Una vida virtuosa, paso a paso

Mary N. Cook

First Counselor in the Young Women General Presidency


Mary N. Cook
La juventud es un tiempo decisivo en el que pueden crear modelos de virtud que les ayudarán a dar los pasos necesarios hacia la vida eterna.

Uno de los momentos más preciados de la vida de una madre es aquel en el que recibe en sus brazos a su niñita recién nacida y se da cuenta de que ese espíritu puro acaba de venir de nuestro Padre Celestial. Es un dulce recordatorio de que somos hijas de nuestro Padre Celestial y que por el hecho de acabar de salir de Su presencia, una criatura llega a la tierra pura y lista para aprender y progresar.

Cuando asistía a la universidad, lejos de mi hogar, recibí el Día de las Madres una carta de mi propia madre en la que relataba esta tierna experiencia:

“Este Día de las Madres es muy especial porque he estado pensando en que ya hace veintiún años que soy tu madre y en el gran privilegio que ha sido. Sentimos que eras alguien especial y te dimos el nombre de Mary. Queríamos que te mantuvieras pura y bondadosa, como lo implica el nombre.

“Tu tía, que lleva tu mismo nombre, te quería muchísimo y te hizo un hermoso vestidito para tu bendición, [confeccionado] casi todo a mano, para que recibieras tu nombre en la primera reunión sacramental después de que te llevamos a casa, siendo todavía tan pequeñita”.

Al leer esa carta, me di cuenta de que la esperanza más grande de mi madre era que permaneciera pura y virtuosa. La virtud “es un modelo de pensamiento y conducta que se basa en normas morales elevadas” (Predicad Mi Evangelio, 2004, pág. 125). Ella sabía que la vida sería difícil y que el permanecer virtuosa sería un desafío de toda la vida. Ella deseaba que tuviera las bendiciones del Evangelio para guiarme y ayudarme a cumplir con esa meta.

Ustedes, mis queridas jovencitas, ya han tomado muchas buenas decisiones. Ahora deben establecer modelos de virtud que las mantendrán en este sendero durante toda su vida. Busquen “ejemplo[s] de los creyentes” (1 Timoteo 4:12) que puedan estar a su lado para apoyarlas y ayudarlas a llevar una vida de virtud.

¿Por qué el ser virtuosas es tan importante no sólo para nuestros padres terrenales, sino también para nuestro Padre Celestial? La virtud trae paz, fortaleza de carácter y felicidad en esta vida. Nuestro Padre Celestial sabía que nos enfrentaríamos con muchas decisiones y desafíos y que un vivir virtuoso nos prepararía para triunfar.

Para muchas de ustedes, el día que fueron bendecidas fue su primer paso en el trayecto de una vida virtuosa. Su decisión de ser bautizadas, confirmadas y de recibir el don del Espíritu Santo y sus esfuerzos por participar dignamente de la Santa Cena y renovar su convenio bautismal todas las semanas son pasos cruciales hacia adelante para llevar una vida de virtud.

El siguiente paso en este trayecto es prepararse para ser dignas de entrar en el templo, donde harán otros convenios sagrados y recibirán ordenanzas sagradas, incluso la del matrimonio celestial. Para esto tendrán que ser virtuosas.

La juventud es un tiempo decisivo en el que pueden crear modelos de virtud que les ayudarán a dar los pasos necesarios hacia la vida eterna.

En aquella visión tan conocida que se encuentra en 1 Nefi, capítulo 8, se nos recuerda cuán difícil es permanecer en el camino estrecho y angosto que conduce a la vida eterna. Lehi les describió a sus hijos los desafíos a los que se enfrentaron los diferentes grupos de personas que buscaban el árbol de la vida, “cuyo fruto era deseable para hacer a uno feliz” (vers. 10). Ese árbol representaba el amor de Dios. (Véase 1 Nefi 11:21–22.)

El primer grupo comenzó a ir por el camino estrecho y angosto, pero no se aferraron a la barra de hierro que los mantendría en el sendero, y se perdieron en las tinieblas de oscuridad (véase 1 Nefi 8:21–23).

Algunas de esas tinieblas de oscuridad, o tentaciones que Satanás usa para oscurecer el camino hacia la vida eterna, están dirigidas particularmente a las mujeres. Él hace que la castidad y la pureza moral parezcan anticuadas; él ha logrado que la maternidad parezca algo insignificante; él ha logrado confundir a las mujeres en cuanto a sus funciones en el plan divino del Señor.

Para atravesar estas tinieblas de oscuridad necesitamos la barra de hierro, que representa la palabra de Dios (véase 1 Nefi 15:23–24). Debemos estudiar y comprender las verdades y los mandamientos que se encuentran en las Escrituras; debemos escuchar atentamente las palabras de nuestros profetas modernos, cuyas enseñanzas nos brindarán guía, dirección y protección. Y debemos aferrarnos a las normas que se encuentran en el librito Para la Fortaleza de la Juventud.

El segundo grupo de personas que Lehi vio estaba aferrado a la barra de hierro. Avanzaron en la dirección correcta y pudieron participar del fruto del árbol; saborearon la verdadera felicidad pero, lamentablemente, su felicidad no duró mucho, ya que, cuando miraron a su alrededor, vieron a los que se burlaban de ellos. (Véase 1 Nefi 8:24–27.) Se sintieron avergonzados y cedieron a la presión del grupo.

Ésta es una de las mejores estrategias que Satanás usa con la juventud. Jovencitas, debemos estar unidas en rectitud a fin de que permanezcamos firmes cuando los demás se burlen de nuestras acciones y creencias.

Una manera de resistir las presiones del mundo es “permanece[r] en lugares santos y no se[r] movidos” (D. y C. 87:8). Manténganse alejadas de las situaciones en las que posiblemente encuentren tentaciones, burlas o desdén. El cometido de permanecer virtuosas les brindará la fortaleza para resistir la presión de los compañeros. Tal como se nos aconseja en Para la Fortaleza de la Juventud: “Ten el valor de salir del cine o de una fiesta donde se muestren videos, de apagar la computadora o la televisión, de cambiar la estación de radio o de dejar de lado una revista si lo que se esté presentando no reúne las normas de tu Padre Celestial” (pág. 19).

Debemos evitar el material inapropiado de internet y de los teléfonos celulares, así como la música ofensiva y el baile provocativo. Quizá sean objeto de burlas; quizás las señalen con el dedo; quizás se encuentren solas, pero por favor tengan la valentía para resistir estas tentaciones. ¿Qué es lo que les ayudará a avanzar y asirse constantemente a la barra de hierro? Centren su vida en el Salvador y cultiven hábitos diarios de un recto vivir.

Lleguen a conocer al Salvador y todo lo que Él ha hecho por ustedes. Me parece interesante que cuando los de este último grupo llegaron al árbol de la vida, se postraron; se humillaron; se dieron cuenta de que no hubieran podido llegar sin la ayuda del Salvador.

Recuerden que el poder purificador de la Expiación hace posible que seamos virtuosas. Todos cometemos errores, pero “tú puedes arrepentirte debido a que el Salvador te ama y ha dado Su vida por ti. “El arrepentimiento es un acto de fe en Jesucristo… El sacrificio expiatorio del Salvador ha hecho posible que seas perdonada de tus pecados. Toma la determinación de participar dignamente de la Santa Cena todas las semanas y de llenar tu vida de actividades virtuosas que te brindarán poder espiritual. Al hacerlo, te fortalecerás en tu habilidad para resistir la tentación, guardar los mandamientos, [mantenerte limpia] y llegar a ser más como Jesucristo” (Mujeres Jóvenes, Progreso Personal [agregado, 2009], pág. 3).

Los hábitos diarios de una conducta recta las ayudarán a estar asidas constantemente a la barra de hierro. Como presidencia general de las Mujeres Jóvenes hemos invitado a las jovencitas de todo el mundo a cultivar tres hábitos diarios:

Primero, orar a su Padre Celestial por la mañana y por la noche, todos los días.

Segundo, leer el Libro de Mormón por lo menos cinco minutos todos los días.

Y tercero, ¡sonreír! ¿Por qué? Tenemos el evangelio restaurado de Jesucristo, el cual nos trae verdadera felicidad.

Ahora bien, deben recordar que no están solas en este trayecto. Cuando fueron bautizadas y confirmadas, se les dio el don del Espíritu Santo para guiarlas en todos los aspectos de su vida; necesitarán esa guía. Un vivir virtuoso “en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (Mosíah 18:9) nos hace dignas de la compañía constante del Espíritu Santo.

Quizá a veces sientan que son las únicas que están recorriendo este sendero. Del mismo modo que seres queridos las rodearon cuando llegaron a este mundo, ahora hay muchas personas a su alrededor que pueden ser una buena influencia para ustedes: sus padres, hermanos y hermanas, líderes de las Mujeres Jóvenes, amigos sanos e incluso habrá “ángeles alrededor de vosotros, para sosteneros” (D. y C. 84:88).

Esta noche, miren a su alrededor y busquen a aquellos que puedan ayudarlas en este sendero; son amistades que están asidas a la barra de hierro a pesar de lo que el mundo les diga, que conocen la palabra de Dios y las palabras de Sus profetas y viven de acuerdo con ellas, que permanecen en lugares santos y no los afectan las presiones del mundo, que centran su vida en el Salvador y Su sacrificio expiatorio, y que se esfuerzan a diario por vivir en rectitud. Ellos son ejemplos de los creyentes. Aprendan de ellos. Y, jovencitas, ustedes pueden ser ejemplo de los creyentes para ellos y otras personas.

Permítanme contarles acerca de un brillante ejemplo llamado Hillary, una Abejita que vive en Lagos, Nigeria. Algunos de sus compañeros de clase se burlaban de sus normas, especialmente de su ropa modesta. Tomó la decisión de llevar siempre consigo dos pequeños ejemplares de Para la Fortaleza de la Juventud. Cuando alguien la molesta, ella le entrega uno de los folletos y le explica las normas y la razón por la que las sigue. Ella se queda con el otro ejemplar que le sirve como recordatorio de que debe ser obediente a las normas.

Debemos unirnos y ayudarnos unas a otras a llenar nuestra vida de aquellas cosas que sean “virtuos[as], o bell[as], o de buena reputación” (Artículos de fe 1:13). Invitamos a todas las jovencitas, madres y, de hecho, a todas las mujeres que deseen unirse a nosotras en esta causa de la virtud, a completar las nuevas experiencias del Progreso Personal y el proyecto del valor de la virtud.

Hace unas semanas le pedí a mi madre de ochenta y seis años que trabajara junto conmigo en el valor de la virtud. Ha sido una dulce bendición para las dos. Al trabajar juntas en las experiencias de ese valor, ella compartió conmigo la decisión que tomó cuando era joven en la década de 1930 de esforzarse por llevar una vida más virtuosa. Hemos estudiado juntas pasajes de las Escrituras sobre la virtud, “La familia: Una proclamación para el mundo”, e incluso Para la Fortaleza de la Juventud. Independientemente hemos escrito en nuestro diario personal acerca de las bendiciones que hemos recibido al esforzarnos por llevar una vida virtuosa. Una bendición clave que ambas reconocimos era el ser dignas de ir al templo. Jovencitas, éste es su siguiente paso.

Así como tomó 40 años para construir el Templo de Salt Lake, piedra por piedra, ustedes están edificando una vida virtuosa, paso a paso. Ustedes han hecho convenios de ser obedientes; han tomado buenas decisiones. Los modelos de virtud que desarrollen ahora las ayudarán a asirse continuamente a la barra de hierro. Nunca estarán solas en este trayecto, porque el Salvador siempre estará con ustedes y tienen la posibilidad de arrepentirse. Han sido bendecidas con el Espíritu Santo para que las consuele y las guíe. Sigan los ejemplos de los creyentes y procuren ayudar a los demás en su trayecto.

Doy testimonio de que nosotras somos hijas de nuestro Padre Celestial. Él nos ama y se preocupa por cada una de nosotras, sin importar nuestras circunstancias. Ya sea que tengamos dieciséis años u ochenta y seis, Su mayor deseo es que tengamos felicidad eterna. De esto testifico humildemente en el nombre de Jesucristo. Amén.