La preparación, la ayuda humanitaria y la fe ayudan a Filipinas a recuperarse de las inundaciones

  • 29 agosto 2012

En Manila y sus alrededores, los voluntarios de Manos Mormonas que Ayudan ya han comenzado a ayudar en la limpieza donde el agua ya aminoró.  Foto por Mark Cayago.

Con la ayuda de la Iglesia y sus colaboradores, los miembros en las Filipinas aún se están recuperando de las inundaciones que comenzaron el 7 de agosto de 2012, cuando en menos de 24 horas el equivalente a más de dos semanas de lluvia cayó sobre la capital de Manila.

Un reciente informe de los Servicios de Bienestar de la Iglesia señala que el número de estacas y distritos afectados fueron 35, a los que correspondían aproximadamente a 10.000 miembros. Más de 400 centros de reuniones se utilizan como áreas de evacuación para aquellos que necesitan de resguardo, tanto miembros como no miembros.

Hasta la fecha, los esfuerzos de ayuda humanitaria han resultado en la distribución de casi 13.000 paquetes de alimentos, 7.889 paquetes de higiene, 650 paquetes para bebés y 200 paquetes para dormir.

El presidente José Manarin preside la estaca Marikina, una de las zonas más afectadas debido a la baja elevación del terreno que incluye un río que se ha desbordado durante las últimas lluvias torrenciales. Las circunstancias de los miembros en Marikina representan una muestra de muchas zonas alrededor de Manila.

“La mayoría de nuestros miembros viven cerca del río”, informó el presidente Manarin. “Las inundaciones ahora abarcan la mayoría de los bienes de nuestros miembros”.

Sin embargo, dijo él, dado que las inundaciones ocurren tan a menudo, los miembros se han preparado con anterioridad. Un edificio cercano ya estaba preparado para la evacuación, con duchas, baños y áreas de cocina, de modo que los miembros huyeron allí. Algunos otros centros de reuniones en la zona también se utilizan como centros de evacuación.

Cuando subieron las aguas, un equipo de miembros de la Iglesia utilizó un barco de una agencia del gobierno local para llegar hasta aquellos que estaban atrapados en sus hogares o para llevar comida a los que no tenían acceso a ella.

“Nuestro desafío es enseñar siempre a los miembros a prepararse para calamidades como ésta”, recalcó el presidente Manarin.

Él estimó que en tres días el agua comenzará a decrecer, los miembros regresarán a sus hogares y empezará el proceso de limpieza. En Quezón City, voluntarios de Manos Mormonas que Ayudan, muchos de los cuales tenían sus propios hogares bajo el agua, comenzaron los esfuerzos de socorro tan pronto como el 9 de agosto.

Algunos de los jóvenes adultos solteros y jóvenes de la estaca Marikina ya han comenzado a ayudar en las zonas donde el agua ha ido decreciendo.

“Sus hogares y sus pertenencias han sido destruidos por las aguas, pero lo que es importante para ellos es que todavía están vivos”, dijo el presidente Manarin. “Va a ser un desafío para muchos de ellos, porque tendrán que reemplazar lo que se ha perdido y encontrar empleo es difícil aquí, pero aún así siguen sonriendo”.

Parte de la razón de esas sonrisas, agregó, es su fuerte fe. El primer domingo después de la inundación, los miembros se reunieron en un centro de reuniones para una reunión sacramental rápida, uno de esos centros se llenó de evacuados, debido a que otro centro se inundó. El segundo domingo, los miembros pudieron asistir al horario completo de reuniones de la Iglesia.

“Durante la reunión, contaron sus experiencias y cómo se fortalecieron mediante su fe, al ser contestadas sus oraciones”, dijo el presidente Manarin. “Nuestros miembros son maduros en el Evangelio. Su fe es fuerte… Son fieles”.

La Iglesia continúa evaluando las necesidades de los miembros y de sus vecinos, y continuará proporcionando ayuda a los necesitados.