El Centro de Capacitación Misional México recibe a los primeros misioneros extranjeros.

  Armando González M.

  • 5 julio 2013

El pasado martes 2 de julio, arribaron a México los primeros misioneros extranjeros al Centro de Capacitación Misional México (CCM).

Por la tarde del pasado martes 2 de julio, dio inicio el proceso de recepción de los primeros misioneros extranjeros. Un gran despliegue de recursos humanos y materiales estuvieron dispuestos para llevar a cabo la primera de muchas recepciones que tendrá el nuevo CCM; una logística bien diseñada permitió recibir a los jóvenes futuros misioneros quienes prácticamente fueron llevados de la mano desde la terminal 2 del aeropuerto de la ciudad de México hasta prácticamente su habitación.

La recepción fue paulatina, llegaron los primeros ocho misioneros y entre ellos la primera misionera; los cuales fueron llevados en transporte dispuesto por el CCM.

El compromiso de cada empleado que participó en esta primera recepción fue latente, estuvieron en tiempo para recoger a los primeros jóvenes, ninguno de ellos se despegaba de las pantallas donde se muestran los vuelos; no querían dejar pasar ningún detalle para su recepción.

Después de un par de horas en la sala de llegadas internacionales el primer grupo de misioneros estaba listo para abordar uno de los camiones dispuestos para su traslado a CCM. El camión se puso en marcha y ¡ahí iban! jóvenes con sonrisas de emoción al saber que eran parte de la primera generación de este nuevo Centro de Capacitación Misional en México.

En su arribo al CCM fueron llevados inmediatamente a sus habitaciones, donde una mesa con placas personalizadas y el logo de la Iglesia los estaban esperando para ser  portadas por ellos y demostrar así el propósito de su estadía en México.

Enseguida pasaron al edificio nombrado: “Thomas S. Monson” donde les fue asignado un correo electrónico, para que de manera inmediata escribieran a sus seres queridos que habían llegado bien y sin contratiempos. Una vez hecho esto fueron recibidos por el Presidente del CCM; el élder Carl B. Pratt quien con una cordial sonrisa los recibió con palabras de bienvenida en español; con caras atónitas los jóvenes comprendieron que ese era el idioma que debían aprender a partir de ese preciso instante.

En cada pasillo, en cada calle de las instalaciones se encuentran jóvenes y señoritas caminando con una placa colocada, con sonrisas, viéndose unos a otros con gusto, compartiendo y descubriendo a qué fueron llamados para servir.

El ambiente que se respira es de un gran espíritu de servicio, todos quieren ayudar,  aún los mismos jóvenes futuros misioneros que conocían con anticipación las instalaciones quieren ayudar,  dirigen a los misioneros extranjeros al comedor,  a los departamentos, a las casas, no dejando a nadie desatendido.

Llegó la hora de comer,  y estaban ya reunidos algunos misioneros mexicanos y latinoamericanos en le comedor, en cuanto vieron entrar al primer grupo de misioneros norteamericanos, con mucho entusiasmo y sin que nadie los coordinara comenzaron a aplaudir; siendo un aplauso intenso y extendido, los jóvenes norteamericanos sonreían y levantaban las manos en señal de saludo y agradecían el aplauso. No había una palabra de bienvenida, o algún comentario, porque seguramente  el idioma había sido la barrera entre unos y otros, pero era más que suficiente el aplauso y la forma como fueron abrigados al entrar al primer lugar  donde estaban todos reunidos. Fue simplemente emocionante porque no hubo uno de los jóvenes latinos que no aplaudiera y ni hubo uno de los misioneros norteamericanos  que no volteara con agrado para saber que estaba pasando y al saber que era para ellos la bienvenida su sonrisa se ampliaba.

La comida como siempre fue un festín, después de largas horas de vuelo,  comer y estar ahí platicando había sido algo especial,  ver a esta cantidad de jóvenes hablando inglés y algunos ya esforzándose inclusive por hablar su mejor español posible.