La obra de salvación: La parábola de un padre a la hora de dormir

Russell M. Nelson

Of the Quorum of the Twelve Apostles


Russell M. Nelson

Mis queridos hermanos y hermanas, estoy agradecido por estar con ustedes en esta ocasión especial. ¡Este evento es histórico porque tenemos aquí a ciento setenta y tres nuevos presidentes de misión y a sus compañeras! Provienen de diecinueve países diferentes y servirán en cincuenta naciones alrededor del mundo. Esta cifra récord de nuevos presidentes unida a la cifra récord de más de setenta mil misioneros es una importante señal de que el Señor está apresurando Su obra.

La obra misional cobra vida al oír relatos de conversiones personales. Hoy quisiera iniciar mi mensaje relatando una conversación que se grabó hace poco con la hermana Neill F. Marriott, a quien sostuvimos en abril como segunda consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes. Aprendemos muchas lecciones al escuchar su historia con atención.

Una conversación con la hermana Neil F. Marriott

ÉLDER NELSON

Hermana Marriott, he tenido el privilegio de asociarme con usted y su esposo, David, pero los miembros no la conocen tan bien como yo. ¿Nos podría decir un poco sobre su conversión a la Iglesia?

HERMANA MARRIOTT

Gracias, élder Nelson. Cuando tenía veintidós años, fui a trabajar a Boston, Massachusetts. Allí conocí a dos miembros de la Iglesia y uno de ellos dijo: “Soy mormón”. Mis compañeras y yo dijimos: “¿Qué es un mormón?”.

Uno de ellos preguntó: “¿Les gustaría que lleváramos a un par de amigos a su apartamento para que les hablen de nuestras creencias?”. Así que, una semana después llevaron a sus dos amigos y ésa fue la primera vez que vi a los misioneros mormones. Y yo tenía muchas, muchas preguntas.

Siguieron visitándonos, y por fin enseñaron sobre el Plan de Salvación. Recuerdo bien esa noche. Dijeron: “Antes de venir aquí, usted vivió en un mundo de espíritus con su Padre Celestial. Usted es hija de Él, procreada en espíritu”. Élder Nelson, reconocí esas palabras; me resultaron familiares. Nunca las había oído en esta vida, pero las había oído antes en alguna parte.

Al terminar esa reunión, uno de los miembros dijo: “Quisiera hacer una última pregunta”. Me miró directamente y dijo: “Neill, ¿qué piensas del Libro de Mormón?”. Las palabras que salieron de mis labios fueron: “Creo que es verdadero”. Me sorprendí al oír esas palabras. “Creo que es verdadero”. Él, con gran sabiduría, simplemente dijo: “Entonces, ¿qué piensas hacer con ese conocimiento?”. Le prometí que esa noche oraría con sinceridad. Me arrodillé en mi dormitorio, que era para mí sola y simplemente dije: “Padre Celestial, si ésta es la única iglesia verdadera del Salvador en la tierra, entonces me bautizaré; sólo necesito saber que es verdadera”. De inmediato, oí una voz en mi mente, o en mi corazón, que dijo: “Es verdadera”. Así de sencillo. Me levanté de inmediato y exclamé: “¡Es verdadera!”, casi sorprendida por esa maravillosa respuesta. A la mañana siguiente llamé al presidente de misión y le dije: “Hola, necesito que me bauticen”.

ÉLDER NELSON

Me imagino que a él le alegró escuchar de usted ¿Sintió algo… en cuanto a sus antepasados?

HERMANA MARRIOTT

Es interesante que me lo pregunte porque mi primer llamamiento en la Iglesia fue muy inspirado. El obispo me llamó y me preguntó si quería ser miembro del comité de genealogía.

Les envié una carta a mis dos abuelas que ya tenían más de 80 años. Pasaron varias semanas y después llegó una caja de zapatos llena de fotografías con nombres y notas en el reverso. Me senté en el piso del dormitorio y empecé a clasificarlas por familia: la familia Dade, la familia Hill, la familia Ray, la familia Fielding. Mientras lo hacía, de repente levanté la vista… no vi nada, pero la habitación estaba llena. Sentí que estaba llena de personas que estaban interesadas y felices. De alguna manera sentí su presencia.

Creo que los primeros dos o tres años después de que me bauticé reuní los datos de 70 personas y se hizo la obra por ellos en el templo. Se los enviaba a los parientes de David. Debería hablar de él un poco.

ÉLDER NELSON

Sí, por favor; háblenos de David.

HERMANA MARRIOTT

David es muy especial. Él fue uno de los miembros que nos preguntó si deseábamos saber más sobre la Iglesia. Nos casamos en el Templo de Salt Lake 13 meses después de mi bautismo.

ÉLDER NELSON

¿No es ése un buen beneficio adicional de ser un miembro misionero?

HERMANA MARRIOTT

Sí; yo lo recomiendo.

ÉLDER NELSON

Usted y David tienen ahora una hermosa familia. Cuéntenos de su familia.

HERMANA MARRIOTT

Tenemos once hijos. Cuando nos casamos queríamos tener una familia, empezar una familia, y llegaron los hijos; fueron espíritus escogidos.

ÉLDER NELSON

¿Tiene algún consejo para nuestras maravillosas hermanas que tratan de equilibrar el ser esposa, madre, fiel sierva y discípula del Señor?

HERMANA MARRIOTT

Me encantan las reuniones de la Iglesia, aunque suene raro; pero mi corazón está en mi hogar. Con cada llamamiento, que parecían venir uno tras otro, primero atendía mi casa. A algunas reuniones tuve que faltar, pero… no eran una interferencia en la vida familiar; al contrario, me enseñaron a ser una mejor madre.

ÉLDER NELSON

Usted era una mejor madre porque estaba aferrada al Evangelio.

HERMANA MARRIOTT

Así es.

ÉLDER NELSON

Estamos muy agradecidos por usted, por el servicio que ha prestado y que aún prestará.

HERMANA MARRIOTT

Gracias.

Gracias, hermana Marriott. ¿No es su historia inspiradora e instructiva? ¿Notaron la cooperación entre miembros y misioneros? (Él aún llego a ser su esposo.) ¿Tenían un sincero interés en ella? ¿Percibieron la función de los parientes del otro lado del velo que también tenían interés en ella? ¿Pudieron sentir la bondad de una mujer que ama a su esposo y a sus hijos? Al percibir el gozo que ha llegado a la vida de ella y a generaciones futuras, se fortalece mi testimonio y aumenta mi entusiasmo por compartir el Evangelio.

Muchas veces tenemos la tendencia a dividir la obra del Señor en partes que parecen no tener relación. Ya sea predicar el Evangelio a no miembros, trabajar con nuevos conversos, reactivar a los menos activos, enseñar y fortalecer a los miembros activos o llevar a cabo la obra de historia familiar y del templo, la obra en verdad es indivisible. Estos esfuerzos no son independientes, todos forman parte de la obra de salvación.

Los que están al otro lado del velo se regocijan y celebran cuando sus descendientes aceptan el Evangelio o vuelven a él, pues saben que entonces podrán efectuar importantes ordenanzas del templo por ellos, uniendo a generaciones que se han ido. La hermana Marriott aprendió esa lección poco después de su bautismo. Espero que todo miembro de la Iglesia sienta ese amor edificante por parte de sus antepasados.

A fin de ilustrar cómo nuestro Padre Celestial espera que nos amemos unos a otros, deseo relatarles una parábola titulada: “Un padre a la hora de dormir”.

Una noche, un buen padre está sentado en casa después de que su esposa e hijos se han ido a acostar. Siente un impulso —una impresión— de ver cómo están los niños. Se quita los zapatos y camina en silencio hasta la puerta del dormitorio; en la luz tenue que entra por la puerta, ve dos cabecitas sobre las almohadas, y frazadas que cubren a los niños que duermen profundamente.

Mientras los escucha respirar suavemente, piensa en las cosas que ocurrieron durante el día; los oye reírse mientras juegan; ve sus sonrisas cuando almuerzan al aire libre, y sus risitas cuando los encuentran dándole helado al perro. (Es más fácil ser paciente con los niños cuando están dormidos.) Mientras duermen, se pregunta qué necesitan y cómo puede ayudarlos; siente un profundo amor y una firme responsabilidad de protegerlos.

Luego se va de puntillas a otro dormitorio donde deberían estar dos de los hijos mayores; ve dos camas, pero se preocupa cuando se da cuenta de que una está vacía.

Se da vuelta y se dirige al estudio, donde, a veces, ha encontrado a esa hija que falta. La encuentra sentada allí, leyendo un libro.

“No podía dormir”, dice ella.

Él acerca una silla a su lado; hablan sobre el día que tuvo, sus amigas, sus metas y sueños. Más tarde, ella se va a acostar y el padre hace un recorrido final antes de apagar las luces e irse a la cama.

Por la mañana, el padre ayuda a su querida esposa a preparar el desayuno; en la mesa, pone un lugar para cada niño, incluso para el más pequeño, a quien le gusta dormir más. Los aromas de la cocina despiertan a los niños que aparecen corriendo en un torbellino de movimiento y algarabía.

Pero una de las sillas se encuentra vacía. El padre les pide que esperen mientras va a despertar a ese hijo que falta, y al poco rato, toda la familia disfruta junta del desayuno.

¿Qué podemos aprender de esta sencilla parábola? El padre siguió su impulso de ver si los hijos estaban bien; evaluó su relación con ellos; buscó al hijo que faltaba; todas sus acciones estuvieron motivadas simplemente por el amor. No hizo lo que hizo porque hubiese leído un manual; nadie le dio una lista de verificación; siguió los sentimientos de su corazón.

Sucede lo mismo con la obra misional. Los misioneros más eficaces siempre actúan por amor. El amor es el lubricante y la vida de la buena obra misional.

El padre de la parábola amaba a todos los hijos. Nosotros también debemos actuar por amor y ayudar a todos, no sólo a algunos. Las oportunidades vienen de varias maneras y, tristemente, algunas de esas se desperdician.

Tengo un ejemplo de mi propia familia. Mis ocho bisabuelos se convirtieron a la Iglesia en Europa. Los ocho emigraron a Estados Unidos y el Evangelio significaba todo para ellos. No obstante, algunos de los de la generación de mis padres se alejaron de la Iglesia; por consiguiente, yo me crié en un hogar donde mis padres no asistían a los servicios de la Iglesia.

Durante los muchos años en mi especialización e investigación quirúrgica, mi esposa y yo vivimos con nuestros hijos lejos de nuestros padres en otras partes del país. Debido a la constante preocupación e incluso angustia por el bienestar eterno de mis padres, escribí una carta a su obispo. Lo conocía bien, y esperaba que pudiese ayudar. Expresé mi amor por mis padres y le pregunté a ese buen obispo si podría invitar o llamar a alguien para que enseñara el Evangelio a mis queridos mamá y papá.

Más tarde, recibí la respuesta del obispo; dijo que lamentaba mucho no tener a nadie a quien pudiera llamar para que enseñara a mis padres.

La respuesta del obispo destrozó mis esperanzas; ¡no tenía a nadie que lo ayudara!

En esta época, ¡eso no debería ocurrir! ¡Un obispo no tiene por qué sentirse sin recursos! Ahora los obispos cuentan con miembros del consejo de barrio, líderes misionales de barrio y misioneros listos, dispuestos y capaces de ayudar a rescatar a los padres de hijos suplicantes.

Décadas más tarde, mis padres se convirtieron verdaderamente al Señor. Se sellaron en el templo, y sus hijos se sellaron a ellos. Pero nunca olvidaré la lección que aprendí de su experiencia. ¿Trazaría un amoroso Padre Celestial que nos mandó predicar el Evangelio a toda criatura, una línea de distinción entre aquellos que nunca habían escuchado el Evangelio y aquellos que lo oyeron y que luego lo olvidaron?

Ciertamente la respuesta es “no”. ¡La obra de salvación no excluye a nadie! Los misioneros y miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son enviados a obrar en la viña del Señor para la salvación de las almas de los hombres1. Eso abarca el mejor esfuerzo de los miembros y misioneros, la activación de los miembros menos activos y la preparación de los hijos de Dios para todas las bendiciones del templo. Dios quiere que todos Sus hijos regresen a Él y sean merecedores de la vida eterna.

La obra misional en el reino de Señor es una labor de rescate. Nuestro amado presidente Thomas S. Monson nos ha enseñado repetidamente la forma de rescatar; él dijo: “Hermanos, podemos tender una mano de ayuda a aquellos de los que somos responsables y traerlos a la mesa del Señor para deleitarse en Su palabra y disfrutar la compañía de Su Espíritu”2.

En esta gran obra, nos encanta traer almas a Cristo con sus primeros convenios, y también traer almas de nuevo a sus convenios anteriores. El presidente Joseph Fielding Smith lo explicó así, él dijo: “El salvar las almas de los que se han extraviado del redil es tan digno y encomiable, y causa tanto gozo en el cielo, como el salvar almas en lejanas partes de la tierra”3.

En todo barrio hay dos personas que marcan el paso de la obra misional; son el obispo y el líder misional de barrio. El obispo posee llaves para dirigir la obra. En el Manual 2 dice que “El obispo y sus consejeros dan prioridad a la obra misional de los miembros. Enseñan las doctrinas de la obra misional con regularidad. Animan a los miembros del barrio a trabajar con los misioneros de tiempo completo para encontrar, enseñar y bautizar a los investigadores. Ellos dan el ejemplo al encontrar y preparar a personas y familias para que los misioneros les enseñen”4.

Bajo el llamamiento inspirado del obispo, el líder misional de barrio dirige la obra misional. Él coordina, dirige, dispone, organiza, ayuda, participa, asiste y dirige la obra misional del barrio de otras formas. Con regularidad lleva a cabo reuniones de coordinación misional con los misioneros de tiempo completo y se asegura de que se los invite a asistir y a participar en las reuniones de consejo de barrio, cuando sea apropiado. El líder misional de barrio es el compañero activo de los misioneros, busca oportunidades para que ellos enseñen, los aconseja y coordina todos los recursos del barrio. Eso podría incluir determinar quiénes estarían dispuestos a salir en intercambios, a que se enseñen lecciones en sus casas, a proporcionar transporte y a acompañar a los misioneros si enseñan a personas del sexo opuesto.

El líder misional de barrio tiene una elevada función; ustedes, líderes misionales de barrio, por favor tomen nota: Les estamos pidiendo que se eleven a la altura de esta nueva responsabilidad; conozcan a los misioneros; sean sus amigos; trabajen con ellos; ayúdenlos a llenar sus agendas con oportunidades y citas significativas, a fin de que no tengan tiempo de tocar puertas en busca de personas para enseñar.

Según lo indique el obispo, los líderes misionales de barrio y los misioneros de tiempo completo centran sus esfuerzos en miembros nuevos, menos activos, los miembros que regresan y en sus familias. Se concentran en amigos; familias donde no todos son miembros, sus familiares y amigos; en vecinos interesados y amigos de los miembros; y en otros que escucharán con sinceridad.

Los manuales nos dicen qué debemos hacer, pero no cómo hacerlo. No hay un texto para lo que debemos decir, ni pasos específicos para llevar el gozo del Evangelio a la vida de las personas.

De nuestra parábola aprendemos que no hay un libro que indique a los padres lo que deben hacer si un hijo se ha extraviado. Pero, ¿qué padre esperaría para buscar un hijo hasta que se escriba un manual? Los buenos líderes, como los buenos padres, actúan por amor; al hacerlo, el Espíritu los guiará y ayudará a entender que cada persona necesita cuidado específico a fin de obtener el gozo de la vida que se vive a la manera del Señor.

El líder misional de barrio es el vínculo conector entre los misioneros, el consejo de barrio y los miembros del barrio. ¿Cómo lo logra? ¿Cómo puede inculcar en cada miembro del consejo de barrio el mismo entusiasmo que él siente por la obra misional?

Les mostraremos un video de cómo lo hizo el líder misional de barrio del Barrio Edmunds 3, de la Estaca Stillwater, Oklahoma. ¡Él pudo cambiar la cultura misional de todo su barrio!

El líder misional de barrio en la obra de salvación

CHRIS EUBANKS

Era la peor sequía que habíamos tenido en cincuenta años.

Al igual que con la sequía, no había mucho progreso en la obra misional en la estaca. En nuestro barrio no habíamos tenido un bautismo en tres años.

PRESIDENTE BOWMAN

Estábamos muy preocupados por lo que pasaba y deliberamos en consejo. Enviamos una carta para pedir que los miembros ayunaran por la obra misional y por la sequía.

CHRIS EUBANKS

Recibimos la carta y toda la estaca y otras estacas que nos rodeaban ayunaron y de pronto la obra misional empezó a mejorar.

Se abrieron las puertas y todos empezaron a participar.

El élder Bowen, de los Setenta, vino para impartir capacitación misional. Lo primero que dijo fue “Los misioneros de tiempo completo de su barrio o rama están sólo para ayudar en la obra misional”.

Como miembros de la Iglesia debemos participar activamente e invitar a nuestros amigos y familiares a la Iglesia.

PRESIDENTE BOWMAN

No se puede lograr sin la participación de los misioneros y de los miembros. Ésa es nuestra meta: que sean los líderes misionales de barrio y el consejo de barrio quienes dirigen en verdad la obra, no los misioneros de tiempo completo.

OBISPO

La función del líder misional de barrio es reunirse con el obispo y el consejo de barrio para crear un plan misional de barrio y luego llevarlo a cabo, el que consiste en ayudar a los miembros a encontrar y hermanar gente a quien los misioneros puedan enseñar.

CHRIS EUBANKS

Con el líder misional auxiliar de barrio y los misioneros, lo que trato de hacer es mantener llena la agenda de los misioneros. Desde el año pasado, pasamos de un promedio de dos, tres o cuatro lecciones por semana en las que estuvieran presentes los miembros, a diez o doce. Hace unos meses, promediábamos de catorce a dieciséis, y ahora nuestra meta son veinte lecciones por semana, en las que haya miembros presentes.

Al contemplar esta transformación en el barrio y la estaca, es fácil ver los dos aspectos principales que llevaron al florecimiento de este esfuerzo misional: la participación de los miembros en el esfuerzo misional, y el extender la invitación para asistir a la Iglesia o conocer a los misioneros. Yo sólo estoy ayudando a mi familia y a cualquier otra familia del barrio a tener oportunidades para compartir el Evangelio.

TRISH GAUVIN

Me llamo Trish Gauvin. Él es Mark Gauvin.

MARK GAUVIN

Nos bautizamos el 26 de enero de 2013.

CHRIS EUBANKS

Fue la historia perfecta de la obra de miembros misioneros. Una familia se hizo amiga de ellos y ellos a su vez los presentaron a otra familia. Los niños se hicieron amigos de otros niños del barrio.

TRISH GAUVIN

Creo que Dios colocó a muchos miembros de la Iglesia en nuestra vida para un propósito.

CHRIS EUBANKS

Hablaron más a fondo con los misioneros y empezaron a asistir a la Iglesia con más regularidad.

TRISH GAUVIN

Vi el efecto que el Evangelio tenía en sus vidas y cómo eran un ejemplo.

CHRIS EUBANKS

Es importante que nuestros miembros conozcan a nuestros misioneros y viceversa. Pero sobre todo, es de suma importancia que nuestros miembros conozcan a nuestros investigadores y empiecen a hermanarlos.

MARK GAUVIN

Uno se siente cómodo de aprender al conocer a personas a quienes preguntar. Uno se siente libre para explorar y aprender algo que no sabe. Nadie lo juzga.

TRISH GAUVIN

Me sentí como José Smith, al ir de iglesia en iglesia, una tras otra. Nunca consideré que faltara algo tan grande, y nunca lo encontré. Esto encaja; encaja en mi familia y en mi vida.

CHRIS EUBANKS

La sequía o inactividad en la obra misional de este lugar ha terminado y va adquiriendo fuerza día tras día. Y no creo que vaya a terminar.

Ésta es la gran obra de los últimos días. Por eso estamos aquí, para recoger a Israel. Todos los miembros de la Iglesia al igual que yo tenemos la responsabilidad de compartir el Evangelio con tantas personas como sea posible.

Agradecemos al presidente Kent W. Bowman y a su maravilloso líder misional de barrio por mostrarnos la forma en la que trabajan conjuntamente el líder misional de barrio y los misioneros. Con un propósito y una visión, conocían las necesidades espirituales y temporales de las personas a quienes aman. La verdadera recompensa y obra del consejo de barrio está fuera de las reuniones, frente a las personas a quienes enseñan.

En nuestra parábola, se podría suponer que el padre representaba al obispo o al líder misional del barrio. En realidad, podría representar a cualquier miembro de la Iglesia. Con amor, cada uno puede hacer lo que haría el Buen Pastor: planear y rescatar. Y cada uno lo puede hacer con oración y la inspiración del Padre de todos nosotros.

Con la guía divina, los líderes de las organizaciones auxiliares de barrio no tienen la asignación del obispo o del líder misional. Cada uno sentirá: “nuestro rebaño parecía estar completo hasta que empezamos a poner la mesa para todos los que debían estar, no sólo para los que venían”. Todo miembro querrá ir en busca de los que aún no son miembros de la Iglesia, o quienes necesitan ayuda para reclamar el gozo del Evangelio. Actuarán por inspiración, motivados por amor.

Cuando seguimos a Jesucristo, actuamos como Él actuaría, y amamos como Él amaría. ¡Sus propósitos se cumplen, un alma a la vez! Nuestros empeños se aplican debido al amor por nuestro prójimo y por nuestro Padre Celestial, de quien somos hijos.

Sí, ¡Dios es nuestro Padre! ¡Jesús es el Cristo! ¡Ésta es Su Iglesia! ¡Nosotros somos Sus siervos! De ello testifico en el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.

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    Notas

  1.  

    1. 1. Véase Doctrina y Convenios 138:56; también el Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 5.1.1.

  2.  

    2. 2. Thomas S. Monson, “Al rescate”, Liahona, julio de 2001, pág. 58.

  3.  

    3. 3. Joseph Fielding Smith, Doctrina de Salvación, compilación de Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1954–1956, tomo III, pág. 118.

  4.  

    4.  Manual 2, 5.1.1.