La preparación, de todo tipo, bendice a los santos en Joplin, Misuri

- Melissa Merrill, Noticias y Eventos de la Iglesia

  • 1 julio 2011

La preparación espiritual y temporal trajo un sentido adicional de paz y consuelo a los miembros de Joplin, Misuri, EE. UU., tras el paso de un devastador tornado.

“En este caso, los kits de 72 horas, con lo importante que eran, el almacenamiento de comida, con lo importante que era, desaparecieron, debido a este desastre. No obstante, aquellas cosas que estaban profundamente arraigadas, lo fundamental de las llaves del sacerdocio, de testimonio, permanecieron firmes. Y al reunirse los santos, fue espectacular ver la preparación que vino gracias a las profundas raíces espirituales, que los vientos, tornados o huracanes no iban a quitar, y que se extienden más allá de la mortalidad, hacia la eternidad”. —Élder Jonathan C. Roberts, Setenta de Área

Velas. Barritas de granola. Una linterna. Estos artículos de emergencia, de los almacenes de varias familias Santos de los Últimos Días, desempeñaron un papel importante a la hora de facilitar la organización y toma de acción de la Estaca Joplin Misuri, en las primeras horas después del tornado del 22 de mayo.

El centro de estaca había sido destruido, al igual que otros edificios importantes de la zona; también hubo cortes de suministro eléctrico en muchas partes de la ciudad. Pero un pequeño grupo de líderes de área, estaca y barrio, pudieron reunirse en consejo, a la luz de las velas, y posteriormente de las linternas, en la casa del obispo del barrio 2 de Joplin, Dave Richins, para determinar qué hacer en cuanto a la recuperación, socorro y reconstrucción.

Según se dieron cuenta en ese consejo, así como muchos otros miembros de la Estaca Joplin, Misuri, la preparación tanto física como espiritual desempeñó una función importantísima en estos esfuerzos.

Preparación física

Afortunadamente, la Estaca de Joplin disponía de un plan de emergencias, por lo que los miembros estaban preparados para contar, valorar e informar rápidamente ante el desastre. De hecho, el presidente de la estaca, Creed Jones, había empezado a formular el plan años atrás, cuando era miembro del sumo consejo.

“Nuestro plan de emergencia, aunque tiene muchos detalles, es bastante sencillo: contar, valorar, informar rápidamente”, dijo el presidente Jones. “Hay que contar a la gente. Todos salen para averiguar cómo están los misioneros, los miembros, y si todos están contados. Entonces hacen un valoración. ¿Quiénes faltan? ¿Quiénes están heridos? ¿Quiénes se quedaron sin casa? ¿Quiénes se quedaron sin electricidad? ¿Cuáles son sus necesidades familiares, situación física, etc.? Entonces se informa rápidamente, comunicando la información a través de la línea del sacerdocio”.

Miembros de la Estaca Joplin, Misuri hablan del valor de la preparación.

El proceso funcionó bien, dijo el presidente Jones; también dijo que recibió varios relatos sobre miembros que corrieron o caminaron millas (las carreteras y demás infraestructuras no se podían transitar al principio debido a todos los escombros) para verificar que estuvieran bien familiares, amigos, compañeros de trabajo y miembros del barrio.

“Lo que realmente se aprende es que la Iglesia no es sólo lo que ocurre en una capilla o en un aula los domingos”, dijo el presidente Jones. “La verdadera prueba viene cuando hay necesidades y tenemos que cuidarnos los unos a los otros.

“Ahora no tenemos una capilla, pero sabemos que se va a construir otra”, agregó. “Mientras tanto, hay mucha ‘actividad de la Iglesia’ llevándose a cabo, en cuanto a atender las necesidades de los demás, gente acogiendo a gente en sus hogares y personas compartiendo sus alimentos y ropa. Ha sido maravilloso y enternecedor”.

Al seguir los miembros de la estaca el plan de emergencia, vieron milagros a diario. El obispo Chris Hoffman, del barrio Joplin 1, uno de los dos barrios en los que los miembros fueron más afectados por los daños, comentó que miembros del barrio le contaron acerca de momentos en que necesitaban alguna ayuda en particular, y que llegaba un miembro del barrio con exactamente lo que necesitaban, cuando lo necesitaban.

“Todos en el barrio comprendieron que necesitábamos cuidarnos los unos a los otros”, dijo el obispo Hoffman. “Fue muy gratificante para mí, como obispo, no oír ‘¿Qué quiere que haga?' sino ‘Esto es lo que he hecho’”.

Las respuestas de este tipo vinieron debido a la preparación, no sólo a nivel de estaca y barrio, sino a nivel personal y de familia. Debido a la naturaleza de la destrucción, muchas personas perdieron sus casas, y muchas casas sufrieron daños considerables. El almacenamiento de comestibles y otros artículos de emergencia no siempre se conservaron. Aquellos cuyos hogares no sufrieron daños estaban preparados para compartir lo que tenían con los demás.

Marcy Peterson, segunda consejera de la presidencia de la Sociedad de Socorro de la estaca, dijo que la preparación es importante para ella, por la paz que trae consigo.

“Para mí, estar preparada significa que… no tengo que preocuparme”, dijo ella. “Sé que si he hecho mi parte preparándome espiritualmente, teniendo mi almacenamiento de comestibles y estando dispuesta a compartir con los vecinos y demás, tengo el sentimiento de que voy a estar bien, que el Señor me bendecirá, pase lo que pase”.

Otros líderes de barrio y estaca dicen que incluso si los miembros no utilizaron ellos mismos su almacenamiento de comestibles o sus suministros de emergencia, el hecho de tener esas cosas les permitió ayudar a otros que lo necesitaban.

La preparación espiritual

Mike and Becky Higginson con fidelidad y con el tiempo han elaborado su almacenamiento de comestibles, y aunque el tornado destruyó su casa, la caseta donde tienen su almacenamiento de comestibles sobrevivió a la destrucción.

Los Higginson están agradecidos por esa bendición, pero indican rápidamente que la preparación física por sí sola no basta para ayudarles a superar esta clase de acontecimiento. Saben que la obediencia a los consejos de los profetas y apóstoles edifica otra clase de almacén que los desastres naturales y otras calamidades no pueden destruir.

“Hemos tenido duras experiencias en el pasado, y el Evangelio es lo que nos sostiene en todo”, dijo la hermana Higginson. “Así que, aunque esto sea traumático, … no cambió nada. Uno vuelve de inmediato a las raíces del Evangelio, las raíces espirituales”.

El obispo Richins dijo que ha visto esta clase de fe una y otra vez desde el desastre. “Mi testimonio se ha fortalecido al ver a los miembros de nuestro barrio perseverar a través de toda esta adversidad; pensar en su familia primero y después en los demás antes de en sí mismos. Lo dejaron todo para ayudar a los demás. Cuando teníamos proyectos de servicio, los miembros con casas destruidas se presentaron queriendo servir. Tuve que enviarlos de vuelta a sus casas con otros hermanos para cuidar de sí mismos, y siempre se iban renuentes.

“Ese es un maravillosos ejemplo de vivir una vida cristiana”, agregó. “Estos testimonios y esta fe nos dan la esperanza que nos permite seguir adelante”.

La mañana después del tornado, el obispo Chris Hoffman, del barrio Joplin 1, se reunió con otros hermanos del barrio en un punto céntrico de la ciudad para empezar a contar y evaluar. Con las líneas de comunicación averiadas, “fue difícil determinar por dónde empezar”, dijo el obispo Hoffman.

“Con la tecnología de hoy en día, tendemos a confiar demasiado, o depender demasiado de las cosas que nos hacen la vida más fácil”, dijo el obispo Hoffman. “En este caso [el correo electrónico, los mensajes de texto y los teléfonos] no funcionaban. Así que recurrimos a lo que se nos enseñó desde que éramos pequeños, el simple hecho de hacer un oración y escuchar la respuesta.

“Uno reconoce bien rápido —si no lo ha hecho ya— cuánto depende de nuestro Padre Celestial para recibir respuestas, porque las necesita, y con rapidez. Pero llegaron las respuestas. Siempre han llegado. Siempre llegarán”.

Esa clase de fe y dependencia del Señor ha seguido sosteniendo a los miembros de la estaca de Joplin. El domingo después del tornado, el élder Jonathan C. Roberts, Setenta de Área, asistió a una reunión conjunta de los barrios 1 y 2 de Joplin, donde vio expresiones de afecto entre los santos y escuchó sus testimonios.

“Personas que lo habían perdido todo —su casa, su taller, todo— se levantaron y dijeron: ‘Somos algunas de las personas más bendecidas’.¿Cómo ocurre eso?”, preguntó el élder Roberts. “¿Cómo puede alguien en esas circunstancias tener el valor y la fuerza para erguir los hombros, levantar la cabeza y decir: ‘estamos bien’? Pues, sólo ocurre de una manera. Tienen la perspectiva del evangelio de Jesucristo.

“En este caso, los kits de 72 horas, con lo importante que eran, el almacenamiento de comida, con lo importante que era, desaparecieron, debido a este desastre”, dijo él. “No obstante, aquellas cosas que estaban profundamente arraigadas, lo fundamental de las llaves del sacerdocio, del testimonio, permanecieron firmes. Y al reunirse los santos, fue espectacular ver la preparación que vino gracias a las profundas raíces espirituales, que los vientos, tornados o huracanes no iban a quitar, y que se extienden más allá de la mortalidad, hacia la eternidad”.

Esa perspectiva se ha manifestado en la manera en que han respondido los miembros, dijo el obispo Hoffman, “sin pánico y sin caos, aun entre el caos en sus vidas”.

Él continuó: “Eso no quiere decir que no haya habido altibajos emocionales o lágrimas derramadas, pero se puede ver que los miembros realmente entienden el plan de por qué estamos aquí. ‘Éste es tan sólo un momento’. ‘Sólo son cosas’. ‘Reconstruiremos’. Eso lo he oído muchas veces. Es un testimonio y un testamento a su preparación y su comprensión del Evangelio y de cómo viven su vida”.