En 1875, con México gestando leyes de La Reforma de Benito Juárez que promovían la libertad religiosa, misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días partieron a caballo desde el Territorio de Utah con mil quinientas copias de Trozos Selectos del Libro de Mormón, entregando en 1876 algunas en Chihuahua y, por correo, enviando unas quinientas a hombres prominentes en todo el país, incluso al centro de México.
Diez años después de que los primeros misioneros repartieron sus Trozos Selectos, había pequeñas congregaciones de los santos funcionando ante la mirada del imponente volcán Popocatépetl y en algunos otros lugares. Este crecimiento fue afortunado. Con un posicionamiento en el centro de México y la experiencia y el conocimiento ya adquiridos en Utah para estar a salvo, en 1885 cientos de mormones angloamericanos provenientes de poblados Santos de los Últimos Días en Utah y Arizona empezaron a emigrar hacía México. A mediados de mayo, casi cuatrocientos hombres, mujeres, y niños esperaron en la rivera del Río Casas Grandes, Chihuahua, con la esperanza de que las autoridades de la Iglesia pronto pudieran comprar tierras para poder establecerse.
En los Estados Unidos, el respeto a los derechos de otros y el estado de derecho que Juárez predicaba, no se aplicaban tan fácilmente. Los Santos de los Últimos Días que eran perseguidos seguían huyendo de sus hogares, miles de los cuales encontraron refugio en México.
En el establecimiento de sus nueve colonias, surgieron muchos problemas: cuestiones de propiedad y tenencia de la tierra; conflictos sobre derechos de agua; las tensiones étnicas y malentendidas; el largo alcance opresivo de alguaciles de los Estados Unidos de América; tentativas fracasadas para colonizar a los santos de la parte central de México en el norte; esfuerzos frustrados de predicar el evangelio restaurado a las poblaciones indígenas tanto al norte como al sur de la frontera. Sin embargo, las colonias prosperaron económicamente y proporcionaron un refugio seguro, para un tiempo, a más de cuatro mil santos angloamericanos.
Para una temporada, después de 1900, los colonos pudieron por fin poner la mayoría de sus problemas por un lado. Entonces se lanzaron nuevamente su impulso misionero en México central. Aún serían problemas serios; la revolución de 1910 en adelante con sus varias tendencias socialista, liberal, anarquista y populista, y los movimientos agrarios que ocasionaron la expulsión de la mayoría de los colonos del país, así como la retirada de los misioneros angloamericanos del centro de México. Lo mismo ocurrió durante la Guerra Cristera de 1926-29. Sin embargo, siempre que las condiciones permitieran, los mormones de las colonias siguieron enviando a sus hijos y administradores para promover la difusión del evangelio entre los mexicanos que vivían en el sur y en otros países de Centro y Sudamérica.
Al pasar los años, los santos de las colonias en Chihuahua y Sonora se hicieron mexicanos por la ciudadanía. Siendo bilingüe, educado, imbuido de la fe del evangelio restaurado y armados de valor como consecuencia de sus propias privaciones y dificultades, los mormones de las colonias han enviado cientos y cientos de misioneros, líderes eclesiásticos, y los administradores que ayudaron en fundar y dirigir las escuelas de la Iglesia (incluso enmarcar la existencia del famoso complejo Benemérito de las Américas). Muchos han servido como presidentes de misión y de los templos y ahora, en 2012, incluso el presidente del Área México. Sobre una base per cápita, o incluso en términos de magnitud total, es poco probable que se encuentre un pueblo que haya hecho tanto para la Iglesia como lo han hecho los hermanos bilingües de Chihuahua y Sonora durante los últimos ciento y quince años.
En una tierra donde viven más de un millón de santos de los últimos días, un sentido de justicia y agradecimiento nos permite recordar la contribución que estas personas han hecho para la propagación del Evangelio restaurado y a la construcción de una infraestructura y organización que hacen que la presencia SUD en México sea duradera.
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