Las líderes de la Primaria alientan a las familias a centrarse en Jesucristo

- Por Marianne Holman, redactora de Church News

  • 8 mayo 2013

La hermana Rosemary M. Wixom, presidenta general de la Primaria (centro) y sus dos consejeras, la hermana Jean A. Stevens (izquierda) y la hermana Cheryl A. Esplin (derecha), hablaron el 2 de mayo de 2013, en la Conferencia de la Mujer en BYU, en Provo, Utah.  Fotografía por Jonathan Hardy, fotografía de BYU.

“Cuando nos concentramos en Jesucristo, quitamos los escombros que entorpecen el camino y establecemos un cimiento para nuestra familia sobre la roca de nuestro Redentor. Soplarán los vientos y las tormentas fuertes golpearán sobre nosotros, pero no caeremos”. —Rosemary M. Wixom, presidenta general de la Primaria

“Son las cosas pequeñas que hacemos las que llevan a nuestros hijos al Salvador”, dijo la hermana Rosemary M. Wixom, presidenta general de la Primaria, durante la Conferencia de la Mujer en la Universidad Brigham Young el 2 de mayo de 2013.

“Cuando nos concentramos en Jesucristo, quitamos los escombros que entorpecen el camino, y establecemos un cimiento para nuestra familia sobre la roca de nuestro Redentor. Soplarán los vientos y las tormentas fuertes golpearán sobre nosotros, pero no caeremos”.

La hermana Wixom y sus consejeras, la hermana Jean A. Stevens y la hermana Cheryl A. Esplin, se centraron en los tres pilares: la oración, las Escrituras y el templo, los cuales fortalecen los cimientos de los hogares.

El poder de la oración personal y familiar

“Nuestro Padre Celestial no está preocupado sobre cuán inteligentes, ricos o famosos somos”, dijo la hermana Esplin. “Él nos ama porque somos Sus hijos. Él nos ha dado una cuerda salvavidas hacia Él, se llama oración”.

Ella enseñó que la oración es esencial para la construcción de una vida y un hogar centrados en Cristo.

“Todos sabemos que la realidad de reunirse todos para la oración familiar no siempre es fácil, debido a los diferentes horarios y actividades de los miembros de la familia, pero cuando lo hagamos una prioridad, encontraremos una manera de lograrlo que se adaptará mejor a nosotros”, dijo la hermana Esplin.

A medida que los niños pequeños practican constantemente y con regularidad la oración en familia, aprenden rápidamente que hay alguien a quien siempre pueden acudir para pedir ayuda.

“Podemos orar en cualquier momento y en cualquier lugar”, dijo ella. “Se nos ha prometido que mediante la oración regular, los miembros de nuestra familia se acercarán más a Dios y el uno al otro. Nuestro hogar será un lugar de fortaleza espiritual, un refugio de las influencias inicuas del mundo”.

 

La hermana Rosemary M. Wixom, presidenta general de la Primaria, saluda a una participante de la Conferencia de la Mujer en BYU. Fotografía por Jonathan Hardy, fotografía de BYU.

El poder de escudriñar las Escrituras

La hermana Wixom, citando al élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce, dijo: “Las Escrituras son como contenedores de luz que iluminan nuestra mente y dan lugar a la guía e inspiración de lo alto”.

Esos contenedores de luz iluminan la mente y ayudan a edificar un cimiento sobre la “roca de nuestro Redentor”, enseñó. Ellos testifican de Jesucristo y por medio del poder del Espíritu Santo, las personas, al leer, llegan a conocerlo.

“Cuando leer las Escrituras se convierte en un hábito diario, nos sentimos atraídos al escudriñarlas y las amamos”, dijo ella. “Como una mujer dijo, ‘luego llega el momento cuando la obediencia se convierte en necesidad de leerlas”.

El presidente Thomas S. Monson dijo: “Si estudian las Escrituras con diligencia, aumentará su poder para evitar la tentación y para recibir la guía del Espíritu Santo en todo lo que hagan” (“Sé lo mejor que puedas ser”, Conferencia General de abril de 2009).

Por medio de la lectura de las Escrituras, las familias aumentarán la presencia del Espíritu Santo en su hogar.

El poder del templo

El templo y la obra de historia familiar son fundamentales en llevar a cabo la obra de salvación del Señor, dijo la hermana Stevens.

“Puedo imaginar que el Señor, con su infinito poder, podría diseñar una manera de llevar la salvación a todos Sus hijos sin usar directamente nuestra ayuda”, dijo ella. “Pero por alguna razón, no lo hizo. ¿Es posible que nuestra participación en el templo y la obra de historia familiar esté diseñada no sólo para salvar a nuestros antepasados, sino también para salvar a nuestros hijos y a nosotros mismos?”.

A medida que las personas hacen una prioridad el asistir al templo y trabajar en la historia familiar, llegarán a experimentar las bendiciones prometidas y sentirán la presencia del Señor en su vida. Incluir la participación de los niños en ese enfoque del templo trae esas bendiciones a los hogares y las familias.

La hermana Stevens dijo que incluso las actividades pequeñas, una lámina del templo en la habitación de un niño, cantar canciones acerca del templo, visitar los jardines del templo, ayudarlos a prepararse para una recomendación del templo, compartir relatos de sus antepasados y hacerlos participar en la obra del templo y de historia familiar, ayudará a los niños a hacer que el templo sea una parte de su corazón y de su futuro.