Ayuden a las jóvenes a aprender a ser guiadas por el Espíritu

- Por la hermana Bonnie L. Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

  • 21 agosto 2013

Los padres y líderes pueden ayudar a los jóvenes a reconocer la voz del Espíritu, dijo la hermana Bonnie Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes.

“Debemos recalcar a nuestros jóvenes que ninguno de nosotros puede permitirse navegar en este mundo espiritualmente peligroso sin la influencia y la guía del Espíritu Santo”. —Hermana Bonnie L. Oscarson, Presidenta General de las Mujeres Jóvenes

En febrero de 1847, Brigham Young informó a los hermanos que estaban con él en Winter Quarters, Nebraska, que José Smith se le había aparecido en un sueño la noche anterior y le había dado un mensaje.

La primera vez que escuché esta historia, muchos pensamientos acudieron a mi mente. ¿Qué mensaje profundo tendría el martirizado Profeta de la Restauración para el nuevo líder de la Iglesia? Miles de santos desalojados estaban esparcidos por las llanuras desde Iowa oriental a Winter Quarters experimentando condiciones extremas. Habían estado viviendo en una pradera abierta durante meses y sufriendo hambre, frío y enfermedades.

Traté de imaginarme el consejo más importante que ofrecería José Smith a su pueblo afligido desde su punto de vista ahora ampliado desde el otro lado del velo. El mensaje que pronunció fue inesperado para mí, pero profundo. Él dijo: “Diga a la gente que sea humilde y fiel y se asegure de conservar el Espíritu del Señor, el cual les guiará con justicia. Que tengan cuidado y no se alejen de la voz apacible; ésta les enseñará lo que deben hacer y adónde ir;… Diga a los hermanos que si siguen el Espíritu del Señor, irán bien” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, Brigham Young, pág. 45).

Este mensaje a los santos que sufrían en 1847 es profundo porque es tan correspondiente y pertinente para los millones de santos que viven en todo el mundo hoy en día como lo fue en ese entonces. Es un mensaje especialmente importante para enseñar a nuestros niños y nuestros jóvenes.

Nosotros, como padres y líderes, podemos ayudar a nuestros jóvenes a entender la importancia de ser guiados por el Espíritu Santo al aprovechar las oportunidades de enseñarles a reconocer el Espíritu en su vida. Debemos decir a nuestros jóvenes cuando sentimos el Espíritu durante una lección o una noche de hogar y preguntar si ellos también sintieron lo mismo. Enséñenles a reconocer los susurros cálidos y tranquilos que llegarán a ellos, más como sentimientos apacibles que como manifestaciones espectaculares o dramáticas. Les podemos enseñar de las Escrituras que el Espíritu Santo se describe como la “voz suave y apacible” (D. y C. 85:6) y que el Espíritu Santo les dirá en la mente y el corazón (véase D. y C. 8:2) las cosas que deben saber y hacer.

Cuando nuestros jóvenes tienen esas experiencias, podemos ayudarles a comprender que lo que sienten es la influencia del Espíritu Santo. Entonces llegarán a tener más experiencias de entender el lenguaje del Espíritu y reconocerlo por ellos mismos. Llegarán a ser espiritualmente maduros y llevarán vidas dirigidas por un espíritu de servicio y propósito. Ellos estarán verdaderamente convertidos al evangelio de Jesucristo.

Hermana Bonnie L. Oscarson

Nuestros jóvenes también tienen que entender la relación delicada y confidencial que tenemos con el Espíritu Santo. Hay situaciones y decisiones que invitan al Espíritu, y otras que le ofenden y hace que se retire.

La oración, el estudio de las Escrituras, asistir a la Iglesia, servir a otros y asistir al templo invitan al Espíritu a estar con nosotros. Entonces, a medida que damos oportunidades tanto en el salón de clases como en el hogar para compartir su testimonio, otra vez sentirán la influencia del Espíritu Santo.

Escuchar música edificante y participar en actividades sanas también invita al Espíritu. Observar, ver o leer materiales inapropiados aleja al Espíritu. Ceder a la tentación o escoger por propia voluntad rebajar nuestras normas de alguna manera ofenderá al Espíritu.

Debemos dejar una impresión clara en nuestros jóvenes de que ninguno de nosotros puede permitirse navegar en este mundo espiritualmente peligroso sin la influencia y la guía del Espíritu Santo. Estar fuera de contacto con el poder que advierte, guía, enseña, protege o da consuelo es dejarnos a nosotros mismos expuestos y vulnerables a las tentaciones y las trampas del mundo, alejarnos más y más de la misma fuente que nos ayudará y nos protegerá.

¿Puede haber alguna doctrina más importante que enseñar a nuestros jóvenes sobre la importancia de buscar la influencia del Espíritu Santo en su vida, aprendiendo a reconocer la voz del Espíritu y, más importante, seguir los susurros que reciban a través de este gran don?

Nosotros, como miembros de la Iglesia del Señor, y especialmente nuestros jóvenes, necesitamos este consejo más que nunca: “Diga a los hermanos que si siguen el Espíritu del Señor, irán bien”.