Saltar navegador principal
Blog

Demos gracias

madre e hija

“Cuánto desearía ser más feliz”. La mayoría de nosotros hemos tenido ese pensamiento en algún momento. No obstante, ¿qué debemos hacer al respecto para ser más felices? El presidente Thomas S. Monson nos enseña cómo aumentar la felicidad sin importar dónde nos encontremos en la vida con una fórmula sencilla pero eficaz:

Demos gracias. En esas palabras se halla el mejor curso resumido para lograr un matrimonio feliz, una fórmula para la amistad duradera y un modelo para la felicidad personal” (Discurso dado en la ceremonia de graduación de la Universidad Brigham Young, 26 de abril de 2001).

Así que, ¿cuándo “damos las gracias”?

Cada día, podemos dar gracias a las personas que amamos.

Podemos dar gracias a la mitad del viaje, no solamente al final.

Podemos dar gracias a Dios por todas las cosas, aun en nuestras dificultades.

Al dar gracias en esta época y más, veremos las bendiciones de gratitud incrementarse en nuestra vida.

Demos gracias a las personas que amamos

Somos gente ocupada. Hay bocas que alimentar, casa que limpiar, tarea que hacer y las otras mil tareas materiales que forman parte de la vida cotidiana. Sin embargo, en el centro de todo esto podemos recordar lo que es verdaderamente importante: las personas que nos rodean. El presidente Monson enseñó: “Muchas veces no valoramos a las personas que más merecen nuestra gratitud. No esperemos hasta que sea demasiado tarde para expresar esa gratitud” (“El divino don de la gratitud”, Conferencia General de octubre de 2010). Es fácil dar gracias a las personas que amamos después de que han fallecido, pero la recompensa es mucho más grande cuando dedicamos el tiempo ahora, en nuestro diario vivir, para agradecerles. Nuestra relación crece y prospera cuando se nutre de expresiones frecuentes de gratitud.

Demos gracias a la mitad del viaje

A veces nos convencemos de que tendremos el tiempo para estar agradecidos cuando la jornada haya terminado y las bendiciones estén aquí, cuando finalmente contraemos matrimonio, compramos una casa u obtenemos el empleo soñado que esperábamos tener. Sin embargo, el presidente Monson enseñó: “Pese a nuestras circunstancias, cada uno de nosotros tiene mucho por lo que debe estar agradecido si tan solo nos detenemos y contemplamos nuestras bendiciones” (“El divino don de la gratitud”). Podemos hacer una pausa y dar gracias a Dios aun en medio de nuestro viaje.

En el Libro de Mormón, Dios le mandó al profeta Lehi salir de Jerusalén antes de que fuese destruida. Dejando atrás oro y plata, parientes, amigos, modo de vida y una vida estable, Lehi viajó tres días con su familia y provisiones en el desierto.

Después de armar sus tiendas, Lehi “erigió un altar de piedras y presentó una ofrenda al Señor, y dio gracias” (1 Nefi 2:7).

Desde el punto de vista del mundo, eso no parece ser el momento para estar agradecido. Ellos están en el desierto y hay muy poca evidencia de que saben algo acerca de dónde se dirigen. Han dejado todo y el futuro es incierto. Y sin embargo, Lehi se detiene y da gracias a Dios. Él reconoce la guía de Dios al llevarlos allí y sabe que cuando Dios participa, el camino puede ser difícil, pero siempre hay cosas buenas que vendrán, y eso es algo por lo que puede estar agradecido por el momento.

En la mitad de nuestra jornada de la vida, las listas de tareas pendientes o incluso nuestra canción favorita pop que escuchamos con audífonos, podemos seguir el ejemplo de Lehi, hacer una pausa y dar gracias a Dios por Su bondad para con nosotros y Su guía en nuestra vida.

Demos gracias a Dios por todas las cosas

Todos pasamos por momentos cuando dar gracias parece ser particularmente difícil. La muerte de un ser querido, el divorcio, los desastres naturales, las enfermedades crónicas y otras situaciones nos pueden dejar desconsolados y agotados y toda una gama de otras emociones que no asociamos con ser agradecidos. Sin embargo, el presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó que en esos momentos, el dar gracias puede levantar nuestro ánimo y ampliar nuestra perspectiva. Él dijo:

“Podemos escoger ser agradecidos, pase lo que pase…

El ser agradecido en tiempos de aflicción no significa que estamos complacidos con nuestras circunstancias; lo que significa es que mediante los ojos de la fe podemos ver más allá de nuestras dificultades actuales…

“La gratitud verdadera es una expresión de esperanza y testimonio que se recibe al reconocer que no siempre entendemos las pruebas de la vida, pero que confiamos en que algún día lo haremos” (“Agradecidos en cualquier circunstancia”, Conferencia General de abril de 2014).

La gratitud en nuestras circunstancias difíciles no hace que los momentos duros desaparezcan. Eso no significa que tenemos que superar nuestras dificultades por la fuerza de nuestra propia voluntad ni intentar arreglar situaciones como el pesar profundo o las enfermedades mentales con tan “solo ser más agradecido”. Simplemente significa que acudimos a Cristo. Al expresar nuestra gratitud, demostramos que “[sabemos] en quien [hemos] confiado” (2 Nefi 4:19) y reconocemos que es por medio de la gracia de Jesús y el poder habilitador que podemos sobrellevar nuestras pruebas y que Él puede hacer que cosas hermosas florezcan por medio de nuestras experiencias más difíciles. Nuestra gratitud, en esta época, es una expresión de fe y esperanza en Él. Nos da la fortaleza para sobrellevar las pruebas de una manera más semejante a Cristo.

Bendiciones de Gratitud

“Dar gracias” es algo que la mayoría de nosotros tiene que practicar, pero Dios nos bendecirá incluso por nuestros esfuerzos imperfectos de “[vivir] cada día en acción de gracias” (Alma 34:38). El presidente Uchtdorf enseñó: “La gratitud a nuestro Padre Celestial ensancha nuestra percepción y aclara nuestra vista; inspira humildad y fomenta la compasión hacia nuestro prójimo y hacia todas las creaciones de Dios. La gratitud es un elemento que promueve todos los atributos cristianos” (“Agradecidos en cualquier circunstancia”). El presidente Monson también enseñó: “El dar sinceras gracias no solo nos ayuda a reconocer nuestras bendiciones, sino que también abre las ventanas de los cielos y nos ayuda a sentir el amor de Dios” (“El divino don de la gratitud”).

Perspectiva más amplia. Visión más clara. Empatía. Las puertas del cielo se abren y un sentimiento del amor de Dios llena el corazón. La fortaleza durante nuestras pruebas y la esperanza en Cristo. Dar gracias a Dios nos brinda todas estas cosas, nos acerca más a nuestros seres queridos y nos hace más semejantes al Salvador.

Recuerda