La revelación de Pedro de llevar el Evangelio a los gentiles

Hechos 10:1-48; 11:1-18

1Y HABÍA en Cesarea un varón llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana,

2devoto y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo y oraba a Dios siempre.

3ste vio claramente en visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios venía a él y le decía: ¡Cornelio!

4Y él, mirándole fijamente y espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.

5Envía, pues, ahora hombres a Jope y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro.

6ste se hospeda en casa de Simón, el curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que debes hacer.

7Después de que se fue el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados y a un devoto soldado de los que le asistían,

8a los que envió a Jope, después de habérselo contado todo.

9Y al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora sexta;

10y aconteció que le vino mucha hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis.

11Y vio el cielo abierto, y que descendía algo como un gran lienzo que, atado de los cuatro cabos, era bajado a la tierra,

12en el cual había de todos los cuadrúpedos de la tierra, y reptiles y aves del cielo.

13Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.

14Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.

15Y volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios ha limpiado, no lo llames tú común.

16Y esto ocurrió tres veces; y el lienzo volvió a ser recogido en el cielo.

17Y mientras Pedro dudaba dentro de sí, preguntándose qué sería la visión que había visto, he aquí, los hombres que habían sido enviados por Cornelio, habiendo preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta.

18Y llamando, preguntaron si Simón, que tenía por sobrenombre Pedro, se hospedaba allí.

19Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.

20Levántate, pues, y desciende y no dudes en ir con ellos, porque yo los he enviado.

21Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, dijo: Heme aquí, yo soy el que buscáis. ¿Cuál es la causa por la que habéis venido?

22Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que goza de buena fama entre toda la nación de los judíos, ha recibido aviso de un santo ángel de hacerte venir a su casa y oír tus palabras.

23Entonces, haciéndolos pasar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.

24Y al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado a sus parientes y a los amigos más íntimos.

25Y cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle; y postrándose a sus pies, le adoró.

26Pero Pedro le levantó, diciendo: ¡Levántate! Yo mismo también soy hombre.

27Y hablando con él, entró y halló a muchos que se habían reunido.

28Y les dijo: Vosotros sabéis que está prohibido para un varón judío juntarse con un extranjero o acercarse a él, pero Dios me ha mostrado que a ningún hombre llame común o inmundo;

29por lo cual, al ser llamado, he venido sin poner ninguna objeción. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?

30Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba ayunando; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, he aquí, un varón con vestiduras resplandecientes se puso delante de mí.

31Y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios.

32Envía, pues, a Jope y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; éste se hospeda en casa de Simón, el curtidor, junto al mar, quien, cuando venga, te hablará.

33Así que, en seguida envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado.

34Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,

35sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace lo justo.

36Dios envió la palabra a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es el Señor de todos.

37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan,

38en cuanto a Jesús de Nazaret: cómo le ungió Dios con el Espíritu Santo y con poder, y cómo anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

39Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén, a quien mataron, colgándole en un madero.

40A éste levantó Dios al tercer día e hizo que se apareciese,

41no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos.

42Y nos mandó que predicásemos al pueblo y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos.

43De él dan testimonio todos los profetas, de que todos los que crean en él recibirán perdón de pecados por su nombre.

44Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el mensaje.

45Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo,

46porque los oían que hablaban en lenguas y que magnificaban a Dios.

47Entonces respondió Pedro: ¿Acaso puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?

48Y les mandó que fueran bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.

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