Enseñanzas para madres: Conferencia General de octubre de 2011


Tener hijos

  • “En ‘el mejor de los tiempos [y]… [en] el peor de los tiempos’, los verdaderos santos de Dios, actuando con fe, nunca han olvidado, desechado ni descuidado ‘el mandamiento de Dios… de multiplicarse y henchir la tierra’. Vamos adelante con fe, reconociendo de nuevo que la decisión de cuántos hijos tener y cuándo tenerlos es asunto entre el esposo, la esposa y el Señor. En este asunto no debemos juzgarnos unos a otros” (Neil L. Andersen, “Los hijos”, Conferencia General de octubre de 2011).

Bendición y mandamiento de tener hijos

  • “Es el privilegio culminante de un esposo y una esposa que pueden tener hijos proporcionar cuerpos mortales para esos hijos espirituales de Dios. Creemos en las familias y creemos en los hijos.
  • “Cuando a un esposo y a una esposa les nace un hijo, están cumpliendo parte del plan de nuestro Padre Celestial de traer hijos a la tierra. El Señor dijo: ‘…ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre’. Antes de la inmortalidad, debe haber mortalidad” (Neil L. Andersen, “Los hijos”, Conferencia General de octubre de 2011).

Hijos que se han desviado

  • “Los padres que tengan dificultad para plantar en el corazón de un hijo el testimonio del Salvador recibirán ayuda al buscar la manera de introducir al hogar y a la vida de todos los integrantes de la familia las palabras y el espíritu del Libro de Mormón… el primer paso para la conversión total es la fe. El estudio con oración del Libro de Mormón edificará la fe en Dios el Padre, en Su Amado Hijo y en Su evangelio. Fortalecerá la fe de ustedes en los profetas de Dios, tanto los antiguos como los modernos” (Henry B. Eyring, “Un testigo”, Conferencia General de octubre de 2011).

El estudio de las Escrituras en familia

  • “Mi querida esposa Jeanene amaba el Libro de Mormón. En su juventud, de adolescente, llegó a ser el cimiento de su vida… Jeanene confirmó desde muy joven que quienes leían en forma consecuente el Libro de Mormón eran bendecidos con una porción mayor del Espíritu del Señor, con una gran resolución de obedecer Sus mandamientos y un firme testimonio de la divinidad del Hijo de Dios” (Richard G. Scott, “El poder de las Escrituras”, Conferencia General de octubre de 2011).

Nomeolvides de la maternidad

  • “No se olviden de ser pacientes con ustedes mismas… estén agradecidas por todos los pequeños logros en su hogar, en sus relaciones familiares, en sus estudios y en su medio de vida, en su participación en la Iglesia y en su superación personal…
  • “Por ejemplo, insistir en tener una noche de hogar ideal cada semana —aunque ello implique hacerlas sentir desdichadas a ustedes y a todos a su alrededor— puede que no sea la mejor opción. En su lugar, pregúntense: ‘¿Qué podemos hacer como familia que sea agradable, espiritual y nos permita estar más unidos?’. Ese tipo de noche de hogar, aunque sea modesta en su alcance y en su ejecución, puede traer consecuencias mucho más positivas a largo plazo.
  • “No olviden la diferencia que existe entre un buen sacrificio y un sacrificio absurdo. Un sacrificio aceptable es cuando renunciamos a algo bueno por algo de mucho más valor.
  • “Dejar de dormir un poco para ayudar a un niño que está teniendo pesadillas es un buen sacrificio. Todos sabemos esto. Quedarse despiertos toda la noche, poniendo en peligro nuestra propia salud, para confeccionar el accesorio perfecto del traje dominical de su hija podría no ser un buen sacrificio”, (Dieter F. Uchtdorf, “No me olvides”, Reunión General de la Sociedad de Socorro, septiembre de 2011).

Importancia de la maternidad

  • “Muchas voces del mundo de hoy disminuyen la importancia de tener hijos o proponen que se demoren o que se limiten los hijos en una familia. Recientemente, mi hija me habló de un blog escrito por una madre cristiana (que no es de nuestra fe) y que tiene cinco hijos; Ella comentaba: ‘[Al crecer] en esta cultura, es muy difícil obtener una perspectiva bíblica en cuanto a la maternidad… Los hijos ocupan un lugar más inferior que el ir a la universidad; ciertamente más inferior que el viajar; más inferior que el poder salir por la noche a divertirse; más inferior que el de poner el cuerpo en forma en el gimnasio; más inferior a cualquier trabajo que uno pudiera tener o que esperara tener’. Después agrega: ‘La maternidad no es un pasatiempo; es un llamamiento. Uno no colecciona hijos porque nos parezcan más bonitos que las estampillas; no es algo que hay que hacer si se las arregla para encontrar el tiempo. Es para lo que Dios nos dio tiempo’.
  • “El tener hijos pequeños no es fácil; muchos días simplemente son difíciles. Una joven madre subió a un autobús con sus siete hijos. El conductor preguntó: ‘Señora, ¿son todos suyos?, o ¿se van de picnic?”.
  • “‘Todos son míos’, contestó. ‘¡Y no es ningún picnic!’.
  • “A medida que el mundo pregunta con más frecuencia: ‘¿Son todos suyos?’, les damos gracias por crear dentro de la Iglesia un refugio para las familias, donde honramos y ayudamos a las madres con hijos” (Neil L. Andersen, “Los hijos”, Conferencia General de octubre de 2011).

Prioridades

  • “Alma habló de las prioridades cuando enseñó que ‘esta vida llegó a ser un estado de probación; un tiempo de preparación para presentarse ante Dios’ (Alma 12:24). El utilizar mejor el rico legado de tiempo a fin de prepararnos para presentarnos ante Dios podría requerir cierta guía, pero seguramente colocaremos al Señor y a nuestra familia en el primer lugar de la lista. El presidente Uchtdorf nos recordó que ‘En las relaciones familiares, amor en realidad se deletrea t-i-e-m-p-o’ (“De las cosas que más importan”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 19). Testifico que cuando buscamos ayuda con ferviente oración y sinceridad, nuestro Padre Celestial nos ayudará a darle prioridad a lo que merece nuestro tiempo sobre todo lo demás” (Ian S. Ardern, “Un tiempo de preparación”, Conferencia General de octubre de 2011).

Cómo fortalecer a los niños para que guarden los mandamientos

  • “A veces puede parecerles que las personas del mundo disfrutan mucho más que ustedes. Algunos quizás se sientan restringidos por el código de conducta al cual nos adherimos en la Iglesia. No obstante, mis hermanos y hermanas, yo les declaro que no hay nada que traiga mayor gozo a nuestra vida ni más paz a nuestra alma que el Espíritu que podemos recibir al seguir al Salvador y guardar los mandamientos. Ese Espíritu no puede estar presente en el tipo de actividades en las que participan tantas personas del mundo… Debemos estar atentos en un mundo que se ha alejado tanto de lo que es espiritual. Es esencial que rechacemos cualquier cosa que no se ajuste a nuestras normas, negándonos, en el proceso, a renunciar a lo que más deseamos: la vida eterna en el reino de Dios” (Thomas S. Spencer, “Permaneced en lugares santos”, Conferencia General de octubre de 2011).

Enseñar a los niños a sentir el Espíritu

  • “Padres y líderes, por favor ayuden a sus hijos y a la juventud a saber en cuanto al espíritu de Elías, y a sentirlo. Pero no hagan esa labor demasiado rígida o formal ni brinden demasiada información o capacitación detallada. Inviten a los jóvenes a explorar, a experimentar y a aprender por sí mismos (véase José Smith—Historia 1:20). Cualquier joven puede hacer lo que estoy sugiriendo mediante los módulos disponibles en lds.org/familyhistoryyouth… es necesario que los jóvenes aprendan y actúen y de ese modo reciban más luz y conocimiento por el poder del Espíritu Santo, y que no sólo sean estudiantes pasivos sobre quienes principalmente se actúe (véase 2 Nefi 2:26)” (David A. Bednar, “El corazón de los hijos se volverá”, Conferencia General de octubre de 2011).

Cómo enseñar a nuestra familia

  • ‘“La responsabilidad de enseñar [eficazmente]… no se limita a quienes hayan recibido un llamamiento oficial como maestros’. De hecho, cada miembro de la familia, líder y miembro de la Iglesia (inclusive a los jóvenes y niños) tiene la responsabilidad de enseñar…
  • “Los padres que imitan la forma de enseñar del Espíritu Santo crean hogares donde las familias aprenden a valorar y no sólo aprenden de los valores. De la misma manera, en lugar de sólo hablar de doctrinas, los maestros enseñan a los alumnos a entender y vivir las doctrinas del Evangelio. El Espíritu Santo no tiene restricciones cuando las personas ejercitan su albedrío en forma apropiada” (Matthew O. Richardson, “El enseñar de acuerdo con el Espíritu”, Conferencia General de octubre de 2011).