Por qué estamos organizados en quórumes y en sociedades de socorro

Julie B. Beck
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Enero de 2012 - Devocional de BYU


 

Julie B. Beck

Les agradezco la bienvenida de hoy a la Universidad Brigham Young. Amo esta universidad y me siento bendecida por cada oportunidad de sentir el espíritu que es característico de este campus universitario. Debido a mi servicio en la Mesa Directiva de Educación de la Iglesia, puedo testificarles del interés del Señor en esta maravillosa institución y, en honor de ustedes, me he vestido hoy con mi mejor azul de BYU.

Me han venido a la mente un gran número de temas al meditar en esta oportunidad de hablarles hoy. He pensado qué podría añadir a las enseñanzas que han tenido en cuanto al cortejo, el matrimonio y el establecimiento de familias eternas; o bien, como sugirieron otras personas, que les hablase acerca de su manera de vestir y su apariencia. Incluso he pensado en decirles algunas cosas de lo que sus madres desean que hayan aprendido antes de salir del hogar. Pero el Espíritu ha persistido en darme ideas de por qué estamos organizados en quórumes y sociedades de socorro.

Aun cuando éste es probablemente un tema poco común para que ustedes lo consideren, espero ser el medio que el Espíritu utilice para enseñarles algunas de las cosas que bendecirán su vida al continuar fortaleciendo su fe en el Señor Jesucristo y al ayudar a edificar Su reino.

Cuando era pequeña, se llamó a mi padre a presidir la Misión Brasileña. Por ese entonces sólo había una misión en Brasil. No había ni estacas ni barrios, ni tampoco un quórum de élderes en el país. Eso quiere decir que no había maestros orientadores. Habían más de 40 ramas, que por lo general estaban presididas por misioneros que dirigían la reunión sacramental semanal y algunas veces tenían Escuela Dominical y actividades de rama. Mi padre había servido como presidente de estaca y obispo antes de su llamamiento como presidente de misión y entendía cómo establecer la Iglesia del Señor. Empezó a organizar ramas y distritos siguiendo el modelo con el que estamos familiarizados hoy como anticipación de las futuras estacas y barrios.

A fin de comenzar la organización se siguieron algunas prioridades. Primero, se llamó a un presidente de rama y después a un presidente del quórum de élderes y a una presidenta de la Sociedad de Socorro. Se entendía que una rama no podía funcionar sin un presidente del quórum ni una presidenta de la Sociedad de Socorro.

Cuando el profeta José Smith empezó a establecer la Iglesia en esta dispensación, el Señor lo dirigió para que siguiera modelos inspirados similares. Al establecer el curso para la Sociedad de Socorro dijo que las hermanas estaban organizadas “bajo la autoridad del sacerdocio y según el modelo del sacerdocio”1. Esto dio a las hermanas responsabilidades oficiales en la Iglesia restaurada y la autoridad para ejercer sus funciones en esas responsabilidades. Éste era un modelo similar al que había recibido el presidente del quórum de élderes, quien tenía que reunirse en consejo con su presidencia2.

Antes de que podamos entender por qué estamos organizados de esta manera, sería útil revisar la definición de un quórum del sacerdocio y de una Sociedad de Socorro. Muchas personas tienen la idea equivocada de que el quórum o la Sociedad de Socorro es solamente una clase o un lugar donde sentarse durante la tercera hora de las reuniones dominicales de la Iglesia. Tal vez algunos de estos malentendidos empezaron a desarrollarse cuando la Iglesia combinó sus reuniones principales en un conjunto de tres horas en domingo. Con anterioridad a esa época, las reuniones del quórum y de la Sociedad de Socorro no estaban vinculadas a la reunión sacramental ni a la Escuela Dominical.

Un quórum del sacerdocio es un grupo de hombres con el mismo oficio en el sacerdocio que tienen que llevar a cabo una labor especial. La condición de miembro en el quórum al cual pertenecen “permanece inalterable”3. El presidente Boyd K. Packer ha dicho que los quórumes son “asambleas selectas de hermanos a quienes se les ha dado la autoridad para que se hagan responsables de que los asuntos de Su Iglesia se lleven a cabo y Su obra siga adelante”4. Y añadió que “en tiempos antiguos, cuando se nombraba a un hombre para integrar cierto grupo, su comisión, escrita siempre en latín, bosquejaba la responsabilidad de la organización, definía quiénes serían los miembros, e invariablemente contenían la expresión: quorum vos unum que quería decir: ‘Del cual deseamos que seas uno’”5.

El presidente Spencer W. Kimball enseñó que “la Sociedad de Socorro es la organización del Señor para las mujeres. Complementa la capacitación que los hermanos reciben en el sacerdocio”6. La palabra sociedad tiene un significado casi idéntico al de quórum. Denota un “grupo que coopera y persevera” y se distingue por sus aspiraciones y creencias en común7. Cuando José Smith organizó a las hermanas, les dijo que “debe existir una sociedad selecta, separada de todas las iniquidades del mundo, distinguida, virtuosa y santa”8. El presidente Joseph F. Smith enseñó que la Sociedad de Socorro tiene una identidad única y que “es divinamente hecha, divinamente autorizada, divinamente instituida, divinamente ordenada por Dios a fin de ministrar para la salvación de las almas de mujeres y hombres”9.

Los propósitos de la Sociedad de Socorro son aumentar la fe y la rectitud personal, fortalecer a las familias y hogares, y buscar y proporcionar ayuda a los necesitados10. El quórum sirve a los demás, edifica la unidad y hermandad, instruye a los miembros del quórum en las doctrinas y los principios del Evangelio, y vela por la Iglesia11.

Ser parte de una Sociedad de Socorro o de un quórum es una designación de una forma de vida. Debemos servir en la asociación de un quórum del Sacerdocio de Melquisedec o de una Sociedad de Socorro por toda la vida. Desde el quórum o la Sociedad de Socorro se nos llama a servir en otras asignaciones u organizaciones de la Iglesia tales como la obra misional, el servicio en el templo, la Escuela Dominical, seminario e instituto, los Hombres Jóvenes, la Primaria, las Mujeres Jóvenes, etc. No importa donde sirvamos, siempre mantenemos nuestra “asociación” y nuestra responsabilidad ante el quórum o la Sociedad de Socorro. El presidente Packer ha enseñado que todo servicio en la Iglesia fortalece al sacerdocio mayor y a la Sociedad de Socorro, y es una demostración de nuestra devoción a la membresía de la Sociedad de Socorro y al quórum12.

Es cierto que cada uno de nosotros es responsable de convertirse en un fiel discípulo que cumple los convenios del Señor Jesucristo. Algunas personas pueden discutir el que podamos lograr esto como personas sin el beneficio de un grupo de apoyo. Pero el presidente David O. McKay dijo que si el sacerdocio significara sólo la “distinción personal o la jerarquía individual, no habría necesidad de tener grupos ni quórumes. La existencia misma de esos grupos, establecidos por autorización divina, proclama el hecho de que dependemos unos de otros, de que existe la indispensable necesidad de la ayuda mutua”13.

En tanto el Señor escoja organizarnos de esta manera es importante para nosotros procurar un mayor entendimiento de por qué estamos organizados de esta manera y después buscar la forma de que se cumpla la visión que Él tiene para nosotros. A fin de facilitar este entendimiento he buscado mucho en las Escrituras y las palabras de los profetas para ilustrar, sólo brevemente, cinco razones importantes por las que estamos organizados en quórumes y sociedades de socorro.

Una de las razones por las que tenemos quórumes y sociedades de socorro es para organizarnos bajo la autoridad y el modelo del sacerdocio14. Nuestro Dios es un Dios de orden y todo lo que Él hace para edificar Su reino lo hace mediante Sus modelos del sacerdocio.

Uno de esos modelos es la organización de barrios y estacas, cada uno con un límite geográfico. Cada barrio está guiado por un obispo que tiene las llaves o la autoridad de Dios para su barrio. Él es el pastor del rebaño del Señor en su barrio y tiene el mandato de velar por las necesidades temporales y espirituales de su rebaño. Sólo él puede autorizar las ordenanzas que son esenciales para la salvación de los miembros de su rebaño. Su responsabilidad es monumental y resulta más difícil porque es sólo un hombre que no puede en manera alguna vigilar a todas sus ovejas al mismo tiempo. Los obispos ven a los líderes del quórum y de la Sociedad de Socorro como los ayudantes del pastor, quienes magnifican, mejoran y dividen la tarea de lo que el obispo tiene a su cuidado.

La formación de una presidencia también es un modelo del sacerdocio. Cada presidente del quórum de élderes de un barrio y la presidenta de la Sociedad de Socorro presiden y dirigen las actividades del quórum de élderes o la Sociedad de Socorro del barrio15. Los líderes del quórum y la Sociedad de Socorro tienen una “medida de autoridad divina” que se les otorga con referencia al gobierno y la instrucción de aquellos a quienes han sido llamados a dirigir16. Son hombres y mujeres “llamados por Dios, por profecía, y por la imposición de manos”17. Presidir significa vigilar, supervisar y dirigir18. Esto quiere decir que los líderes de la Sociedad de Socorro y del quórum del barrio toman la responsabilidad de supervisar, revisar y regular el trabajo de la Sociedad de Socorro y de los quórumes en nombre del obispo.

Sostener a quienes son llamados a dirigir es también un modelo del sacerdocio. No escogemos a nuestros líderes por votación popular como es común en las organizaciones ajenas a la Iglesia. Es un acto de nuestra fe en el Señor y en aquellos que son llamados a dirigir en su Iglesia para respaldar sus acciones y darles apoyo en su responsabilidad de dirigirnos. Cuando José Smith organizó la Sociedad de Socorro, “exhortó a las hermanas a que siempre ejercieran su fe e hicieran sus oraciones a favor de aquellos a los que Dios les había mandado honrar, a los que Dios había puesto a la cabeza para dirigir”19.

Uno de los modelos del sacerdocio de los que disfrutamos es la habilidad para recibir revelación. Cuando José Smith organizó la Sociedad de Socorro dijo que las hermanas debían “recibir instrucciones mediante el orden que Dios ha establecido: por conducto de aquellos que han sido designados para dirigir”20. Esta habilidad y promesa referente a la revelación personal es una de las bendiciones extraordinarias que recibe cada presidencia de quórum y de la Sociedad de Socorro. Cuando el Señor dijo que cada uno de nosotros debía aprender su deber y actuar en el oficio al cual habíamos sido llamados21, Él nos proporcionó una manera para que hiciéramos precisamente eso. He visto humildes presidencias de la Sociedad de Socorro y de quórum en muchas partes del mundo liderar con gran habilidad e inspiración porque están organizadas bajo el sacerdocio y según el orden del sacerdocio. Siguen el modelo que les permite obtener revelación para la obra para la cual han sido apartados.

Al tiempo de celebrarse el centenario de la Sociedad de Socorro la Primera Presidencia escribió:

“Pedimos a nuestras hermanas de la Sociedad de Socorro que jamás olviden que constituyen una organización única en el mundo, pues fueron organizadas bajo la inspiración del Señor… Ninguna otra organización de mujeres en toda la tierra ha contado con tal excelso origen”22.

La segunda razón por la que estamos organizados en quórumes y en sociedades de socorro es para centrar a los hijos e hijas del Padre Celestial en su obra de salvación y para que participen en ella. Los quórumes y las sociedades de socorro son un grupo de discípulos organizados con la responsabilidad de ayudar en la obra de nuestro Padre para llevar a cabo la vida eterna de Sus hijos. No formamos parte del negocio del entretenimiento; nos hallamos en el ámbito de la salvación. La entrada en un quórum de élderes o en la Sociedad de Socorro generalmente sucede después de una significativa inversión por parte del Señor y Sus líderes al enseñar y preparar a los miembros nuevos de la Iglesia para tal obra. La obra de salvación incluye la obra misional y retener dentro de la actividad a aquellos que se hayan convertido. Debemos hacer todo lo que podamos para traer de nuevo a la actividad a aquellos que de nuestro grupo se les ha debilitado la fe. La obra de un quórum y de una Sociedad de Socorro también se centra en la obra del templo y de historia familiar. Tenemos la responsabilidad los unos para con los otros de enseñar el Evangelio y ejemplificar una vida de rectitud.

La obra de salvación también incluye el mejorar nuestra autosuficiencia temporal y espiritual; como grupo nos aseguramos de cuidar de los pobres y necesitados. El élder John A. Widtsoe definió la obra de salvación de la Sociedad de Socorro como el “ayudar al necesitado, atender al enfermo, disipar las dudas, liberar de la ignorancia: aliviar de todo lo que obstaculice la alegría y el progreso de la mujer”23. Este mismo tipo de responsabilidades se dan al quórum. Son responsabilidades honorables y de gran peso. Denotan una confianza sagrada e implican una contribución significativa a la obra de salvación del Señor, una obra que es tanto una carga como una bendición. Cuando los quórumes y las sociedades de socorro están unidos en esta obra, en esencia, cada uno toma un remo del bote, cada uno ayuda a que nos movamos hacia la salvación.

Cuando estamos organizados en sociedades de socorro y quórumes, nuestra actitud personal de discípulos se extiende y participamos con otras personas en la obra de salvación que el Señor nos dejó como modelo. Jamás es modesta o sin consecuencias. Nos empuja hacia caminos más elevados como discípulos y hacia una mayor madurez espiritual. Con frecuencia se trata de una obra de longanimidad y paciencia que puede parecer ingrata dado que, por lo general, no cuenta con un reconocimiento público por el bien que hacemos. El élder Widtsoe enseñó que “el deber de salvar almas abarca todos los aspectos del progreso humano”24. La obra de salvación es guiada por el Espíritu, quien confirma nuestras acciones, nos asegura la aprobación del Señor y proporciona el gozo verdadero que viene con una afirmación de nuestro éxito.

La tercera razón por la que estamos organizados en quórumes y en sociedades de socorro es para ayudar a los obispos a que administren con prudencia el almacén del Señor. El almacén del Señor incluye “el tiempo, talentos, compasión, materiales y medios económicos”25 de los miembros de la Iglesia. Los talentos de los santos deben usarse para cuidar a los pobres y necesitados y para edificar el reino del Señor. El Señor prevé que “[busque] cada cual el bienestar de su prójimo, y [haga] todas las cosas con la mira puesta únicamente en la gloria de Dios”26.

Los obispos tienen la responsabilidad del almacén del Señor y dependen de los quórumes y de las sociedades de socorro para buscar y cuidar a todas las personas de sus barrios. Cada barrio es único y puede decirse que tiene su propio ADN. Esto hace que sea esencial que los líderes de los quórumes y de las sociedades de socorro trabajen en consejos para ayudar a los obispos a administrar y repartir los bienes del Señor. Juntos evalúan los puntos fuertes y las habilidades de las personas y se aseguran de que las ovejas del Señor estén cuidadas.

Nuestro Salvador enseñó este principio de muchas maneras durante Su ministerio en la tierra y las Escrituras contienen muchos ejemplos de cómo Él cuidó de los necesitados. En cada barrio siempre hay unas cuantas almas dedicadas que estarían dispuestas a hacer todo el trabajo mientras que otras personas son negligentes con sus deberes y no ofrecen de sus dones. Los líderes del quórum y de la Sociedad de Socorro tienen la responsabilidad de organizar y llevar a cabo un ministerio inspirado para ayudar a todos los hermanos a cumplir sus convenios de recordar al Salvador y consagrar sus vidas a Su obra.

Si fuera por nosotros, tal vez preferiríamos cuidar en nuestros barrios sólo a las personas populares, a las que tienen encanto, a las agradecidas. Es mucho más desafiante cuidar a las personas a quienes nos es difícil amar, que tienen desafíos graves y complicados o que no parecen apreciar nuestra ayuda. El Salvador dijo:

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

“Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos.

“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

“Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

“Sed, pues, vosotros perfectos, así como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”27.

Una de las maneras más significativas en que se reparte este cuidado es mediante los maestros orientadores y el programa de las maestras visitantes. El presidente Henry B. Eyring dijo: “El único sistema que podía proporcionar socorro y consuelo a lo largo y ancho de una Iglesia tan grande en un mundo tan diverso sería mediante siervas que estuvieran personalmente cerca de los necesitados”28. El élder Bruce R. McConkie, que sirvió fielmente como apóstol del Señor Jesucristo, describió a un élder como “un pastor sirviendo en el redil del Buen Pastor”. Enseñó que los maestros orientadores “tienen posición” y que “sus llamamientos son oficiales”. Son “enviados por su presidente de quórum, por su obispo, y por el Señor”. Su impresión era que “el mayor defecto del sistema de maestros orientadores de la Iglesia es que permanece casi sin ser utilizado”29.

El presidente Thomas S. Monson dijo:

“El programa de la orientación familiar es una consecuencia de la revelación moderna y comisiona a los ordenados al sacerdocio a ‘enseñar, exponer, exhortar, bautizar y velar por la Iglesia… y visitar la casa de cada miembro, exhortándolos a orar vocalmente así como en secreto, y a cumplir con todos los deberes familiares… y velar por la iglesia, y confirmar a los miembros de la iglesia, y estar con ellos y fortalecerlos; y cuidar de que no haya iniquidad en la iglesia, ni aspereza entre uno y otro, ni mentiras, ni difamaciones, ni calumnias’ (D. y C. 20:42, 47, 53–54)…

“En el Libro de Mormón, Alma ‘consagraba a todos los sacerdotes y a todos los maestros de ellos; y nadie era consagrado a menos que fuera hombre justo. Por tanto, velaban por su pueblo, y lo sustentaban con cosas pertenecientes a la rectitud’ (Mosíah 23:17–18).

“Al llevar a cabo nuestras responsabilidades de maestros orientadores, somos sabios si aprendemos y entendemos los desafíos de los miembros de cada familia”30.

Una maestra visitante debería también considerar su asignación “como un llamamiento del Señor”31. El presidente Kimball dijo de las hermanas: “Considero que en muchas maneras vuestros deberes son semejantes a los maestros orientadores, quienes deben ‘velar siempre por los de la Iglesia’, no solamente veinte minutos al mes, sino siempre”32.

El programa de maestras visitantes y orientación familiar se convierte en la obra del Señor cuando nuestra atención se centra en las personas en lugar de los porcentajes. La perfección de nuestras estadísticas con frecuencia no es una buena indicación de nuestro cuidado. Nunca podemos decir: “¡He terminado mi orientación familiar o mis visitas de maestra visitante!”. Cuando representamos al Señor estamos siempre a Su servicio. El presidente Thomas S. Monson enseñó: “La orientación familiar es más que una visita mecánica una vez al mes, para que el informe estadístico del barrio tenga buen aspecto. Nuestra es la responsabilidad de enseñar, inspirar, motivar, devolver a la actividad y a la futura exaltación de los hijos de Dios”33. Cuando rendimos cuentas mensuales de nuestra mayordomía se espera que informemos del bienestar espiritual y temporal de aquellas personas a las que se nos ha asignado cuidar. También podemos informar de cualquier servicio que hayamos prestado. Las necesidades especiales o urgentes deberían informarse siempre de inmediato34. Los verdaderos indicadores de nuestro éxito en este esfuerzo son las confirmaciones del Espíritu por nuestros esfuerzos y cuando aquellas personas que se nos han asignado pueden decir tres cosas importantes: (1) “Mi maestro orientador o maestra visitante me ayuda a progresar espiritualmente”, (2) “Sé que mi maestro orientador o maestra visitante se preocupa de verdad por mí y por mi familia” y (3) “Si tengo problemas, sé que mi maestro orientador o maestra visitante tomará las medidas necesarias sin esperar una invitación”.

El Señor dijo: “Y si de entre vosotros uno es fuerte en el Espíritu, lleve consigo al que es débil, a fin de que sea edificado con toda mansedumbre para que se haga fuerte también”35. Cuando estos indicadores son nuestro objetivo, entonces nos organizamos y procedemos de manera inspirada en lugar de hacerlo como si estuviéramos programados.

La cuarta razón por la que estamos organizados en quórumes y en sociedades de socorro es para proporcionar una defensa y un refugio a los hijos del Padre Celestial y sus familias en los últimos días. El presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Hoy estamos acampados en contra de la mayor variedad de pecado, vicio, y maldad que jamás se haya reunido ante nuestros ojos… El plan de batalla por el cual luchamos para salvar las almas de los hombres no es nuestro”36.

Todos estamos en medio de una experiencia terrenal. Todos escogimos esta experiencia y el Señor nos asegurará que todos tengamos una. Un antiguo engaño del anticristo implica que las personas que son lo suficientemente listas o ricas pueden evitar los desafíos37. ¡Eso no es así! En nuestra vida y en el mundo de hoy estamos experimentando en grado sumo los “tiempos peligrosos”38 de los últimos días que el apóstol Pablo describió a Timoteo. Nuestra época se vuelve más difícil, los hermanos y las hermanas fieles de los quórumes y las sociedades de socorro deben proteger los hogares de Sión de las estridentes voces del mundo y la provocativa influencia del adversario.

El élder Dallin H. Oaks nos ha enseñado que “una de las grandes funciones de la Sociedad de Socorro es proporcionar una hermandad para las mujeres, tal como los quórumes del sacerdocio proporcionan una fraternidad para los hombres”39. Es nuestra bendición formar parte de una hermandad que proporciona “un lugar de sanidad, amor, bondad, atención y aceptación”40. El presidente Packer dijo: “Este gran círculo de hermanas será una protección para cada una de ustedes y sus familias. La Sociedad de Socorro se puede comparar con un refugio… Allí estarán seguras. [Ese círculo] rodea a cada hermana como si fuera un muro protector”41. Y agregó: “¡De cuánto consuelo es saber que, vayan a donde vayan, les aguarda una familia de miembros de la Iglesia! Desde el día que lleguen, él pertenecerá a un quórum del sacerdocio y ella a la Sociedad de Socorro”42.

El élder D. Todd Christofferson contó la historia del hermano George Goates, quien en seis días perdió a su hijo Charles y a tres de los hijos pequeños de éste durante la epidemia de gripe de 1918. Esa semana el hermano Goates hizo los ataúdes, cavó las tumbas y ayudó a preparar la ropa de entierro. Su hijo y sus nietos murieron durante la semana en que él tenía que recoger su cosecha de remolacha, la cual quedó helándose en la tierra. Después de los entierros, él y otro de sus hijos se fueron a los campos para ver si podían salvar alguna parte de la cosecha. Cuando llegaron, vieron a los miembros de su quórum que se marchaban del campo vacío. Su quórum había hecho la cosecha de la remolacha. Fue entonces cuando este hombre que había demostrado una tremenda fortaleza durante la semana anterior, se sentó y sollozó como un niño. Echó la mirada al cielo y dijo: “Gracias, Padre, por los élderes de nuestro barrio”43.

Cualquiera que sea nuestra experiencia terrenal, podemos tener este sentimiento de hermandad y el apoyo y la fortaleza de muchas personas a nuestro alrededor. El Señor dijo: “También el cuerpo tiene necesidad de cada miembro, para que todos se edifiquen juntamente, para que el sistema se conserve perfecto”44. Es en la hermandad de la Sociedad de Socorro y en la fraternidad de los quórumes que debemos encontrar refugio y protección de las tormentas y calamidades de los últimos días.

El quinto propósito para estar organizados en quórumes y en sociedades de socorro es para fortalecernos y apoyarnos en nuestras responsabilidades dentro de la familia y como hijos e hijas de Dios. Aun cuando muchas de nuestras responsabilidades en la Iglesia sean paralelas, los hijos e hijas del Padre Celestial tienen cada uno responsabilidades únicas y diferentes dentro de la familia y en la Iglesia. Los quórumes y las sociedades de socorro existen para enseñar a los hijos y a las hijas de nuestro Padre Celestial y a inspirarles para que se preparen para las bendiciones de la vida eterna. Nuestro Padre ve el potencial de Sus hijos e hijas para que sean líderes de familia. Por lo tanto, todo lo que hacemos en los quórumes y las sociedades de socorro es para ayudar al Señor con Su misión de preparar a Sus hijos para las bendiciones de la vida eterna que Él prevé para nosotros. En este marco debemos aprender cómo convertirnos en parte de la familia eterna de nuestro Padre Celestial.

El quórum y la Sociedad de Socorro asisten a los líderes de familia y a los líderes de futuras familias y les ayuda a establecer modelos y prácticas de conducta recta que les lleve a cumplir con los convenios en su vida. Los hermanos y las hermanas se animan mutuamente a orar siempre, a pagar los diezmos y las ofrendas, a renovar los convenios en el día santo del Señor. Han de ayudarse el uno al otro para ser lo suficientemente maduros para hacer y cumplir los convenios sagrados del templo.

El quórum y la Sociedad de Socorro deberían ayudarnos a convertirnos en quienes nuestro Padre Celestial necesita que lleguemos a ser. José Smith empleó el libro de 1 Corintios para enseñar a las hermanas acerca de la importancia de desarrollar cualidades divinas. Dijo que las hermanas estaban organizadas “conforme a [su] naturaleza” y “[eran] ahora colocadas en una situación en la cual [podían] actuar conforme a la caridad que [estaba] en [ellas]”45. Es por esa razón que se escogió “La caridad nunca deja de ser” como el lema de la Sociedad de Socorro.

La hermana Eliza R. Snow, Segunda Consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro, dijo a las hermanas:

“Queremos ser damas en cualquier obra que hagamos, no de acuerdo con el sentido de la palabra tal como lo juzga el mundo, sino compañeras ideales de los Dioses y los Sagrados. De manera organizada, podemos asistirnos las unas a las otras no solamente en hacer el bien, sino en refinarnos a nosotras mismas y sin importarnos si muchos o pocos se adelantan para ayudarnos a conseguir esta gran obra; aquellos que lo hagan serán quienes ocupen posiciones honorables en el Reino de Dios… Las mujeres deberían ser mujeres y no niñas que necesitan que se las acaricie y se las corrija a cada momento. Sé que nos agrada que se nos aprecie, pero si no recibimos todo el aprecio que creemos merecer, ¿qué importa?”46.

Es en el quórum que a los hermanos se les enseña a “levantarse” como “hombres de Dios” y a “dejar de lado las cosas que no son importantes. A poner todo el corazón, el alma, la mente y la fuerza en servir al Rey de Reyes”47. La obra del quórum y de la Sociedad de Socorro aclara las identidades y responsabilidades que pertenecen a los hijos e hijas de Dios y que les unen en defensa de Su plan. El presidente Harold B. Lee dijo:

“A mi parecer está claro que la Iglesia no tiene ninguna otra elección, ni jamás la ha tenido, ecepto hacer más para asistir a la familia a llevar a cabo su misión divina, no sólo porque ése es el orden del cielo, sino también porque ésa es la contribución más práctica que podemos darle a nuestros jóvenes para ayudarles a mejorar la calidad de vida en los hogares Santos de los Últimos Días. Aun cuando nuestros muchos programas y esfuerzos de organización sean importantes, éstos no deberían suplantar el hogar; deberían apoyar el hogar”48.

Tal y como el Señor le dijo a Emma Smith, nosotros hemos de “[desechar] las cosas de este mundo y [buscar] las de uno mejor… Adhiérete a los convenios que has hecho… Guarda mis mandamientos continuamente, y recibirás una corona de justicia”49. Cada uno de nosotros es un amado hijo o hija de Dios con responsabilidades personales sagradas. En nuestros quórumes y sociedades de socorro se nos debe enseñar e inspirar a llegar a ser quienes nuestro Padre en los Cielos nos creó para que llegáramos a ser.

Conclusión y testimonio

Hay mucho trabajo que debe hacer un quórum como tal y hay mucho que la Sociedad de Socorro debe hacer como un círculo de hermanas, y hay mucho que coordinar entre ambos. Dado que “la Iglesia del Señor ha de gobernarse mediante consejos”50, es importante que la presidenta de la Sociedad de Socorro esté incluida en las reuniones ejecutivas del sacerdocio en las que se aborden temas confidenciales de bienestar y en las que los obispos faciliten la coordinación de maestros orientadores y maestras visitantes51.

El presidente Gordon B. Hinckley dijo:

“Será un día maravilloso, mis hermanos… cuando nuestros quórumes del sacerdocio se conviertan en un ancla de fortaleza para cada hombre que pertenezca a ellos, cuando cada hombre pueda decir a ciencia cierta: ‘Soy miembro de un quórum de sacerdocio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Estoy listo para ayudar a mis hermanos en sus necesidades y confío en que ellos estén listos para ayudarme en las mías. Al trabajar juntos, creceremos espiritualmente como hijos del convenio de Dios. Al trabajar juntos, podemos mantenernos, sin avergonzarnos y sin temor, contra todo tipo de adversidad que pueda azotarnos, así sea económica, social o espiritual’”52.

El presidente Packer declaró recientemente a los hermanos de la Iglesia: “Necesitamos a todos. Los cansados, agotados o perezosos, e incluso quienes estén limitados por la culpa… Demasiados de nuestros hermanos del sacerdocio viven por debajo de sus privilegios y de las expectativas del Señor”53. “En una de las primeras reuniones de la Sociedad de Socorro Femenina de Nauvoo, José Smith amonestó a las hermanas a ‘[vivir] de acuerdo con [sus] privilegios’”54. De manera similar, el presidente Packer dijo a las hermanas de la Sociedad de Socorro:

“¡Juntaos bajo la causa de la Sociedad de Socorro! ¡Fortalecedla! ¡Asistidla! ¡Dedicaos a ella! Incluid en ella a las inactivas y traed a las hermanas que no son miembros para que gocen de su influencia. Éste es el momento de uniros a este grupo mundial de mujeres. Una Sociedad de Socorro fuerte y bien organizada es vital para el futuro, para la seguridad de esta Iglesia”55.

Una gran parte de lo que se ha enseñado hoy se encuentra en Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro. Este nuevo recurso de la Primera Presidencia puede ayudar a los hermanos y a las hermanas a aprender cómo cumplir con sus responsabilidades. Ésta y otras instrucciones son “para que sepáis cómo conduciros, y cómo dirigir mi iglesia, y cómo obrar de conformidad con los puntos de mi ley y mis mandamientos que he dado”. Y ahora “os obligaréis a obrar con toda santidad ante mí”56.

Lo que el Señor previó con respecto a los quórumes y a las sociedades de socorro aún no se ha utilizado en su totalidad. Muchos quórumes y sociedades de socorro se parecen a gigantes dormidos que esperan que ustedes los revitalicen.

Testifico de la veracidad del Evangelio restaurado de Jesucristo en la tierra. Mi testimonio de la restauración se ha fortalecido al saber que los quórumes y las sociedades de socorro fueron establecidos para que el Señor organizara a Sus hijos e hijas bajo la autoridad y el modelo del sacerdocio. Por este medio Él hace participar a Sus hijos en Su obra y en administrar prudentemente Su almacén. Los quórumes y las sociedades de socorro existen para que sean un lugar de seguridad y un refugio en estos días difíciles, y para apoyar y fortalecer la identidad, las funciones y las responsabilidades de los hijos e hijas del Padre Celestial. “La voz del Profeta de Dios las llama a hacerlo”57 y al hacerlo, “no se podrá impedir que los ángeles las acompañen”58. De ello testifico en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

  1. José Smith, citado en Sarah M. Kimball, “Auto-biography”, Woman’s Exponent, 1 de septiembre de 1883, pág. 51; citado en Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro (2011), pág. 14.
  2. Véase Doctrina y Convenios 107:21.
  3. Boyd K. Packer, “Lo que todo élder debe saber; y toda hermana también: Un compendio de los principios de la administración del sacerdocio”, Liahona, noviembre de 1994, pág. 15.
  4. Boyd K. Packer, “Lo que todo élder debe saber”, pág. 15.
  5. Boyd K. Packer, en Un sacerdocio real, Guía de estudio del Sacerdocio de Melquisedec, 1975–1976, pág. 154.
  6. Spencer W. Kimball, “La Sociedad de Socorro: su promesa y potencial”, Liahona, marzo de 1976, pág. 4; citado en Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball 2006, pág. 240.
  7. Merriam-Webster’s Collegiate Dictionary, undécima edición, 2003, “society” [sociedad].
  8. José Smith, en Hijas en Mi reino, pág. 18.
  9. Joseph F. Smith, en Minutes of the General Board of Relief Society [Actas de la Mesa directiva general de la Sociedad de Socorro], 17 de marzo de 1914, Biblioteca de Historia de la Iglesia, págs. 54–55; citado en Hijas en Mi reino, pág. 74.
  10. Véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 9.1.1.
  11. Véase Manual 2, 7.1, 7.1.2, 8.1, 8.1.2.
  12. Boyd K. Packer, véase “Una hermandad sin fronteras”, Liahona,  marzo de 1981, pág. 66.
  13. David O. McKay, en Conference Report, octubre de 1968, pág. 84.
  14. Véase Hijas en Mi Reino, pág. 14.
  15. Véase Dallin H. Oaks, “La Sociedad de Socorro y la Iglesia”, Liahona, julio 1992, pág. 39.
  16. Véase Joseph Fielding Smith, “The Relief Society Organized by Revelation [La Sociedad de Socorro organizada por revelación]”, Relief Society Magazine [Revista de la Sociedad de Socorro], enero de 1965, pág. 5.
  17. Artículos de Fe 1:5.
  18. Véase en internet Etymology Dictionary (www.etymonline.com).
  19. En Relief Society Minute Book [Libro de actas de la Sociedad de Socorro], Nauvoo, Illinois, 28 de abril de 1842, pág. 37.
  20. Joseph Smith, en Hijas en Mi reino, pág. 16.
  21. Véase Doctrina y Convenios 107:99.
  22. “To the Presidency, Officers and Members of the Relief Society” [Para la presidencia, oficiales y miembros de la Sociedad de Socorro] en A Centenary of Relief Society [Un centenario de la Sociedad de Socorro], 1842–1942, 1942, pág. 7; citado en Boyd K. Packer, “Una hermandad sin fronteras”, pág. 66.
  23. John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations [Evidencias y reconciliaciones], editado por Homer Durham, 1987, pág. 308.
  24. John A. Widtsoe, Evidences and Reconciliations [Evidencias y reconciliaciones], pág. 308.
  25. Manual 2, 6.1.3.
  26. Doctrina y Convenios 82:19.
  27. Mateo 5:44–47; Traducción de José Smith, Mateo 5:50, en Matthew 5:48, nota al pie de página a.
  28. Henry B. Eyring, “El perdurable legado de la Sociedad de Socorro”, Liahona , noviembre de 2009, pág. 121.
  29. Bruce R. McConkie, “Solamente un élder”, Liahona, junio de 1975, pág. 3.
  30. Thomas s. Monson, Liahona, enero de 1998, pág. 53.
  31. Henry B. Eyring, “El perdurable legado de la Sociedad de Socorro”, pág. 121.
  32. Spencer W. Kimball, “Una visión del programa de las maestras visitantes”, Liahona, diciembre de 1978, pág. 2; véase Doctrina y Convenios 20:53; citado en Hijas en Mi reino, pág. 127.
  33. Teachings of Thomas S. Monson, pág. 140.
  34. Véase Manual 2, 9.5.
  35. Doctrina y Convenios 84:106.
  36. Boyd K. Packer, “El poder del Sacerdocio”,  Liahona, mayo de 2010,  pág. 6
  37. Véase Alma 30:17.
  38. 2 Timoteo 3:1.
  39. Dallin H. Oaks, “La Sociedad de Socorro y la Iglesia”, Liahona, julio 1992, pág. 39.
  40. Hijas en Mi reino, pág. 97.
  41. Véase Boyd K. Packer, “Una hermandad sin fronteras”, pág. 66; citado en Hijas en Mi reino, pág. 97.
  42. Boyd K. Packer, en Hijas en Mi reino, pág. 98.
  43. Véase D. Todd Christofferson, “El quórum del sacerdocio”, Liahona, enero de 1999. págs. 47–49, cita de Vaughn J. Featherstone, “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor”, Liahona, noviembre de 1973, pág. 36.
  44. Doctrina y Convenios 84:110.
  45. José Smith, en Historia de la Iglesia, tomo IV, pág. 605.
  46. Eliza R. Snow, Address to Lehi Ward Relief Society [Discurso dado en la Sociedad de Socorro del Barrio Lehi], 27 de octubre de 1869, en Relief Society Minute Book [Libro de Actas de la Sociedad de Socorro], Nauvoo, Illinois, Biblioteca de Historia de la Iglesia, págs. 26–27.
  47. “Rise Up, O Men of God”, (“Levantaos, hombres de Dios”, traducción libre), Himnos, n.º 323.
  48. Boyd K. Packer, “El poder del Sacerdocio”, Liahona, mayo de 2010, pág. 6.
  49. Doctrina y Convenios 25:10, 13, 15.
  50. Manual 2, 4.1.
  51. Véase Manual 2, 4.3.
  52. Don L. Searle, “Cambios importantes en los cursos de estudio: sacerdocio y Sociedad de Socorro”, Liahona, diciembre de 1997, pág. 26.
  53. Boyd K. Packer, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2010, pág. 6.
  54. Hijas en Mi reino, pág. 187, 189, cita de José Smith, en Relief Society Minute Book [Libro de Actas de la Sociedad de Socorro], Nauvoo, Illinois, 28 de abril de 1842, Biblioteca de Historia de la Iglesia, pág. 38.
  55. Véase Boyd K. Packer, “Una hermandad sin fronteras”, Liahona, marzo de 1981, pág. 66.
  56. Doctrina y Convenios 43:8-9.
  57. Véase Joseph F. Smith, en Minutes of the General Board of Relief Society [Actas de la Mesa directiva general de la Sociedad de Socorro], 17 de marzo de 1914, Biblioteca de Historia de la Iglesia, págs. 54–55; citado en Hijas en Mi reino, pág. 199.
  58. José Smith, en Relief Society Minute Book [Libro de Actas de la Sociedad de Socorro], Nauvoo, Illinois, 28 de abril de 1842, pág. 38; citado en Hijas en Mi reino, pág. 200.