El profeta, en Alemania

- Reinhard Staubach, Redactor del Boletín Regional

  • 17 de Noviembre de 2012

“¡Alemania, les amo!”, exclama el presidente Thomas S. Monson (centri) a la congregación en Hamburgo. A la izquierda, el Presidente de Estaca, el Dr. Karl Schmidt; a la derecha, el Élder José Teixeira, Presidente del Área Europa./Intellectual Reserve Inc. Todos los derechos reservados.

Puntos destacados del artículo

  • Más de 100.000 Santos de los Últimos Días se dieron cita en cuatro reuniones especiales presididas por el profeta Thomas S. Monson en Alemania.

“Dios nos bendice con luz, pero no nos obliga a obtener la gloria. Preparémonos siempre para tener el Espíritu con nosotros. Una de las más hermosas experiencias de la vida es la de ser instrumentos en las manos del Señor para bendecir a otras personas"

Apenas unos días después de la Conferencia General, a principios de octubre de 2012, el presidente Thomas S. Monson visitó Alemania y dirigió la palabra a más de 10.000 Santos de los Últimos Días en cuatro reuniones especiales. Miles de personas más participaron mediante transmisión vía satélite desde el salón centenario de Fráncfort del Meno, con destino a los centros de reuniones de Alemania, Austria y Suiza. La invitación a seguir a Jesucristo fue una parte esencial de su mensaje.

El Élder José Teixeira, Presidente del Área Europa, acompañó al Presidente Monson a las reuniones en Hamburgo, Berlín, Munich y Fráncfort, donde también se dirigió a los santos. Testificó que los asistentes estaban escuchando la palabra del profeta viviente y les pidió que le escucharan.

En las reuniones, el Presidente Monson habló una y otra vez sobre Jesucristo, y en su discurso en el pabellón de deportes de Hamburgo el 13 de octubre de 2012, dijo entre otras cosas: “Mi oración hoy es que tengamos oídos que escuchen, para que le oigamos de nuevo cuando llame, para que apreciemos la invitación del Señor y tengamos la sabiduría necesaria para abrir la puerta de entrada a nuestro corazón, así como el portal de nuestra mente, para que Jesucristo pueda entrar y venir hacia nosotros”.

Miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se reúnen en el centro internacional de congresos en Berlín para escuchar al Presidente Thomas S. Monson./Intellectual Reserve Inc. Todos los derechos reservados.

El hermano Daniel Schröder asistió a esa reunión y recuerda: “El presidente Monson nos alentó a buscar sabiduría en los mejores libros. Nos recordó que nuestras elecciones y decisiones determinan nuestro destino. Nos instó a seguir a Cristo y dijo: ‘Tomen la decisión de trabajar. No es suficiente desear y prometer; también debemos hacerlo’”.

El hermano Andreas Heilmann destacó lo siguiente de las palabras del profeta: “Dios nos bendice con luz, pero no nos obliga a obtener la gloria. Preparémonos siempre para tener el Espíritu con nosotros. Una de las más hermosas experiencias de la vida es la de ser instrumentos en las manos del Señor para bendecir a otras personas”.

Volviéndose a los asistentes tras su discurso, el presidente Monson dijo: “Ich liebe Dich” (“les amo” en alemán).

Al domingo siguiente, el Presidente Monson habló en el centro internacional de congresos de Messedamm, Berlín, donde los problemas de tráfico impidieron comenzar la reunión puntualmente. La hermana Eva-Maria Bartsch comenta: “Finalmente llegó el presidente Thomas S. Monson, acompañado por otros líderes de la Iglesia. Todos los presentes se levantaron de sus asientos y se produjo un silencio expectante… El presidente saludó a la congregación con gran amor y cordialidad. Recordó su primera experiencia en el paso fronterizo ‘Checkpoint Charlie’ en 1968, cuando visitó los barrios de Görlitz y Dresden. Con el paso del tiempo, presenció el cumplimiento de todas las promesas que contenían todas las bendiciones que se pronunciaron”.

También fue en 1968 cuando el Presidente Monson prometió lo siguiente a los miembros de la RDA: “Si permanecen firmes y fieles a los mandamientos de Dios, recibirán todas las bendiciones que los miembros de la Iglesia gozan en otros países del mundo”. Esa promesa se cumplió; se permitió que los misioneros de la Iglesia llegaran a la RDA, los misioneros de la RDA fueron autorizados a dejar el país para prestar servicio en el extranjero, y se construyó un templo en Freiberg.

La hermana Regina Schaunig cuenta lo siguiente de la reunión del 20 de octubre de 2012 en Munich Residenz: “Fue sencillamente una fabulosa experiencia poder ver al profeta y escucharle… Le expresó a Alemania y a los países germano parlantes lo mucho que ama a las personas de aquí, y cuando el Espíritu le conmueve, acude espontáneamente a prestar servicio… Nos dio un ejemplo de cómo actuaría Jesús. Ciertamente, observamos el amor de Cristo vívidamente ante nosotros”.

El Presidente Thomas S. Monson visitó a los miembros de la Iglesia en Munich el pasado mes de octubre./Intellectual Reserve Inc. Todos los derechos reservados.

Desde el principio de su discurso en el salón centenario de Fráncfort del Meno, el Presidente Monson dijo: “¡No puedo expresarles lo que siento! Durante semanas, he estado aguardando con impaciencia la oportunidad de estar con ustedes hoy. He viajado por su país y también he estado en Suiza y en Austria. Quiero decirles que les amo a todos”. El presidente Monson ilustró sus observaciones con varios acontecimientos de su vida, que apenas pueden mencionarse aquí.

La reunión del 21 de octubre de 2012 en el salón centenario de Fráncfort se transmitió en directo vía satélite a los centros de reuniones de las zonas germano parlantes. La hermana Doris Weidmann, que participó en la transmisión de una reunión, comenta: “El discurso del presidente Monson fue muy conmovedor y personal. Situó a Cristo en el centro de su discurso y recalcó que debemos seguirle, volviéndonos a nuestros semejantes que se encuentran en el lado oscuro de la vida. Me conmovió especialmente la experiencia del hombre de 91 años que esperó en vano que su familia le visitara en su cumpleaños”.

La hermana Marianne Dannenberg comenta: “El salón centenario tiene un aforo de más de 2.000 personas y estaba lleno a rebosar. Pensé en estas muchas personas que testificaban con su mera presencia que el profeta es muy importante para ellas y que esperaban algo importante de este día. Cuando el Presidente Monson fue honrado por las personas que se levantaron para cantar el himno ‘Te damos, Señor, nuestras gracias’, una línea de este himno surgió con una fuerza especial (según la versión en alemán): ‘… y aunque el mundo se burle, seguiremos siéndole fieles’”.