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Enseñen que “Dios es nuestro amoroso Padre Celestial”, dice el élder Holland

Por Por R. Scott Lloyd, redactor de Church News

  • 9 julio 2013

El élder Holland se dirige a los nuevos presidentes de misión y sus esposas acerca de la importancia de la comprensión de la Trinidad.

PROVO, UTAH

Den testimonio ferviente de la realidad y divinidad de la Trinidad, dijo el élder Jeffrey R. Holland a los presidentes de misión y sus esposas el 23 de junio, “nosotros, nuestros misioneros, miembros e investigadores debemos conocer con certeza la naturaleza de la Trinidad. Debemos tener una idea correcta de Sus perfecciones y atributos individuales, así como admiración por la excelencia de Sus caracteres personales”.

Él declaró que cuando los misioneros enseñan, “no tiene sentido ir a las demás verdades en las que creemos si no hemos fijado en nuestra mente y en la de quienes enseñamos la función preeminente de la Trinidad en nuestra doctrina y destino eterno”.

Añadió: “Debemos conocer a estos Seres Divinos de toda manera posible. Debemos amarlos, acercarnos a Ellos, obedecerles y tratar de ser como Ellos. Cuando traemos gente a la Iglesia, no los bautizamos en la iglesia de un hombre, ya sea José Smith, Brigham Young, Gordon B. Hinckley o Thomas S. Monson (aun cuando los respetamos).

“No los bautizamos en la Iglesia de las familias felices, ni del Coro del Tabernáculo,… ni del programa deportivo de BYU (aunque nos gusten). Bautizamos ‘en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo’. Al hacerlo, los conducimos de regreso a la presencia del Padre a través del ministerio, expiación y gracia de Su Hijo, con la influencia del Espíritu Santo. Siempre debemos mantener en un lugar destacado de nuestra mente la preeminencia de la Trinidad al emprender nuestra misión”.

Muchas de las personas con las que los misioneros se comunican no saben quién es Dios, observó el élder Holland.

“Si van a abrazar el Evangelio restaurado y realmente hallar salvación para sus almas, tiene que comenzar con cierto conocimiento y comprensión de los miembros de la Trinidad”, dijo, añadiendo que en última instancia la adoración verdadera y salvadora sólo se encuentra entre aquellos que tienen ese entendimiento.

“Un Dios que se preocupa por ellos tan tiernamente como un padre por su hijo no puede ser una niebla etérea, una vaga ‘Primera Causa’ filosófica ni un propietario deísta y ausente”, dijo el élder Holland. “Debe ser reconocido por lo que realmente es: un Padre misericordioso y compasivo, a cuya imagen ha sido creado cada uno de Sus hijos y ante el cual estaremos, ¡y nos arrodillaremos! algún día”.

La lección 1 en la guía misional Predicad Mi Evangelio comienza con la afirmación de que “Dios es nuestro amoroso Padre Celestial”, señaló el élder Holland. La primera resolución que deben tomar los misioneros en esa lección es determinar qué entiende esa persona sobre la verdadera naturaleza de Dios.

“Si pueden lograr que los investigadores tengan una comprensión adecuada de Dios en la mente y el corazón al comenzar a enseñar, todo lo demás encajará en su sitio más fácilmente al seguir enseñándoles”, dijo él.

Del mismo modo, los misioneros e investigadores deben apreciar deben apreciar más la grandeza de la misión y el mensaje de Jesucristo, dijo él. “Todos deben llegar a valorar que Jesús vino a mostrarnos el camino del Padre y a hacer la voluntad del Padre de la misma manera que nosotros tenemos que hacerla”.

Los investigadores también necesitan saber que el Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad, “con el que van a tener una relación más frecuente e íntima al tratar de entender Su función y orar por Su compañía”, dijo el élder Holland. “Es éste miembro de la Trinidad que conducirá al investigador a la verdad y que luego dará testimonio de la verdad cuando la encuentre”.

“Las revelaciones de los últimos días enseñan que: ‘El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre; así también el Hijo; pero el Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, sino es un personaje de Espíritu’”, señaló el élder Holland.

“No hay declaración de principios más clara que ésta”, dijo él. “Lamentablemente, casi dos milenios de historia cristiana crearon una confusión terrible y un error casi fatal en este sentido. Muchas evoluciones e iteraciones de credos religiosos han distorsionado la claridad sencilla de la doctrina verdadera, declarando que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son abstractos, absolutos, trascendentes, inmanentes, consustanciales, coeternos e incognoscibles; sin cuerpo, partes ni pasiones; y que moran fuera del espacio y del tiempo”.

Preguntó: “¿Cómo vamos a confiar, amar, adorar, por no hablar de emular, a Aquel que es incomprensible e imposible de conocer?”.