero de 1858, pág. 364.
16. Grace Jorgensen, "Every
Member a Convert," Ensign,
abril de 1980, pág. 70-71.
17. Enseñanzas del Profeta
José Smith, pág.
457.
18. Isaías 5:20.
19. D. y C. 135:3.
20. D. y C.122:1-2.
21. Juan 7:17.
22. Véase Alma 32:28.
23. Mosíah 5:5, 7.