Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte: Evitemos ponernos máscaras que oculten nuestra identidad

Élder Quentin L. Cook

Del Quórum de los Doce Apóstoles

Devocional del SEI para jóvenes adultos • 4 de marzo de 2012 • Universidad Brigham Young–Idaho


 
Élder Quentin L. Cook

Me regocijo por la oportunidad de hablarles a ustedes, los jóvenes adultos. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce les mandan su amor y sus saludos. Es increíble estar aquí en el centro de conferencias de BYU-Idaho. Me los imagino en varios lugares de todo el mundo.

Cuando yo tenía la edad de ustedes, el presidente David O. McKay era el profeta. El presidente McKay sirvió como el Presidente de la Iglesia desde 1951 hasta 1970, que fue el año en que cumplí 30 años. Siempre hay algo muy especial en cuanto al profeta que presta servicio cuando uno es adulto joven. Yo amaba y admiraba al presidente McKay. Con frecuencia, él contaba un relato verídico de lo que le pasó cuando él era misionero en Escocia. Extrañaba su casa tras haber estado en la misión por un corto lapso de tiempo y pasó unas horas recorriendo el Castillo Stirling. Cuando él y su compañero regresaron de visitar el castillo, pasaron por un edificio que tenía una piedra arriba de la puerta con una inscripción cincelada de una cita que normalmente se le atribuye a Shakespeare, que decía: Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte.

Tras recordar esa experiencia en un discurso que pronunció en 1957, el presidente McKay explicó: “Me dije a mí mismo, o el Espíritu que estaba en mí: ‘Eres miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Es más, estás aquí como representante del Señor Jesucristo, aceptaste la responsabilidad de ser representante de la Iglesia’. Luego pensé [en] lo que habíamos hecho esa mañana: habíamos andado de turistas; ciertamente habíamos obtenido instrucción e información histórica, y estaba encantado por ello… Sin embargo, ésa no era la obra misional… Acepté el mensaje que se me dio en esa piedra, y desde ese momento procuramos hacer nuestra parte como misioneros en Escocia”1.

El mensaje —Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte— fue tan importante para el élder McKay, y fue tal el impacto que le causó, que lo usó como inspiración por el resto de su vida. Decidió que, sin importar qué responsabilidad tuviera, daría absolutamente lo mejor de sí.

Cuando el élder David B. Haight fue presidente de misión en Escocia, localizó la inscripción en la piedra original y mandó hacer una réplica que actualmente se encuentra en el Centro de Capacitación Misional de Provo, Utah. Muchos de ustedes han visto la cita y han meditado en cuanto a la importancia de su mensaje. El élder Russell M. Nelson reafirmó este mensaje hace poco en el aniversario número 50 del Centro de Capacitación Misional de Provo.

Al reflexionar en quiénes son ustedes, me ha venido el sentimiento de que quizá no comprendan completamente la importancia de la generación a la que pertenecen. La sociedad en general ha categorizado a las diferentes generaciones que existen actualmente. A los mayores entre nosotros en los Estados Unidos y en otros países se les ha denominado “la generación más grandiosa” por lo que sufrieron en la Gran Depresión mundial de la década de 1930, y por lo que después lograron en la Segunda Guerra Mundial y en el período subsiguiente para crear un mundo mejor. Varias Autoridades Generales de la Iglesia que son mayores participaron en dichos acontecimientos. El presidente Thomas S. Monson estuvo en la Marina de los Estados Unidos; el presidente Boyd K. Packer prestó servicio en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos; el élder L. Tom Perry formó parte de los Marines de los Estados Unidos. Más adelante les hablaré en cuanto a algunas de las experiencias que tuvieron y las lecciones que han aprendido y enseñado.

A la generación de ustedes, nacida en la década de 1980 y de principios a mediados de la década de 1990, se le denomina actualmente la “generación milenaria”. Algunos analistas se muestran escépticos en cuanto a lo que la generación de ustedes logrará. Pienso que ustedes cuentan con la experiencia y el fundamento para ser la mejor generación que haya existido, particularmente en lo que se refiere a hacer avanzar el plan de nuestro Padre Celestial.

¿Por qué digo esto? Su generación se ha visto más expuesta a la enseñanza de seminario e instituto que las generaciones anteriores, y han recibido la mejor capacitación que cualquier otra generación haya recibido en la Primaria, en el sacerdocio y en las Mujeres Jóvenes. Además, alrededor de 375.000 de ustedes han prestado servicio o están prestando servicio como misioneros. Representan más de una tercera parte de todos los misioneros que han prestado servicio en esta dispensación. Samuel Smith, el primer misionero de esta dispensación, fue ordenado élder y apartado como misionero el 6 de abril de 1830, el día en que se organizó la Iglesia. Cuando uno considera a todos los misioneros que han prestado servicio desde entonces, es increíble que una tercera parte esté conformada por personas de la edad de ustedes. En comparación, sólo 76.000 misioneros, o menos del 8%, prestaron servicio en los doce años en que yo tenía de 18 a 30 años de edad. Para aquellos de ustedes que no han tenido la oportunidad de prestar servicio en una misión, su contribución, no obstante, puede ser significativa. Casi la mitad de los integrantes de la Primera Presidencia y de los Doce no tuvieron la oportunidad de prestar servicio en una misión.

Eviten ponerse una máscara para actuar de manera inusitada en ustedes

En vista del enorme potencial para bien que poseen, ¿cuáles son mis preocupaciones en cuanto al futuro de ustedes? ¿Qué consejo puedo darles? Primeramente, se les presionará en gran manera para que actúen de una manera inusitada —a que incluso se pongan una máscara— y a que lleguen a ser alguien que realmente no refleje quiénes son o lo que desean llegar a ser.

El verano pasado, el élder L. Tom Perry y yo, junto con Michael Otterson2, actuando como representantes de asuntos públicos, nos reunimos con Abraham Foxman en su oficina de Nueva York. El Sr. Foxman es el director nacional de la Liga Antidifamación. Su misión es ponerle punto final a la difamación contra el pueblo judío y ha participado en dicha labor durante más de 40 años. La historia de su vida, que lo llevó a este puesto, es fascinante. Nació a principios de la Segunda Guerra Mundial. Sus padres, Joseph y Helen Foxman, al enfrentar los edictos en contra de los judíos, entregaron a Abraham a una joven católica polaca poco antes de entrar a un gueto judío en Vilna, Lituania, en septiembre de 1941. Abraham tenía 13 meses de edad. Sus padres sobrevivieron la guerra y el Holocausto, pero no se volvieron a reunir con Abraham sino hasta que él tenía cuatro años de edad. Se calcula que 1,5 millones de niños judíos perecieron en el infierno nazi. A Abraham lo protegió la joven católica, quien lo llevaba a la iglesia todos los domingos y mantenía oculta su identidad judía3. No es de extrañar que Abraham Foxman dedicara su vida a luchar contra el antisemitismo, el odio, la intolerancia y la discriminación.

He trabajado con el Sr. Foxman en ocasiones anteriores y admiro su valor y dedicación. En la reunión que tuvimos con él en Nueva York, le pregunté qué consejo nos podía dar en relación a nuestras responsabilidades en Asuntos Públicos de la Iglesia. Reflexionó por un momento y luego explicó la importancia de alentar a las personas a no ponerse máscaras. Describió al Ku Klux Klan, una organización que tenía mucha influencia y que infundía gran temor en la mayoría de los estadounidenses durante la primera parte del último siglo. Ataviados de túnicas y máscaras idénticas que hacían que fuera imposible identificar a los participantes, quemaban cruces frente a las casas de aquellos que eran sus objetivos y se designaban a sí mismos como supuestos guardianes morales. Entre los más atacados se encontraban los afroamericanos, pero también los católicos, judíos e inmigrantes. Los más acérrimos entre ellos estaban implicados en flagelaciones, maltrato físico e incluso asesinatos. El Sr. Foxman señaló que una minoría de los miembros del Ku Klux Klan habría sido parte de los bravucones de camisa marrón de las dictaduras de Europa en la década de 1930, pero la mayoría de ellos, sin máscara, generalmente eran personas normales, entre los que se contaban hombres de negocios y personas que asistían a la iglesia. Señaló que el ocultar su identidad y ponerse una máscara les permitía participar en actividades que normalmente habrían evitado4. El comportamiento de ellos tuvo un impacto terrible en la sociedad estadounidense.

El consejo del Sr. Foxman era que recalcáramos la importancia de que la gente evitara las máscaras para ocultar su verdadera identidad.

Durante los inicios de la historia de la Iglesia, el profeta José, Emma y sus gemelos de 11 meses de edad, José y Julia, estaban en Hiram, Ohio, en la granja Johnson. Los dos niños estaban enfermos de sarampión, y José y su pequeño hijo estaban dormidos en una cama portátil cerca de la puerta de entrada.

El hermano Mark L. Staker ha relatado lo que sucedió:

Durante la noche, un grupo de hombres con las caras pintadas de negro irrumpió por la puerta y arrastró al Profeta afuera donde lo golpearon y le pusieron brea a él y a Sidney Rigdon.

“Cuando Emma vio a José, golpeado y lleno de brea, se desmayó…

“Aun cuando el Profeta perdió un diente, recibió una herida grave en el costado, le faltaba un mechón de pelo y tenía quemaduras de ácido nítrico, predicó un sermón en el acostumbrado servicio de adoración dominical. Entre los santos que se reunieron se encontraban por lo menos cuatro de los integrantes de la turba”5.

Lo más trágico de este ataque fue que el pequeño José se vio expuesto al aire nocturno cuando a su padre se lo llevaron arrastrado y enfermó de un resfriado grave, y como resultado murió unos días después.

También es interesante que los que participaron en el martirio del profeta José y de su hermano, Hyrum, se pintaron las caras con la intención de ocultar su verdadera identidad6. Quienes disfrazan su identidad y entran en combinaciones secretas son de particular preocupación. En el Libro de Mormón aprendemos que Lucifer “incita a los hijos de los hombres a combinaciones secretas de asesinato y a toda especie de obras secretas de tinieblas” (2 Nefi 9:9; véase también 3 Nefi 6:27–30).

Ahora bien, no estoy sugiriendo que alguno de ustedes se involucraría en el tipo de acontecimientos terribles que acabo de describir. Pero sí pienso que, en la actualidad, cuando el anonimato es más fácil que nunca, hay principios importantes que tienen que ver con no ponerse una máscara y “ser fieles a aquello por lo cual los mártires perecieron”7.

Una de las mayores protecciones que tienen en contra de tomar malas decisiones es no ponerse ninguna máscara de anonimato. Si alguna vez tienen el deseo de hacerlo, tengan a bien saber que es una indicación grave de peligro y una de las herramientas del adversario para hacer que hagan algo que no deben hacer. Una de las razones por la que recomendamos a los misioneros que se vistan de manera conservadora y que los élderes estén bien afeitados es para que no haya lugar a dudas de quiénes son y de cómo deben comportarse. Algunos se preguntarán: ¿No es eso simplemente superficial? No lo creo. Piensen en la manera en que el profeta Moroni describe la vestimenta y los adornos en el Libro de Mormón, equiparando el orgullo con vestir “ropas suntuosas”. Relacionó el orgullo manifestado en ataviarse de “ropas suntuosas” con “las contiendas, la malicia y las persecuciones, y toda clase de iniquidades” (Mormón 8:36). Me preocupa particularmente que en la actualidad la manera en que nos vestimos y adornamos pueda ser una indicación de rebelión o falta de observancia de las normas morales, y que tenga un impacto negativo en las normas morales de los demás.

Actúen de acuerdo con sus verdaderas creencias

El segundo consejo que les daré es: Actúen de acuerdo con sus verdaderas creencias, dedicando tiempo a lo que edificará y desarrollará su carácter y les ayudará a ser más como Cristo. Confío en que ninguno de ustedes considere que la vida sea principalmente diversión y juegos, sino más bien como un tiempo para “prepararse para comparecer ante Dios” (Alma 34:32).

Un ejemplo maravilloso del hecho de hacer su parte y emplear el tiempo en forma apropiada, lo demuestra una experiencia de la vida del élder L. Tom Perry, cuando formaba parte como infante de marina de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos en Japón al término de la Segunda Guerra Mundial. El élder Perry compartió este relato cuando grabó su testimonio especial del Salvador que se muestra en nuestros centros de visitantes:

Relato del élder Perry

“Hubo un suceso en mi vida que a menudo me ha recordado el regocijo que se desprende del preguntarse: ‘¿qué haría el Salvador en esta situación?’.

“Llegué con los primeros infantes de marina que arribaron a las costas de Japón tras firmarse el tratado de paz al fin de la Segunda Guerra Mundial. El entrar en la devastada ciudad de Nagasaki fue una de las experiencias más tristes de mi vida. Gran parte de ella estaba totalmente destruida. Todavía había muertos sin enterrar. Como tropas de ocupación, y establecido el cuartel general, nos pusimos a trabajar.

“La situación era deprimente y algunos deseamos hacer algo más, por lo que pedimos permiso al capellán de división para reconstruir las capillas cristianas. Debido a las restricciones existentes durante la guerra, esas iglesias casi habían dejado de funcionar y sus edificios habían sufrido daños considerables. Un grupo nos ofrecimos para reparar y revocar esas capillas durante nuestro tiempo libre a fin de que volvieran a usarlas en sus servicios cristianos.

“No entendíamos el idioma. Todo lo que podíamos hacer era el trabajo de reparación. Buscamos a los clérigos que no habían podido ministrar durante la guerra y les instamos a volver al púlpito. Fue magnífico verles experimentar de nuevo la libertad de practicar sus creencias cristianas.

“Lo que ocurrió cuando nos íbamos de Nagasaki para volver a casa no lo olvidaré jamás. Cuando subíamos al tren que nos llevaría a los barcos, muchos de los otros marines comenzaron a hacernos burla. Se despedían de las novias que habían hecho y se reían de nosotros diciendo que nos habíamos perdido el pasarlo bien en Japón por haber perdido el tiempo reparando paredes.

“Mientras se mofaban de nosotros, aparecieron por detrás de una pequeña subida que había cerca de la estación unos doscientos cristianos de las iglesias que habíamos reconstruido, y cantaban “Con valor marchemos”. Nos llenaron de regalos y se quedaron junto al ferrocarril; y, cuando el tren se puso en marcha, ellos y nosotros estiramos las manos y nos tocamos los dedos en despedida. No podíamos hablar debido a lo intenso de nuestras emociones, agradecidos por haber podido ayudar un poco a restablecer el cristianismo en un país después de la guerra.

“Sé que Dios vive. Sé que todos somos Sus hijos y que Él nos ama. Sé que Él envió a Su Hijo al mundo para que fuese el sacrificio expiatorio por todo el género humano; y los que acepten Su Evangelio y le sigan, tendrán la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios. Sé que Él dirigió la restauración del Evangelio sobre la tierra, mediante el ministerio del profeta José Smith. Sé que la única alegría y felicidad duraderas que tendremos durante nuestra experiencia terrenal la hallaremos al seguir al Salvador, al obedecer Su ley y guardar Sus mandamientos. Él vive. Éste es mi testimonio que doy a ustedes en Su santo nombre, el nombre de Jesucristo. Amén”8.

Piensen en lo importante que fue que algunos soldados emplearan su tiempo restaurando capillas cristianas, en contraste con los otros soldados que se dedicaron a actividades frívolas, tontas o inicuas. Por favor, medítenlo y sean proactivos al escoger en qué usan su tiempo.

Al ver este video, viene a mi mente uno de mis primeros recuerdos de cuando tenía cinco años. El padre del élder Perry era nuestro presidente de estaca. Al concluir la Segunda Guerra Mundial, él hizo sentar en el estrado de la capilla, durante una reunión sacramental, a todos los soldados que habían regresado. Todos vestían sus mejores uniformes militares y cada uno de ellos compartió un breve testimonio. El presidente Perry lloró mientras sus dos hijos, el élder Perry y su hermano menor Ted, compartieron sus testimonios. Como niño, eso fue muy inspirador e impresionante para mí. No recuerdo lo que dijeron, pero sí recuerdo cómo me sentí.

Como pueden apreciar del ejemplo del élder Perry en este video, no les estoy diciendo que anden haciendo alarde de su religión o que sean fieles superficialmente. Eso podría ser motivo de vergüenza para ustedes y para la Iglesia. Yo me refiero a que ustedes lleguen a ser lo que deben ser. Mientras trabajábamos en la guía misional Predicad Mi Evangelio, sentimos que ésta podría ser una guía muy provechosa para nuestros misioneros y miembros para toda la vida, en particular el capítulo 6: “¿Cómo desarrollo atributos semejantes a los de Cristo?”. A medida que se esfuercen por hacer bien su parte y por determinar qué atributos desean cultivar, querrán “hacer una lista de los pasajes de las Escrituras que enseñen acerca de esos atributos y estudiarlos”, “ponerse metas y hacer planes para aplicar ese atributo en su vida” y “orar para que el Señor les ayude a desarrollar los atributos” 9. Al hacerlo, no deben ponerse máscaras y ocultar su verdadera identidad.

Algunos de ustedes pueden haber sucumbido a comportamientos que vayan más allá de simplemente la diversión y los juegos. Quienes se hayan involucrado en la pornografía o en cualquier otra forma de inmoralidad, están actuando en un papel diferente del que realmente desean o del que debería ser. Es interesante notar que casi todo el que se involucra en la pornografía asume una identidad falsa y oculta su participación. Enmascara su comportamiento, el cual sabe que es censurable y dañino para todas las personas a quienes él o ella quiere. La pornografía es una plaga que no solo perjudica la posición moral de una persona ante Dios, sino que también puede destruir matrimonios y familias y causa un impacto negativo en la sociedad. Tanto la adicción a internet como la pornografía están lesionando a los matrimonios10. Al avanzar hacia el matrimonio, no deben ponerse máscara alguna que oculte comportamientos indebidos que serán nocivos para ustedes mismos y para el matrimonio.

Quienes hayan incurrido en este hábito destructivo, por favor, sepan que pueden arrepentirse y ser sanados. El arrepentimiento deberá preceder a la sanación. La sanación puede resultar en un proceso largo. Su obispo les puede aconsejar en cuanto a cómo recibir la ayuda que necesitan para sanar. Hemos pedido a los obispos que los refieran a quienes mejor los puedan ayudar.

Aparte de la pornografía y la inmoralidad sexual, existen otras conductas maliciosas que corrompen la sociedad y socavan el fundamento moral. En la actualidad, es frecuente que alguien oculte su identidad para escribir mensajes de odio, virulentos y prejuiciosos en internet de forma anónima. Algunos se refieren a eso como “llamas”. Algunas instituciones intentan filtrar los comentarios, por ejemplo, el periódico New York Times no acepta comentarios donde haya “ataques personales, obscenidades, vulgaridades, blasfemias… falsificación de identidad, incoherencias o GRITOS…

“El periódico The Times alienta asimismo a que se empleen nombres reales, porque ‘Hemos visto que las personas que dan sus nombres, sostienen conversaciones más interesantes y respetuosas’”11.

El apóstol Pablo escribió:

“No os dejéis engañar: Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

“Velad debidamente, y no pequéis, porque algunos no conocen a Dios” (1 Corintios 15:33–34).

Es evidente que las malas conversaciones no son sólo un asunto de malas costumbres, sino que en el caso de los Santos de los Últimos Días, pueden afectar negativamente a quienes no tengan conocimiento de Dios o un testimonio del Salvador.

Todo uso que se le dé a internet para intimidar, destruir una reputación o poner a alguien en tela de juicio, es reprochable. Lo que vemos en la sociedad es que, cuando las personas se ponen la máscara del anonimato, son más propensas a participar en este tipo de conductas que son tan perjudiciales para el diálogo cortés. Eso también constituye una violación de los principios básicos que enseñó el Salvador.

Uno de los mensajes básicos del evangelio de Jesucristo, que ustedes han aprendido desde su juventud es: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16; véase también D. y C. 34:3). El Salvador explicó que Él no había venido a condenar al mundo, sino a salvarlo. Luego describe lo que significa la condenación:

“…la luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

“Pues todo aquel que hace lo malo aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.

“Pero el que vive conforme a la verdad viene a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3:19–21; véase los versículos 17–21).

Los justos no necesitan usar máscaras para esconder su identidad. Me gusta mucho este relato verídico de la vida del presidente Thomas Monson. Él no cumplió los 18 sino hacia finales de la Segunda Guerra Mundial. De hecho ya había terminado la guerra en Europa, pero continuaba aún en el Pacífico.

Se alistó en la Marina de los Estados Unidos y lo enviaron a San Diego, California. Ustedes recordarán su relato en la última conferencia general. En su primer domingo, el sargento de adiestramiento formó a las tropas para enviarlos a la iglesia. Envió a los católicos a un sitio, a los judíos a otro e intentó mandar al resto a una reunión de protestantes. El presidente Monson sabía que él no era ni católico, ni judío, ni protestante; él era mormón. Tuvo el valor de permanecer en su sitio y se alegró al enterarse que detrás de él estaban otros fieles miembros. Hubiera sido fácil marchar con el grupo grande a la reunión de protestantes. Él decidió ser identificado por lo que él era y hacer bien su parte de la forma correspondiente12.

Fíjense metas apropiadas

Mi tercer consejo tiene que ver con algunas de las metas que ustedes deben considerar. Aproximadamente en la época en que el élder Perry estaba en Japón con los Marines, el presidente Boyd K. Packer servía en Japón con la Fuerza Aérea, a finales de la Segunda Guerra Mundial.

En su mensaje con motivo del centenario de seminario el pasado 22 de enero, él explicó que ésta fue una época de su vida de gran aprendizaje13. En 2004, acompañé al presidente Packer y a otras personas a Japón. Él tuvo la oportunidad de rememorar algunas vivencias y reflexionar sobre algunas de las experiencias y decisiones que tomó en ese entonces. Él relató algunas de ellas durante su discurso de seminario. Con el permiso del presidente Packer, les comparto otras ideas y sentimientos.

El presidente Packer contó unas experiencias que ocurrieron en una isla cercana a las costas de Okinawa. Él considera este sitio como su montaña en el desierto. Su preparación personal y el juntarse con otros miembros habían profundizado sus creencias en las enseñanzas del Evangelio. Lo que aún le faltaba era una confirmación, el conocimiento seguro de que aquello que ya había sentido era verdadero.

La biógrafa del presidente Packer narra lo que sucedió entonces: “Contrario a la paz y confirmación que buscaba, se enfrentó cara a cara con el infierno de la guerra contra el inocente. Ansiando algo de soledad y tiempo para pensar, ascendió un día a una colina que daba al océano. Allí encontró los restos destrozados de una casa campesina, con un campo de batatas abandonado. Y en medio de las plantas moribundas vio los cadáveres de una madre y sus dos hijos asesinados. La escena le produjo una profunda tristeza, mezclada con los sentimientos de amor por su propia familia y por todas las familias”14.

Posteriormente, fue al interior de un improvisado búnker donde reflexionó, meditó y oró. Al mirar en retrospectiva este suceso, el presidente Packer describió lo que yo llamaría una experiencia espiritual confirmatoria. Se sintió inspirado en cuanto a lo que él debía hacer con su vida. Desde luego, no tenía la menor idea de que sería llamado a este elevado y santo llamamiento que ahora tiene. Su visión era, que quería ser un maestro que recalcaría las enseñanzas del Salvador. Él tomó la resolución de vivir una vida recta.

Se dio cuenta, de una forma más bien profunda, que tendría que buscar a una esposa recta y que juntos criarían a muchos hijos. Este joven soldado reconoció que la carrera que eligió sólo le brindaría ingresos módicos y que su dulce compañera debería compartir las mismas prioridades que él y estar dispuesta a vivir prescindiendo de algunas cuestiones materiales. Quienes hayan conocido a la hermana Donna Packer saben que, para el presidente Packer, ella ha sido y es la compañera perfecta. Nunca hubo mucho dinero sobrante, pero ellos no se sintieron privados de nada. Criaron a diez hijos, para lo que fueron necesarios los sacrificios. Hoy en día tienen sesenta nietos y setenta y nueve bisnietos.

Recuerdo los tiernos sentimientos que experimenté cuando me enteré que él se sentía avergonzado como nueva Autoridad General de ir con otras Autoridades a una reunión de líderes de la Iglesia, ya que él no tenía una camisa blanca adecuada.

Comparo este relato verídico con ustedes porque con demasiada frecuencia basamos nuestras metas en lo que el mundo valora. Los elementos esenciales son realmente sencillos para los miembros que han recibido las ordenanzas salvadoras. Sean rectos. Formen una familia. Encuentren una manera adecuada de proveer el sustento que necesiten. Sirvan en lo que se les llame. Prepárense para comparecer ante Dios.

El Salvador enseñó que “la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12:15). Luego empleó una parábola:

“Las tierras de un hombre rico habían producido mucho;

“y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?

“Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;

“y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete.

“Pero le dijo Dios: Necio, esta noche van a pedir tu alma; y lo que has guardado, ¿de quién será?

“Así es el que hace para sí tesoro y no es rico para con Dios” (Lucas 12:16–21).

Edifiquen el país y la comunidad donde vivan

Para llegar a ser la generación que ustedes deben ser, además de los atributos personales, las cualidades y las decisiones, deberán edificar su país y la comunidad donde viven. Su generación, al igual que la “generación más grandiosa”, deberá proteger la rectitud y la libertad religiosa. El legado judeocristiano que hemos heredado no sólo es valioso, sino que es esencial para el plan de nuestro Padre Celestial. Hemos de preservarlo para las futuras generaciones. Debemos unirnos con las buenas personas, incluso de otros credos religiosos, y en especial con aquellos que se sienten responsables ante Dios por su conducta. Ésas son las personas que entenderán por qué estamos hablando esta noche acerca de “Cualquiera que sea tu arte, haz bien tu parte”. El realce exitoso de los valores judeocristianos y de la libertad religiosa distinguirá a su generación como la grandiosa generación que debe ser.

En vista de los desafíos que existen en el mundo actual, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce están particularmente preocupados de que ustedes participen adecuadamente en el proceso político del país donde vivan. La Iglesia es neutral en las contiendas políticas y no respalda a candidatos ni a partidos. Sin embargo, esperamos que nuestros miembros participen activamente apoyando a los candidatos y partidos de su elección, conforme a los principios que protegerán a un buen gobierno. Nuestra doctrina es clara: “…debe buscarse diligentemente a hombres honrados y sabios” (D. y C. 98:10). “Cuando los inicuos gobiernan, el pueblo se lamenta” (D. y C. 98:9). Esto significa que todos deben sentir la obligación de votar.

En aquellos estados en los Estados Unidos donde se celebren asambleas partidistas para nominar candidatos a cargos de gobierno, ustedes deben familiarizarse con las propuestas y los candidatos, y participar plenamente. Por ejemplo, ese tipo de asambleas se realizarán en Utah y en Idaho para varios partidos comenzando esta semana hasta mediados de abril. Si asisten, se les permitirá participar. Confiamos en que verifiquen el calendario del partido de su elección y sientan la obligación de ir. Esperamos que así se sientan todos los ciudadanos, miembros y no miembros, en todos los estados y países donde se lleven a cabo elecciones. El precio de la libertad ha sido muy elevado y las consecuencias de no participar son demasiado grandes como para que cualquier ciudadano piense que puede desligarse de su responsabilidad.

Sepan, por favor, que tenemos gran confianza en ustedes. Los líderes de la Iglesia sinceramente creen que ustedes pueden edificar el reino como ninguna generación anterior. Ustedes cuentan no sólo con nuestro amor y confianza, sino también con nuestras oraciones y bendiciones. Sabemos que el éxito de esta generación es esencial para el continuo establecimiento de la Iglesia y el progreso del reino. Rogamos que ustedes hagan bien su parte al evitar ponerse una máscara, al actuar de acuerdo con su verdadera identidad, al ponerse metas apropiadas y al edificar el país y la comunidad donde vivan.

Concluyo con mi testimonio de la restauración del Evangelio por medio del profeta José Smith. José Smith sí vio a Dios el Padre y a Jesucristo. Nuestro Padre Celestial es un padre amoroso y tiene un plan para bendecir a cada uno de Sus hijos. Jesucristo es nuestro Salvador y Su expiación es el acontecimiento fundamental de toda la historia. El Espíritu Santo nos ministra y da testimonio del Padre y del Hijo. De ello testifico como uno de los testigos del Salvador, en el nombre de Jesucristo. Amén.

© 2012 by Intellectual Reserve, Inc. All rights reserved. English approval: 2/12. Translation approval: 2/12. Translation of What E’er Thou Art, Act Well Thy Part: Avoid Wearing Masks That Hide Identity. Language. PD50039044 xxx

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    Notas

  1.  

    1. David O. McKay, en Francis M. Gibbons, David O. McKay: Apostle to the World, Prophet of God, 1986, pág. 45; véase también “Pres. McKay Speaks to Pioneer Stake Youth”, Church News, 21 de septiembre de 1957, pág. 4.

  2.  

    2. Michael Otterson es el Director gerente del Departamento de Asuntos Públicos de la Iglesia.

  3.  

    3. Véase Joseph Foxman, In the Shadow of Death, 2011, pág. 10.

  4.  

    4. Reunión con Abraham Foxman en su oficina de la ciudad de Nueva York, Nueva York, el 14 de junio de 2011.

  5.  

    5. Mark L. Staker, “Remembering Hiram, Ohio”, Ensign, octubre de 2002, págs. 35, 37.

  6.  

    6. Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 25.

  7.  

    7. “True to the Faith”, Hymns, Nº 254.

  8.  

    8. L. Tom Perry, transcrito de Testigos especiales de Cristo, DVD, 2003.

  9.  

    9. Véase Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional , 2010, pág. 130; véanse las págs. 121–134.

  10.  

    10. Véase Elizabeth Stuart, “Internet Addiction Harming Marriage”, Deseret News, 20 de julio de 2011,

  11.  

    11. Mark Brent, en “The Public Forum”, The Salt Lake Tribune, 27 de julio de 2011, pág. A16.

  12.  

    12. Véase Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 61–62.

  13.  

    13. Véase Boyd K. Packer, “Cómo sobrevivir en territorio enemigo”, transmisión de la Conmemoración de los 100 años de seminario , 22 de enero de 2012, http://seminary.lds.org/history/centennial/

  14.  

    14. Lucile C. Tate, Boyd K. Packer: A Watchman on the Tower, 1995, págs. 58–59.