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Cambios en las normas hacen que la misión sea posible para algunos matrimonios mayores

  • 14 octubre 2011

Para Roslyn y Lyle Archibald, cuya foto se encuentra más arriba, el cambio en el tiempo de servicio que se les requiere a los misioneros mayores les permitió hacer una misión de servicio humanitario de seis meses en Micronesia mucho antes de lo que esperaban.

A lo largo de su matrimonio, Brent y Suzanne Romig habían hablado acerca de servir juntos en una misión una vez que sus seis hijos fueran grandes. Los dos amaban la obra misional: el hermano Romig sirvió en Holanda cuando era joven y el padre de la hermana Romig fue presidente de misión en Tahití antes de que ella naciera.

Sin embargo, el año pasado, cuando empezaron a investigar las opciones que tenían para prestar servicio como matrimonio misionero mayor, empezaron a darse cuenta de que, debido a la lenta economía y a los precios cada vez más bajos de las casas, estarían limitados en cuanto al lugar donde servir y cuando podrían hacerlo.

Pero entonces, durante el verano de 2011, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles aprobaron algunos cambios en las normas para los matrimonios mayores con el fin de alentar a más matrimonios a prestar servicio en misiones de tiempo completo. A partir del 1 de septiembre de 2011, los matrimonios pueden servir por 6, 12, 18 ó 23 meses. Además, se ha establecido un límite de $1400 dólares estadounidenses para los gastos de vivienda. Antes los gastos de las misiones variaban según el lugar: iban desde cientos hasta miles de dólares por mes.

Los cambios en las normas permitirán que más matrimonios mayores respondan al llamado que el presidente Thomas S. Monson hizo durante la conferencia general de octubre de 2010: “A ustedes hermanos y hermanas mayores: necesitamos muchos, muchos más matrimonios mayores… Pocas veces en su vida disfrutarán del dulce espíritu y la satisfacción que resultan del prestar servicio de tiempo completo juntos en la obra del Maestro”, dijo.

Además, durante la sesión del sacerdocio de la conferencia general de octubre de 2011, el élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, instó a los matrimonios a servir; usó estas palabras: “Necesitamos miles de matrimonios más en las misiones de la Iglesia. Todo presidente de misión los pide. Dondequiera que prestan servicio, los matrimonios aportan a la obra una madurez que no pueden brindar los jóvenes de 19 años, por más excelentes que sean”.

Ahora los Romig, al igual que otros matrimonios, se están dando cuenta de que, gracias a los cambios recientes, servir en una misión puede convertirse en realidad para ellos antes de lo que pensaban que sería posible.

Prestar servicio bajo las nuevas normas

El 10 de octubre de 2011, los primeros misioneros de bienestar que servirán por seis meses —Lyle y Roslyn Archibald, de Ogden, Utah, EE. UU.— entraron al Centro de Capacitación Misional de Provo para comenzar los preparativos para servir en una misión médica humanitaria en Chuuk, uno de los cuatro estados isleños que conforman los Estados Federados de Micronesia.

“Considero que es un cambio maravilloso”, dijo el hermano Archibald. “Las nuevas opciones son más atractivas para muchos, tanto por las repercusiones económicas como por la flexibilidad en lo referente al tiempo”.

Cuando los Archibald estaban pensando en ir a Micronesia a servir en una misión médica —el hermano Archibald es médico jubilado—, les preocupaban las consecuencias que podrían tener 18 meses o 2 años de clima tropical en la hermana Archibald, que es muy sensible al calor.

“No encontramos nada que se adaptara bien a nosotros, pero entonces escuchamos ‘seis meses’ e inmediatamente nos sentimos bien al respecto”, dijo el hermano Archibald. “De no haber sido por eso, no estoy seguro de si hubiésemos encontrado una misión que funcionara bien para nosotros”.

Los Romig estaban en el Centro de Conferencias de Salt Lake City, donde son misioneros de servicio a la Iglesia voluntarios tres veces por semana, cuando se enteraron de los cambios en las normas.

“Podemos ir a cualquier lugar que el Señor desee y podemos hacerlo antes”, dijo la hermana Romig. “Cada vez más personas conocidas se están dando cuenta de que en el mundo actual, con una economía tan inestable, tienen que pensar mejor cuándo y dónde prestar servicio. Los cambios en las normas misionales reducen los efectos de estas circunstancias”.

El hermano Romig dijo que ahora también hay más oportunidades de servir en diferentes lugares. “Veíamos que las posibilidades y las oportunidades se iban reduciendo, aunque estábamos dispuestos a ir a cualquier lugar”, dijo. “Ahora los cambios nos permiten dar nuestros nombres y decir: ‘Donde sea que Él quiera que vayamos, podemos hacerlo’”.

En este momento los Romig están cuidando la casa de sus primos, que están prestando servicio en una misión como matrimonio por dos años en Billings, Montana, EE. UU. Poco después de su regreso, los Romig podrán salir a servir en su misión, e irán donde sea que los llamen.

Los cambios en las normas han hecho posible que los matrimonios salgan en varias misiones en el futuro, agregó la hermana Archibald y señaló que las misiones de periodos más cortos dan tiempo de regresar al hogar más a menudo para ayudar con la familia u otras obligaciones antes de empezar la siguiente misión.

“El poder decidir por cuánto tiempo se prestará servicio seguramente nos permitirá servir en varias misiones en el futuro”, afirmó el hermano Archibald.

Muchos matrimonios, al igual que los Romig y los Archibald, tienen planes de servir en una misión, pero quizá lo vieran como algo muy lejano debido al tiempo y a cuestiones económicas. Los cambios recientes en las normas han aumentado las oportunidades que tienen los matrimonios para servir.

“Realmente siento que esto es más que nada una oportunidad de retribuir al Padre Celestial con algún tipo de servicio”, dijo la hermana Romig. “Antes, era sólo un deseo y un sueño. Ahora sólo es cuestión de decir que sí cuando llegue el momento. Es una realidad”.