Capítulo 8
Jesús alimenta a cuatro mil — Él aconseja: Guardaos de la levadura de los fariseos — Sana a un hombre ciego en Betsaida — Pedro testifica que Jesús es el Cristo.
1 En aquellos días, como había una gran multitud y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
2 Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer;
3 y si los envío en ayunas a sus casas, se desmayarán por el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos.
4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?
5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete.
6 Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud.
7 Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo y mandó que también los pusiesen delante.
8 Y comieron y se saciaron; y recogieron, de los pedazos que habían sobrado, siete cestas.
9 Y eran los que comieron como cuatro mil; y los despidió.
10 Y entrando en seguida en la barca con sus discípulos, fue a la región de Dalmanuta.
11 Y vinieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una aseñal del cielo, para tentarle.
12 Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide una aseñal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.
13 Y dejándolos, volvió a entrar en la barca y se fue al otro lado.
14 Y se habían olvidado de llevar pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca.
15 Y les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.
16 Y discutían los unos con los otros, diciendo: Es porque no tenemos pan.
17 Y como Jesús lo entendió, les dijo: ¿Por qué discutís? ¿Porque no tenéis pan? ¿Todavía no comprendéis ni entendéis? ¿Aún tenéis aendurecido vuestro corazón?
18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis?
19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Doce.
20 Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos dijeron: Siete.
21 Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis?
22 Y vino a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaron que le tocase.
23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y después de escupir en sus ojos y de poner las amanos sobre él, le preguntó si veía algo.
24 Y él, alzando la vista, dijo: Veo los hombres, pero los veo como árboles que andan.
25 Entonces le puso otra vez las manos sobre los ojos y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
26 Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.
27 Y salió Jesús con sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y por el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?
28 Y ellos respondieron: unos, Juan el Bautista; y otros, aElías; y otros, alguno de los profetas.
29 Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el aCristo.
30 Pero les mandó que ano hablasen acerca de él a ninguno.
31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre tenía que padecer mucho y ser desechado por los ancianos, y por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto y resucitar después de tres días.
32 Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le llevó aparte y comenzó a reprenderle.
33 Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: Apártate de mí, aSatanás, porque bno sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.
34 Y llamando a la gente y a sus adiscípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, bniéguese a sí mismo, y tome su cruz y csígame.
35 aPorque el que quiera salvar su vida la bperderá; pero el que pierda su cvida por causa de mí y del evangelio la salvará.
36 Porque, ¿qué aprovechará al hombre si gana todo el mundo y pierde su alma?
37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? a
38 Porque el que ase avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el bHijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos cángeles.
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