Nuestra infinita capacidad de ser una influencia para el bien

- Cristina Rivero López

  • 16 de Septiembre de 2013

Las hermanas de Alcobendas, durante la celebración del Aniversario de la Sociedad de Socorro, junto a Georgina González/Foto: Alisva Carpio.

“Toda hermana que defiende la verdad y la rectitud disminuye la influencia del mal; toda hermana que fortalece y protege a su familia está haciendo la obra de Dios; toda hermana que vive como una mujer de Dios se convierte en un ejemplo para los demás y planta las semillas de una influencia justa que se cosechará en las décadas venideras” Élder Ballard.

Esa es la huella que ha dejado entre las hermanas de la Sociedad de Socorro del Barrio de Alcobendas, Madrid, la que fuera presidenta de la organización, Georgina González Fabián. Aunque por estas fechas se cumple un año de su fallecimiento, su ejemplo, su perseverancia y su fe permanecen entre las que la conocieron. Ella es un claro ejemplo de la influencia para bien que ejercen aquellos que aman y sirven al Señor y a sus semejantes hasta el final de sus vidas.

Georgina nació en un pueblo blanco, arriba de Tenares, en Republica Dominicana. De profesión abogada y madre de cuatro hijos, enviudo muy joven y tuvo que luchar arduamente para salir adelante con la tarea de madre y padre para sus hijos. Su profesión le permitió trabajar como ayudante de fiscal en San Francisco de Macorís, en donde pudo también ayudar a los más desfavorecidos.

Georgina conoció el Evangelio hace 23 años, cuando dos misioneros llamaron a la puerta de su casa y su marido los dejó entrar en su hogar y en su vida. Al principio ella se mostró renuente a escucharlos, pero los jóvenes misioneros continuaron visitándoles, hasta que el espíritu tocó su corazón y se bautizó junto a su esposo.

Con el paso del tiempo, el marido de Georgina dejó de asistir a la Iglesia, pero ella nunca abandonó el camino que una vez eligió seguir. Ella sola luchó por sacar a sus cuatro hijos adelante tras la muerte de su marido, siempre dispuesta y preparada para ayudar a los demás.

Angy, su hija, comparte una anécdota que refleja bien la fe y la constancia de esta hermana. Sucedió hace años, en la República Dominicana, cuando se enteró de que iban a cerrar la capilla en una ciudad muy cercana debido la falta de miembros en aquel lugar. Georgina sintió que podía ayudar y comenzó a visitar a las hermanas de esa zona, conduciendo su coche cada semana durante media hora por caminos en mal estado, llevando consigo a otra familia y alentando a las hermanas de aquel barrio sin quejarse y sin desmayar.

El barrio volvió a cobrar vida gracias al tesón de Georgina, que más tarde fue llamada Presidenta de la Sociedad de Socorro de aquel Barrio de Tenares, como también maestra de la Escuela Dominical.

En España también dejó su huella. Muchas hermanas comentan lo mucho que las ayudó con los conocimientos que tenía debido a su trabajo como fiscal, así como el consuelo y apoyo que siempre ofrecía ante los problemas de las demás. La hermana Miriam, por ejemplo, la recuerda como “una persona entrañable, que veía en las personas más allá de lo que veíamos los demás”.

Georgina no sólo fue un sostén y consuelo para las hermanas miembros, sino que también fue una luz y una guía para todas las que se acercaban a la Iglesia a conocer la verdad. Graciela explica sus sentimientos del siguiente modo: “El primer día que mi hija y yo acudimos a la Iglesia fue ella quien nos recibió, mostrando la caridad del llamado cristiano. Fue su amor lo que al principio nos animó a seguir visitando la iglesia. Cuando le dije que iba a bautizarme, ella empezó a llorar de felicidad. Apenas nos conocíamos, y ver esa reacción me llenó de gran emoción. Testifico haber encontrado la Iglesia verdadera, y que nuestro Padre Celestial me puso en el camino correcto utilizando como instrumento a esta hermana, quien llena del Espíritu me hizo sentir el Evangelio de Jesucristo”.

Siempre aferrada a la barra de hierro, Georgina buscaba continuamente la guía del Espíritu Santo. El seguir siempre esa guía es algo que inculcó en todas las hermanas que estaban a su alrededor. Así nos los comenta una de las hermanas que trabajó a su lado en la Presidencia de la Sociedad de Socorro. Cuando le preguntaba cómo hacer algo, Georgina siempre respondía con la misma frase: “con el Espíritu”. Esta hermana siempre pensó que ella no tenía esa guía, pero al trabajar junto a Georgina consiguió aprender a escuchar esa voz apacible. “Aprendí a reconocer el Espíritu en mi vida, y a no apartarme de él“.

En sus últimos meses de vida, podía verse a Georgina firme, pasar con fe esa prueba al lado de las hermanas de la Sociedad de Socorro. ”Muchas estuvimos ahí y compartimos su dolor. Cuando la hermana se enteró que estaba enferma y que le quedaba poco tiempo de vida, dejó todo preparado antes de su partida“.

El ejemplo de esta hermana, así como el de cada fiel miembro que persevera hasta el fin y bendice cada día de su vida las vidas de los demás, representan el amor puro de Cristo y la esencia del discipulado. Es mucho el bien que podemos hacer a las personas a nuestro alrededor cuando reflejamos en cada uno de nuestros actos nuestro compromiso de seguir a Cristo, sin importar cuán difícil sea el camino.