El propósito de la Sociedad de Socorro

La Sociedad de Socorro prepara a las mujeres para las bendiciones de la vida eterna.


 

“Ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). 

La Sociedad de Socorro prepara a las mujeres para las bendiciones de la vida eterna al ayudarlas a aumentar su fe y su rectitud personal, a fortalecer a las familias y los hogares, y ayudar a los necesitados.

Cuando las hermanas de la Sociedad de Socorro participamos en la obra de salvación, nos convertimos en discípulas de Jesucristo. Nos esforzamos por comprender la doctrina de la expiación de Jesucristo para aumentar nuestra fe y nuestro deseo de vivir rectamente. Participamos en las ordenanzas del sacerdocio y alegremente guardamos los convenios que hicimos, los cuales nos dan un mayor acceso al poder del sacerdocio, y fortalecen nuestras familias y hogares. Trabajando en unidad con los hermanos del sacerdocio, ministramos y ayudamos a los necesitados con caridad, el amor puro de Cristo. Al hacer estas cosas, llegamos a ser “uno” con el Padre y el Hijo.

Es nuestra oración ferviente que cada una abramos nuestro corazón y permitamos que el Señor grabe en él las doctrinas de la Expiación, los convenios y la unidad. —Linda K. Burton


Aumentar la fe y la rectitud personal

¿Cómo puedo aplicar la Expiación en mi vida cotidiana?

Para recibir el don de la vida eterna, debemos creer y aceptar la expiación de Jesucristo. A medida que nos esforzamos por entender la Expiación y lo que nuestro Salvador ha hecho por nosotros, nuestra fe en Él aumenta y nuestro corazón cambia con el deseo de vivir con rectitud y amar y servir a Dios y a nuestros semejantes.  

La Expiación bendice nuestra vida en nuestras propias circunstancias y situaciones personales. A través de nuestra fe y rectitud, y por medio de Su sacrificio expiatorio, podemos ser perdonados, limpios, sanados, guiados y protegidos. Cristo puede darnos capacidad y fuerza más allá de la nuestra para superar todas las cosas y “soportar [nuestras] cargas con facilidad” (Mosíah 24:15), para que podamos encontrar gozo en el viaje de la vida. 

La Sociedad de Socorro nos ayuda a mantener nuestro enfoque en el Salvador para que nos guíe a Su presencia.  

“Elevad hacia mí todo pensamiento; no dudéis; no temáis. Mirad las heridas que traspasaron mi costado, y también las marcas de los clavos en mis manos y pies; sed fieles; guardad mis mandamientos y heredaréis el reino de los cielos” (D. y C. 6:36-37).


Fortalecer las familias y los hogares

¿Qué diferencia marca en mi hogar el guardar los mandamientos?

Nuestro Padre Celestial conoce las cosas que nosotros no conocemos, algunas más allá de nuestra capacidad de comprensión. Cuando confiamos en Su conocimiento estamos dispuestos a confiar en Sus promesas y Sus requisitos. ¿De qué manera los convenios nos brindan propósito, dirección y confianza que el Señor bendecirá nuestros esfuerzos? ¿De qué manera los convenios iluminan el camino por medio de la vida terrenal para volver a Él?

El presidente Dieter F. Uchtdorf ha dicho: “Si creen esto en su corazón —si en verdad creen que la gran misión de nuestro Padre Celestial es exaltar y glorificar a Sus hijos y que Él sabe mejor cómo lograrlo— ¿no les parece lógico adoptar y seguir Sus mandamientos, incluso los que parezcan difíciles? ¿No deberíamos apreciar los postes de luz que Él ha proporcionado para guiarnos a través de la oscuridad y las pruebas de la vida terrenal? ¡Son ellos los que nos marcan el camino de regreso a nuestro hogar celestial! Cuando eligen el sendero de nuestro Padre Celestial, establecen un cimiento divino para su progreso personal como hijas de Dios que las bendecirá durante toda la vida” (“Vivir el Evangelio con gozo”, Conferencia General de octubre de 2014).

Al elegir el camino del convenio del Padre Celestial, hallamos propósito, dirección y la confianza de que el Señor bendecirá nuestros esfuerzos en nuestras familias y hogares. El presidente Henry B. Eyring prometió que si “ustedes permiten que Él sea el líder de su familia, las cosas saldrán bien” (“Un incalculable legado de esperanza”, Conferencia General de abril de 2014).

La Sociedad de Socorro está organizada para ayudar a las mujeres a fortalecer los hogares y las familias al seguir el camino del convenio. 

Nunca en la historia del mundo hemos necesitado familias y hogares más fuertes. Es de los hogares y de las familias que procede la siguiente generación y “sólo el hogar puede compararse con la santidad del templo” (Bible Dictionary, “Temple”). 


Ayudar a los necesitados

¿Por qué se nos manda trabajar en unidad con los líderes del sacerdocio y de otras organizaciones auxiliares? (véase Juan 17:21).

Con el fin de ayudar al Salvador en Su obra, tenemos que estar unidos en propósito con la determinación de ayudar a los necesitados, para llevar los unos las cargas de los otros, y para levantar la carga de los que sufren. El prestar servicio en la Sociedad de Socorro nos acerca a nuestro objetivo de volver a nuestros padres celestiales.

El Señor enseñó: “Sed uno; y si no sois uno, no sois míos” (D. y C. 38:27).

“Juntas, como hermanas y en unidad con los profetas, videntes y reveladores vivientes que tienen las llaves restauradas del sacerdocio, podemos caminar unidas, como discípulas, como siervas con manos y corazones dispuestos a apresurar la obra de salvación. Al hacerlo, nos volveremos más como el Salvador”. —Linda K. Burton


“La caridad nunca deja de ser”

José Smith enseñó que la Sociedad de Socorro “no existe sólo para socorrer al pobre sino también para salvar almas”. La parte principal de la obra de la Sociedad de Socorro en la actualidad consiste en “velar por el bienestar espiritual y la salvación… de todas las mujeres miembros de la Iglesia” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 199).

“La sociedad [de Socorro] está compuesta por mujeres cuyos sentimientos de caridad provienen de un corazón cambiado que reúne las condiciones necesarias para hacer convenios que se reciben y se cumplen sólo en la verdadera Iglesia del Señor. Sus sentimientos de caridad proceden de Él mediante Su expiación; sus actos de caridad son guiados por el ejemplo del Señor y motivados por el agradecimiento que surge ante Su infinito don de la misericordia, así como por el Espíritu Santo, que Él envía para acompañar a Sus siervos en sus misiones de misericordia” (Henry B. Eyring, Hijas en Mi Reino, 2011, pág. 192).

El amor puro de Cristo sigue motivando a las hermanas de la Sociedad de Socorro de la actualidad cuando se reúnen para enseñarse, servirse, fortalecerse y cuidarse unas a otras, una a la vez.

“Toda hermana de esta Iglesia que haya hecho convenios con el Señor tiene el mandato divino de ayudar a salvar almas, de guiar a las mujeres del mundo, de fortalecer los hogares de Sión y de edificar el reino de Dios”. —Élder M. Russell Ballard