El hermano Osguthorpe dice que los maestros pueden facilitar el aprendizaje

- Por Marianne Holman, redactora de Church News

  • 4 septiembre 2013

Russell T. Osguthorpe, presidente general de la Escuela Dominical, dice que el aprendizaje sucede cuando deliberamos unos con otros sobre cómo vamos a usar un principio del Evangelio para mejorar nuestra vida.

“Queremos enseñar a las personas, no sólo las lecciones”.
—Russell T. Osguthorpe, presidente general de la Escuela Dominical

PROVO, UTAH

Los principios del Evangelio ya se encuentran dentro del alumno, pero es la responsabilidad del maestro facilitar el aprendizaje, señaló el hermano Russell T. Osguthorpe, presidente general de la Escuela Dominical, durante un discurso en la Universidad Brigham Young, el 20 de agosto.

“Tengo todo el contenido posible que pudiera desear aquí mismo en mi bolsillo con mi teléfono inteligente”, dijo. “Puedo obtener contenido, puedo buscar pasajes en las Escrituras. Entonces, el reunirnos para que alguien sólo nos entregue contenido no es algo muy sensato… Lo que debemos hacer cuando nos reunimos es deliberar el uno con el otro acerca de cómo vamos a seguir ese principio del Evangelio y mejorar nuestra vida”.

El hermano Osguthorpe dijo que es responsabilidad de los maestros ayudar a los alumnos a aplicar lo que ya se encuentra dentro de ellos. En lugar de sólo dar sermones a una clase, los maestros deben ayudar a los demás a tener el deseo ferviente de aprender más.

Basándose en las palabras del presidente Thomas S. Monson, el hermano Osguthorpe dijo: “El llamamiento de profesores no existe en la Iglesia. Un profesor imparte conocimiento. Un maestro invita a los miembros de la clase a participar. Un profesor intenta transferir información a los [oyentes] y un maestro invita a los alumnos a aprender y comunicar las cosas que han sentido”.

Los maestros deben averiguar lo que está sucediendo con los alumnos al mirar, observar y escuchar, dijo. Al usar Doctrina y Convenios 88:122 como guía, el hermano Osguthorpe indicó, “Nombrad de entre vosotros a un maestro; y no tomen todos la palabra al mismo tiempo, sino hable uno a la vez y escuchen todos lo que él dijere, para que cuando todos hayan hablado, todos sean edificados de todos y cada hombre tenga igual privilegio”.

Al compartir ejemplos que se encuentran en el nuevo curso de estudio, Ven, sígueme, el hermano Osguthorpe dijo que se está siguiendo el modelo de enseñanza que el Salvador estableció para que los instructores sean más eficaces con sus alumnos.

Una de las funciones más importantes de un maestro es observar, dijo. Los maestros deben prestar mucha atención a las señales que los miembros de su clase están dando para saber qué ocurre con los alumnos.

“Tenemos que seguir mirando, observando y escuchando lo que están diciendo”, añadió. “Hay muchas señales; si los miran, verán lo que están diciendo. Si ellos están frustrados, si no saben qué hacer, si no están entendiendo algo, entonces, como maestro, tendrá que hacer algo para corregir eso”.

Al prestar atención a la clase y a la guía del Espíritu, los maestros son capaces de enseñar de forma eficaz.

“Queremos enseñar a las personas, no sólo lecciones”, dijo. “No podemos estar atados al plan de la lección que tenemos”.

Él advirtió a los maestros sobre estar demasiado centrados en tratar de terminar y cubrir cada punto del contenido que han preparado para dar la lección. Los maestros deben preparar y conocer la doctrina, no para que ellos puedan compartir todo, sino para que puedan ser flexibles dentro de sus lecciones.

“Somos flexibles como maestros para que podamos estar abiertos a lo que podría suceder más adelante durante la lección”, dijo. “No todo está programado o es predecible y firmemente planeado y establecido”.

Una de las cosas que hace tan eficaz a Ven, sígueme es el énfasis que en la participación de todas las personas en la clase y el encontrar oportunidades que inviten a todos a participar, dijo el hermano Osguthorpe.

“A medida que comienzan a hablar unos con otros, aprenden de sí mismos y obtienen una visión que por lo general no tendrían”.

Las Escrituras enseñan que Jesucristo no sólo daba sermones, sino enseñaba al hacer preguntas. Él invitaba a otras personas a hablar y ayudaba a los demás a descubrir el Evangelio por sí mismos. Él facilitó el aprendizaje entre Sus discípulos y luego los invitó a actuar. Es por medio de seguir al Salvador y aprender a enseñar a Su manera que muchas vidas cambiarán para siempre, el Evangelio se pondrá en práctica y el Espíritu estará con los maestros y los alumnos. Cuando la verdadera conversión ocurre, las personas tomarán la decisión de ser obedientes y dignos.

“Una clase puede ser como un consejo, donde todos enseñamos y aprendemos el uno del otro”, dijo el hermano Osguthorpe. “Ésta es su obra y Él nos ayudará”.