Noticias y eventos de la Iglesia

La autora de la biografía del presidente Monson testifica del llamamiento del profeta

- Por Melissa Merrill, Noticias y eventos de La Iglesia

  • 20 abril 2012

La autora de la biografía del presidente Monson habla sobre su experiencia al escribir acerca de la vida del profeta y de lo que significa tener un profeta viviente hoy en día.

Los miembros de la Iglesia y muchas otras personas en todo el mundo conocen al presidente Thomas S. Monson, por su estilo cálido y su capacidad para enseñar los principios del Evangelio mediante el uso de poderosas experiencias personales. Aunque esas experiencias ayudan a muchos a sentir como si conocieran al presidente Thomas S. Monson, quizás pocos lo conocen tan bien como Heidi Swinton, la autora de su biografía. 

El artículo de la hermana Swinton “¿En el mundo acaso he hecho hoy a alguno favor o bien?”, relata su experiencia al escribir la historia de la vida del profeta, el cual apareció en Liahona de marzo. Otros artículos de la hermana Swinton sobre el profeta aparecerá en Liahona de agosto. Y recientemente, la hermana Swinton se reunió con Noticias y eventos para hablar sobre la función de los profetas y para compartir su testimonio del presidente Monson como profeta viviente de hoy en día.

El poder de la palabra profética

Escribir la biografía del presidente Monson no era para la hermana Swinton la primera vez que escribía acerca de los profetas de los últimos días; ella prestó servicio en los comités del Departamento de Cursos de Estudio de la Iglesia para ayudar a compilar y escribir las series Las Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, en particular los volúmenes acerca de los presidentes de la Iglesia José Smith (1805–1844), Brigham Young (1801–1877), Joseph F. Smith (1838–1918) y Harold B. Lee (1899–1973). En esa experiencia, dijo ella, aprendió a “reconocer el poder de un profeta a través de sus palabras”.

Por lo tanto, es donde ella empezó: con palabras del presidente Monson. A pesar de que ella y su esposo estaban en Inglaterra, donde se hallaba sirviendo como presidente de misión, ella comenzó a estudiar todos los discursos que dio el presidente Monson.

“La pila era enorme”, dijo la hermana Swinton, indicando que la colección incluía no sólo los discursos de la Conferencia General, sino también discursos de ceremonias de graduación, sermones de funerales, discursos a la comunidad, transcripciones de charlas fogoneras y más. “Los leí todos y mientras leía, oraba para llegar a comprender cómo podía enseñar principios por medio de su vida, porque eso es lo que él hace.

“Me esforcé mucho para que reflejara no sólo su vida, sino la manera en que él contaría su vida, que es por medio de historias y ejemplos y luego haciendo hincapié en un principio”.

La hermana Swinton observó la reputación del presidente Monson por ser un “buen narrador”, pero recalcó la importancia de recordar que él no simplemente está contando una historia, él está invitando a las personas de todo el mundo a hacer y llegar a ser algo.

“De todas formas, [el presidente Monson] no las llama ‘historias’”, dijo la hermana Swinton. “Son ‘experiencias verdaderas’ o ‘relatos verdaderos’. Y lo que él nos enseña [a través de esos relatos] es que en cada aspecto de nuestra vida, en cada interacción con los demás, hay una oportunidad para marcar una diferencia”.

“Eso es lo que él nos pide que hagamos y no que lo marquemos como un proyecto de servicio para la semana”, agregó. “Nunca lo he oído decir proyecto. Él simplemente sale y busca las personas para servir ”. De hecho, él a menudo ha dicho: “La experiencia más dulce en la vida terrenal es saber que nuestro Padre Celestial ha trabajado por medio de nosotros para lograr un objetivo en la vida de otra persona” (To the Rescue, pág. 4). 

La influencia de un ejemplo

Es una lección que el presidente Monson pone de relieve con la forma en que él vive. “Lo que el Señor le pide que haga, eso es lo que él hace”, dijo la hermana Swinton. “Si se siente inspirado a visitar a una determinada [persona], allí va él”.

Las visitas personales, señaló, tienen la misma importancia en la agenda del profeta como los asuntos de la administración de la Iglesia.

“Tenemos la tendencia a distinguir entre esta necesidad y esa necesidad, pero el Señor no lo hace”, explicó. “El Señor considera cada necesidad… Las prioridades son lo que el Señor quiere que hagan.

“Cuando estamos suficientemente cerca del Señor para sentir [Su dirección] y recibir un susurro del Espíritu y luego actuar sobre él, entonces estamos en Su obra. Eso es lo que he aprendido del presidente Monson: uno simplemente se pone en las manos del Señor y se hace capaz, digno y calificado”.

Ese ejemplo, aunque admirable en cualquier persona, es especialmente poderoso en un profeta de Dios, agregó la hermana Swinton. “Él está diciendo en este mundo tan ensordecedor, ruidoso, enojado, frustrado, que ha perdido su conexión no sólo con la religión, sino sobre todo con Dios, que tenemos que resistir y que tenemos que ser la luz en las tinieblas y que a veces tenemos que salir a la oscuridad y ser esa luz para las personas que han perdido la esperanza y la fe”.

La función de un profeta

Es un mensaje que las experiencias de la vida del presidente Monson lo han preparado únicamente para enseñar y compartir ahora, dijo ella. Y es un mensaje que ella espera que surja de la biografía, una obra que fue escrita no sólo con acontecimientos o hitos o cronología en mente.

“La forma en que planeé [escribir la biografía] fue decir: ‘Éste es un profeta de Dios. Y esta biografía es un reflejo de cómo el Señor lo ha preparado para servir en este momento y cómo Él lo ha puesto en lugares donde necesitaba aprender las cosas que más tarde nos enseñaría, y ahora él está preparado para ello’”, dijo la hermana Swinton. “Contamos con un hombre que fue preparado antes de que comenzara el mundo (véase Abraham 3:22–23). El Señor sabía lo que iba a necesitar ahora mismo en estos momentos en los últimos días y Él preparó a Thomas Spencer Monson para esa función”.

Esa función —de profeta, vidente y revelador— quizás el mundo no la entienda, continuó, pero es una que el mundo necesita desesperadamente.

“¿Cómo mido lo que hace un profeta?”, preguntó la hermana Swinton: “Es tan simple. Cantamos la canción, ‘Te damos, Señor, nuestras gracias’. Cantamos en voz alta esa primera línea… pero la tercera línea es clave: ‘Guiándonos cómo vivir’. Eso es lo él que hace. Él es la voz del Señor (véase D. y C. 1:38).

Es importante, dijo ella, que nosotros no desechemos lo que esa voz nos dice como simples relatos agradables o incluso buenas ideas. Por el contrario, tenemos que actuar.

“Sé que Thomas Spencer Monson es un profeta de Dios y para mí, esas palabras no son casuales”, dijo la hermana Swinton. “Esas palabras resuenan en mi corazón y estoy muy agradecida de haber tenido esa confirmación del Espíritu.

“Sé que mi Redentor vive y sé de Su bondad amorosa de darnos a un profeta en cuya voz podemos confiar, cuyas experiencias en la vida son reales y tangibles y sinceras, cuyo corazón está tan lleno de amor, caridad y compasión. Yo lo he visto y lo he experimentado.

“Lo que un profeta de Dios hace es guiarnos al Señor Jesucristo y Su poder, Su expiación”, la hermana Swinton concluye. “Él ejerce el poder del sacerdocio en la tierra hoy en día. Todo lo que él hace, todo lo que toca en nombre del Señor, edifica una vida. Creo que cuando cantamos ‘Te damos, Señor, nuestras gracias’, reconocemos que el Señor está tocando nuestras vidas en este momento y en este lugar y nos dice: Éste es un hombre en quien pueden confiar. Avancen”.