PRESIDENTE BOYD K. PACKER
Presidente en funciones del Quórum de los Doce
No obstante cuán diferentes parezcamos para el mundo, no obstante
lo ridiculizadas que sean nuestras normas, no obstante cuánto sucumban
a la tentación otras personas, nosotros no vamos a ceder, no podemos
ceder.
Mi propósito es explicar a los jóvenes, a los adultos jóvenes y a sus padres por qué mantenemos en forma estricta las elevadas normas de conducta moral; por
qué evitamos las drogas adictivas y el té, el café, el alcohol y el tabaco; por qué enseñamos las normas de modestia en el vestir, el arreglo
personal y el lenguaje1. Ustedes tienen que saber
dónde se originan nuestras normas y por qué no podemos rebajarlas y
seguir lo que el mundo hace.
Ustedes tienen albedrío, el "albedrío moral"2;
son libres para escoger sus normas.
Ustedes entenderán mejor si les hablo acerca de las Escrituras y
de la doctrina en vez de la conducta.
La Iglesia a la que ustedes pertenecen, La Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días, es la Iglesia restaurada3.
Si saben lo que significa restaurada entenderán por qué las
normas de conducta son como son.
Después de la crucifixión de Cristo, ocurrió una apostasía.
Los líderes empezaron a enseñar "los mandamientos de los
hombres"4, perdieron las llaves de la autoridad y se desconectaron
de los canales de la revelación. No se podía simplemente recuperar
la posesión de la autoridad perdida, sino que tenía que ser
restaurada por aquellos que antiguamente tenían las llaves de la autoridad5.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días
no es una versión remodelada de otra iglesia; no es un ajuste ni una
corrección ni una protesta contra cualquier otra religión; éstas
tienen su "apariencia de piedad"6, su bondad y su valor.
Juan el Bautista cruzó el velo para conferir el Sacerdocio Aarónico "el
cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de
arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión
de pecados"7. Una ordenanza que lo acompaña, la confirmación
y el conferir el don del Espíritu Santo, requería una autoridad
mayor8.
Poco después, Pedro, Santiago y Juan, Apóstoles y compañeros
del Señor, restauraron el sacerdocio mayor o Sacerdocio de Melquisedec9, "el
Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios"10.
Toda la Restauración no llegó al mismo tiempo; en una serie
de visitas, otros profetas vinieron y restauraron las llaves del sacerdocio11.
Con la autoridad restaurada, se reveló la organización de
la Iglesia. Los apóstoles fueron ordenados y se organizaron el Quórum
de los Doce y la Primera Presidencia, tal como habían sido organizados
antiguamente12. Se revelaron las ordenanzas y se otorgó la
autoridad para llevarlas a cabo.
Se tradujo y se publicó El Libro de Mormón, otro Testamento
de Jesucristo, el cual contiene "la plenitud [del] evangelio eterno"13.
Se publicaron otras revelaciones: Doctrina y Convenios y La Perla de Gran
Precio. De estos volúmenes de Escritura aprendimos por qué fue
creada la tierra y quién la creó14. Los primeros
líderes de la Iglesia obtuvieron un entendimiento de la plenitud del
Evangelio, de Jesucristo y de las normas que Él requiere de
Sus discípulos.
Aprendimos acerca del plan de redención, "el gran plan de felicidad"15.
Vinimos a la tierra para ser probados y obtener experiencia, con la promesa
de que "por la Expiación de Cristo, todo el género humano
puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del Evangelio"16.
Antes de que viniéramos a la vida terrenal, vivimos como hijos espirituales
de nuestro Padre Celestial17. "Todos los
seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de
Dios. Cada uno [de ustedes] es un amado hijo o hija espiritual de padres
celestiales y, como tal, cada uno [de ustedes] tiene una naturaleza y un
destino divinos. El ser hombre o mujer es una característica esencial
de la identidad y el propósito eternos de los seres humanos en la vida
premortal, mortal, y eterna"18.
El gran plan de felicidad hace posible que los vínculos familiares
perduren después de la muerte. Las ordenanzas y los convenios sagrados,
disponibles sólo en el templo, hacen posible que las personas regresen
a la presencia de Dios y que sus familias se unan eternamente. El matrimonio,
la familia y el hogar son el fundamento de la Iglesia19. ¡Nada
es más importante para la Iglesia y para la civilización misma
que la familia!
Para algunos, no todo está completo en la vida terrenal porque no
han tenido la oportunidad de casarse o tener una familia propia, pero el
gran plan de felicidad y las leyes que lo gobiernan continúan después
de la muerte. A esas personas, a quienes cuida un bondadoso y amoroso Padre
Celestial, en los designios eternos no se les negarán las bendiciones
necesarias para su exaltación, inclusive el matrimonio y la familia,
lo cual será más dulce aún por haberlos esperado y deseado.
De las revelaciones, aprendemos que no tenemos que decirles, jóvenes,
lo que está bien y lo que está mal con relación a la
moralidad y al matrimonio. El profeta Lehi enseñó a sus jóvenes
hijos que "los hombres son suficientemente instruidos para discernir
el bien del mal"20.
Ya que el poder para crear un cuerpo terrenal es esencial para nuestra felicidad
y exaltación, el Señor ha decretado castigos severos para el
uso inmoral de ese poder de engendrar vida21.
Satanás sabe que si él puede corromper el proceso de procreación
y causar que los hombres y las mujeres lo degraden en actos inmorales, hasta
ese grado perturbará el plan de felicidad para ellos.
Pablo enseñó: "Pero fiel es Dios, que no os dejará ser
tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también
juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar"22.
No deseo ofender los delicados sentimientos de ustedes, jóvenes,
pero en su mundo inundado de iniquidad deben estar en guardia para resistirla.
Hay palabras que es mejor no decir porque describen cosas en las que es
mejor no pensar. Pero no pueden eludir el estar expuestos a las tentaciones
relacionadas con la fornicación, el adulterio, la pornografía,
la prostitución, la perversión, la lujuria, lo antinatural
y todo lo que surge de ello.
Muy difícilmente pueden escapar de la degradante vulgaridad y de
las bromas y el humor malvados que la acompañan. Todo desfila delante
de ustedes en el entretenimiento indigno: en la música, en los materiales
impresos, en el teatro, en las películas, en la televisión
y, por supuesto, en el Internet.
Recuerden la Primera Visión cuando el joven José se arrodilló en
la arboleda, de inmediato una densa obscuridad se formó a su alrededor;
el poder del enemigo, un ser efectivo del mundo invisible, se apoderó de él;
pero José hizo lo que cada uno de ustedes puede hacer: invocó a
Dios y el poder maligno lo dejó23.
Hay un gran poder en la oración. Al igual que José Smith,
como hijo o hija de Dios, ustedes pueden orar a Dios en el nombre de Jesucristo
pidiendo fuerza24.
Satanás, con sus ángeles, intentarán capturar sus pensamientos
y controlar lo que ustedes hagan. Si lo logran, corromperán todo lo
que es bueno25. Para él, el Internet es sólo eso,
una red para atraparlos en una inicua adicción a la pornografía.
Le seguirá la infelicidad26.
Algunas personas usan los medios políticos, sociales y legales para
cambiar la definición de la moralidad y del matrimonio en algo sin
control, antinatural y prohibido por Dios; pero no pueden cambiar el plan
que ha gobernado la vida y la felicidad humanas desde el principio. El impostor
ataca alguna pasión o tendencia o debilidad y convence a las personas
de que su condición no puede cambiar y las persuade a participar en
actividades que nunca escogerían por sí solos.
Tarde o temprano, aquella chispa de divinidad en cada uno de ellos se encenderá;
pueden usar su albedrío como hijos e hijas creados a la imagen de
Dios27 y rehusar seguir al destructor. Aquello que se les había
hecho creer que no podía cambiar cambiará, y sentirán
el poder de la redención de Cristo28; serán aliviados
del peso y sanados del dolor29. De eso se trata la Expiación
de Cristo.
Pueden reclamar su herencia como hijos de padres celestiales y, a pesar
de lo torturadora y angustiosa que les resulte la prueba de la vida terrenal,
saben que no están perdidos.
En la Iglesia no se condena a nadie por las tendencias o tentaciones, pero
se considera a las personas responsables de la transgresión30.
Si ustedes no actúan de acuerdo con persuasiones indignas, nunca se
les condenará ni se les someterá a la disciplina de la Iglesia.
Nosotros no fijamos las normas pero se nos manda enseñarlas y mantenerlas.
La norma se mantiene: abstinencia antes de casarse y fidelidad total en el
matrimonio. No obstante cuán diferentes parezcamos para el mundo,
no obstante lo ridiculizadas que sean nuestras normas, no obstante cuánto
sucumban a la tentación otras personas, nosotros no vamos a ceder,
no podemos ceder. La obediencia a la norma moral y la observancia de la Palabra
de Sabiduría permanecerán como requisitos para la ordenación
al sacerdocio, para ir a una misión y para obtener la recomendación
para el templo.
A ustedes se les confirió el don del Espíritu Santo. Cuando
tengan que tomar decisiones, recibirán impresiones de aprobación
o de advertencia 31. Si se han extraviado y han perdido su sendero,
el Espíritu Santo los puede guiar alejándolos del mal y trayéndolos
de regreso al Señor. No olviden nunca que son hijos e hijas de Dios.
Satanás no puede encarcelarlos permanentemente, porque ustedes siempre
tienen la llave del arrepentimiento para abrir la puerta de la prisión.
Si ustedes, nuestros jóvenes, se sienten solos, recuerden que en
la actualidad hay millones de ustedes en la Iglesia; miles sirven en misiones
en este momento y son un ejemplo visible, un testimonio de la Restauración,
aun para aquellos que no escuchen su mensaje. Dondequiera que estén,
en los estudios, en el trabajo, divirtiéndose o en las fuerzas armadas,
nunca están solos.
Las palabras pueden emplearse como armas en contra de ustedes. Si cuando
les habla, la gente del mundo usa la palabra diversidad, utilícenla
para su beneficio y digan: "En mi vida ya hay diversidad y tengo la
intención de que siga siendo así". Si la palabra es tolerancia, úsenla
también y digan: "Espero que seas tolerante con mi estilo de
vida: obediencia, integridad, abstinencia, arrepentimiento". Si la palabra
en contra de ustedes es opciones, díganles que ustedes optan
por la moralidad que la gente considera anticuada, y que han optado por llegar
a ser un cónyuge digno, una madre o un padre dignos.
Quizás toda la Iglesia permanezca sola en defensa de estas normas,
pero no somos los primeros. Moroni, el último habitante de su pueblo,
dijo: "Y yo quedo solo... yo cumplo el mandamiento de mi padre"32.
No teman33.
Cuando era joven y muy nuevo en mi llamamiento, me enviaron al este de Estados
Unidos para tener una reunión con oficiales poderosos y prominentes
que impedían nuestra obra. Al salir hacia el aeropuerto, me detuve
para ver al presidente Harold B. Lee y le pregunté: "¿Tiene algún consejo que
darme antes de partir?".
"Sí", me dijo, "que recuerde que no estamos en 1830
y que no sólo somos seis".
Aquello borró el temor; defendí las normas de la Iglesia y
el problema se resolvió.
La sociedad sigue un rumbo que ha causado la destrucción de civilizaciones
y está ahora madurando en la iniquidad. La civilización misma
está en peligro. Ustedes, nuestros maravillosos jóvenes, son
un ejemplo para muchos millones de buenas personas en todo el mundo.
Pienso en el gozo y la felicidad que les esperan en esta vida y en la obra
que van a realizar, y no puedo sentirme desanimado.
Pedro, el Apóstol que estuvo cerca del Señor, dijo de ustedes: "Mas
vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo
adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os
llamó de las tinieblas a su luz admirable"34.
Recuerden esta gran profecía:
"El estandarte de la verdad se
ha izado. Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra:
las persecuciones se encarnizarán, el populacho podrá conspirar,
los ejércitos podrán juntarse, y la calumnia podrá difamar;
mas la verdad de Dios seguirá adelante valerosa, noble e independientemente,
hasta que haya penetrado en todo continente, visitado toda región, abarcado todo
país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos
de Dios, y el gran Jehová diga que la obra está concluida"35.
Cuando era joven, solíamos cantar a menudo estas estrofas:
¿Fallará en la defensa
de Sión
la juventud?
Al llegar el enemigo,
¿huiremos sin luchar? ¡No!
Firmes creced en la fe que guardamos;
por la verdad y justicia luchamos.
A Dios honrad, por Él luchad,
y por Su causa siempre velad.
Cuando veamos a los inicuos
atacar el plan de Dios,
¿quedaremos indecisos?
¿Estaremos sin valor? ¡No!
Nuestra salvación labremos,
procurando la
verdad,
y la juventud, con celo,
luchará y velará. ¡Sí!
Procuremos ser hallados
dignos del Reino de Dios,
redimidos con los justos,
obedientes a Su voz. ¡Sí!
Firmes creced en la fe que guardamos;
por la verdad y justicia luchamos.
A Dios honrad, por Él luchad,
y por Su causa siempre velad36.
Que Dios los bendiga a ustedes, millones de jóvenes de nuestra Iglesia,
que siguen dignamente los modelos del Evangelio y llevan dentro de ustedes
un profundo testimonio, el mismo que todos nosotros tenemos y expresamos.
En el nombre de Jesucristo. Amén.
NOTAS
1. Véase Para la Fortaleza de la Juventud: cumplir nuestro deber
a Dios [folleto, 2001].
2. D. y C. 101:78.
3. Véase D. y C. 115:4.
4. José Smith—Historia 1:19;
véase también Mateo
15:9.
5. Véase D. y C. 27:12-13.
6. José Smith—Historia
1:19.
7. D. y C. 13:1.
8. Véase D. y C. 20:41; 33:15.
9. Véase D. y C. 27:12-13;
José Smith— Historia 1:72.
10. D. y C. 107:3.
11. Véase D. y C. 110.
12. Véase D. y C. 18:9; 20:1-2;
107:22, 29.
13. D. y C. 27:5.
14. Véase Moisés 1:30-39.
15. Alma 42:8; véase también
2 Nefi 11:5; Alma 12:25; 17:16; 34:9; 41:2; 42:5, 11-13, 15, 31; D. y C.
101:22; Moisés 6:62.
16. Artículos de Fe 1:3.
17. Véase Números 16:22; Eclesiastés
12:7; Hebreos 12:9.
18. "La familia: Una proclamación para el
mun do", Liahona,
octubre de 1998, pág. 24.
19. Véase "La familia: Una proclamación
para el mundo", Liahona,
octubre de 1998, pág. 24.
20. 2 Nefi 2:5.
21. Véase Jacob 3:12; D. y C.
42:24; 104:8-9.
22. 1 Corintios 10:13.
23. Véase José Smith—Historia
1:15-16.
24. Véase Santiago 4:7.
25. Véase D. y C. 10:22; véase
también Lucas 22:3; 2
Nefi 2:17-18, 27; 3 Nefi 18:18; D. y C. 50:3.
26. Véase Alma 41:10.
27. Véase Génesis 1:26-27; Moisés
2:26-27; 6:9; Abraham 4:26-27.
28. Véase 2 Nefi 2:1-6.
29. Véase Alma 7:11-12.
30. Véase D. y C. 101:78; Artículos
de Fe 1:2.
31. Véase D. y C. 8:2-3; 9:7-9.
32. Mormón 8:3.
33. Véase 2 Timoteo 1:7; D.
y C. 68:6.
34. 1 Pedro 2:9.
35. José Smith, History of the Church, 4:540.
36. "Firmes
creced en la fe", Himnos, N° 166.