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Misioneros de salud: Llamados a servirle

  • 22 marzo 2011

Al servir a los misioneros y a los miembros de sus áreas, los misioneros de salud se enfrentan a diversos desafíos que abarcan desde la nutrición a la higiene y de enfermedades a partos.

Somos hoy llamados al servicio,
a dar testimonio de Jesús.
Vamos a un mundo en tinieblas
para proclamar la luz.

La primera estrofa del popular himno “Llamados a servir” (Himnos, n.º 161) esboza un cuadro de misioneros proselitistas vestidos con camisa blanca, corbata y placas identificativas de color negro, una imagen que la mayoría de los miembros invocan en sus mentes cuando oyen la palabra “misionero”.

Menos conocidos son los misioneros médicos y las misioneras enfermeras de la Iglesia, hombres y mujeres con formación médica llamados a coordinar la salud de los misioneros de proselitismo en todo el mundo.

Tal vez no se les llame a predicar el Evangelio, pero al cuidar de la salud de los misioneros y las personas de sus áreas, cumplen con el idéntico llamamiento de proclamar el amor de Dios a Sus hijos y, a cambio, ellos mismos sienten ese amor.

Llamados a servir... una misión de salud

En 1983, el Departamento Misional inició el programa misional de salud. En la actualidad, cerca de 80 misioneros de salud (la mayoría médicos y enfermeras jubilados, pero también algunas enfermeras menores de 25 años) sirven en misiones de salud de tiempo completo cuyo objetivo es velar por la salud de los misioneros.

“Se trata de un llamamiento muy necesario”, dijo Deanne Francis, presidenta del comité de especialistas en enfermería misional. “Hay muchas personas cualificadas e interesadas en algo por el estilo que no son conscientes de que existe esta oportunidad”.

Según la hermana Francis, las personas interesadas en servir en una misión de salud necesitan indicar en su solicitud misional que han completado sus estudios de medicina y que tienen las debidas titulaciones médicas que acreditan el ejercicio de esta práctica.

“Necesitamos enfermeras acreditadas solteras de entre 19 y 25 años, matrimonios jubilados en los que uno de los cónyuges sea enfermera certificada, médico o enfermero mayor”, agregó. “No es necesario disponer de licencias en vigor dado que el ámbito de la práctica en el campo misional no lo requiere”.

Al igual que ocurre con los demás misioneros, a los misioneros de salud se les llama a servir costeándose los gastos de su propio bolsillo por periodos que oscilan entre los 18 meses y los dos años. 

A diferencia de las misiones regulares, mientras están en el centro de capacitación misional, los misioneros de salud reciben formación médica además de la formación del idioma y de enseñanza. Se les capacita sobre las diferentes enfermedades que podrían encontrarse (malaria, dengue, tuberculosis) y los procedimientos para ubicar dónde tratarlas y cómo contactar con asesores médicos locales.

“Es una oportunidad de tomar ese conocimiento y el amor por ayudar al prójimo y aplicarlo al campo misional”, señaló la hermana Francis.

Llamados a... mejorar la salud entre los misioneros

Antes del desarrollo de este programa, en cualquier parte del mundo y en cualquier día del año, el equivalente a dos misiones completas (unos 300 misioneros) se hallaban enfermos o incapaces de trabajar.

La falta de entendimiento de los misioneros respecto a la nutrición y el ejercicio, así como las diversas dietas y prácticas higiénicas, contribuyen a esas cifras.

Los misioneros de salud trabajan para reducir esa estadística no mediante la realización de procedimientos médicos sino coordinando la salud de los misioneros. Esta tarea implica el diagnóstico de enfermedades; la evaluación de instituciones médicas y de doctores; la supervisión de la atención sanitaria de los misioneros; el recabar materiales de recursos; y el formular lecciones, programas y actividades para enseñar a los misioneros cómo preservar una buena salud. Toda la información médica se recoge y envía al presidente de misión, al asesor médico del Área y al Departamento Misional en las oficinas generales de la Iglesia.

En la misión Fiyi Suva, el servicio de Kathleen Joyce Stewart como misionera de salud de campo bendijo la vida de muchos misioneros.

Un compañerismo de misioneros no sabía cómo comprar comestibles, pero su nutrición mejoró después de enseñárseles a elaborar una lista y a incorporarlos a diferentes comidas.

“Me resultó apasionante ver que, junto con la enseñanza espiritual que han adquirido, los misioneros también llevarán a sus casas las enseñanzas sobre salud física”, dijo la hermana Stewart. 

Otro misionero, tras aprender principios de buena salud tales como el ejercicio y la dieta, comentó lo mucho mejor que se sentía y lo mejor misionero que era gracias al tener cuidado de su cuerpo.

En otro caso, a una hermana misionera le costaba estudiar las Escrituras. Tras examinarse la vista, se le recetaron unas gafas que, literalmente, le brindaron una nueva perspectiva sobre el servicio misional.

La hermana Stewart lo expresó de esta manera: “Sabía que el servir en una misión me brindaba la oportunidad de crecer espiritualmente, pero desconocía el impacto que podría tener la mejora física de los misioneros en sus vidas y en su capacidad para servir”.

A la enfermera certificada de la misión Ecuador Quito, Michelle Groesbeck, de Provo, Utah, EE. UU., le inquietaban las condiciones del hospital donde estaba ingresado su presidente de misión. Su insistencia en transferirlo a un hospital adecuado probablemente le haya salvado la vida al presidente.

“Los misioneros jóvenes y dignos con formación médica y buen juicio realizan una contribución sanitaria irreemplazable en las misiones en las que prestan servicio”, indicó la hermana Francis.

Vamos a... servir a los miembros

En muchas áreas, el presidente de misión extiende a los misioneros de salud el llamamiento de incluir la salud de los miembros locales y la enseñanza de prácticas sanitarias tales como la nutrición y la higiene.

Diane Teichert, misionera de salud, dedicó su misión a prevenir y tratar enfermedades y lesiones en las islas Marshall, donde existen las incidencias más elevadas de tuberculosis y lepra. 

“Sí, se ven cosas muy duras, pero los beneficios y el progreso compensan las [inconveniencias y dificultades]”, declaró. “Me encanta la forma en que las personas aman a sus hijos, su fe en Jesucristo y el valor que tienen los líderes del sacerdocio”.

Tal es la actitud de la mayoría de quienes han experimentado las bendiciones de servir en una misión de salud.

Los misioneros de salud Kenneth y Dale Hicks trabajaron con enfermos de diabetes, gota, neumonía, tuberculosis y lepra a la vez que tenían que hacer frente a las dificultades para desplazarse y a las limitaciones de aprovisionamientos e instalaciones médicas en las islas Marshall. Sin embargo, lo que ellos recuerdan es su amor por las personas y el amor de éstas por el Señor.

“Al recordar la humildad de la gente a la que ama el Señor, no puedo evitar esbozar una sonrisa y que asomen las lágrimas”, dijo la hermana Hicks. “Me siento muy agradecida porque Él me permitiera ser Su instrumento”.

En Tonga, Frederika “Teni” ten Hoopen llevaba varios meses sirviendo como misionera enfermera cuando se llevó una sorpresa al tener que ayudar en el alumbramiento de un bebé en el Templo de Nuku’alofa, Tonga, cuando iba de camino a una sesión del templo.

El bebé de cuatro kilos, que gozó de buena salud al nacer, recibió el nombre de Teni Keleitoni Temipale; el nombre y apellido son el equivalente en tongano de “ten Hoopen” y “templo”.

Para proclamar la luz

“Los misioneros de salud tienen un llamamiento especial de ayudar a los misioneros a ser eficaces”, declaró la hermana Francis. “Podemos prestarles servicio ayudándoles a regresar a casa no sólo con honor, sino con buena salud”.

Cuando los misioneros de salud proclaman el amor de Dios al prestar servicio a su prójimo, también ellos sienten ese amor, comentó el doctor Dr. Donald Doty, actual presidente del programa de misioneros de salud.

“Cuidar de los misioneros es una enorme bendición”, dijo. “Recibimos satisfacción y somos bendecidos cuando nuestro paciente, el misionero, se mejora. Sentimos satisfacción a través de sus logros porque les ayudamos a conservar la salud”.

A medida que los misioneros de salud “proclaman la luz” en virtud de su servicio, tienen la oportunidad de representar y recibir a cambio el amor del Maestro Sanador, Jesucristo, a quien le interesaba la salud física y la espiritual de todos a los que conocía.

“Los misioneros de salud tienen el manto de autoridad para hacer lo que hacen”, afirmó la hermana Francis. “Existe el sentimiento de que se puede depositar la confianza en algo más que en el brazo de la carne, lo cual es obvio para todo aquel que sirve en este puesto”.