A los solteros de la Iglesia

Devocional del SEI para jóvenes adultos, septiembre de 2011, 2011

Devocional del SEI para jóvenes adultos • 11 de septiembre de 2011 • Universidad Brigham Young


11/09/2011. Esta noche es una ocasión importante para quienes saldrán a llevar el estandarte de Jesucristo al mundo en los últimos días. No será una tarea fácil.

Quisiera empezar con una cita de la hermana Margaret Nadauld, y parafrasear sus palabras para aplicarlas tanto a los hombres como a las mujeres: “El mundo tiene suficientes hombres y mujeres que son duros; necesitamos hombres y mujeres que sean delicados. Hay suficientes hombres y mujeres que son groseros; necesitamos hombres y mujeres que sean amables. Hay suficientes hombres y mujeres que son rudos; necesitamos hombres y mujeres que sean refinados. Hay suficientes hombres y mujeres que tienen fama y dinero; necesitamos más hombres y mujeres que tengan fe. Hay suficiente codicia; necesitamos más abnegación. Hay suficiente vanidad; necesitamos más virtud. Hay suficiente popularidad; necesitamos más pureza”1. Y yo agregaría que ustedes son las personas que abastecerán de esas virtudes a un mundo que está muy necesitado.

Por causa de que me casé a los 53 años, a veces me considero una referencia para los adultos solteros. Fui participante del programa de jóvenes adultos solteros, de adultos solteros y de adultos solteros mayores. Les tengo un aprecio especial porque he recorrido algunos de los senderos que ustedes ahora recorren, he enfrentado algunas de las dudas que ustedes ahora enfrentan, y les tengo una empatía y un respeto tremendos.

Mi objetivo esta noche es testificarles de las verdades que aprendí durante mi período de soltería, verdades que considero eternas, eternas verdades que los protegerán del desaliento, de la posible apostasía individual y que les recordarán sus obligaciones ante nuestro Padre Celestial.

Verdad número uno: El Señor nos ama, contesta las oraciones y, lo que es más importante, se deleita en bendecir a quienes guardan Sus mandamientos, pero lo hace en Su propio tiempo y a Su propia manera. El Señor está obligado a cumplir lo que nos promete. Todos tenemos un origen divino. En la tierra, nacimos en familias y, si guardamos los mandamientos, regresaremos a vivir en familias eternas. Para lograr esa meta, tenemos que recordar siempre a Jesucristo y guardar Sus mandamientos. Cada día es importante para ustedes, porque la forma en que decidan pasar su tiempo determinará qué clase de persona llegarán a ser. Sean la mejor persona que puedan ser. Basándome en mi propia experiencia, también les aconsejo que se preocupen más por convertirse en discípulos de Cristo que por casarse. La luz que emanen atraerá a otros hacia ustedes —la luz atrae a la luz—, y las bendiciones que el Padre Celestial les tiene reservadas serán más maravillosas de lo que puedan imaginar. Disfruten este tiempo, esta oportunidad de crecer y de conocer su religión, a fin de que puedan vivir “de una manera feliz” (2 Nefi 5:27; véase también Alma 50:23), así como los nefitas, y lleguen a ser un pueblo del convenio. Cuanto más nos entregamos a las Escrituras, más se nos protege de la tentación, de la pornografía y de la maldad. Cuanto más asistimos a la capilla y al templo y servimos en nuestros llamamientos, más fuertes nos volvemos y más felices llegamos a ser.

Verdad número dos: No nos salvamos de forma aislada. Esta vida no se trata solo de mí. Se nos coloca en la tierra para bendecir a quienes nos rodean, para que actuemos como agentes de rectitud y, como nos indicará el élder Oaks, para estar “anhelosamente consagrados a una causa buena” (D. y C. 58:27) a fin de promover la superación de todos los que nos rodean.

Como serví una misión en Sendai, Japón, quiero contarles un breve relato sobre la reciente catástrofe. Una hermana japonesa conducía su automóvil cuando sintió el terremoto y el agua del maremoto engulló el auto. Con agilidad mental, gracias a que la ventanilla del vehículo estaba abierta, y por conocer a fondo el terreno, logró salir del auto y empezó a subir hacia un lugar seguro. Lo primero que pensó fue: “Sálvate y apúrate”.

Luchando por alcanzar un sitio seguro, divisó otro vehículo que tenía las ventanillas cerradas, selladas por la presión del agua. En su interior distinguió a unos niños pequeñitos y a una abuela que sin duda iban a ahogarse porque no podían escapar. El instinto natural le apremiaba a que siguiera corriendo si deseaba sobrevivir. No había tiempo. Tenía que salvarse a sí misma. Entonces una voz le llenó la mente, diciendo: “Eres miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”. Volvió la vista al automóvil, y recordó quién era ella y lo que debía hacer. Reaccionó sin demora: agarró un escritorio que flotaba por allí, quebró la ventanilla del auto, sacó a la familia a un lugar seguro y la ayudó a hallar refugio antes de seguir rumbo a su propia casa.

Hermanos y hermanas, un maremoto asolador nos envuelve, no de torrenciales aguas asesinas, pero sí uno igual de peligroso y letal. Vivimos en una sociedad infestada de enseñanzas falsas, ideas mundanas y degradación moral. Se nos ha enseñado la verdad, y estamos bajo convenio. Es hora de ser valientes. En Mosíah 4:10 se nos señala que no basta con sólo creer en la verdad sino que tenemos que actuar de acuerdo con ella para ayudar a quienes se encuentran en nuestras comunidades y nuestros vecindarios y entre nuestros amigos y familiares, sean de nuestra religión o no. Las palabras del rey Benjamín nos amonestan: “…si creéis todas estas cosas, mirad que las hagáis” (Mosíah 4:10).

Como conversa de esta Iglesia, testifico que con frecuencia nos rodean, sin que lo sepamos, personas con hambre de escuchar las verdades del Evangelio —como fue mi caso—, y las palabras que ustedes digan resultarán dulces para aquellos a quienes tengan que instruir; sus palabras tienen la facultad de bendecir y cambiar vidas.

Verdad número tres: Nuestra responsabilidad es llegar a ser los mejores discípulos de Cristo que nos sea posible. En cierta ocasión, llena de preocupación y de frustración por estar soltera y estar aumentando en edad , acudí a un líder del sacerdocio y le pedí una bendición para fortalecerme. Las palabras pronunciadas en esa bendición me acompañan hasta este día, y con el paso del tiempo me parecen cada vez más certeras. Todavía las puedo repetir: “Si no logras soportar las dificultades y los reveses de la vida de soltera, nunca podrás sobrellevar las dificultades y los reveses de la vida de casada”. Allí sentada, estaba algo perpleja. Aquellas palabras me llamaban a hacer que mi vida fuera extraordinaria sin importar la situación ni la dificultad que enfrentase. Si hacía que mi vida de soltera fuera feliz, ello determinaría la felicidad que sentiría como mujer casada, y yo quería un futuro feliz. Me di cuenta de que era capaz no sólo de soportar las cosas difíciles sino también de ver el lado más positivo en cada situación. Mi actitud se tornó mucho más positiva. La vida es un desafío, siempre lo será —estemos casados o solteros—, y yo quería estar a la altura de ese reto. Testifico, porque lo he vivido en carne propia, que el Señor siempre nos está preparando para que recibamos más felicidad y bendiciones. Lo único que tenemos que hacer es dar nuestro mejor esfuerzo y confiar en Él de todo corazón.

Verdad número cuatro: Aprendan a distinguir los susurros del Espíritu en la vida. El Espíritu Santo habla con una “voz suave y apacible” (1 Reyes 19:12; 1 Nefi 17:45; D. y C. 85:6), un susurro que las tradiciones y bulliciosas distracciones del mundo pueden atenuar fácilmente o incluso silenciar. Como miembros de la Iglesia verdadera, ustedes tienen exigencias y expectativas únicas.

La elección que tiene un fiel Santo de los Últimos Días no es sencillamente seguir adelante, tratar de ser feliz y edificar una vida plena. Como hombres y mujeres del convenio, nuestra meta es seguir adelante y cultivar un testimonio fuerte así como un corazón cariñoso y compasivo que nos preparen para nuestra función de padres en las eternidades. Teniendo ese fin en mente, hablo también sobre algunas de las trampas y posibles piedras de tropiezo en el camino.

Hablando a las hermanas: conozco las frustraciones que muchas de ustedes sienten debido a que anhelan ser esposas y madres. A ustedes les digo: no dejen que el esperar esas bendiciones les agobie. Nunca se enojen ni se amarguen porque no reciben las bendiciones en el momento en que las desean. Yo desperdicié muchas horas preocupándome. Nunca desperdicien ni un minuto de esta preciada vida, prepárense para el futuro, avancen, estudien, fórmense y prepárense para el oficio o la profesión que les permita mantenerse a ustedes y a su futura familia.

También les hago una advertencia. En mis días sólo el seis por ciento de las mujeres no se casaba, y era poco común que una mujer tuviera un posgrado o que se incorporase a la fuerza laboral. Ahora es muy distinto. Un porcentaje mucho más grande de ustedes no se casará mientras vaya a la universidad, y puede que logren posgrados y que tengan excelentes oportunidades profesionales. Algunas de ustedes seguirán solteras, pero con frecuencia me entero de que hay jovencitas que desean primero realizarse en su profesión y recién después convertirse en esposa y madre.

En esto expreso mi opinión personal. Basándome en mi propia experiencia, por ser una mujer que tiene un doctorado y que tuvo una extraordinaria carrera profesional en la que viajó por el mundo, con sinceridad puedo decir que no importa cuán emocionante o gratificante sea una profesión, ustedes nunca deben sabotear su felicidad eterna al sacrificar el matrimonio en favor de una oportunidad de trabajo. Si el amor verdadero llega en un momento que parezca inoportuno, consideren las consecuencias a largo plazo y busquen la guía del Espíritu Santo. El matrimonio y la condición de madre pueden ser tan satisfactorios y maravillosos como ustedes lo determinen. El Señor les preparará la vía para que puedan sopesar sus aspiraciones con las bendiciones del matrimonio. Los honores del mundo y el éxito empresarial ofrecen poca retribución cuando se comparan con el dichoso afecto de la familia y los hijos.

Por otra parte, digo a las que estén en situación de soltería: cuenten con el Señor, disfruten de cada oportunidad y deléitense en la vida que tienen. Las mujeres nacieron para cuidar y nutrir, y nos rodean oportunidades para hacerlo: en nuestros llamamientos eclesiásticos, familias, vecindarios y comunidades. Disfruten de esas oportunidades.

A los varones les digo: vivimos en un mundo que enseña que los estudios y la estabilidad económica deben anteponerse al matrimonio. El Señor enseña lo contrario. En el período previo al matrimonio, veo asimismo que muchos de ustedes gustan viajar, jugar videojuegos, salir con amigos y comer gratis. Hombres, las hermanas necesitan que ustedes sean lo más valientes posible. Esto es verdad y deseo que lo escuchen: En el plan del Señor, los que se casen progresarán a un nivel que nunca han imaginado. Ésa es una promesa.

Verdad número cinco: Todos los solteros deben mantenerse activos en la Iglesia. Puede que a veces piensen que en una Iglesia que se centra en la familia no hay un espacio para ustedes, pero nada es menos cierto que eso. Cada quien tiene su valor. Nunca se olviden de que el plan de salvación se aplica plenamente a todos, tanto solteros como casados. Ustedes no están solos. En palabras de la hermana Julie Beck: “No luchamos en una guerra en el cielo para estar solteros eternamente. No nos inscribimos sólo en una parte del programa. Nos inscribimos en el plan entero, para hacer convenios, para sellarnos eternamente y para tener posteridad en las eternidades. No abandonamos los principios verdaderos mientras esperamos nuestras bendiciones”2.

Hermanos y hermanas, no estamos solos en la espera. El Señor está al tanto de nosotros; nos conoce individualmente; Él no sólo escucha nuestras oraciones sino que conoce nuestras angustias, nuestros temores, nuestras pruebas, nuestros triunfos. Él está a nuestro lado. Basta con que lo llamemos para que Él esté con nosotros.

Tener fe no significa estar henchido de gozo y convicción en todo momento. Tener fe quiere decir seguir adelante con persistencia y creer que la bendición y el consuelo están por venir, y yo les testifico que sí están por venir. El Señor desea que nos acerquemos a Él, y en Su momento y a Su manera, Él se acercará a nosotros.

El Señor los ama tanto que ha enviado a uno de Sus apóstoles para hablarles esta noche. Les pido que oren por el élder Oaks. Pidan que puedan entender sus palabras y que las puedan recordar y se percaten de que hemos entrado en una nueva era; una era en la que nuestro Padre Celestial cuenta con que todos nosotros sepamos en qué creemos y defendamos lo que creemos y actuemos conforme a lo que consideremos sagrado.

Los amo. Sé que somos miembros de la verdadera Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y lo digo en el nombre de Jesucristo. Amén.

Show References

    Notas

  1.   1.

    Véase Margaret D. Nadauld, “El regocijo del ser mujer”, Liahona, enero de 2001, pág. 18.

  2.   2.

    Julie B. Beck, citada en Kristen M. Oaks, A Single Voice, 2008, pág. 33.