Prepararse para su destino eterno

Élder Neil L. Andersen
Del Quórum de los Doce Apóstoles


Élder Neil L. Andersen,  “Prepararse para su destino eterno” 

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 10 de enero de 2010 • Universidad Brigham Young

Mis queridos jóvenes hermanos y hermanas, no puedo ver todas sus caras aquí en el Centro Marriott y, por supuesto, tampoco en las miles de capillas alrededor del mundo, pero puedo sentir su bondad, su deseo de hacer lo correcto y su amor por el Señor y Su evangelio restaurado. Una de las bendiciones de ser Autoridad General es que tenemos la oportunidad de estar con ustedes por todo el mundo. En los últimos meses, hemos visto sus caras y estrechado sus manos en muchos lugares de Estados Unidos. En junio, viajamos con el presidente y la hermana Uchtdorf a Europa Oriental, a Rusia y al Reino Unido. En octubre estuvimos en Sudáfrica y en el Oeste de África. En noviembre regresamos de Centroamérica. Entre los jóvenes adultos y jóvenes de esta Iglesia existe un gran poder de rectitud. Espero que les sirva de consuelo saber que hay otros miles y cientos de miles que encaran los mismos desafíos y tienen los mismos objetivos importantes. Les amo, y ruego que el Espíritu del Señor nos acompañe al hablar esta noche de cosas que son importantes para ustedes.

He estado en esta vida terrenal tres o cuatro décadas más que la mayoría de ustedes, pero no es mi experiencia lo que me trae ante ustedes. Consciente de mis propias debilidades, estoy ante ustedes como apóstol del Señor Jesucristo, ordenado y comisionado para testificar de Él y para hablar de las cosas que Él hablaría. Mi asignación esta noche viene del apóstol principal del Salvador, el presidente Thomas S. Monson.

Al mirarlos, pienso en mí mismo hace 37 años. Acababa de regresar de una misión en Francia. Con pocos recursos aparte de un poco de dinero prestado, vine a la Universidad Brigham Young. Conseguí trabajo como limpiador de ventanas en el campus, y un año después conocí a la luz de mi vida, Kathy Williams. Me sentía un poco solo e inseguro del camino por delante. Recuerdo haber pensado: “¿Qué me depara el futuro y cómo puedo prepararme para ello?”

Con esos pensamientos, he dado a mi mensaje el título: “Cómo prepararse para su destino eterno”.

Cuando Jesús estuvo sobre la tierra, con frecuencia hablaba de objetos tangibles para ayudar a Sus discípulos a comprender lo intangible, lo espiritual. Habló de semillas y de granos, de alfolíes, gallinas, flores, zorras y docenas de otros objetos físicos para ayudar a las personas a comprender mejor la fe y el arrepentimiento, el poder espiritual y la salvación.

No hablaba de aviones, ya que no eran parte de Su sociedad, pero el presidente Uchtdorf ha compensado la falta de ello en los últimos años y nos ha dado maravillosas enseñanzas de sus propias experiencias como piloto.

Esta noche yo tengo una historia sobre un avión que nos enseñará en cuanto a prepararnos para nuestro destino eterno.

El capitán Sullenberger y el vuelo 1549 de US Airways

Exactamente hace un año esta semana, el 15 de enero de 2009, el vuelo 1549 de US Airways despegó del Aeropuerto La Guardia en la Ciudad de Nueva York y se elevó rápidamente al cielo en lo que se esperaba fuera un vuelo sin incidentes a Charlotte, Carolina del Norte, por la costa este de los Estados Unidos. El capitán del avión era Chesley B. “Sully” Sullenberger. Tenía más de 19 mil horas de vuelo de experiencia y esperaba que la siguiente hora y media fuera de rutina.

El Capitán Chesley B. Sullenberger

Conforme el aerobús A320 ascendía a 900 m, súbitamente se enfrentó a lo inesperado. Una bandada de enormes gansos canadienses, con alas extendidas dos metros, estaba directamente en la trayectoria del avión, y golpeó a algunos pájaros. Lo peor fue que los gigantes motores del avión que succionan aire a las turbinas con gran fuerza, también succionaron a los gansos, lo cual produjo un terrible chirrido contra los motores. Luego, un silencio ensordecedor; los motores habían dejado de funcionar.

Ruta de vuelo del US Airways 1549 antes de aterrizar de emergencia en el río Hudson

El capitán Sullenberger en seguida comenzó a determinar cómo aterrizar el avión a salvo. Primero consideró regresar al aeropuerto y luego ir a otro aeropuerto cercano. Los peligros y riesgos eran enormes, pues no sabía cuánto tiempo podría planear el avión sin los motores. Tuvo sólo un momento para decidir. El capitán Sullenberger decidió que su mejor opción era aterrizar el avión en el río Hudson, un río que corre cerca de Nueva York. En esos pocos segundos, todo su entrenamiento como capitán, todo su juicio, sus instintos y talentos se concentraron en el aterrizaje forzoso que le esperaba.

El vuelo 1549 de US Airways descendió a sólo 275 m por encima del puente George Washington.

El 15 de enero de 2009, el vuelo 1549 de US Airways aterrizó en el río Hudson, Nueva York.

Con rascacielos a su alrededor, el avión descendió rápidamente y voló a sólo 275 m por encima del puente George Washington. Entonces, volando lo más lento posible y con las alas perfectamente paralelas al agua, levantó la nariz y planeó la panza del avión sobre el agua. El avión, que pesaba 120 toneladas, dio saltitos sobre el agua y luego se detuvo completamente intacto.

Pasajeros del vuelo 1549 de US Airways esperando ser rescatados; Reuters/Jane Doe

Las temperaturas de invierno estaban bien por debajo del punto de congelación y el capitán sabía que el avión comenzaría a hundirse. Se ayudó rápidamente a los pasajeros por las salidas de emergencia hacia las alas, se inflaron las balsas salvavidas, y barcos que estaban a las orillas del río acudieron rápidamente a rescatar a los pasajeros. La noticia era casi increíble. Aun cuando se había perdido un avión de 60 millones de dólares, el capitán Sullenberger había aterrizado sin grandes daños, y todos los 154 pasajeros y miembros de la tripulación estaban a salvo, incluso el capitán Sullenberger.

Tal como lo hizo Jesús en Sus enseñanzas, relacionemos lo tangible con lo intangible, lo material con lo espiritual. Hablemos de tres aspectos en los que nuestro destino espiritual o el de ustedes se pueden relacionar con el vuelo 1549 de US Airways. En primer lugar, están en un viaje por la vida terrenal. Segundo, deben ser capitanes en la causa del Señor, con una misión específica que cumplir. Tercero, su deber sagrado es regresar a salvo y llevar a muchos con ustedes.

Viaje por la vida terrenal

Número 1: Están en un viaje por la vida terrenal.

Los pasajeros del vuelo 1549 no comenzaron su existencia al subirse al avión en Nueva York. Estaban en un viaje. Mucho había ocurrido en su vida antes del vuelo, y mucho ocurriría después de él. Asimismo, esta vida terrenal no es donde comenzamos ni donde terminaremos. Estamos en un viaje. Este viaje comenzó hace mucho tiempo en un estado preterrenal donde recibimos nuestras “primeras lecciones en el mundo de los espíritus, y [fuimos] preparados para venir en el debido tiempo del Señor” (Doctrina y Convenios 138:56). Somos literalmente hijos e hijas espirituales de Padres Celestiales. El Señor ha dicho: “Yo soy Dios; yo hice el mundo y a los hombres antes que existiesen en la carne” (Moisés 6:51), “…porque los había creado en el cielo” (Moisés 3:5).

El poeta, William Wordsworth, escribió estas hermosas palabras:

Un sueño y un olvido sólo es el nacimiento:
El alma nuestra, la estrella de la vida,
en otra esfera ha sido constituida
y procede de un lejano firmamento.
No viene el alma en completo olvido
ni de todas las cosas despojada,
pues al salir de Dios, que fue nuestra morada,
con destellos celestiales se ha vestido1.

La vida preterrenal no fue una existencia pasiva. Tomábamos decisiones igual que aquí; habíamos progresado y necesitábamos un cuerpo físico y experiencias terrenales; teníamos que probar nuestra disposición de vivir por fe. Nuestro Padre Celestial nos presentó un plan, cuya parte fundamental fue la función de Su Hijo Unigénito de brindarnos un camino de regreso. Aceptamos el plan y nos regocijamos por el Salvador escogido. Nuestras oportunidades y responsabilidades preordenadas ayudan a moldear lo que haremos en la vida terrenal. De formas que no comprendemos completamente, nuestras acciones en el Mundo de los Espíritus nos influyen en la vida terrenal2.

Ahora estamos aquí, en la tan largamente esperada vida terrenal. Aunque no recordamos la vida preterrenal, nos suena cierta. Aun en esta vida no recordamos todo lo que es importante. Por ejemplo, ¿recuerdan cuando dijeron su primera palabra o cuando caminaron por primera vez? ¿Recuerdan haber pensado: “Mi mamá ya no me carga tanto como antes. Si quiero ir para donde quiero, será mejor que empiece a caminar”? No es difícil sentir muy dentro que quienes somos no comenzó con el nacimiento en la vida terrenal. Somos hijos e hijas de Dios. Hay un pasaje en Alma que describe la función que tienen las Escrituras de “ensancha[r] la memoria de este pueblo” (Alma 37:8 ). Se ha ensanchado nuestra memoria y sabemos que nos hemos preparado para la vida que ahora vivimos.

Tal como nuestra vida comenzó antes de nacer en la vida terrenal, nuestra vida no termina cuando el corazón deja de latir. Continuaremos. Lo que ustedes son, la persona individual, ustedes, siempre serán ustedes. Algunos dirán: “No me gusta quién soy”. Lo siento. Podrán cambiar lo que lleguen a ser, pueden ser más de lo que hoy son, pero siempre serán ustedes.

Capitanes en la causa del Señor

Número 2: Deben ser capitanes en la causa del Señor, con una misión específica que cumplir.

Ustedes y yo tenemos un destino espiritual, el cual no nos permite sentarnos pasivamente en la parte de atrás del avión que viaja por la vida terrenal. El Señor prometió a Abraham que por su descendencia serían bendecidas todas las naciones de la tierra (véase Génesis 22:18; Abraham 2:9). Se refería a la bendición espiritual que el mundo recibiría por medio de nosotros, a quienes llamó “hijos del convenio” (3 Nefi 20:26). Alma describe a algunos como “llamados y preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios” (Alma 13.3).

Se han preguntado alguna vez: “¿Por qué soy quien soy? ¿Por qué siento lo que siento? ¿Por qué he decidido creer tan plenamente en el Señor Jesucristo? ¿Por qué escojo guardar Sus mandamientos cuando a otros no les importa? ¿Por qué tengo estos sentimientos hacia el Libro de Mormón? ¿Por qué saltan las palabras de las Escrituras y penetran mi corazón, cuando otras personas son casi indiferentes en cuanto a este libro sagrado? ¿Por qué he estado dispuesto a hacer convenios sagrados por medio del bautismo, en el templo y [para muchos de ustedes] servir en una misión?”.

Ustedes fueron escogidos y preordenados a tener el Evangelio en su vida y a ser líderes en la causa del Evangelio restaurado.

El capitán Sullenberger había volado más de 19 mil horas cuando tomó mando del vuelo 1549. Al reflexionar en cuanto a su decisión de ser piloto, dijo que a los 16 años, tras sólo 6 horas de volar en un avión pequeño de un solo motor, supo que volar sería parte de su destino3.

Acepten que tienen un destino eternamente importante, un destino espiritual. Lean su bendición patriarcal. Como se dijo de la Reina Ester en la antigüedad: “para esta hora tú has llegado al reino” (Ester 4:14). ¡Crean en su destino y acéptenlo con entusiasmo!

El darse cuenta de quiénes son y quiénes deben ser no los convierte en capitanes en la causa del Señor. Hay obstáculos y tentaciones mucho más peligrosos que una bandada de enormes gansos canadienses que pueden evitar que logren su destino. Deben estar en guardia. Para ser capitán en la causa del Señor debe haber preparación, ¡la cual no es fácil! El Salvador dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24). Explicó además que el “que el hombre tome su cruz [significa que] debe abstenerse de toda impiedad, y de todo deseo mundano y guardar… [los] mandamientos [del Señor]”(Mateo 16:24, nota d al pie de página; de la Traducción de José Smith, Mateo 16:26).

Al reflexionar sobre el tiempo que pasó entrenando en la Academia de la Fuerza Aérea, el capitán Sullenberger dijo:

“Fue una experiencia intensa. …Se nos estaba probando, …desafiando. Y vimos a varios de entre las tropas fracasar…

“…Me hizo darme cuenta que si me aplicaba a fondo, encontraría la fuerza que no sabía que tenía. Si no se me hubiera obligado a poner todo mi esfuerzo […] nunca hubiera conocido toda la amplitud de los recursos internos de los que podía valerme”4.

La preparación espiritual sacará a luz sus recursos internos. La oración tiene poder. Las Escrituras tienen poder. Aprendemos a caminar hacia adelante con fe y a ser más plenamente obedientes. El prepararse dignamente para la Santa Cena y el tomarla cada semana nos renueva y nos protege. Recibimos el invalorable don del Espíritu Santo; este don celestial es real, y es absolutamente esencial para mantenernos a salvo.

Al hablar de ser un capitán de aerolíneas, el capitán Sullenberger advirtió:

“No es posible prever o anticipar toda situación. No hay una lista de verificación para todo5.

“Es necesario saber lo que sabe y lo que no se sabe…

“También hay que comprender cómo las circunstancias afectan nuestro juicio”6.

Estos mismos principios se aplican a nuestra misión espiritual. La revelación personal que se recibe por el don del Espíritu Santo nos guía en medio de lo imprevisto a fin de lograr lo que tenemos que hacer aquí. Y la rectitud personal es esencial para tener el don del Espíritu Santo. No seremos guiados por el Espíritu Santo si tenemos una actitud superficial en cuanto a la obediencia.

El Señor Jesucristo es el centro de todo lo que pensamos y hacemos. Su vida es nuestro ejemplo. Es por Él que viviremos de nuevo; es por el poder de Su expiación que podremos estar limpios en la presencia de nuestro Padre. Aprendemos a amar a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo con todo el corazón, alma, mente y fuerza. Me gusta esta declaración: “El que ama al Señor con todo su corazón no ama ninguna otra cosa tanto como a Él, y todo lo que ama es en referencia a Él”7. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Hay muchas personas buenas en la tierra; hay muchas personas despojadas de egoísmo. Hay otros que creen en Cristo igual que nosotros. No sólo nosotros oramos a nuestro Padre Celestial y recibimos respuestas, nuestro Padre ama a todos Sus hijos. Pero nunca debemos olvidar que sólo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos se encuentra el sacerdocio de Dios. Sólo aquí está el profeta del Señor; sólo aquí está el sagrado poder para sellar que permite que las familias sean familias por la eternidad.

Aun cuando esta reunión se está transmitiendo en 33 idiomas, somos pocos a comparación de los miles de millones que hay en la tierra. Pedro nos llamó un “linaje escogido, real sacerdocio… pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9). No desechen ni tengan a menos la función y la responsabilidad específicas que se les han dado. Deben ser capitanes en la causa del Señor, encomendados a sostener en alto el estandarte del Evangelio restaurado, pues el Señor ha dicho que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días será “un mensajero delante de [Su] faz, preparando el camino delante de [Él]” (Doctrina y Convenios 45:9).

Su deber sagrado

Número 3:Su deber sagrado es regresar a salvo y llevar a muchos con ustedes.

Gran parte de su destino espiritual se trazará en la vida de aquellos a quienes ayuden espiritualmente. ¿Qué hizo del capitán Sullenberger un héroe? ¿Qué hizo que se le respetara y valorara? ¿Fue que podía pensar rápidamente? ¿Que pudo tomar las decisiones correctas cuando dejaron de funcionar los motores? ¿Fue que supo cómo mantener las alas perfectamente niveladas al aterrizar en el agua? Y bien, ¡fue todo eso! Pero lo que es más importante, se hubieran perdido fácilmente 154 vidas, y él las salvó; y al salvarlas, se salvó a sí mismo.

El capitán Sullenberger dijo en cuanto a salvar la vida física de sus pasajeros: “En lo abstracto, 155 es sólo un número. Pero al ver la cara de todos esos pasajeros, y después la cara de todos sus seres queridos, me di cuenta de lo profundamente maravilloso que fue que todo saliera bien en el vuelo 1549”8.

¿Podemos aplicar esto a nuestra misión? Los miembros de esta Iglesia son enormemente generosos para ayudar a los pobres y a los necesitados tanto en la Iglesia como en el mundo. Sin embargo, nuestra misión divina, la bendición que el Señor dijo procedería de la posteridad de Abraham al mundo, es principalmente espiritual.

Debemos volcar nuestra vida hacia los demás, ayudándoles a regresar con nosotros a la presencia de nuestro Padre Celestial.

El Señor ha dicho: “El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 10:39). Permítanme leer Mateo 25, teniendo en mente nuestro rol como capitanes espirituales, agregando la palabra espiritual:

“Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

“Porque tuve hambre [espiritual], y me disteis de comer; tuve sed [espiritual], y me disteis de beber; fui forastero [espiritual], y me recogisteis…

“Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento [espiritualmente] y te sustentamos?, ¿o sediento [espiritualmente] y te dimos de beber?

“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:34–35, 37, 40).

¿A quién deben llevar con ustedes? En primer lugar, todos los que tengan la oportunidad, deben casarse y llevar a su cónyuge y a su familia. Esa es su primera responsabilidad. La familia es la organización del cielo.

Para valorar esta responsabilidad, miramos más allá de lo que esté frente a nosotros. El efecto espiritual de criar una familia recta sólo se comprende cuando vemos a través de nuestras generaciones a nuestros nietos, bisnietos y más allá. El capitán Sullenberger comprendió este principio incluso al salvar la vida física de sus pasajeros. Él dijo: “No sé las cosas buenas que todavía lograrán las 154 personas de mi vuelo. No puedo imaginar las contribuciones que puedan hacer al mundo sus hijos, nietos y bisnietos que no han nacido”9.

Permítanme compartir con ustedes los efectos de preparar espiritualmente a una familia a través de muchas generaciones.

Henry Arline

Henry Arline vivió de 1841 a 1919. En 1898, a la edad de 57 años, escuchó a los misioneros predicar el Evangelio en una escuela en el estado de Florida en los Estados Unidos. Le dijo a su esposa: “Por primera vez he escuchado la verdad”. Él y su familia se bautizaron y unos años más tarde viajaron por tren a Utah, un viaje de más de tres mil kilómetros, para que pudieran recibir las ordenanzas selladoras del templo. Regresó a Florida y fue fiel el resto de su vida.

Sophronia Arline Williams

Su hija fue Sophronia Arline Williams, y su hijo fue James Bernard Williams. Bernard Williams conoció a una hermosa joven, Martha Aman, quien investigó sinceramente la Iglesia, obtuvo un firme testimonio y se bautizó.

Fotografía de la boda de James Bernard y Martha Aman Williams

Fotografía de la familia de James y Martha Williams con la hermana Kathy Williams Andersen de niña

Ocho años después de haberse casado, se sellaron en el Templo de Salt Lake con sus tres hijos. Su pequeña hija fue Kathy Williams, a quien conocí años después en la Universidad Brigham Young y a quien le rogué que fuera mi esposa. Ahora tenemos cuatro hijos y trece nietos.

Retrato familiar de la familia de Neil y Kathy Andersen

Siempre estaré agradecido por la madre justa de Kathy y su bisabuelo recto que se unieron a la Iglesia y que fueron fieles el resto de su vida. Estas dos personas nunca se conocieron en esta vida; vivieron en diferentes épocas; pero son capitanes en la causa del Señor, al ayudar a llevar a su familia con ellos gracias a sus decisiones espirituales.

Es cierto que no todos tendrán la oportunidad de casarse en esta vida, pero se promete un compañero eterno en la eternidad a los justos que deseen esa bendición. Los que no se casen pueden hacer mucho por pilotear la causa del Señor y por llevar almas consigo. En la última conferencia, la hermana Barbara Thompson, que forma parte de la Presidencia General de la Sociedad de Socorro y que es soltera, dijo estas palabras:

“Cuando terminé la escuela secundaria, mis metas eran continuar los estudios en un colegio universitario…, casarme con un hombre apuesto y tener cuatro hijos perfectos y hermosos…

“Bueno, como sabrán, muchas de mis metas no se cumplieron como yo pensaba; terminé mis estudios, presté servicio en una misión, conseguí trabajo, seguí estudiando […] y continué trabajando muchos años en mi profesión. Pero no apareció ningún hombre apuesto, ni hubo boda ni tuve hijos…

“Una compañera de trabajo que no era miembro de la Iglesia me preguntó: ‘¿Por qué sigues asistiendo a una iglesia que da tanta importancia al matrimonio y a la familia?’, a lo que sencillamente respondí: ‘¡Porque es la verdad!’… Con [la Iglesia] y con el evangelio de Jesucristo, encontré la felicidad y sabía que estaba en el camino que el Salvador quería que siguiera”.

Entonces habló de una forma en la que podía ejercer una influencia espiritual en los demás siendo soltera. Ella dijo:“Tuve la oportunidad de prestar servico durante muchos años en las Mujeres Jóvenes y eso me dio la posibilidad de enseñar y testificar a las jovencitas que estaban desarrollando su testimonio”10.

Ésta es la hermana Thompson hace 25 años con Shellie Nielson, cuando Shellie era laurel y la hermana Thompson era su asesora. Shellie Nielson, que ahora es Shellie Nielson Seager, le escribió a la hermana Thompson más de veinte años después de haber estado en su clase de laureles, para agradecerle. La hermana Seager escribió:

“Desperté a las 5:15 [esta mañana] pensando en usted [hermana Thompson] y en el impacto que ha tenido en mi vida…

Para usted nosotros éramos una prioridad. Siempre nos demostró tanto cariño atención y amor. ¡Siempre fue tan divertida! … Lo que es más importante, sabíamos que tenía un fuerte testimonio del evangelio de Jesucristo”11.

La hermana Seager ahora tiene una familia con cinco hijos. La influencia para bien de la hermana Thompson siempre tendrá un impacto en la hermana Seager, y en las generaciones venideras.

El Señor dijo:

“Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios…

“Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo” (y proclamar el arrepentimiento simplemente significa ayudar a las personas a regresar a Dios) “y me traéis aun cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!

“Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma… ¡cuán grande no será vuestro gozo si me trajereis muchas almas!” (Doctrina y Convenios 18:10, 15–16)12.

Al volcar nuestra atención hacia los demás, primero a nuestro cónyuge, luego a nuestra familia y después a los demás, levantándolos espiritualmente y ayudándoles a permanecer firmes y estables, estamos salvando generaciones y cumpliendo nuestro destino eterno.

Éste es Luciano Cascardi, presidente de la Estaca Ipiranga, São Paulo, Brasil. El hermano Cascardi tenía seis años cuando su familia se bautizó en São Paulo, Brasil. El presidente Cascardi vino a los Estados Unidos este octubre pasado para buscar al misionero que había enseñado a su familia hacía 40 años. Había una cosa de la que estaba seguro: el primer nombre del misionero era Élder.

Por una serie de milagros, el hermano Cascardi lo encontró: el hermano Larry Wilson, un fuerte líder de la Iglesia en el norte de California. En una carta al hermano Wilson, el presidente Cascardi comparó el encontrar a su misionero con encontrar a un padre perdido después de muchos años. Luego, refiriéndose a la semilla espiritual que había germinado hacía 40 años y que se ha multiplicado y que ha impactado tantas vidas desde entonces, el presidente Cascardi dijo: “Se pueden contar las semillas en la manzana, pero no se pueden contar las manzanas en la semilla”13.

No tenemos que servir en una misión para fortalecer y elevar a los demás. El presidente Monson nos enseña constantemente que debemos extender la mano y rescatar a los que nos rodean. ¿Recuerdan la historia de cómo extendió la mano cuando era un joven obispo a alguien que no asistía a la Iglesia?

El presidente Monson dijo:

“Cuando fui llamado como obispo, reconocí que era el presidente del quórum de presbíteros, y quería que todos los jóvenes asistieran. Había uno que nunca asistía, y pensé: ‘Estoy aquí sentado con los presbíteros; ellos tienen un asesor. Voy a dejar que el asesor les dé la lección y yo voy a ir a buscar a Richard Casto. Fui a su casa; sus padres estaban allí y dijeron que estaba trabajando en el taller de la calle West Temple.

“Me dirigí a la intersección de las calles 500 South y West Temple; la puerta estaba abierta, pero no había nadie. Empecé a mirar alrededor, pero no vi a nadie. Fui por atrás y había una de esas fosas para engrasado a la antigua.

“Me asomé en la obscuridad y vi dos ojos que me miraban. Él dijo: ‘Me encontró, obispo. Voy a subir’. Y salió de la fosa para engrasado.

“Conversamos muy a gusto, y le dije: ‘Richard, te necesitamos. Tienes el don de gentes, y quisiera que todos los presbíteros asistieran. ¿Vendrás?’. Él dijo: ‘Voy a ir’. Y fue”.

Años después Richard Casto compartió lo que sucedió después de ese incidente:

“Después de eso serví en una misión. Me sellé en el templo con mi esposa y tenemos cinco maravillosos hijos, dos de los cuales sirvieron en una misión. Yo he servido como obispo dos veces. Mis hijos lo quieren mucho, y mi esposa tiene un gran amor por él por lo que hizo por mí. Probablemente es una de las más grandes bendiciones que he recibido en la vida”14.

En la Conferencia General de octubre, el presidente Monson dijo: “Creo que el Salvador nos está diciendo que a menos que nos perdamos en dar servicio a los demás, nuestra propia vida tiene poco propósito. Aquellos que viven únicamente para sí mismos al final se marchitan y, en sentido figurado, pierden la vida, mientras que aquellos que se pierden a sí mismos en prestar servicio a los demás progresan y florecen… y en efecto salvan su vida”15.

Deben ser capitanes en la causa del Señor con una misión específica de regresar a salvo a casa y de llevar a muchos con ustedes.

Perseveren con un fulgor de esperanza

Concluyo con una experiencia personal, que también es de aviones.

El 9 de noviembre pasado, mi esposa Kathy y yo viajábamos de regreso desde la Ciudad de Guatemala, con conexión en Miami, Florida. Teníamos una cita importante y era vital que abordáramos el avión en Miami. Salimos temprano esa mañana del hotel en las afueras de Antigua, Guatemala, para alcanzar el vuelo a Miami que partía a las 8:55 hrs. Al llegar a la Ciudad de Guatemala, había una congestión de tráfico fuera de lo común y nos preocupaba llegar al aeropuerto a tiempo. Llegamos con apenas suficiente tiempo para abordar el avión.

Nos apuramos por pasar por inmigración y por llegar a la puerta de salida. Al llegar allí, nos informaron que el avión no saldría por hora y media. Había llegado tarde la noche anterior a causa de condiciones climatológicas turbulentas y se requería que los pilotos y la tripulación descansaran por cierto tiempo. Con esa demora, nos preocupó no alcanzar la conexión en Miami. Abordamos el avión hora y media después, pero, después de separarse de la puerta, nos dijeron que había una falla eléctrica en la cabina, lo cual nos retrasó otros 40 minutos. Respiramos profundamente y nos preguntamos si habría posibilidad de que alcanzáramos nuestra conexión.

El avión hizo buen tiempo de la Ciudad de Guatemala a Miami, y llegamos sólo 30 minutos antes de la hora de salida programada. No parecía ser suficiente tiempo, pero decidimos intentarlo. Corrimos tan rápido como pudimos. Para nuestra sorpresa, la fila en inmigración era corta. Nos dirigimos a la aduana rogando en oración que no inspeccionaran el equipaje del que íbamos tirando. Nuestra oración fue contestada. Vi los monitores y decían que nuestro avión saldría de la puerta D-3. Corrimos a la terminal D y comenzamos doloroso proceso de la inspección de seguridad. Quitarse los zapatos; líquidos en bolsa de plástico; computadora portátil aparte. Esperamos que la alarma no sonara al pasar por el monitor de seguridad.

Tras pasar la inspección, sólo quedaban 10 minutos antes de que partiera el vuelo. Miré nuevamente el monitor y, para mi gran espanto, había cometido un error. El avión no iba a partir de la puerta D-3, sino de la E-3. Estábamos en la terminal equivocada. Estábamos sin aliento, probablemente las puertas del avión ya estaban cerradas y todavía estábamos a varios cientos de metros de nuestro destino. Pensamos en darnos por vencidos, pero nos dimos ánimo y continuamos hasta la meta final. Corrimos, tirando de nuestro equipaje. Al llegar a la puerta E-3, escuchamos que llamaban nuestros nombres. Fue un milagro. La puerta todavía estaba abierta. ¡Lo logramos!

Su destino espiritual tendrá obstáculos, demoras y fallas en el equipo. Habrá errores y quizá se pregunten si lo van a lograr. ¡No se desanimen! También tendrán momentos de esperanza y de fe a medida que se abran puertas y se superen obstáculos. Continúen, persistan y, sobre todo, crean en Cristo y aprendan a seguirlo a Él y a Sus profetas. Perseveren, como dice Nefi, con “un fulgor perfecto de esperanza”(2 Nefi 31:20). Conforme lo hagan, les prometo, un día escucharán su nombre. Lo lograrán.

Nuestro Padre Celestial vive. Somos Sus hijos e hijas. Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Él restauró Su evangelio por medio del profeta José Smith. El presidente Monson es Su profeta en la actualidad. Es mi oración que todas las bendiciones del cielo que están reservadas para ustedes sean suyas a medida que se preparen para su destino eterno. En el nombre de Jesucristo. Amén.

© 2010 por Intellectual Reserve, Inc. Todos los derechos reservados. Aprobación del inglés: 5/09. PD50018081

1. William Wordsworth, “Ode: Intimations of Immortality From Recollections of Early Childhood”, en The Oxford Book of English Verse, ed. Christopher Ricks, 1999, pág. 351.

2. Dallin H. Oaks, “El gran plan de salvación”,Liahona, enero de 1994, pág. 84.

3. Véase Captain Chesley “Sully” Sullenberger, con Jeffrey Zaslow, Highest Duty: My Search for What Really Matters, 2009, págs. 5, 10.

4. Sullenberger, Highest Duty, págs. 93, 95.

5. Sullenberger, Highest Duty, pág. 188.

6. Sullenberger, Highest Duty, págs. 119–20.

7. Howard W. Hunter, en Conference Report, abril de 1965, pág. 58.

8. Sullenberger, Highest Duty, pág. 286.

9. Sullenberger, Highest Duty, pág. 264.

10. Barbara Thompson, “¡Cuidado con la brecha!”, Liahona, noviembre de 2009, págs. 118--120.

11. Carta personal enviada por Shellie Seager a la hermana Barbara Thompson, con fecha del 2 de abril de 2007. Enviada a nosotros por Shellie Seager por correo electrónico con fecha del 10 de diciembre de 2009.

12. Véase Neil L. Andersen, “Arrepent[íos]… para que yo os sane”, Liahona, noviembre de 2009, págs. 40–43.

13. Carta personal del élder Larry Y. Wilson, con fecha del 14 de noviembre de 2009 y mesaje de correo electrónico enviado a la familia Wilson por parte de Luciano Cascardi con fecha del 9 de octubre de 2009.

14. Transcrito de En la obra del Señor (DVD, 2008).

15. Thomas S. Monson, “¿Qué he hecho hoy por alguien?”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 85.