La Orquesta de la Manzana del Templo es como una misión musical

Por Melissa Merrill y Heather Wrigley, Noticias y eventos de la Iglesia

  • 28 abril 2011

Puntos destacados del artículo

  • La Orquesta de la Manzana del Templo fue formada en 1999 por el presidente Gordon B. Hinckley (1910-2008).
  • Los miembros de la orquesta son profesionales voluntarios, apartados para realizar las actuaciones de la orquesta.

“Lo que han logrado supera lo que debería ocurrir según la lógica de la tierra”. — Igor Gruppman, director principal de la Orquesta de la Manzana del Templo

Cualquiera que haya visto y escuchado a una orquesta profesional estaría de acuerdo en que una actuación musical es una ardua tarea. Desde la armonía de la música a la unidad de movimiento entre las cuerdas y la estética del escenario, los conciertos de una orquesta requieren mucho trabajo, lo cual hace que la Orquesta de la Manzana del Templo, compuesta de voluntarios, sea más excepcional. 

Músicos voluntarios, calidad profesional

La orquesta, organizada en 1999 como conjunto compañero del Coro del Tabernáculo Mormón, está compuesta por instrumentalistas voluntarios, quienes interpretan con sus instrumentos a un alto nivel de musicalidad. Son llamados y apartados en sus funciones como “misioneros musicales”.

“Ha sido una oportunidad única poder tocar obras inspiradas, como la Séptima sinfonía de Beethoven o el Réquiem de Mozart, con otros que no sólo creen en el mismo poder mayor que cree uno, sino que además son misioneros musicales apartados“, dijo Kathy Ludlow, violinista que ha estado con la orquesta desde su inicio. 

Algunos miembros de la orquesta son maestros de música. Otros se ganan la vida tocando en otras orquestas profesionales. Otros no viven de la música, pero han mantenido sus habilidades musicales en su tiempo libre. Los músicos de la orquesta pasan sus días de diversas maneras, pero todos son músicos de talla profesional, que pueden venir a un ensayo, tomar sus asientos y empezar a tocar su partitura a primera vista. 

Kathryn Collier, violinista profesional, es uno de ellos. Cuando la orquesta se organizó, ella “ya estaba haciendo bastante con la música”, pero se dio cuenta de que participar en ella era una oportunidad que tenía que aprovechar.

“En mi vida he sido musicalmente bendecida, y sentía que ésta era para mí una oportunidad de dar—no de esperar dinero a cambio—sino de dar de mí misma”, dijo ella. “En realidad no es un sacrificio para mí, porque da mucho gozo. Me encanta la unión que existe y la meta que tenemos de llevar luz y alegría a la gente”.

“Los músicos generalmente provienen de ambientes bastante competitivos”, dijo Barry Anderson, quien dirige los asuntos de la orquesta, en su función de gerente administrativo y contralor de la organización del Coro del Tabernáculo Mormón. “Muchos de los miembros de la orquesta tienen bastante talento como para cobrar como profesionales por hacer lo que hacen. Y entonces cambia el paradigma. Vienen para tocar como parte de la Orquesta de la Manzana del Templo, donde no se les paga. Lo ponen en el altar”.

Daron Bradford, clarinetista principal, ha experimentado ese cambio de paradigma. “Tengo algunos amigos que tienen un problema filosófico con la orquesta”, dijo él. “Ellos dicen: ‘¿Por qué debemos hacer esto que hacemos de forma profesional para ganarnos la vida? ¿Por qué debemos hacerlo gratis?’ 

“Esto lo considero como un llamamiento misional, y en realidad creo que no funcionaría si la orquesta cobrara, si [la Iglesia contratara] una orquesta profesional. Creo que ésta es la única manera que funcionaría. Y para mí es muy gratificante”.

Igor Gruppman, director principal, dijo: “Los miembros de la orquesta en general son músicos profesionales, bien formados y con mucha experiencia. La palabra ‘voluntario’ sólo describe su actitud generosa, porque no cobran. En este aspecto es singular. Estoy agradecido por la labor inspiradora y absolutamente generosa de cada músico. Ellos trabajan muy arduamente”.

Una orquesta en cambio constante

El hecho de que todos los músicos de esta orquesta de talla profesional sean voluntarios es una cosa. Pero la flexibilidad con la que opera la orquesta es otra cuestión. 

La preparación para una actuación se prepara con unos seis meses de antelación. Mack Wilberg, el director de música, determina cuáles son las piezas que interpretará la orquesta, y cuándo. El hermano Anderson entonces mira las piezas para un “servicio” (que podría ser un concierto, gira, grabación, o actuación de Música y palabras de inspiración) y su instrumentación—cuántos músicos hacen falta para cada sección de la orquesta. 

Entonces se pone en contacto con los 170 miembros del grupo y les pide en esencia que “se apunten” para tocar en varios servicios. (Una orquesta completa requiere normalmente de 85 a 90 músicos, pero eso puede variar, dependiendo de la pieza musical.) De manera que la orquesta que toque un concierto un sábado por la noche, puede o no constar de los mismos músicos que tocarán en Música y palabras de inspiración el domingo por la mañana. Sólo en marzo de 2011, La Orquesta de la Manzana del Templo tocó en 20 servicios.

“Los músicos entran y salen”, dijo el hermano Anderson, refiriéndose a la naturaleza transicional de los servicios. “Algunos son parte central y tocan cada semana. Otros vienen cuando pueden. Pero cuando los músicos se apuntan, vienen. Ellos tienen que venir. Esa es una de las cosas asombrosas de este grupo: son leales. Están dedicados a su llamamiento. Harán lo que sea por estar aquí. No creo que haya nada que se asemeje a esto en el mundo, en cuanto a la Iglesia o a la música”.

En los casi 12 años de existencia de la orquesta, aproximadamente 350 músicos han demostrado esa lealtad.

Debido a cómo está establecida la orquesta, los músicos que la componen no tienen la oportunidad de ver las partituras por adelantado ni practicarlas en casa. Un ensayo y una actuación son realmente las únicas veces que los miembros de la orquesta verán y tocarán la música, de modo que todos tienen que poder tocar la partitura a primera vista. 

“En teoría, esto no debería funcionar”, dijo el hermano Anderson. “La razón por la que funciona es porque los participantes hacen lo que pueden hacer. Y lo que no consiguen con la práctica, lo que no tienen a tiempo, nuestro Padre Celestial compensa la diferencia”.

El hermano Gruppman reconoce también la singular naturaleza del grupo. 

“Tengo un gran testimonio de que lo que han logrado supera con creces lo que debería suceder con toda la lógica terrenal”, dijo él. “Es un maravilloso grupo de siervos dedicados siervos, músicos dedicados, que entienden completamente su misión, entienden completamente la importancia y el poder de la música —el poder de este lenguaje. Entienden y sienten el mensaje del Evangelio que hay en la música y entienden su responsabilidad y sus bendiciones de traer esta música al público”.

La obra detrás del escenario

Los músicos no son los únicos que dan de su tiempo y conocimiento. Bibliotecarios de música, tramoyistas, chóferes de camiones y otros, ayudan a que las actuaciones sean un éxito. 

Bob y Gloria Campbell, quienes se conocieron hace 50 años en la orquesta de BYU, han servido como bibliotecarios de música en la orquesta desde 2003. Aprovechando su experiencia musical, tanto en la Iglesia como profesionalmente, el hermano y la hermana Campbell sirven a la orquesta, tomando las partituras de la biblioteca, asegurándose de que estén en orden, dando la pieza al músico que debe tenerla, y archivándolas una vez concluido un servicio. El hermano Campbell también toca en la orquesta y es jefe de la sección de percusión. 

Aunque todos los miembros del Coro del Tabernáculo Mormón reciben la misma partitura, los miembros de la orquesta tiene diferentes partes para tocar. Los Campbell distribuyen la música en “orden de partitura”, comenzando con las flautas, pasando por los demás instrumentos hasta los de sonidos más graves. También se aseguran de que la partitura para la sección de cuerdas esté arqueada o marcada, para que los músicos hagan énfasis en las notas correctas.

“Nuestra meta es la de asegurarnos de que la música sea la correcta, para que los ensayos se hagan de la manera más fluida posible”, dijo la hermana Campbell. “Nos gusta verificar varias veces para que eso sea así; el tiempo de ensayo es muy valioso”.

La hermana Campbell dijo que siempre se había imaginado a sí misma y a su esposo sirviendo una misión juntos en algún lugar, y dijo que aunque son designados como “voluntarios” y no como misioneros, en muchas maneras ésta ha sido la experiencia misional perfecta. 

“Nos encanta lo que hacemos”, dijo ella. “En muchas maneras, la orquesta es como la familia de nuestro barrio. Desde luego, los vemos a ellos más a menudo que a los miembros de nuestro barrio. Es un trabajo muy agradable, y es maravilloso poder asociarnos con músicos de tan alto calibre”.

Alex Morris sirve como director de escena para el Coro del Tabernáculo Mormón, el cual incluye al Coro, la Orquesta de la Manzana del Templo, La Coral de la Manzana del Templo, y las Campanas de la Manzana del Templo. Él es el responsable de la logística de dicha organización, desde coordinar el montaje de la orquesta, incluido el montaje en el escenario de varios instrumentos de percusión, para facilitar las necesidades del director, como mover un instrumento que vaya a destacarse en una función.

El hermano Morris trabaja con un equipo de 10 personas, quienes han sido llamados y apartados en sus funciones, como él. Él asiste a cada servicio, trabajando no sólo con el director sino también con aquellos que coordinan la logística de la transmisión.

“Cuando eres parte de dicha organización y ves la inercia de todo ese grupo de gente justa transmitiendo su espíritu al mundo de esa forma, es suficiente recompensa el estar detrás del escenario y formar parte de ella”, dijo él. “Es un gran esfuerzo, pero es una gran bendición que yo tenga un firme testimonio de la misión de la organización del coro. Ellos atenúan el horrendo ruido del mundo hoy al producir un sonido positivo. Damos el máximo de nosotros mismos para cualquier cosa que esa misión incluya”.