Los líderes de la Iglesia comparten mensajes de Navidad en el devocional anual

- Por Marianne Holman, redactora de Church News

  • 9 diciembre 2013

El presidente Thomas S. Monson habla desde el Centro de Conferencias, en Salt Lake City, durante el Devocional de Navidad el domingo 8 de diciembre de 2013. Fotografía por Jeffrey D. Allred, Deseret News

“El espíritu de la Navidad ilumina la ventana panorámica del alma por la que contemplamos la vida agitada del mundo y nos hace interesarnos más por las personas que por los objetos”. —Presidente Thomas S. Monson

La celebración de la Navidad debe ser un reflejo del amor y la abnegación que enseñó el Salvador, dijo el presidente Thomas S. Monson durante el Devocional de Navidad el 8 de diciembre.

Formalmente conocido como Devocional de Navidad de la Primera Presidencia, este año también incluyó al élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, al élder Ronald A. Rasband, de la Presidencia de los Setenta, y a la hermana Rosemary M. Wixom, Presidenta General de la Primaria.

El presidente Monson acompañado de sus consejeros de la Primera Presidencia, el presidente Henry B. Eyring y el presidente Dieter F. Uchtdorf, expresó que era una alegría para él estar reunido con otras personas al celebrar, a través de la palabra y del canto, el nacimiento del Salvador y Redentor, a saber, Jesucristo, el Señor.

“La Navidad es una época gloriosa del año”, dijo. “También es un tiempo muy ocupado para la mayoría de nosotros. Es mi esperanza y oración que no lleguemos a abrumarnos con las presiones de la temporada, que pongamos nuestro énfasis en las cosas equivocadas y que nos perdamos de las alegrías simples de conmemorar el nacimiento del Santo de Belén”.

Él dijo que no llegamos a encontrar el verdadero gozo de la Navidad al apresurarnos y correr de aquí para allá para hacer más cosas, sino que las personas hallan el verdadero gozo de la Navidad, cuando hacen del Salvador el punto central de la temporada.

“Él que nació en un establo, fue acunado en un pesebre, descendió de los cielos para vivir en la tierra como hombre mortal y para establecer el reino de Dios”, dijo el presidente Monson. “Su glorioso Evangelio moldeó las ideas del mundo. Vivió para nosotros y murió por nosotros. ¿Qué podemos darle a cambio?”.

“El dar, no el recibir, hace florecer plenamente el espíritu de la Navidad. Nos sentimos más amables el uno con el otro. Tendemos la mano con amor para ayudar a los menos afortunados. Nuestro corazón se ablanda. Se perdona a los enemigos, se recuerda a los amigos y se obedece a Dios. El espíritu de la Navidad ilumina la ventana panorámica del alma por la que contemplamos la vida agitada del mundo y nos hace interesarnos más por las personas que por los objetos”.

Para comprender el verdadero significado del espíritu de la Navidad, las personas sólo necesitan recordar a quién celebran, entonces se convierte en el Espíritu de Cristo.

“Que podamos dar como el Salvador dio”, dijo el presidente Monson. “Dar de uno mismo es un don sagrado. Damos como un recordatorio de todo lo que el Salvador ha dado. Además podemos dar regalos que tengan un valor eterno, junto con nuestros regalos que con el tiempo se rompen o se olvidan. ¡Cuánto mejor sería el mundo si todos diéramos regalos de entendimiento y de compasión, de servicio y de amistad, de bondad y de dulzura!”.

El élder Nelson habló de la paz que viene a todos los que sinceramente buscan al Príncipe de Paz.

“Centrarse en el Señor y en la vida eterna nos ayudará no sólo en la Navidad, sino en todos los desafíos de la vida terrenal”, expresó.

Si bien los retos personales llegan y a menudo traen preocupaciones —como cuando un padre pierde su trabajo, una joven madre se entera de una enfermedad grave, un hijo o hija que se ha ido por mal camino— las personas anhelan la paz interior.

La paz puede llegar a todos los que siguen la invitación “Ven, sígueme” del Salvador, si eligen andar por las vías del Maestro, dijo.

Después de leer partes del relato del nacimiento del Salvador en Isaías, en el Antiguo Testamento; Lucas, en el Nuevo Testamento; y el rey Benjamín y el profeta Nefi en el Libro de Mormón, el élder Rasband compartió su propio testimonio del nacimiento del Salvador.

“Cada año en la Navidad testificamos, igual que los pastores, que Jesucristo, el Hijo literal del Dios viviente, vino a este rincón de la tierra que llamamos Tierra Santa”, dijo. “Los pastores reverentemente se acercaron al establo para adorar al Rey de Reyes. ¿Cómo lo adoraremos esta vez?”.

El élder Rasband dijo que siempre que alguien actúa de acuerdo con el Señor, edificando a los que lo rodean, está testificando que Él vive y que ama a todos, sin importar sus desafíos temporales.

La hermana Rosemary M. Wixom dijo que los niños traen la magia de la Navidad. “Nos perdemos de algo si no vemos la Navidad a través de los ojos de un niño”, declaró.

La hermana Wixom compartió la experiencia de una líder que enseñó sobre el nacimiento de Jesús a un grupo de niños de ocho años llenos de energía. Un niño continuamente preguntaba: “¿Qué pasó después?”.

Esa pregunta tiene verdadero significado navideño, dijo la hermana Wixom.

“La maravilla y el asombro de la Navidad es sólo un principio. La Navidad nos recuerda que el pequeño nacido en Belén nos ha dado propósito en la vida, y lo que nos pase después dependerá en gran medida de la forma en que aceptemos y sigamos a nuestro Salvador, Jesucristo”.