Miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes


Lea las entrevistas de la recién llamada mesa directiva general.


Carmela Melero de Hooker
Carmela Melero de Hooker

Lima, Perú

Los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes tratan de ayudar a las jóvenes a seguir el plan que Dios tiene para ellas. No sólo incluye seguir el camino del convenio, sino también incluye seguir Su plan para cada persona. Al tratar de seguir el plan de nuestro Padre Celestial, la hermana Carmela M. Hooker, de 52 años, ha encontrado que Él también nos guiará y nos bendecirá si hacemos Su voluntad.

Por ejemplo, después de unirse a la Iglesia a los 18 años, la hermana Hooker fue llamada como presidenta de las Mujeres Jóvenes de barrio, el cual tenía más de 15 jovencitas. Ese llamamiento podría haber sido muy intimidante para una joven conversa, pero ella fue capaz de prestar servicio con la ayuda de Dios y ahora recuerda ese llamamiento con mucho cariño. “La mayoría de aquellas 15 jovencitas ahora son madres”, dice ella. “Pero cuando nos vemos, experimentamos los mismos sentimientos cariñosos que compartimos durante ese tiempo”. Agrega: “Nunca sabemos cómo nuestro amor y nuestra amabilidad ayudarán a otras personas a progresar en el Evangelio”.

Como esposa y madre, la hermana Hooker ha confiado en el plan de Dios para guiar su vida , incluso cuando ella decidió dejar su trabajo en un banco para casarse con su esposo, César y empezar juntos una familia. “A pesar de que en ese momento nuestro país sufría una mala economía y una amenaza de terrorismo, yo sabía en mi corazón que los niños sería una bendición y no una carga, y así ha sido”, dice la hermana Hooker. Ella ha tratado de enseñar a sus hijos que “la pobreza no siempre es motivo de tristeza, sino que nos ayuda a apreciar todo lo que nos da el Señor, y aprendemos a ser industriosos y frugales. La fe en Jesucristo y la perseverancia en Su Iglesia han sido la solución a nuestros desafíos”.

Ella y su familia aprendieron nuevamente a confiar en el Padre Celestial cuando su esposo fue llamado a servir como presidente de misión en Piura, Perú, cuando sus cuatro hijos todavía vivían en casa. Sobre ello dice: “Dejamos nuestro hogar para servir al Señor de manera diferente” y, mediante la oportunidad de servir, fue testigo de muchas bendiciones.

En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, la hermana Hooker prestaba servicio en la guardería y como asesora de un barrio de adultos solteros, habiendo servido anteriormente como presidenta de la Sociedad de Socorro y de las Mujeres Jóvenes de barrio. Ella vio cómo el Señor la guio y le enseñó durante esos llamamientos. “Desarrollé más amor”, dice ella. “Aprendí cómo trabajar con los líderes del sacerdocio y vi cómo el Evangelio cambiaba vidas. Eso fue un privilegio, ver cómo podemos ser inspirados por el Espíritu y ver los cambios en las familias conforme progresan para recibir las ordenanzas en el templo”.

Recientemente, la hermana Hooker estudió turismo durante un año, y ahora tiene una pequeña agencia de viajes en su casa, donde ella cuida a su familia, incluso de su madre viuda, que se bautizó a la edad de 88 años.

Al hablar sobre el poder de la hermandad, ella dice: “a veces se critica a las mujeres de la Iglesia, por lo tanto tenemos que estar juntas y defender nuestros principios. Podemos ser un impacto para bien en el mundo. Muchas personas en el mundo e incluso algunas en la Iglesia no entienden la función de las mujeres a causa de la influencia mundana de los medios de comunicación. Cuando los demás sepan que vivimos los mandamientos porque elegimos hacerlo y no porque tenemos, se darán cuenta de que estamos contentas siendo Santos de los Últimos Días”. Ella añade: “Las mujeres tienen mucho que hacer en este mundo, junto con sus esposos o líderes. Necesitamos cambiar el mundo con amor, conocimiento y testimonio”.


Leslie Pope Layton
Leslie Pope Layton

Sandy, Utah

Los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes revisan y proporcionan capacitación de los materiales que ayudarán a las jóvenes a vivir y progresar en el Evangelio. Como madre de nueve hijos (siete de los cuales son hijas), la hermana Leslie P. Layton, de 62 años, entiende las bendiciones que pueden recibir en la vida las jóvenes, a medida que aprenden de esos materiales. Vio esas bendiciones en la vida de sus hijas mientras ellas estaban creciendo y continúa viendo cómo las lecciones de las Mujeres Jóvenes todavía influyen en sus hijas en sus funciones como madres en la actualidad.

Cuando una de sus hijas se preparaba para recibir su Reconocimiento a la Joven Virtuosa, le dijo: “No creo que en realidad haya aprendido mucho”. Pero la hermana Layton había visto la diferencia que se había efectuado. Ella abrió el folleto del Progreso Personal de su hija y juntas repasaron cada una de las experiencias que la joven había terminado. Descubrieron cómo “paso a paso”, ella había obtenido un progreso significativo no sólo en su testimonio sino también en su carácter al establecer y completar las metas del Progreso Personal.

Mientras pasa con frecuencia tiempo con sus nietos, la hermana Layton sigue viendo de qué modo los materiales de la Iglesia fortalecen a la juventud. “El programa de las Mujeres Jóvenes se está expandiendo para ayudarlas a aprender a ser espiritualmente independientes, enseñándoles a aprender por sí mismas que el Evangelio es verdadero y que nuestro Padre Celestial contesta las oraciones. Es emocionante pensar que mis nietas tienen oportunidades maravillosas con Ven, sígueme”, dice.“Creo que ellos van a venir al Salvador y que serán una generación lista para prepararse para la segunda venida del Salvador”.

Ella sabe que todos los jóvenes pueden hacer lo mismo. “A veces, al leer o ver las noticias, uno podría pensar que el mundo va de mal en peor”, dice la hermana Layton. “Pero todo lo que tienen que hacer es estar en el templo y ver a los jóvenes que asisten a él para saber que el mundo está en buenas manos y que el Señor está a cargo”.

La hermana Layton vio ejemplos de esos jóvenes rectos mientras servía en calidad de directora del Templo Oquirrh Mountain, Utah, desde 2009 al 2012. Allí, los jóvenes expresaban su deseo de asistir al templo antes de ir a la escuela, así que se cambió el horario para abrir a las 6:00 h. Desde las 5:30 h cada mañana, los jóvenes estaban alineados para efectuar bautismos para comenzar su día.

La hermana Layton observó ese mismo ejemplo cuando conversaba brevemente con las jóvenes hermanas que recibían su investidura del templo, lo que ella describe como “una de las cosas más lindas” de su llamamiento como directora de las obreras del templo. “Vimos que no estaban preocupadas por un vestido de novia elegante, pero sí por estar vestidas apropiadamente para estar en el templo. Vimos a jovencitas que estaban preparadas para hacer y guardar convenios sagrados. Y qué diferencia se efectuó en ellas al recibir las investiduras”.

La hermana Layton también sirvió con su esposo, Alan, cuando fue presidente de misión en la Misión Nueva York Rochester, y cuando prestaron servicio en una misión humanitaria en Perú. En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, prestaba servicio como maestra de la Primaria y obrera del templo, habiendo servido anteriormente como consejera de Sociedad de Socorro de estaca, presidenta de una Primaria de barrio, maestra de Doctrina del Evangelio y maestra de seminario.

“Quiero mucho a las jóvenes de la Iglesia”, dice la hermana Layton. “Sé que el Señor tiene grandes cosas reservadas para esas jovencitas y sé que se están preparado para ese desafío”. La hermana Layton sabe que a medida que las hermanas de todas las edades y de todos los lugares se “unifiquen en un solo grupo, tenemos mucho que aprender unas de las otras. Mientras más unidas estemos, será mejor”.


Denise Posse Lindberg
Denise Posse Lindberg

Draper, Utah

Los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes comprenden que las mujeres de todas las edades pueden fortalecerse y ayudarse unas a otras en el sendero del convenio, tal como veremos a niñas de ocho años y mayores, junto a las mujeres jóvenes y a las mujeres adultas, reunirse para la nueva reunión general de mujeres. La hermana Denise P. Lindberg, de 63 años, está entusiasmada por participar en esa reunión con su familia. “Como abuela de 11 nietos, 7 de los cuales son niñas, me emociona pensar que desde mi nieta de 8 años, que recientemente se bautizó hasta mi nieta de 14 años, podemos ir juntas y compartir, enseñarnos mutuamente. Dará a nuestras niñas y mujeres jóvenes la oportunidad de aprender de instructores”.

La hermana Lindberg sabe por experiencia propia que los buenos instructores marcan una diferencia. Ella ha tenido grandes instructores en su vida, y se ha esforzado mucho para ser un buena mentora para los demás, empezando por sus hijos. Cuando sus hijos eran pequeños, ella y su esposo, Neil, les enseñaron el valor de trabajar hacia objetivos concretos, ya sea en la casa, en el Evangelio o en la vida. “Todos los sábados nosotros cuatro trabajamos juntos para cumplir con las tareas de la casa y del jardín”, dice. “Nuestros hijos aprendieron a limpiar la casa, a lavar y a planchar la ropa, a cortar el césped, etc. Creo que la clave es que no sólo les enviamos a hacer sus quehaceres; más bien, hemos trabajado juntos para lograr todo. Esa fue nuestra manera de hacerlo”.

Ese mismo concepto se utilizó en la participación de su familia en la noche de hogar, la oración, el estudio de las Escrituras, la asistencia a la Iglesia e inclusive en los consejos familiares. “Desde el momento en que eran pequeños”, dice, “nuestros hijos participaron con nosotros en el establecimiento de metas y en el análisis de cómo lograrlas. ¿Hacemos eso a través de los consejos familiares regulares, así como en el transcurso de nuestras conversaciones en la mesa todas las noches”.

El deseo de la hermana Lindberg de instruir a los demás lo llevó consigo en su servicio a la comunidad. Ella y su esposo terminaron recientemente una misión de servicio para ayudar a los miembros de una rama SUD de zonas interurbanas a ser más autosuficientes. En esa rama, pasó tiempo con la juventud en su afán de ayudarlos a “ver a una visión de sí mismos diferente de lo que veían a su alrededor todos los días”. Al enseñarles, ella hizo hincapié en cómo establecer metas y obtener instrucción académica podrían llevarlos a obtener futuros más brillantes.

Ayudar a las personas a cambiar es también parte de su vida profesional. En su trabajo como jueza de un tribunal judicial, ella principalmente se encarga de casos delictivos. En ese entorno “ve casi todo acerca de la debilidad humana, las trampas que hace que la gente tropiece y cómo pueden evitarlo”. Ella cree en hacer que las personas sean responsables de sus actos, pero también cree que si quieren, “pueden salir por sí mismos cuando hayan tomado malas decisiones en un principio”. Una de sus “metas como jueza es tratar de ayudar a las personas a reestructurar las decisiones que hayan tomado”, a vencer los problemas que los han sujetado hasta ahora y a “llegar a ser honrados, respetuosos de la ley y miembros que aportan a sociedad”.

En todos los aspectos de su vida, la hermana Lindberg ha aprendido que “si las personas tienen una visión más positiva de sí mismas y de su potencial, eso les ayudará a fijarse metas y a mejorar su vida”. Ésa es una verdad que el Evangelio ofrece a las mujeres jóvenes mientras ellas se esfuerzan por entender y cumplir con su naturaleza divina.

En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, la hermana Lindberg prestaba servicio como maestra de la Sociedad de Socorro. También ha prestado servicio como asesora y consejera de la organización de las Mujeres Jóvenes, como consejera de la Sociedad de Socorro de barrio y como instructora de maestros en funciones de la Primaria y de la Escuela Dominical.

Ella está ansiosa por acudir a la reunión general de mujeres, donde las niñas y las jóvenes “verán su futuro en las mujeres de 20 o de 30 años, e incluso en las de 60, 70 y 80 años que asistan. Y para aquellas de nosotras que somos mayores”, dice, “espero que miremos hacia atrás y recordemos el sentimiento de emoción y las posibilidades que sentimos en nuestra juventud. Espero que ayudemos a nuestras niñas y a las mujeres jóvenes a esperar con ansias lo que la vida les va a deparar y que podamos llegar a ellas y hacernos amigas. Ruego que seamos modelos de conducta, que podamos amarlas, guiarlas, que riamos y lloremos con ellas”.


Dorah Mkhabela
Dorah Mkhabela

Soweto, Sudáfrica

Los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes tratan de ayudar a las jóvenes a entender la gran fortaleza que se recibe por medio de la hermandad. La hermana Dorah Mkhabela, de 47 años, ha visto esa fortaleza a lo largo de su vida y para ella, esa hermandad comienza en el hogar con sus dos hijas (ella también tiene un hijo). “No cambiaría mi función de la maternidad por nada en esta vida”, dice. “El gozo de cuidar, guiar, enseñar y preparar a mis hijos para regresar al Padre Celestial es como el cielo en la tierra”.

La hermana Mkhabela y su hija menor, Nyikiwe, compartirán un aspecto único de esa hermandad. Nyikiwe recién cumplió 12 años, así que ambas se unirán a las Mujeres Jóvenes en el mismo mes. “Estoy muy agradecida por esa bendición”, dice ella. “Va a ser muy divertido para las dos aprender juntas”. Nyikiwe goza de “estar en las Mujeres Jóvenes con tantas jovencitas tan amigables” y espera con ansiedad compartir también las Mujeres Jóvenes con su mamá.

Después de que su esposo, Jackson, fue llamado como Setenta de Área, la hermana Mkhabela pudo compartir una hermandad más extensa con otras personas a lo largo de África. “A veces mi marido preside las conferencias”, dice, “y yo ayudo a capacitar a las hermanas junto con la esposa del presidente de la misión”. La hermana Mkhabela puede hablar siete idiomas y eso le ayuda a acercarse más a muchas de las hermanas. Al ser una conversa ella misma, también se puede relacionar con las nuevas hermanas que se hayan unido a la Iglesia. Ella dice que junto a su esposo, ambos miembros de la primera generación, aprendieron el Evangelio “poco a poco todos los días” y que todavía “continúan aprendiendo”.

Con un diploma en educación, la hermana Mkhabela enseñó en la escuela secundaria durante 13 años, aunque ella dice que todos los días se sentía feliz cuando regresaba su casa para atender a sus hijos.

En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, la hermana Mkhabela estaba sirviendo como maestra de Escuela Dominical, habiendo servido anteriormente como consejera de la Sociedad de Socorro y de la Primaria y maestra de seminario, la Sociedad de Socorro, la Primaria y la guardería.

Al hablar de la conexión especial que tienen las hermanas, dice, “el sentimiento de hermandad es el mismo si uno en Salt Lake o en Sudáfrica. Siento que somos iguales ante nuestro Padre Celestial. Podemos enseñarnos las unas a las otras”. Dice también “agradezco el amor que siento cuando estoy con mis hermanas. Me conmueve. Conocí a una hermana en Kenia y tuvimos una charla, y le dije: ‘Muchísimas gracias. Es lindo conocer a personas buenas y simplemente conversar’. De eso se trata la hermandad”.


Janet Matthews Nelson
Janet Matthews Nelson

Brooklyn, New York

Los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes buscan maneras de ayudar a las jóvenes a estar en el mundo sin ser del mundo. La hermana Janet M. Nelson, de 54 años, ha adquirido una gran experiencia haciendo precisamente eso.

Comenzó cuando ella vivía en Alemania de niña y asistía allí a la escuela. Cuando ella entró en el programa de las Mujeres Jóvenes como una de sólo un puñado de jovencitas de su barrio, permaneció centrada en el Evangelio trabajando en su reconocimiento a la joven virtuosa, fijando metas espirituales y lográndolas. Ella todavía tiene su libro en la actualidad y atesora esas experiencias.

La hermana Nelson dice que el tiempo que pasó en Alemania le ayudó a prepararse para vivir en la ajetreada ciudad de Nueva York, poco después que ella y su esposo, Jeff, se casaron. Después de haber estado allí por un tiempo, se preguntaban si era el mejor lugar para criar a sus cuatro hijos. Pero se sintieron inspirados a permanecer (a excepción de tres años que pasaron en Alemania), y así encontraron maneras para concentrar a su familia en el Evangelio a pesar del ruido que había alrededor, incluyendo la oración familiar, el estudio de las Escrituras en familia y la noche de hogar. También ayudó a su familia el participar en seminario. “Tuve hijos en seminario durante 13 años seguidos” dice, “y he despertado todas las mañanas y conduje o caminé con ellos hasta el edificio. Esos pocos minutos juntos fueron algunos de nuestros mejores momentos, ¡y con los adolescentes, no se tienen muchos momentos así!”.

La hermana Nelson sabe la influencia que ella tiene en su familia como madre, por lo que ella busca todos los días las maneras de prepararse espiritualmente. Por ejemplo, su trayecto diario en bicicleta por el puente de Brooklyn comienza con escuchar un mensaje de conferencia general y luego pasar el resto del viaje en meditar cómo aplicarlo a su vida. Cuando ella viaja en el metro, utiliza ese tiempo para leer las Escrituras. Sus decisiones ayudan a su familia a ver que “a pesar de las personas que están a nuestro alrededor, se puede encontrar un sitio tranquilo donde” acercarse más a Dios, dice ella.

A pesar de que los hijos de la hermana Nelson están crecidos ya, ella ha encontrado maneras de seguir fortaleciendo a los jóvenes y ayudándoles a crear espacios de seguridad y bondad. Desde su regreso al trabajo como maestra de matemáticas hace cuatro años, ella pasa el día frente a lo que los adolescentes de todo el mundo ven cada semana: las aulas y los pasillos de una escuela secundaria. Y aunque por lo general, canta canciones de la Primaria para sí, cuando ella ve o escucha en los pasillos cosas que más bien no quiere recordar, ella no tiene que preocuparse mucho acerca del lenguaje dentro de su salón de clases, porque al comienzo del año escolar establece pautas claras de que su aula es “clasificación G” o sea apta para todo público. ¿Y si los alumnos dicen algo inapropiado en su clase, por lo general sus compañeros son los que le recuerdan rápidamente “no te acuerdas? ¡Que debe ser apto para todo público!”. (La hermana Nelson utiliza eso mismo en su casa y los amigos de sus hijos también aprendieron a responder: “No escucharon a la señora Nelson decir que su casa es apta para todo público?”.)

Como alguien que afronta cada día la escuela secundaria, la hermana Nelson recuerda el consejo que da a los jóvenes: “Ustedes pueden decir: ‘En mi entorno, ésta es la norma que quiero seguir’. Una mujer joven puede ser lo suficientemente valiente como para decir: ‘Así soy yo, esto es lo creo y esto es lo que quiero’. Y si lo hacen de una manera respetuosa, por lo general van a ser aceptadas”.

Al momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, la hermana Nelson estaba sirviendo como maestra de la Sociedad de Socorro y directora de campamento de las Mujeres Jóvenes de estaca, habiendo servido anteriormente como presidenta de la Sociedad de Socorro de barrio y estaca, secretaria de las Mujeres Jóvenes de barrio, presidenta de la Primaria de barrio y maestra de preparación para el templo.

Al compartir su testimonio de la hermandad, ella dice: “Puede haber tanta fortaleza entre las hermanas. Podemos derribarnos unas a otras o podemos edificarnos unas a otras. Y creo que cuando decidimos edificarnos unas a otras, somos imparables. Las mujeres pueden hacer mucho para ayudarse mutuamente”.


M. Lúcia Silva
M. Lúcia Silva

São Paulo, Brasil

El propósito de los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes es ayudar a cada joven “a ser digna de hacer convenios sagrados y cumplirlos, y de recibir las ordenanzas del templo”1 y a prepararse para llegar a ser esposas y madres, las cuales son responsabilidades muy queridas para la hermana M. Lúcia Silva, de 58 años de edad.

Su horario semanal demuestra cuán importante es eso para ella. Al describir su horario como esposa, madre y abuela, dice que los lunes están dedicados a la preparación de la noche de hogar, los martes se dedican al centro de historia familiar, los viernes son su día para servir como obrera del templo en el Templo de São Paulo, Brasil, y los sábados y los domingos después de las reuniones de la Iglesia, los dedica a estar con sus hijos y nietos.

La hermana Silva quiere que todos tengan las mismas bendiciones que ella tiene, por lo tanto, la familia, la historia familiar y el servicio en el templo son la esencia de la semana. Ha encontrado gran gozo al poder investigar los nombres de antepasados y efectuar las ordenanzas por ellos en el templo. Y hasta el momento, su familia ha completado la obra del templo por nueve generaciones. Ha sido una obra que ellos deben realizarla solos, ya que la familia de la hermana Silva son los primeros miembros de la Iglesia en su línea. Cuando ella tenía 12 años, su casa estaba frente a un centro de reuniones de los Santos de los Últimos Días y cuando los misioneros llamaron a su puerta, su familia fue receptiva y se bautizó unos meses más tarde. Como la única miembro activa que queda de entre sus hermanos y padres, la hermana Silva siente un gran deseo de hacer su historia familiar para que los demás disfruten las bendiciones del Evangelio. “Es un gran privilegio sentir la paz y la oportunidad de hacer a otras personas felices, de tener el Evangelio en sus vidas”, dice ella.

En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, la hermana Silva estaba sirviendo como primera consejera de la presidencia de la Sociedad de Socorro de barrio. Ella anteriormente había servido como presidenta de las Mujeres Jóvenes de barrio a los 18 años y posteriormente como presidenta de la Sociedad de Socorro de barrio y estaca, consejera en la presidencia de las Mujeres Jóvenes de barrio, consultora de historia familiar y maestra de Escuela Dominical, y prestó servicio junto a João, su esposo, cuando lo llamaron como presidente de la Misión Brasil Fortaleza.

Mientras participaba con otras hermanas en la obra de salvación, la hermana Silva vio cómo el Evangelio puede cambiar la vida de los fieles Santos de los Últimos Días, y también cómo pueden ayudar a los demás a cambiar. “El Evangelio cambia vidas. Yo sé que lo único en el mundo que puede marcar una diferencia en la vida de las mujeres y de las jóvenes es el Evangelio, y ninguna otra cosa más. El Evangelio marca una diferencia en mi vida. Siempre trato de demostrar a las jovencitas que es posible cambiar nuestra vida para crear una vida mejor. Yo sé que Jesús nos ayuda a ser mejores mujeres, para ser grandes mujeres, las mujeres que pueden cambiar el mundo. Él nos puede ayudar, sólo Él”.

1. Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 10.1.1


Susan Saxton Taggart
Susan Saxton Taggart

Salt Lake City, Utah

Cuando los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes tratan de fortalecer a las jóvenes de la Iglesia, comprenden la importancia de enseñarles a confiar en el Espíritu. La hermana Susan S. Taggart, de 53 años, ha visto cómo confiar en el Espíritu Santo le ha ayudado a lo largo de su vida.

Ella recuerda una experiencia significativa cuando decidió servir una misión de tiempo completo: “Nunca pensé en ir a la misión hasta que tuve la suficiente edad para ir”, dice ella. “Entonces sentí muy fuertemente que debía servir. Mi madre no era miembro activo de la Iglesia y ella me desalentaba para que no fuera. Pero yo no podía negar la impresión que sentía de que debía servir”. La hermana Taggart reconoce las bendiciones que ha recibido al seguir la inspiración que recibió. “Mi misión en los Países Bajos cambió mi vida”, dice ella. “Me enseñó que con Dios podía hacer cosas difíciles y desde entonces nunca temí hacer cosas difíciles”.

Ella ha continuado confiando también en el Espíritu para el fortalecimiento de su familia. Ella y su esposo, David, tienen dos hijos, uno de los cuales está prestando servicio en la misma misión en que ella sirvió. “Me encanta la genialidad del plan de Dios de tener a la familia como un elemento clave”, dice ella. “Me llena de emoción el pensar que podré compartir toda una vida y más allá con un grupo tan encantador. Nada iguala a los momentos de profundidad espiritual y al amor que siento por mi esposo y mis hijos”.

La hermana Taggart ha confiado también en el Espíritu en su trabajo como diseñadora de interiores. “Es donde aprendí a trabajar estrechamente con la gente, a menudo confiando en el Espíritu”, ella dice de cómo el Evangelio se ha convertido en una parte de todo lo que hace. “He tenido que ver inquietudes en la gente, entre los miembros de la familias o clientes y contratistas. He tenido que aprender a comprender a las personas y sus necesidades y cómo ayudar a satisfacerlas de una manera tranquila y amable. He orado y buscado el Espíritu muchas veces en esta obra para encontrar soluciones a situaciones delicadas”.

Aunque la hermana Taggart tiene una licenciatura en alemán y una maestría en lingüística aplicada, ambas de la Universidad de Utah, encontró la salida para su energía creativa trabajando como diseñadora de interiores. Ella aprecia que todo eso fortalece las conexiones con los demás: “Me encanta trabajar con las personas y ayudarlas”, dice.

En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, la hermana Taggart estaba sirviendo como presidenta de la Sociedad de Socorro de estaca, habiendo servido anteriormente como presidenta de las Mujeres Jóvenes y de la Primaria de barrio y ayudó con el campamento de las Mujeres Jóvenes de varias maneras por alrededor de 15 años.

Al reflexionar sobre esos llamamientos y los mensajes de hermandad que ha aprendido por medio de ellos, ella dice: “Cada una de nosotras tiene algo que aportar. Mi esperanza es que podamos difundir nuestra fortaleza y hermandad a las mujeres de todo el mundo, y darles una visión de lo que pueden hacer y llegar a ser”.


Rosemary Thackeray
Rosemary Thackeray

Orem, Utah

El reconocer que las hermanas Santos de los Últimos Días fieles tienen más similitudes que diferencias, es un principio fundamental en la obra de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes. La hermana Rosemary Thackeray, de 46 años, aprendió esa verdad cuando fue llamada como presidenta de la Sociedad de Socorro. Como una hermana soltera con una carrera profesional, a ella le preocupaba cómo podían las hermanas de su barrio que tenían esposos y familias relacionarse con ella. Aunque ella dice: “Pero al meditar y orar acerca de eso, un pensamiento acudió a mi mente: ‘pero si todas somos mujeres. Todas procuramos hacer lo mismo. Y realmente tenemos más similitudes que diferencias. No importa cuál sea nuestro puesto en la vida; todas queremos lograr la exaltación y la vida eterna’ ”.

“Aunque nunca he sido madre”, agrega, “a menudo me he sentido como tal. Hay un corazón de madre en cada mujer sin importar su condición en la vida. Mi vida ha sido bendecida con oportunidades de amar, nutrir y ser mentora de sobrinas, sobrinos y de algunas otras personas más”.

La hermana Thackeray ha disfrutado del espíritu de hermandad al prestar servicio en llamamientos con personas de todas las edades, fue maestra de la Primaria, asesora de Laureles, consejera en la presidencia de las Mujeres Jóvenes de estaca y en varios llamamientos de la Sociedad de Socorro.

Ella recuerda una experiencia que tuvo en un campamento de Mujeres Jóvenes que le ayudó a ver que “todas aspiramos a lo mismo”. Ella relata la historia de una mujer joven de su estaca que tiene síndrome de Down: “Cuando a esta joven se le preguntó adónde iba a casarse, ella contestó: ‘En el templo de Salt Lake, cuando Jesús regrese’. Entendía que el sellarse en el templo es un convenio que nos lleva de regreso a nuestro Padre Celestial”.

Las palabras de la hermana Thackeray encierran la esencia de la hermandad que se puede compartir a través de todas las edades y lugares. “Todo lo que estamos tratando de hacer en la Iglesia es traer personas a Cristo. Tanto para las jóvenes y las mujeres, es que se les ayude a efectuar y guardar convenios, en el bautismo y luego en el templo. Todas estamos tratando de lograr las mismas metas y lo hacemos en las diferentes etapas de la vida”.

La hermana Thackeray recibió una licenciatura de la Universidad del Estado de Utah y una maestría en salud pública y un doctorado en la promoción de la salud de la Universidad de Utah. Se desempeña como profesora de la facultad de salud pública de la Universidad Brigham Young.

En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, estaba sirviendo como maestra de la Primaria, habiendo servido anteriormente en ocho presidencias de la Sociedad de Socorro.

Con respecto al mensaje de la hermandad en todas las edades de la vida, dice: “Mis llamamientos en la Iglesia me han permitido tener una perspectiva a través de las diferentes etapas de la vida. Yo sé que como hermanas podemos trabajar juntas para nutrirnos y apoyarnos las unas a las otras a medida que nos llenamos de fe, descubrimos quiénes somos y llegamos a comprender nuestra función divina”.


Megumi Yamaguchi
Megumi Yamaguchi

Nagoya, Japón

Cuando los miembros de la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes tratan de ayudar a las jóvenes a crecer en el Evangelio, ellas saben que deben tender una mano como lo hizo el Salvador, una por una. Es un modelo que la hermana Megumi Yamaguchi, de 43 años, ha seguido en su vida. En el momento de su llamamiento a la Mesa Directiva General de las Mujeres Jóvenes, ella estaba sirviendo como presidenta de las Mujeres Jóvenes de barrio, habiendo servido anteriormente como presidenta de las Mujeres Jóvenes de estaca y presidenta de la Primaria de estaca, así como en otras presidencias de estaca y de barrio.

Con once jóvenes en su barrio —donde todas son las únicas miembros en donde estudian y están repartidas en una región geográfica grande— ellas encuentran la forma de fortalecerse mutuamente. “Son especiales. Me gustaría llegar a cada una de ellas. Cuando me relaciono con muchas chicas a la vez, en ocasiones me es imposible llegar a cada uno de ellas individualmente. Es por eso que me esfuerzo por dedicar tiempo para hablar con ellas individualmente más tarde, para de esa forma llegar a ellas. También les envío correos electrónicos en forma individual, ya que algunas están bajo fuertes tentaciones; les envió un correo electrónico todas las semanas para ver cómo están”.

El poder de ministrar uno por uno es algo que la hermana Yamaguchi aprendió mientras servía como misionera en la Misión Japón Sendai. Allí aprendió cómo seguir al Espíritu para ayudar a cada persona individualmente a comprender su naturaleza divina. “Lo más importante que aprendí es la forma de sentir, reconocer y seguir la inspiración del Espíritu. También aprendí que cuando las personas saben que son hijos e hijas de Dios, llegan a ser muy fuertes”.

La hermana Yamaguchi ha mantenido ese mismo mensaje en su corazón como un recordatorio constante de permanecer digna del Espíritu. Al ser profesionalmente intérprete al inglés, ella ha tenido la oportunidad de interpretar para los líderes de la Iglesia que visitan Japón. En esos casos, afirma, el perfeccionar su capacidad idiomática no es tan importante como prepararse espiritualmente. “Tengo que ser digna”, dice. “Para estar preparada para sentir el Espíritu, tan esencial en la traducción. Sin el espíritu, no lo puedo hacer tan bien. Cada vez que las Autoridades Generales llegan a Japón, yo estoy con ellos. A veces ni siquiera sé las palabras, pero cuando abro la boca simplemente digo lo que dicen con naturalidad. Es realmente sorprendente. Con el Espíritu, puedo hacerlo. Pero sin el Espíritu, me es imposible”.

Para permanecer digna del Espíritu, la hermana Yamaguchi ha aprendido a aceptar el Evangelio, aun cuando significa ser diferente de las personas a su alrededor, algo que ella sabe que las jóvenes de la Iglesia enfrentan cada día. “Cuando era joven, me resultaba horrible ser diferente, pero ahora me encanta serlo de las personas del mundo. En mi trabajo, algunas personas ven esas diferencias y me solicitan como intérprete; ven algo diferente y vuelven, es fantástico”.

Ella también sabe lo difícil que es para las jóvenes ser miembros de la Iglesia en un país con tan pocos miembros en su entorno. Pero al igual que la juventud hoy en día, encuentra fortaleza cultivando amistades con otras jóvenes en el Evangelio. “Sus amistades de la Primaria y de Seminario todavía perduran”, dice. “Cada vez que tengo un mal momento, tengo alguien con quien hablar cuando sea. Es fantástico”. La hermana Yamaguchi está agradecida por la oportunidad que tiene de ayudar a las jóvenes de su barrio a encontrar la misma fuerza al vivir el Evangelio y por medio de la estrecha amistad la una con la otra. “Cuando uno va a la Iglesia y habla con las hermanas allí”, dice, “uno siente que no está sola. Eso ayuda”.


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