Jesús declara que Él es el Mesías

Lucas 4:15–30

15  y enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos.

16  Y vino a Nazaret, donde se había criado; y, conforme a su costumbre, el día de reposo entró en la sinagoga y se levantó a leer.

17  Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el rollo, halló el lugar donde estaba escrito:

18  El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los quebrantados,

19  a predicar el año agradable del Señor.

20  Y enrollando el libro, lo dio al ayudante y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

21  Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.

22  Y todos daban testimonio de él y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José?

23  Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído que se han hecho en Capernaúm, haz también aquí en tu tierra.

24  Y dijo: De cierto os digo que ningún profeta es aceptado en su propia tierra.

25  Mas en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;

26  pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.

27  Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio.

28  Entonces todos en la sinagoga se llenaron de ira al oír estas cosas;

29  y levantándose, le echaron fuera de la ciudad y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.

30  Pero él pasó por en medio de ellos y se fue.

Ver Lucas 4

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