El Fondo Perpetuo para la Educación cumple promesas proféticas

- Natasia Garrett, revistas de la Iglesia

  • 29 marzo 2011

Puntos destacados del artículo

  • Los participantes en el FPE reciben esperanza del conocimiento de que el Señor conoce sus necesidades.
  • Nueve de cada diez participantes en el FPE que buscan empleo tras graduarse han encontrado trabajo.
  • La mayoría de los participantes en el FPE ganan de tres a cuatro veces más tras graduarse que antes de terminar sus estudios.
  • Más de 47.000 jóvenes han participado en el FPE, sin contar muchos otros que se han beneficiado gracias a ellos.

“La invitación del [presidente Hinckley] ayuda a acercarse más a nuestro Salvador a quienes contribuyen al FPE y a quienes se mejoran a sí mismos”. –Élder John K. Carmack

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Hace 10 años, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) anunció un programa que cambiaría la imagen de la Iglesia en muchas partes del mundo. Señaló un problema (la incapacidad de muchos ex misioneros de salir de la pobreza en áreas de desarrollo) y brindó una solución: el Fondo Perpetuo para la Educación (FPE), un fondo renovable que se establecería mediante donaciones de miembros y amigos de la Iglesia y proveería préstamos educativos a jóvenes con la expectativa de prepararse para un empleo bien remunerado en sus comunidades y devolver los préstamos a fin de que otros como ellos puedan tener oportunidades similares. Dijo que la Iglesia lo haría con un costo relativamente bajo, confiando en voluntarios y recursos con los que ya contaba la Iglesia para tener éxito.

Y hubo milagros

Cuando el presidente Hinckley se encaminó hacia el púlpito el 31 de marzo de 2001 y expuso una visión del Fondo Perpetuo para la Educación ante el sacerdocio de la Iglesia, para muchos se hizo evidente que el profeta del Señor había recibido dirección.

Es posible que surgiera la sombra del fracaso entre los recién designados líderes del FPE mientras se apresuraban a empezar a dotar préstamos en el otoño de 2001, tal y como había indicado el presidente Hinckley. Exceptuando el inspirado bosquejo del profeta, no existía un plan de negocio ni una propuesta detallada. El programa se organizó basándose en el texto del discurso del presidente Hinckley como su estatuto. Las Oficinas Generales de la Iglesia recibieron centenares de solicitudes de préstamo mientras se estaba llamando a los directores y se creaba la estructura básica del programa;

pero ya estaban sucediendo los milagros. En su primer año, el programa recibió millones de dólares en donativos. Varias personas cuyos perfiles encajaban a la perfección en la obra del FPE se pusieron de inmediato a disposición para servir como directores voluntarios. La infraestructura necesaria para sostener el FPE a nivel mundial estaba ya presente a través de los programas de instituto del Sistema Educativo y de los Centros de Recursos de Empleo de la Iglesia. Todo encajó con rapidez, brindando al programa lo que el presidente Hinckley denominó en abril de 2002 un “crecimiento sólido”1.

Rex Allen, que actualmente presta servicio como director voluntario de capacitación y comunicaciones, declaró: “Hace mucho tiempo, Moisés tocó el mar rojo con su vara y las aguas se dividieron. El presidente Hinckley reflejó esa misma fe cuando extendió su manto profético sobre el tenebroso mar de la pobreza e inició el FPE”.

“Es un milagro”, afirmó el presidente Hinckley repetidas veces.

Sin embargo, después de 10 años el mayor de los milagros puede ser que acabe de empezar.

Promesas cumplidas

Durante su anuncio del FPE y en discursos posteriores, el presidente Hinckley prometió diversas bendiciones en relación con el FPE; cada una de ellas se está cumpliendo con mayor intensidad al grado en que se gradúan más participantes y devuelven sus préstamos.

Oportunidad y empleo

“[Los participantes] tendrán la oportunidad de lograr una buena educación que los sacará de la desesperación de la pobreza”2, dijo el presidente Hinckley. “Aprenderán... especialidades que tienen demanda y en las cuales se pueden preparar”3.

Hasta febrero de 2011, el 90% de los que habían buscado empleo tras terminar su formación, lo encontró. Un 78% de los que ahora tienen empleo dicen que éste es mejor que el que habían tenido antes de formarse académicamente. Se espera que esta cifra mejore con el tiempo. El salario medio que perciben los participantes del FPE al término de sus estudios es tres o cuatro veces mayor que el que percibían antes de formarse, lo cual representa un enorme incremento de su estatus económico.

La familia y la comunidad

“Se casarán y progresarán con destrezas que los calificarán para ganar bien, y ocuparán su lugar en la sociedad donde harán una contribución substancial”4, declaró el presidente Hinckley. Un vistazo al creciente plantel de alumnos del FPE indica que es verdad. Más de un tercio de ellos están casados y, gracias a que han roto las cadenas de la pobreza, sus familias pueden tener la esperanza en un futuro mejor.

El élder John K. Carmack, director ejecutivo del FPE, dice: “De momento, uno de los resultados más alentadores del FPE es la esperanza que vemos que cobran los jóvenes... la cual los alienta a casarse y a seguir adelante con sus vidas”.

Iglesia y liderazgo

“Como miembros fieles de la Iglesia, pagarán su diezmo y ofrendas, y la Iglesia será mucho más firme gracias a la presencia de ellos en las regiones donde viven”, señaló el presidente Hinckley. Posteriormente amplió esa promesa diciendo: “Crecerán en la Iglesia ocupando cargos de responsabilidad y criando familias que seguirán en la fe”5.

En algunas áreas donde el FPE lleva varios años funcionando, entre el 10 y el 15% de los líderes actuales de la Iglesia han participado en él. “Aquellos que recibieron los préstamos iniciales han encontrado mejores empleos y han llegado a ser líderes de la Iglesia”, dijo el hermano Allen. “Han alentado a otros jóvenes a solicitar préstamos al FPE y a salir de la pobreza. A su vez, estos otros jóvenes han alentado a otros. Después de 10 años vemos cómo crece la esperanza, porque los que han sido bendecidos comparten las bendiciones con los demás”.

Los efectos en la vida de muchas personas

“[El FPE] será una bendición para todos aquellos cuyas vidas toque: para los hombres y las mujeres jóvenes, para sus futuros hijos, y para la Iglesia que será bendecida con el sólido liderazgo local de ellos” 6, prometió el presidente Hinckley.

Desde el otoño de 2001, más de 47.000 personas han participado en el FPE. El hermano Allen explicó: “Cuando un participante se casa e inicia una familia, el número de personas bendecidas se duplica, se triplica, y continúa multiplicándose hasta cientos de miles”.

Sumémosle los familiares que han recibido apoyo e inspiración de los participantes en el FPE, los barrios y las ramas que se benefician al contar con miembros que tienen una mayor capacidad para servir y contribuir, y las economías locales que precisan mano de obra cualificada para poder crecer. “Imaginen el impacto mientras reflexionan en todas las personas sobre las que se influye”, indicó el hermano Allen. “Esto se aplica también a quienes donan al FPE (los donantes, sus familias, sus barrios y ramas), todos son bendecidos gracias a sus aportaciones”.

El élder Carmack explica: “Casi cada Santo de los Últimos Días tiene a su alcance la posibilidad de aportar con regularidad a este fondo y a otros fines igualmente dignos. “La invitación del [presidente Hinckley] ayuda a acercarse más a nuestro Salvador a quienes contribuyen al FPE y a quienes se mejoran a sí mismos”.

Un crecimiento continuo

La visión profética del presidente Hinckley respecto al Fondo Perpetuo para la Educación se ha realizado de manera que la influencia de este programa inspirado sigue extendiéndose por todo el mundo. Su visión seguirá teniendo cumplimiento en mayor medida al grado en que se sigan recibiendo donativos y se devuelvan los préstamos, permitiendo así a nuevas generaciones de participantes el mejorarse tanto a sí mismos como sus circunstancias.

Para saber más acerca del Fondo Perpetuo para la Educación o para realizar un donativo, tenga a bien visitar pef.lds.org.

NOTAS

  1. 1. Gordon B. Hinckley, “La Iglesia avanza”, Liahona, julio de 2002, pág. 6.
  2. 2. Hinckley, “La Iglesia avanza”, pág. 6.
  3. 3. Gordon B. Hinckley, “El Fondo Perpetuo para la Educación”, Liahona, julio de 2001, pág. 62.
  4. 4. Hinckley, “La Iglesia avanza”, págs. 6–7.
  5. 5. Hinckley, “La Iglesia avanza”, pág. 7.
  6. 6. Hinckley, “El Fondo Perpetuo para la Educación”, pág. 62.