El élder Oaks habla de la revelación y el don del Espíritu Santo

- Por Sarah Jane Weaver, asistente del editor de Church News

  • 18 julio 2013

El élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce, durante el seminario de 2013 para nuevos presidentes de misión.  Fotografía por Christina Smith, IRI.

Puntos destacados del artículo

  • Al hablar sin un texto preparado, el élder Oaks enseñó a los nuevos presidentes de misión la importancia de la revelación y el don del Espíritu Santo.
  • La función más importante del Espíritu Santo es testificar del Padre y del Hijo.
  • El élder Oaks dijo que los miembros y los misioneros no pueden dar el don del Espíritu Santo por sentado.

“Testifico de la naturaleza esencial del Espíritu del Señor… que se envió para estar en comunión [con] cada uno de nosotros”. —Élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce

PROVO, UTAH

Enseñar por el Espíritu Santo es fundamental para la obra misional, dijo el élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce, durante el seminario de 2013 para nuevos presidentes de misión el 24 de junio.

“Enseñamos según lo indique el Espíritu del Señor”, dijo.

Hablando sin un texto preparado, el élder Oaks habló en cuanto al tema de la revelación y el don del Espíritu Santo.

El élder Oaks dijo que al principio de una conferencia para nuevos presidentes de misión hace 27 años, el presidente Ezra Taft Benson dijo: “Lo he dicho muchas veces a mis hermanos, que el Espíritu es el elemento más importante en esta obra. Con el Espíritu y al magnificar su llamamiento pueden hacer milagros para el Señor en el campo misional. Sin el Espíritu nunca tendrán éxito independientemente de su talento y capacidad”.

El Espíritu al que se refiere el presidente Benson es el Espíritu Santo, dijo el élder Oaks. También se conoce como el Espíritu Santo, el Espíritu del Señor, el Espíritu de la verdad y el Consolador.

El élder Oaks dijo que el Presidente Wilford Woodruff llamó al don del Espíritu Santo “el don del Espíritu Santo es el don más grandioso que podemos recibir en nuestro estado mortal”.

También señaló que el élder LeGrand Richards, del Quórum de los Doce, en un discurso en 1979, dijo que el don del Espíritu Santo es tan importante para el hombre como lo son la luz del sol y el agua para las plantas.

Las Escrituras tienen grandes enseñanzas acerca de la misión del Espíritu Santo, dijo el élder Oaks. “El Salvador dijo a Sus primeros apóstoles que el Consolador les enseñará todas las cosas y les guiará a toda la verdad. En la revelación moderna leemos que el Consolador sabe todas las cosas y manifiesta todas las cosas”.

El élder Oaks dijo que la función más importante del Espíritu Santo, que se describe una y otra vez en las Escrituras, es testificar del Padre y del Hijo.

Citando al presidente Boyd K. Packer, del Quórum de los Doce, el élder Oaks dijo que el Espíritu Santo le dará a los miembros de la Iglesia las palabras que deben hablar.

“Todo esto destaca la importancia de nuestras acciones bajo la influencia del Espíritu Santo”, dijo él.

El élder Oaks dijo que los miembros deben ganarse la compañía del Espíritu Santo constantemente mediante la obediencia y la dignidad. “Cuando renovamos nuestros convenios bautismales consciente y reverentemente participamos de la Santa Cena, renovamos nuestra dignidad de la promesa de que siempre podamos tener Su Espíritu con nosotros”.

Todo aquel que piensa que tomar la Santa Cena es algo pequeño no es consciente del significado total de ello, dijo. Los Santos de los Últimos Días deben recordar “la declaración del Señor de que la fundación de una gran obra se empieza con cosas pequeñas, porque ‘de las cosas pequeñas proceden las grandes’”.

El élder Oaks dijo que los miembros y los misioneros no pueden dar el don del Espíritu Santo por sentado. “La Santa Cena, el participar semanalmente de ella y la renovación consciente de nuestros convenios al así hacerlo, es fundamental para el proceso de revelación, y para la capacidad de enseñar por el Espíritu”.

El élder Oaks concluyó con un pasaje de las Escrituras de Doctrina y Convenios 11, que se recibió en mayo de 1829, un año antes de que se organizara la Iglesia y en un momento en que el Señor estaba enseñando a José Smith fundamentos espirituales. Ese pasaje profetiza que “una obra grande y maravillosa está a punto de aparecer” y contiene la promesa del Señor: “Te daré de mi espíritu, el cual iluminará tu mente” (véanse los versículos 1–14).

El élder Oaks terminó diciendo: “Testifico de la naturaleza esencial del Espíritu del Señor, el Espíritu Santo, el Consolador, el Santo Espíritu, el tercer miembro de la Trinidad, enviado para estar en comunión [con] cada uno de nosotros, para testificar del Padre y del Hijo y, en esa función reveladora, conectarnos a nuestro Padre Celestial y a nuestro Salvador para llevarnos a la verdad”.