Una conversación con la hermana Neill F. Marriott


ÉLDER NELSON

Hermana Marriott, he tenido el privilegio de asociarme con usted y su esposo, David, pero los miembros no la conocen tan bien como yo. ¿Nos podría decir un poco sobre su conversión a la Iglesia?

HERMANA MARRIOTT

Gracias, élder Nelson. Cuando tenía 22 años, fui a trabajar a Boston, Massachusetts. Allí conocí a dos miembros de la Iglesia y uno de ellos dijo: “Soy mormón”. Mis compañeras y yo dijimos: “¿Qué es un mormón?”.

Uno de ellos preguntó: “¿Les gustaría que lleváramos a un par de amigos a su apartamento para que les hablen de nuestras creencias?”. Así que, una semana después llevaron a sus dos amigos y ésa fue la primera vez que vi a los misioneros mormones. Y yo tenía muchas, muchas preguntas.

Siguieron visitándonos, y por fin enseñaron sobre el Plan de Salvación. Recuerdo bien esa noche. Dijeron: “Antes de venir aquí, usted vivió en un mundo de espíritus con su Padre Celestial. Usted es hija de Él, procreada en espíritu”. Élder Nelson, reconocí esas palabras; me resultaron familiares. Nunca las había oído en esta vida, pero las había oído antes en alguna parte.

Al terminar esa reunión, uno de los miembros dijo: “Quisiera hacer una última pregunta”. Me miró directamente y dijo: “Neill, ¿qué piensas del Libro de Mormón?”. Las palabras que salieron de mis labios fueron: “Creo que es verdadero”. Me sorprendí al oír esas palabras. “Creo que es verdadero”. Él, con gran sabiduría, simplemente dijo: “Entonces, ¿qué piensas hacer con ese conocimiento?”. Le prometí que esa noche oraría con sinceridad. Me arrodillé en mi dormitorio, que era para mí sola y simplemente dije: “Padre Celestial, si ésta es la única iglesia verdadera del Salvador en la tierra, entonces me bautizaré; sólo necesito saber que es verdadera”. De inmediato, oí una voz en mi mente, o en mi corazón, que dijo: “Es verdadera”. Así de sencillo. Me levanté de inmediato y exclamé: “¡Es verdadera!”, casi sorprendida por esa maravillosa respuesta. A la mañana siguiente llamé al presidente de misión y le dije: “Hola, necesito que me bauticen”.

ÉLDER NELSON

Me imagino que a él le alegró escuchar de usted ¿Sintió algo… en cuanto a sus antepasados?

HERMANA MARRIOTT

Es interesante que me lo pregunte porque mi primer llamamiento en la Iglesia fue muy inspirado. El obispo me llamó y me preguntó si quería ser miembro del comité de genealogía.

Les envié una carta a mis dos abuelas que ya tenían más de 80 años. Pasaron varias semanas y después llegó una caja de zapatos llena de fotografías con nombres y notas en el reverso. Me senté en el piso del dormitorio y empecé a clasificarlas por familia: la familia Dade, la familia Hill, la familia Ray, la familia Fielding. Mientras lo hacía, de repente levanté la vista… no vi nada, pero la habitación estaba llena. Sentí que estaba llena de personas que estaban interesadas y felices. De alguna manera sentí su presencia.

Creo que los primeros dos o tres años después de que me bauticé reuní los datos de 70 personas y se hizo la obra por ellos en el templo. Se los enviaba a los parientes de David. Debería hablar de él un poco.

ÉLDER NELSON

Sí, por favor; háblenos de David.

HERMANA MARRIOTT

David es muy especial. Él fue uno de los miembros que nos preguntó si deseábamos saber más sobre la Iglesia. Nos casamos en el Templo de Salt Lake 13 meses después de mi bautismo.

ÉLDER NELSON

¿No es ése un buen beneficio adicional de ser un miembro misionero?

HERMANA MARRIOTT

Sí; yo lo recomiendo.

ÉLDER NELSON

Usted y David tienen ahora una hermosa familia. Cuéntenos de su familia.

HERMANA MARRIOTT

Tenemos once hijos. Cuando nos casamos queríamos tener una familia, empezar una familia, y llegaron los hijos; fueron espíritus escogidos.

ÉLDER NELSON

¿Tiene algún consejo para nuestras maravillosas hermanas que tratan de equilibrar el ser esposa, madre, fiel sierva y discípula del Señor?

HERMANA MARRIOTT

Me encantan las reuniones de la Iglesia, aunque suene raro; pero mi corazón está en mi hogar. Con cada llamamiento, que parecían venir uno tras otro, primero atendía mi casa. A algunas reuniones tuve que faltar, pero… no eran una interferencia en la vida familiar; al contrario, me enseñaron a ser una mejor madre.

ÉLDER NELSON

Usted era una mejor madre porque estaba aferrada al Evangelio.

HERMANA MARRIOTT

Así es.

ÉLDER NELSON

Estamos muy agradecidos por usted, por el servicio que ha prestado y que aún prestará.

HERMANA MARRIOTT

Gracias.