Nosotros fuimos la generación más grandiosa

Charla fogonera del SEI para jóvenes adultos • 6 de marzo de 2011 • Universidad Brigham Young


 

Siempre me siento intimidado cuando me levanto y veo a este hermoso y apuesto grupo de jóvenes adultos. Es aún más inquietante saber que hay decenas de millares de ustedes reunidos en congregaciones alrededor del mundo.

Ustedes son el futuro de la Iglesia

Con el rápido correr de los años, recordarán esta época como uno de los periodos más emocionantes de su vida. Tengo gran confianza en los jóvenes adultos de la Iglesia. Cuando me preparaba para presidir en el Área Europa Central, recibí una de las revelaciones más claras que jamás he recibido.

Una noche de insomnio, recibí la impresión de que los jóvenes adultos eran el futuro de la Iglesia en Europa y que debía concentrarme en ellos, y eso terminó siendo uno de los periodos más gratificantes de mi largo ministerio. En los últimos años se han obtenido algunos resultados muy satisfactorios al haber escuchado las ideas y las preocupaciones de ustedes.

Juntos hemos aprendido a ayudarles a traer muchos amigos a adorar junto con ustedes. He visto el ferviente poder espiritual de los jóvenes adultos de la Iglesia; conozco su capacidad; he visto cómo se fortalecen unos a otros y traen a sus amistades al conocimiento del evangelio restaurado de Jesucristo.

Ustedes son jóvenes y yo soy viejo. Nos separan muchos años. Cuando yo tenía la edad de ustedes usaba una regla para sacar mis cálculos en la clase de contabilidad. Les voy a dar una demostración de cómo funciona. Yo hablo a un ritmo de 140 palabras por minuto cuando doy un discurso. Si muevo la parte deslizante de la regla hasta el número de palabras que hablo, veo cuánto durará mi discurso. Para mí esto es mucho más rápido que una calculadora moderna. Pero para estar a la par de la mente brillante de ustedes, para casi todos los cálculos he tenido que mantenerme al día con los aparatos modernos.

Para estar al ritmo de ustedes, he tenido que hacer muchos cambios con el fin de seguir de cerca a la tecnología de vanguardia. He aprendido a usar el comptómetro, una tarjeta perforada 1401, una computadora con almacenaje de disco 360, una computadora portátil y una de mano, un Blackberry, un iPod, un iPhone y ahora tengo un iPad. A esos agréguenle Facebook, Twitter, blogs y YouTube. ¡Consideren lo que significa para un anciano de 88 años tratar de mantenerse a la par de ustedes!

Qué prueba tan grande es para mi generación observar y tratar de vivir con lo que ustedes están desarrollando. Pero nosotros les llevamos una ventaja, pues hemos pasado por todos los cambios; hemos adquirido experiencia al obtener conocimiento de algunos de los fundamentos básicos que todavía son de gran valor y constituyen un cimiento sobre el cual edificar; mientras que ustedes sólo pueden leer al respecto. Quiero hablarles de algunos de esos fundamentos que nunca se deben desechar ni descartar.

Hagan que su generación sea la más grandiosa

Hace unos años un autor muy conocido describió a algunos de los hombres y mujeres de mi época como “la generación más grandiosa”. El autor, Tom Brokaw, explicó:

“Esos hombres y mujeres llegaron a ser adultos durante la Gran Depresión, cuando la desesperación económica azotaba la tierra como una plaga. Habían visto a sus padres perder sus negocios, sus granjas, sus empleos, sus esperanzas. Habían aprendido a aceptar un futuro que se desplegaba día a día. Entonces, justo cuando un destello de recuperación económica empezaba a asomarse, estalló la guerra en Europa y en Asia. Esa generación fue convocada a las armas y se le dijo que se entrenara para la guerra. Dejaron sus haciendas…, sus empleos en la ciudad…, su lugar en las líneas de ensamblaje… y sus posiciones en Wall Street; abandonaron los estudios o pasaron directamente de la toga y el birrete al uniforme militar…

“Empezaron tarde y con grandes reveses, pero no protestaron. En esa época de su vida en la que los días y las noches debían estar llenos de aventuras inocentes, amor y lecciones del mundo cotidiano; peleaban, a menudo mano a mano, en las condiciones más primitivas… Surcaban los aires todos los días, cielos llenos de terror, y zarpaban al mar sobre aguas hostiles muy lejos de las costas de su patria…

“Cuando terminó la guerra, los hombres y las mujeres que habían participado… se unieron en breves y gozosas celebraciones, y luego empezaron inmediatamente a reconstruir su vida y el mundo que querían tener. Eran maduros para su edad, fortalecidos por lo que habían pasado, disciplinados por su… capacitación y sacrificios. Se casaron en números sin precedentes y engendraron otra… generación… Permanecieron fieles a sus valores de responsabilidad personal, deber, honor y fe”1.

Cuando yo tenía la edad de ustedes, tenía sus mismos anhelos. Esperábamos con ilusión el romance, los estudios, la vida profesional y el matrimonio. En vez de eso, nos llamaron y nos enviaron a los cuatro rincones de la tierra a participar en una guerra terrible para proteger nuestros derechos básicos de disfrutar de la libertad de pensar, actuar, congregarnos y gobernar amparados por la ley. Nuestro servicio no era sólo para nosotros, era una contribución a las generaciones venideras. Seguimos adelante de buena gana, y se requirió gran valor para ello.

Aunque no me adjudico el título sólo a mí, soy uno de los sobrevivientes de la denominada “generación más grandiosa”. Al mirar al futuro, y al mirar al futuro de ustedes, ruego que den un paso hacia adelante y asuman sus responsabilidades de preservar el noble legado de nuestro pasado. Ruego que en un día futuro a ustedes se les conozca como “la generación más grandiosa”.

La guerra de ustedes será muy diferente. Soy muy consciente de que sus desafíos serán mucho mayores que los nuestros. Nosotros sabíamos quién era el enemigo en el campo de batalla porque nos disparaba. Hoy el enemigo es mucho más siniestro, pues no siempre nos da una batalla frontal, sino que se esconde en casi todo aparato conocido por el hombre. Su plan es sembrar una idea malévola acá y un mal pensamiento allá y así alejarnos de las virtudes que nos ha enseñado nuestra gloriosa historia. Con su astuto plan, él ha creado maneras de debilitar nuestra fe cristiana.

Esta noche quiero hablarles del fundamento de la fe cristiana que se debilita en todo el mundo.

Fortalezcan la fe en el Salvador

Ustedes tienen una función que cumplir en la tarea de ayudar a los hijos de nuestro Padre en los cielos a regresar a sus cimientos cristianos mediante el desarrollo de la fe en el Salvador y en Su camino.

“El Papa Benedicto XVI se lamentó por el debilitamiento de las iglesias de Europa, Australia y los [Estados Unidos. Él dijo:] ‘Ya no hay evidencia de la necesidad de Dios, y aún menos de Cristo… Las iglesias conocidas como tradicionales parecen estar muriendo’”2.

Nos hemos alejado de la adoración tradicional. Ahora hay más gente que afirma ser más bien espiritual que religiosa: si una enseñanza les conviene, la aceptan y llega a formar parte de su fe; si no, desarrollan su propia fe hecha por los hombres. Ahora la fe y la espiritualidad se consideran productos de consumo. El materialismo impera y ha reemplazado a Dios. Debemos alzar la voz en oposición a esas tendencias peligrosas destinadas a destruir la fe de la humanidad.

En el Libro de Mormón se nos advierte una y otra vez contra el reemplazo de nuestra confianza en Dios con cosas que no duran, y se declara que muchos nefitas, en una época en la que se estaban alejando de la fe, “se volvieron orgullosos, envaneciéndose su corazón por motivo de sus enormes riquezas; por tanto, se hicieron ricos a sus propios ojos, y no quisieron hacer caso de las palabras de [los profetas], para andar rectamente ante Dios” (Alma 45:24).

Mis jóvenes amigos, al ver que la fe cristiana se debilita en la sociedad, la fe de ustedes debe hacerse aún más firme y más segura. Helamán declaró: “Y ahora bien, recordad, hijos míos, recordad que es sobre la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios, donde debéis establecer vuestro fundamento, para que cuando el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten, esto no tenga poder para arrastraros al abismo de miseria y angustia sin fin, a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán” (Helamán 5:12).

Nefi nos recordó: “Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados… [y] aquella vida que está en Cristo… porque la senda verdadera consiste en creer en Cristo” (2 Nefi 25:26–28).

¿Tenemos un fundamento para apoyar esa afirmación?

Los símbolos del sacrificio de Cristo han perdurado a través de todas las épocas

El hecho mejor grabado de toda la historia es el relato de la misión de nuestro Señor y Salvador en la tierra, la cual se profetizó desde los inicios de la era del hombre en la tierra.

Veamos sólo un ejemplo. En Moisés, capítulo 5, leemos:

“Y sucedió que, después que yo, Dios el Señor, los hube expulsado, Adán empezó a cultivar la tierra, y a ejercer dominio sobre todas las bestias del campo, y a comer su pan con el sudor de su rostro, como yo, el Señor, le había mandado; y Eva, su esposa, también se afanaba con él…

“Y Adán y Eva, su esposa, invocaron el nombre del Señor, y oyeron la voz del Señor que les hablaba en dirección del Jardín de Edén, y no lo vieron, porque se encontraban excluidos de su presencia.

“Y les dio mandamientos de que adorasen al Señor su Dios y ofreciesen las primicias de sus rebaños como ofrenda al Señor. Y Adán fue obediente a los mandamientos del Señor.

“Y después de muchos días, un ángel del Señor se apareció a Adán y le dijo: ¿Por qué ofreces sacrificios al Señor? Y Adán le contestó: No sé, sino que el Señor me lo mandó.

“Entonces el ángel le habló, diciendo: Esto es una semejanza del sacrificio del Unigénito del Padre, el cual es lleno de gracia y de verdad.

“Por consiguiente, harás todo cuanto hicieres en el nombre del Hijo, y te arrepentirás e invocarás a Dios en el nombre del Hijo para siempre jamás” (versículos 1, 4–8).

Y así se instituyó en la tierra el sacrificio como ordenanza del Evangelio, para ser practicada y efectuada por la autoridad del sacerdocio, como símbolo del sacrificio venidero del Hijo del Hombre, quien daría Su vida por los pecados del mundo.

La ordenanza siempre se disponía de manera tal que especificara los puntos del sacrificio que haría el Señor cuando viniera en el meridiano de los tiempos. Para la ofrenda de la Pascua, por ejemplo, se escogía a un cordero macho de un año, sin mancha ni defecto, se derramaba la sangre y se tenía cuidado de no romper ningún hueso, todo ello simbolizando la forma en que moriría el Salvador.

Me asombra el que la ofrenda del sacrificio haya continuado a través de todas las eras, desde Adán hasta la época del Salvador. Aunque la humanidad pasó por muchos periodos de apostasía, permaneció clara en la mente de ellos la esperanza de que el Señor expiaría los pecados de la humanidad mediante Su Hijo Unigénito y de que la sangre expiatoria [de Jesucristo] haría posible la inmortalidad.

En general, la práctica de ofrecer sacrificios terminó cuando el Salvador vino a la tierra, y se instituyó la Santa Cena para recordar a Sus seguidores que Él había venido y había realizado Su ministerio terrenal. En Lucas 22:19–20 leemos:

“Entonces tomó el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

“Asimismo, tomó también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama”.

Una vez más, me asombra que este recordatorio haya perdurado como práctica de muchas formas y maneras, aun a través de los oscuros periodos de apostasía, a lo largo de las generaciones hasta el tiempo de la restauración del Evangelio, cuando de nuevo estuvo el poder del sacerdocio en la tierra para efectuar la ordenanza sagrada y salvadora.

En todos los periodos de la historia escrita, hallamos el constante recordatorio de la misión de nuestro Salvador. Él vino a la tierra como alguien que tenía doble nacionalidad, una de Dios y una de los hombres. Así, Él podía realizar Su grande y ennoblecedor sacrificio por todos nosotros mediante Su expiación. ¿Podría haber pruebas más firmes que el estudiar las doctrinas de todas las épocas de que Él es Jesús el Cristo, el Salvador del mundo? Él nos ha dado Su evangelio para guiarnos y dirigirnos en nuestra estadía terrenal.

Muestren al mundo la veracidad del evangelio de Jesucristo

El presidente David O. McKay dijo:

“La responsabilidad de demostrar al mundo que el evangelio de Jesucristo resolverá sus problemas descansa en los hombres que lo afirman… Yo creo… que todo problema del mundo se puede resolver mediante la obediencia a los principios del evangelio de Jesucristo

“La solución a los grandes problemas del mundo se halla aquí, en la Iglesia de Jesucristo. Se han hecho amplias previsiones no sólo para las necesidades individuales, sino también para las naciones y los grupos de naciones… Reconozco que parece que nos adjudicáramos una sabiduría superior, pero no es así. Es sólo la aplicación del plan de Dios a los problemas del mundo. Ustedes que poseen el sacerdocio tienen más responsabilidad hoy de la que jamás ha tenido la Iglesia, ya que viven en este momento creativo de la historia del mundo. Y repito: si afirmamos tener la verdad, todo Santo de los Últimos Días queda obligado a vivir de tal forma que cuando los pueblos del mundo respondan al llamado y vengan a probar el fruto del árbol, encuentren que es sano y bueno”3.

El gran mensaje que llevamos al mundo es que el evangelio de nuestro Señor y Salvador se ha restaurado de nuevo en la tierra. Su Iglesia está otra vez en la tierra con el poder y la gloria del Santo Sacerdocio.

A los que son ordenados se les da el poder de actuar por Él como agentes Suyos para traer las doctrinas, las ordenanzas, los principios y los poderes para atar en la tierra como se hará en los cielos. Ésta es la Iglesia del Salvador. Él dirige los asuntos de Su Iglesia a través de Sus profetas escogidos. Los profetas, a su vez, enseñan el Evangelio a los demás y testifican que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor. Esta época es la dispensación del cumplimiento de los tiempos de la que han hablado los profetas desde el principio del tiempo; es la época del cumplimiento de todo lo que se ha registrado, tal como lo han dicho los profetas del Señor y como se ha grabado en las Santas Escrituras. Ésta no es una iglesia nueva, sino una iglesia restaurada al mundo en este día.

Ustedes son la generación que el Señor ha guardado para estos días. Salieron de las aguas del bautismo con un convenio y una promesa al Señor de representarlo al ayudar a la gente a desechar sus caminos mundanales y a regresar a las bendiciones que se nos prometieron si le seguimos y vivimos Su evangelio. Pueden ayudar a los hijos de su Padre Celestial a regresar a la fe cristiana y a tener fe en Él y regresar a Su camino.

Lo que ustedes pueden hacer

Quizá se pregunten: “¿Qué puedo hacer?”. Hace unos meses, en un discurso en la reunión sacramental, nuestro presidente de estaca sugirió cuatro cosas que podemos hacer para traer a los demás de regreso:

Primero: La oración diaria. Me gusta lo que dice el Bible Dictionary: “En cuanto aprendemos la verdadera relación que tenemos con Dios (o sea, que Dios es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos), entonces la oración se vuelve natural e instintiva de nuestra parte (Mateo 7:7–11). Muchas de las llamadas dificultades con la oración surgen porque olvidamos esa relación. La oración es el acto mediante el cual llegan a concordar la voluntad del Padre y la de Sus hijos. La finalidad de la oración no es cambiar la voluntad de Dios, sino obtener para nosotros y para otras personas las bendiciones que Dios ya está dispuesto a otorgarnos, pero que debemos solicitar a fin de recibirlas. Se requiere algo de trabajo o esfuerzo de nuestra parte para obtener las bendiciones. La oración es una forma de trabajo, y es el medio señalado para obtener la mayor de todas las bendiciones”4.

El presidente Thomas S. Monson dijo:

“A los que están al alcance de mi voz y que estén pasando desafíos y dificultades grandes y pequeñas, la oración brinda fortaleza espiritual… La oración es el medio por el cual nos acercamos a nuestro Padre Celestial, que nos ama. Hablen con él en oración y después escuchen para recibir la respuesta. Los milagros se llevan a cabo por medio de la oración…

“Recuerden orar con fervor”5.

Hagan sus oraciones diarias y ayuden a otros a regresar a su fe cristiana alentándoles a arrodillarse y orar a Dios.

Segundo: El estudio diario de las Escrituras. ¿Existe algún testigo más firme de Jesucristo que los testimonios que hallamos en el Libro de Mormón? 233 de los 239 capítulos mencionan al Salvador. ¿No es asombroso?

Asegúrense de estudiar a diario las Escrituras, luego ayuden a otros a regresar a su fe cristiana alentándoles a estudiar también las Escrituras diariamente.

Tercero: Ser dignos de ir al templo. Algunos de ustedes han ido al templo y otros no. Conviene entender lo que se requiere para obtener una recomendación. Entendemos claramente el proceso por el cual acudimos a un juez en Israel y le confirmamos que somos dignos de tener una recomendación para el templo vigente, y luego vivimos las normas requeridas para poseer esa recomendación.

Vivan de tal forma que su ejemplo recto ilustre la forma de vivir para ser dignos de merecer las bendiciones del templo.

Cuarto: Actos diarios de servicio. Recuerden las palabras del rey Benjamín: “Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabiduría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios” (Mosíah 2:17). El Señor literalmente contesta nuestras oraciones mediante el servicio que damos a los demás.

Sean un ejemplo del servicio cristiano y ayuden a otros a regresar a su fe cristiana alentándoles a salir y servir a sus semejantes.

“Con valor marchemos”

Cuando yo tenía la edad de ustedes, tuve una experiencia que me ayudó a entender la importancia del servicio. Hace diez años se relató esa experiencia en el video Testigos Especiales de Cristo. Esta noche quiero compartirla con ustedes de nuevo:

“Hubo un suceso en mi vida que a menudo me ha recordado el regocijo que se desprende del preguntarse: ‘¿Qué haría el Salvador en esta situación?’.

“Llegué con los primeros infantes de marina que arribaron a las costas de Japón tras firmarse el tratado de paz al fin de la Segunda Guerra Mundial. El entrar en la devastada ciudad de Nagasaki fue una de las experiencias más tristes de mi vida. Gran parte de ella estaba totalmente destruida. Todavía había muertos sin enterrar. Como tropas de ocupación, y establecido el cuartel general, nos pusimos a trabajar.

“La situación era deprimente y algunos deseamos hacer algo más, por lo que pedimos permiso al capellán de división para reconstruir las capillas cristianas. Debido a las restricciones existentes durante la guerra, esas iglesias casi habían dejado de funcionar y sus edificios habían sufrido daños considerables. Un grupo nos ofrecimos para reparar y revocar esas capillas durante nuestro tiempo libre a fin de que volvieran a usarlas en sus servicios cristianos.

“No entendíamos el idioma. Todo lo que podíamos hacer era el trabajo de reparación. Buscamos a los clérigos que no habían podido ministrar durante la guerra y les instamos a volver al púlpito. Fue magnífico verles experimentar de nuevo la libertad de practicar sus creencias cristianas.

“Lo que ocurrió cuando nos íbamos de Nagasaki para volver a casa no lo olvidaré jamás. Cuando subíamos al tren que nos llevaría a los barcos, muchos de los otros marines comenzaron a hacernos burla. Se despedían de las novias que habían hecho y se reían de nosotros diciendo que nos habíamos perdido el pasarlo bien en Japón por haber perdido el tiempo reparando paredes.

“Mientras se mofaban de nosotros, aparecieron por detrás de una pequeña subida que había cerca de la estación unos doscientos cristianos de las iglesias que habíamos reconstruido, y cantaban ‘Con valor marchemos’. Nos llenaron de regalos y se quedaron junto al ferrocarril; y, cuando el tren se puso en marcha, ellos y nosotros estiramos las manos y nos tocamos los dedos en despedida. No podíamos hablar, ahogados por la emoción, agradecidos por haber podido ayudar un poco a restablecer el cristianismo en un país después de la guerra”6.

Elévense a un nuevo nivel de compromiso

Sé que Dios vive. Sé que todos somos Sus hijos y que Él nos ama. Sé que Él envió a Su Hijo al mundo para que fuese el sacrificio expiatorio por todo el género humano; y los que acepten Su Evangelio y le sigan tendrán la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios. Sé que Él dirigió la restauración del Evangelio de nuevo sobre la tierra mediante el ministerio del profeta José Smith. Sé que la única alegría y felicidad duraderas que tendremos durante nuestra experiencia terrenal la hallaremos al seguir al Salvador, al obedecer Su ley y guardar Sus mandamientos.

Esta noche, mis jóvenes amigos, les extiendo el reto de elevarse a un nuevo nivel de compromiso para llegar a ser “la generación más grandiosa”, al ayudar a los hijos de nuestro Padre Celestial a regresar a la fe cristiana y al firme fundamento religioso tan necesario para disfrutar de paz mental y verdadera felicidad en este periodo de probación terrenal.

Que el Señor les bendiga con valor, audacia, entusiasmo y el deseo de restaurar de nuevo la fe en el evangelio de nuestro Señor y Salvador. Él vive. Éste es mi testimonio para ustedes en Su santo nombre; en el nombre de Jesucristo. Amén.

© 2011 por Intellectual Reserve, Inc. Todos los derechos reservados. Aprobación del inglés: 6/10. Aprobación de la traducción: 6/10. Traducción de We Were the Greatest Generation. Spanish. PD50029874 002

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    Notas

  1.   1.

    Tom Brokaw, The Greatest Generation, 1998, págs. xix–xx.

  2.   2.

    Noelle Knox, “Religion Takes a Back Seat in Western Europe”, USA Today, 11 de agosto de 2005, http://www.usatoday.com/news/world/2005-08-10-europe-religion-cover_x.htm.

  3.   3.

    David O. McKay, Gospel Ideals, 1953, pág. 5.

  4.   4.

    Bible Dictionary, “Prayer” [Oración].

  5.   5.

    Thomas S. Monson, “Sé lo mejor que puedas ser”, Liahona, mayo de 2009, págs. 68–69.

  6.   6.

    L. Tom Perry, transcrito de Testigos Especiales de Cristo, DVD, 2003.