El reencuentro del presidente Monson con su preciada Alemania

- Por Grace Thomas, oficina de Asuntos Públicos del Área Europa

  • 22 octubre 2012

A lo largo de su visita a cuatro ciudades alemanas a mediados de octubre, el presidente Monson les recordó a los miembros de la Iglesia la necesidad de que cada persona siga a Cristo.

Puntos destacados del artículo

  • El presidente Monson se reunió con los Santos de los Últimos Días en Hamburgo, Berlín, Múnich y Fráncfort los días 13, 14, 20 y 21 de octubre de 2012.
  • Los lazos entre el presidente Monson y Alemania datan desde 1963, cuando fue llamado como apóstol y asignado para presidir las misiones europeas de la Iglesia.
  • El punto principal del mensaje del presidente Monson a los miembros alemanes de la Iglesia era su exhortación de seguir a Jesucristo.

“A medida que el presidente Monson visitaba zonas de Alemania, todos reconocimos y fuimos testigos de que se ha cumplido su promesa profética… El presidente Monson es un hombre que siente un profundo afecto por las personas de Alemania y ellas corresponden con ese mismo amor”. —Élder José A. Teixeira, presidente del Área Europa

Tan sólo una semana después de la Conferencia General Semestral Nº 182 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el presidente Thomas S. Monson viajó a Alemania para reunirse con los miembros de la Iglesia. El país es el hogar de más de 38.000 Santos de los Últimos Días y ocupa un lugar especial en el corazón del presidente Monson, en parte a causa de sus viajes y del servicio a la Iglesia en la región.

El presidente Monson se reunió con los Santos de los Últimos Días en Hamburgo, Berlín, Múnich y Fráncfort los días 13, 14, 20 y 21 de octubre de 2012.

“Deutschland, ich liebe dich!” (“Alemania, ¡te amo!”), dijo el presidente Monson a los miembros en Hamburgo, mientras sonreía y saludaba a la multitud.

El punto principal de su mensaje a los miembros alemanes de la Iglesia era su exhortación de seguir a Jesucristo.

“Hoy mi oración es que tengamos oídos dispuestos a escuchar, para oír Su llamada, apreciar la invitación de nuestro Señor y tener la sabiduría de abrir de par en par la puerta de entrada a nuestro corazón y los portales de nuestra mente, para que Jesucristo llegue a nosotros”, dijo el presidente Monson en Hamburgo.

Al dirigirse a los asistentes en Berlín, el presidente Monson explicó que aquellos que han sentido la influencia del Maestro, de alguna manera no pueden explicar el cambio que se ha producido en su vida. Existe un deseo de mejorar, de servir fielmente, de actuar con humildad y de vivir de manera más parecida al Salvador, dijo.

El presidente Monson les recordó a los miembros en Múnich que cuando Cristo ministró entre los hombres, llamó a los pescadores de Galilea para que dejaran sus redes y lo siguieran, declarándoles que Él les haría pescadores de hombres. “Deseo que nos unamos a los grupos de pescadores de hombres y mujeres, para que aportemos toda ayuda nos sea posible”, instó el profeta a los santos.

El presidente Monson dijo a los miembros de Fráncfort que Jesucristo enseñó mediante su ejemplo: “Jesús, a lo largo de Su ministerio, bendijo al enfermo, restauró la vista al ciego, hizo que el sordo oyera y que el lisiado y el mutilado caminaran. Enseñó el perdón al perdonar, enseñó la compasión al ser compasivo. Enseñó la devoción al dar de Sí mismo”.

La relación especial entre el presidente Monson y Alemania empezó hace muchos años.

Poco después de ser llamado como apóstol en 1963, fue asignado para presidir las misiones europeas de la Iglesia. Esa era una época de gran agitación en esta parte del mundo. Cuando todavía sufría las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, Alemania se encontraba dividida en cuatro zonas militares, cada una controlada por distintas naciones. Literalmente durante una noche, la República Democrática de Alemania construyó el Muro de Berlín, creando así una barrera física entre Berlín Occidental y Alemania Oriental.

El estar completamente separados de todo lo que ocurría al otro lado del muro y no poder escuchar la voz del profeta dejó en condiciones difíciles a los aproximadamente 5.000 Santos de los Últimos Días. Se fijaron restricciones de cómo podrían adorar los miembros. El gobierno requirió que se le avisara de las reuniones e incluso monitoreaban los servicios dominicales. No se permitía tener en el país las Escrituras, manuales, manuales de instrucción, ni siquiera himnarios. En cierto momento, se quemó toda la literatura no autorizada. Muchas congregaciones incluso carecían de liderazgo establecido.

La fe de los santos durante este tiempo fue extraordinaria. A pesar del entorno difícil, los miembros fielmente se reunieron para cantar himnos y fortalecerse mutuamente. El porcentaje de asistencia a la reunión sacramental, la orientación familiar y otras actividades de la Iglesia era más alto que en cualquier otra estaca europea.

Debido al ambiente político, era difícil tener visitas de los líderes de la Iglesia. El año 1959 marcó la última visita de autoridades de las Oficinas Generales de la Iglesia y los santos sufrían. Con la determinación de ayudar, el élder Monson fue el primer apóstol en visitar la zona soviética en Alemania. Su visita no contó con el apoyo del Departamento de Estado de los Estados Unidos, pero al poner su confianza en el Señor, fue de todos modos.

En una fría mañana de noviembre en 1968, dentro de un almacén dañado en Görlitz, se reunió con los miembros de aquel lugar destruido por la guerra, a quienes no les había quedado nada más que su fe. Conmovido por sus privaciones e inquebrantable confianza en el Señor, el élder Monson pronunció una emotiva declaración que llegaría a ser un distintivo de su ministerio apostólico.

“Si continúan siendo leales y fieles a los mandamientos de Dios”, les prometió, “disfrutarán de cualquier bendición de la que goce cualquier miembro de la Iglesia en cualquier país”.

Esa era una afirmación atrevida. En aquel momento no había patriarcas, los materiales de la Iglesia no estaban permitidos, la obra misional estaba prohibida y un muro impedía que los Santos de los Últimos Días recibieran las bendiciones del templo. Una vez más, Thomas S. Monson puso su confianza en el Señor y se basó en la fe de los miembros de la Iglesia.

El presidente Monson hizo muchos viajes más a Alemania con el fin de establecer relaciones con líderes gubernamentales y fortalecer a los miembros de allí. A lo largo de su interacción con los demás, desarrolló amistades que durarían toda la vida con aquellos que desempeñaban una importante función en el desarrollo de la Iglesia. Su diario relata la interacción con los varios poseedores del sacerdocio tan capaces, incluso con un joven piloto de aerolíneas llamado Dieter Uchtdorf, que posteriormente llegaría a ser un apóstol y que ahora sirve como segundo consejero de la Primera Presidencia. Otro amigo muy querido del presidente Monson fue Henry Burkhardt, que fue llamado como presidente de misión de la recién creada Misión Dresden.

Después de la creación de la Misión Dresden, el acceso a los santos se hizo más fácil y el cumplimiento de la profecía del presidente Monson comenzó a ser evidente. Poco a poco, se concedió el permiso para que los líderes locales visitaran Salt Lake City, Utah, para asistir a la conferencia general y visitar el templo. Se prestó especial atención a las leyes impuestas por los líderes gubernamentales durante este tiempo. Estas acciones ayudaron a generar confianza entre los miembros de la Iglesia y el gobierno.

El presidente Monson dedicó incontables horas a apoyar a los miembros en Alemania. Además de cumplir con su responsabilidad del sacerdocio, el presidente Monson fue impulsado por un profundo amor hacia la gente. No era raro que él literalmente se sacara la chaqueta para dársela a alguien necesitado. Con frecuencia, se llenaba los bolsillos de goma de mascar para dársela a los niños pequeños.

To the Rescue: The Biography of Thomas S. Monson relata una historia en particular de su dedicación para ayudar a los miembros de la Iglesia a recibir todas las bendiciones del Evangelio. No se permitía la entrada de manuales de la Iglesia, por lo que el presidente Monson memorizó el contenido del Manual General de Instrucciones de la Iglesia. Después de llegar a Alemania, pidió una máquina de escribir y comenzó a escribir de memoria una copia del contenido del manual. Cuando había escrito aproximadamente 30 páginas, se tomó un descanso para reponerse y caminar por la habitación. Se sobrecogió al ver, encima de una estantería, una versión en alemán del Manual General de Instrucciones. De cómo llegó ahí nadie lo supo. Por supuesto, él estaba muy bien versado en el manual desde hacía muchos años.

Otro evento memorable para el presidente Monson fue la dedicación de la República Democrática de Alemania para la predicación del Evangelio. Temprano por la mañana del 27 de abril de 1975, en una montaña cerca de Dresden, derramó su alma a favor de los santos. Él expresó su gratitud por la Iglesia en ese país, describió la fe de los miembros y suplicó para que hubiera un medio por el cual los santos recibieran las bendiciones del templo. El presidente Monson ha visitado este lugar varias veces desde entonces y se ha convertido en terreno sagrado a él.

Durante la visita del profeta a Alemania este mes de octubre, el élder José A. Teixeira, presidente del Área Europa, le entregó una fotografía enmarcada del lugar dónde se hizo la dedicación con vistas al río Elba.

“A medida que el presidente Monson visitaba zonas de Alemania, todos reconocimos y fuimos testigos de que se ha cumplido su promesa profética. Qué maravillosa bendición ha sido para todos tenerlo aquí entre nosotros y que se dirija a las congregaciones en Hamburgo, Berlín, Múnich y Fráncfort. Se ve claramente que el presidente Monson es un hombre que siente un profundo afecto por las personas de Alemania, y ellas corresponden con ese mismo amor”, dijo el élder Teixeira.

La obra continuó progresando. Poco a poco, se organizaron estacas y distritos, se permitieron misioneros en el país, se autorizó a los varones jóvenes a salir del país para el servicio misional y se llamó a un patriarca. La piedra de coronamiento se instaló el 25 de junio de 1985, con la dedicación del Templo de Freiberg. Fue el primer templo construido en suelo alemán. Henry Burkhardt, a quien el presidente Monson conoció durante aquella reunión en Görlitz, fue llamado como presidente del templo. Muchos miembros fueron inmediatamente al templo.

De sus experiencias, el presidente Monson escribió en su diario: “La fe de los Santos de los Últimos Días en esa área trajo la ayuda del Dios Todopoderoso y les proporcionó las bendiciones eternas que tan abundantemente merecían”.