Noticias y eventos de la Iglesia

Unas clases más pequeñas de la Escuela Dominical podrían facilitar el aprendizaje del Evangelio

Por Por Russell T. Osguthorpe, Presidente General de la Escuela Dominical

  • 18 Marzo 2014

“En la Iglesia no existe el llamamiento de disertador; éste simplemente imparte conocimiento, mientras que el maestro, por su lado, invita a los integrantes de la clase a aprender, en parte haciendo que se enseñen unos a otros”.

Mientras llevaba a cabo una reunión de capacitación en Sao Paulo, Brasil, un presidente de la Escuela Dominical de un barrio levantó la mano y preguntó: “¿Se puede tener más de una clase de Doctrina del Evangelio en un barrio?”. Al principio me sorprendió un poco su pregunta, porque yo he visto muchos barrios con más de una clase de Doctrina del Evangelio, pero luego empecé a meditar sobre la pregunta. Las clases para niños y jóvenes, por lo general, son muy pequeñas, pero las clases de adultos de la Iglesia suelen ser mucho más grandes. Muchos barrios tienen sólo una clase de Doctrina del Evangelio y, en algunos casos, hay tantas personas en la clase que el único lugar para acomodarlas es el salón sacramental.

Aseguré a aquel buen presidente de la Escuela Dominical que podía tener tantas clases de Doctrina del Evangelio como su obispo se sintiera inspirado a crear. Le conté la manera en que un barrio organizó cuatro clases de Doctrina del Evangelio. Al principio, los líderes del barrio se preguntaban si tenían suficiente espacio para hacerlo. Luego se preguntaron si podrían encontrar maestros capacitados para enseñar las clases adicionales. Pero se encontró espacio y se llamó a los maestros. Antes del comienzo de las clases pequeñas, ese barrio tenía un promedio de asistencia de unos 45 miembros en la clase de Doctrina del Evangelio. Tras poner en marcha las clases más pequeñas, ese mismo barrio consiguió una asistencia aproximada de 75 miembros en las cuatro nuevas clases. Los miembros se sintieron más necesarios e incluidos. Sentían que el maestro tenía más interés en lo que tenían que decir y menos interés por cubrir todo el material.

Hace poco oí hablar de otros tres barrios que están organizando clases más pequeñas de Doctrina del Evangelio. De alguna forma, se las están arreglando para encontrar espacio en el edificio y llamar a los maestros adicionales que necesitan. Estas clases más pequeñas permiten que los maestros enseñen de otra manera. En lugar de dar sermones, el maestro puede invitar a cada miembro de la clase a contribuir con experiencias únicas que puede compartir. A menudo me he preguntado cómo los “sermones” han llegado a ser una costumbre tan habitual en las clases de adultos y quórumes de la Iglesia. En la Iglesia no existe el llamamiento de disertador; éste simplemente imparte conocimiento, mientras que el maestro, por su lado, invita a los integrantes de la clase a aprender, en parte haciendo que se enseñen unos a otros.

Russell T. Osguthorpe, Presidente General de la Escuela Dominical

Creo que una de las razones por las que todavía damos tantos sermones en la Iglesia es el gran tamaño de las clases de adultos. Si hay 100 adultos en una clase, todo el mundo sabe que no podrán participar todos los miembros de la clase. Por lo tanto, al maestro y a los miembros de la clase les resulta difícil seguir el mandato de las Escrituras de que “todos sean edificados de todos”. En las clases grandes, no todos pueden “enseñarse el uno al otro”, así que los adultos asistimos con la expectativa de escuchar al maestro la mayor parte del tiempo. De esta manera, el maestro habla durante la mayor parte del tiempo.

Con la llegada del nuevo curso de estudio para jóvenes, Ven, sígueme, los sermones están disminuyendo. Los jóvenes están empezando a enseñarse unos a otros, expresando sus preguntas y dudas y dando testimonio acerca de las bendiciones que reciben cuando viven un principio del Evangelio que han aprendido.

El maestro no se siente presionado a presentar contenido. Los miembros de la clase no se ven obligados a quedarse sentados pasivamente y a limitarse a escuchar. Todos los miembros de la clase aprenden. Los maestros averiguan cuáles son las necesidades y los dones de cada miembro de la clase, y obtienen conocimiento sobre los principios del Evangelio. Y cada joven está profundizando en su comprensión y su testimonio del Evangelio restaurado.

Este mismo tipo de aprendizaje puede tener lugar en las clases de Doctrina del Evangelio para adultos. Los miembros adultos nunca dejan de tener la necesidad de profundizar en su testimonio de la Restauración. Desean sentirse incluidos y necesarios, al igual que los jóvenes. Mi hijo me contó hace poco que participó en una clase de Principios del Evangelio. Me dijo que el pequeño tamaño de la clase permitía que todos se sintieran cómodos. “Tuvimos una conversación maravillosa acerca de un principio básico del Evangelio y todos nos sentimos incluidos”. Esto también puede suceder en las clases de Doctrina del Evangelio. Sólo tenemos que reducir su tamaño y aplicar los principios de enseñanza de Ven, sígueme.