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Mensaje de Navidad de la Primera Presidencia 2012

  • 30 noviembre 2012

El espíritu de la Navidad pone en nuestro corazón el deseo de brindar gozo a otras personas y servirles. En esta época del año, sentimos un espíritu de dar y de gratitud por lo que se nos ha dado. La celebración de la Navidad nos ayuda a cumplir nuestra promesa de siempre recordar al Salvador y los dones que nos concede, y a su vez, de servir a los demás.

Cada acto de bondad hacia cualquier persona llega a ser un acto de bondad hacia Él, porque Él ama a todos los hijos de nuestro Padre Celestial. Y dado que eso le produce gozo a Él, también brinda gozo a Su Padre, a quien le debemos una gratitud infinita.

Jesucristo nos enseñó que hay una manera de ofrecer una dádiva aún más invalorable y duradera. Él dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). De todas las bondades que realizamos por Él, la mayor de todas es indicar el camino que conduce a Él, la única fuente de vida eterna, a aquéllos a quienes amamos y servimos.

Damos testimonio de la realidad viviente de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Que la paz y gozo que vienen por medio de Él esté presente en la vida y el corazón de los hijos de Dios en todo el mundo en esta época de Navidad.

—La Primera Presidencia