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Punto de vista: Seguir adelante con fe

  • 30 noviembre 2012

Cuando Marie estaba por entrar en la adolescencia, parecía que tenía una única respuesta estándar a prácticamente cualquier pregunta de la noche de hogar.

“Fe”, Marie respondía, fuera cual fuera la pregunta.

A pesar de que la “fe” no era siempre la respuesta que se buscaba, casi siempre era una respuesta aceptable.

En primer lugar, la familia de Marie estaba asombrada al ver cuán a menudo “fe” era una buena respuesta. Pero analizándolo más profundamente, se dieron cuenta de que la fe es el primer principio del Evangelio y que siempre era un buen lugar para comenzar.

La fe es tan sencilla como fácil de entender por un niño, y al mismo tiempo tan profunda que no es fácilmente comprendida por los santos más experimentados.

Sin embargo, los hijos de Dios son bendecidos abundantemente y reciben ayuda inmensurable, cuando siguen adelante con fe.

La capacidad de seguir adelante ante un gran desafío tiene sus raíces en el valor, la determinación, fortaleza, resolución, coraje y fortaleza. Esos rasgos de carácter son esenciales en cualquier tarea difícil. Sin embargo, si falta la fe, cualquier esfuerzo será insuficiente.

Por lo tanto, seguir adelante con valor y determinación es necesario, pero no es suficiente.

Pero la gracia del Señor, a la cual accedemos mediante una fe firme en Él, es suficiente. “Y cuando hube dicho esto, el Señor me habló, diciendo: Los insensatos hacen burla, mas se lamentarán; y mi gracia es suficiente para los mansos, para que no saquen provecho de vuestra debilidad;

“y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos” (Éter 12:26–27).

Los pioneros con carros de mano que se fueron de Iowa o Nebraska necesitaron valor y coraje simplemente para atravesar el relativamente terreno llano del oeste estadounidense. Pero una vez que llegaron a las Montañas Rocosas cargadas de nieve, sin comida ni refugio, esas cualidades, aún cuando todavía eran necesarias, estaban lejos de ser suficientes.

Pero la gracia del Señor, a la cual accedemos mediante una fe firme en Él, es suficiente. Por medio de esa fe, vieron las eternidades y la función de la vida mortal en ese reino eterno.

La fe en el Señor Jesucristo era para aquellos nobles pioneros y es para nosotros hoy en día, absolutamente esencial.

La fe centra nuestra jornada en la Expiación infinita y misericordiosa del Salvador. Mediante la gracia que se otorga en la Expiación, no sólo se nos limpia del pecado, sino que también se nos habilita para llevar a cabo nuestra jornada terrenal.

Esa jornada para las personas sin fe, siempre incluirá demasiadas montañas como para que un simple ser mortal pueda subir a ellas. Y aunque nuestra jornada terrenal no tuviera demasiadas montañas, algunas de ellas siempre serían demasiado empinadas o demasiado elevadas.

Pero los hijos de Dios pueden subir todas esas montañas, no importa cuán empinadas y cuán elevadas, si Dios quiere que las suban. Por lo tanto, nuestros esfuerzos deben alinearse con los de Dios. En el cumplimiento de su Expiación, el Salvador voluntariamente y con la mejor disposición, reconoció la supremacía de la voluntad del Padre. Al permitir que la expiación del Salvador haga posible nuestra vida, es esencial mostrar una sumisión similar.

No es de extrañar, entonces, que al pedirle al Señor que confundiera a los enemigos de la Iglesia, José Smith oró para tener la gracia del Señor para ayudar a los santos a someter su voluntad a la de Dios.

“Ayuda a tus siervos a decir”, el Profeta José Smith oró a medida que dedicó el templo de Kirtland, “favoreciéndolos tu gracia: Sea hecha tu voluntad, oh Señor, y no la nuestra” (D. y C.109:44).

Los “enemigos” de los Santos de los Últimos Días de hoy no siempre son las cosas malas del mundo. A veces el enemigo está buscando hacer algo que es lo “bueno” o “mejor”, en lugar de lo que es “excelente” (véase Dallin H. Oaks, “Bueno, Mejor, Excelente”, Conferencia General de octubre de 2007).

Los Santos de los Últimos Días activos tienen mucho que hacer. “Hacer” es algo maravilloso. La obra de salvación y la exaltación es una gran obra. Es auténtico trabajo. Y somos bendecidos para poder hacer esa obra. Cada día debemos hacer todo cuanto sea posible para ayudar a lograr la obra y la gloria de Dios. “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39).

Los Santos de los Últimos Días no siempre pueden hacer más.

Más bien, podemos levantarnos cada día con la determinación de aprender lo que Dios querría que hiciéramos y luego hacer su voluntad. Cuando nuestros esfuerzos estén alineados con la voluntad del Padre, siempre haremos lo que es mejor.