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Hermanas líderes en la Iglesia visitan Filipinas para consolar y apoyar a los miembros

Por Por Sarah Jane Weaver, redactora de Church News

  • 11 Marzo 2014

La hermana Carol F. McConkie se reúne con niños en el centro de estaca de Taclobán, Filipinas, el 16 de febrero.

Cien días después de que el tifón Haiyan devastara Tacloban, la hermana Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, y la hermana Carol F. McConkie, Primera Consejera de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes, viajaron a la zona del desastre para ofrecer apoyo y consuelo.

“Sabía que tenía que venir [a Taclobán]”, dijo la hermana Burton en una entrevista con Church News mientras estaba en las Filipinas. “Yo sabía que debía abrazar a las hermanas. Sabía que no podía hacer mucho más, pero sabía que tenía que venir a Taclobán y abrazar a cuantas personas pudiera”.

El tifón Haiyan azotó las Filipinas el 8 de noviembre, destruyendo más de 1,1 millones de hogares. Siendo el tifón más destructivo que se ha registrado en el país, dejó más de 6.100 muertos, 28.000 heridos y 4,1 millones de personas sin hogar. Unas 1.785 personas permanecen desaparecidas.


Tres meses después de que el tifón Haiyan azotara las Filipinas el 8 de noviembre, los efectos de la tormenta continúan. La hermana Linda K. Burton visitó Taclobán 100 días después de la tormenta para estar con los miembros de la Iglesia. Fotografía por Sarah Jane Weaver.

Después del desastre, en el que murieron 42 Santos de los Últimos Días, la Iglesia envió artículos de primera necesidad y se unió a organizaciones de socorro nacionales e internacionales para ayudar con alimento, refugio, purificación de agua, eliminación de escombros y proyectos para la restauración de los medios de subsistencia.

Pero la hermana Burton, quien no tenía programado visitar las Filipinas, quería hacer más. La Presidencia de Área de la Iglesia en las Filipinas ajustaron su agenda, lo que le permitió unirse a la hermana McConkie, que ya estaba asignada a visitar las Filipinas.

Además de visitar Taclobán, la hermana Burton y la hermana McConkie se reunieron con las hermanas de la Sociedad de Socorro y realizaron una capacitación para las organizaciones auxiliares del 12 al 24 de febrero en otras ciudades de las Filipinas.

Al entrar en Taclobán el 16 de febrero, las hermanas notaron los esfuerzos de las personas de la ciudad por limpiar y reconstruir. También vieron los restos de la tormenta, que permanecían tres meses después de que el tifón Haiyan azotara la zona. Todavía no hay electricidad en Taclobán.

Ellas se preguntaban: “¿Cómo puede la gente vivir en estas circunstancias opresivas con tanta destrucción a su alrededor día tras día?”.

Luego obtuvieron su respuesta. Visitaron a una familia y vieron el hogar que estaban reconstruyendo, uno de los primeros que se completó como parte de un programa de construcción de la Iglesia en Taclobán. El hogar estaba ordenado y limpio. Había unos cuantos libros en un estante y juguetes.

Se dieron cuenta de que en medio de la destrucción, los Santos de los Últimos Días estaban encontrando la paz en sus hogares.


La hermana Linda K. Burton y la hermana Carol F. McConkie visitan un hogar bajo construcción en Taclobán, Filipinas. Ellas viajaron a la zona el 16 de febrero para consolar a las víctimas del tifón Haiyan.

La hermana Burton también se reunió con un hermano Santo de los Últimos Días que está ayudando a coordinar la construcción de casas nuevas. “Le pregunté: ‘¿Dónde está su casa?’. Él vivía en una tienda de campaña… ‘¿Cuándo tendrá su casa?’. Él respondió: ‘Cuando todos los demás tengan las suyas’”.

Ella tomó una fotografía del hombre para poder recordar su ejemplo de liderazgo.

La hermana Burton y la hermana McConkie se reunieron con cientos de Santos de los Últimos Días en el centro de estaca de Taclobán, Filipinas. En el edificio de la Iglesia, dijeron que podían ver el “pesar” de los miembros de la estaca.

Pero veían esperanza en los niños.

“He oído a muchas congregaciones cantar hasta este punto en el himno, pero nunca cantaron como cantaban en aquella congregación”, dijo la hermana Burton.

Las palabras del himno 10, “Te damos, Señor, nuestras gracias”, penetraron su corazón:

La hermana Linda K. Burton conoció en su viaje a Taclobán a un hombre que ayudaba a otras personas a construir casas nuevas, a pesar de que él todavía estaba viviendo en una tienda de campaña, vista al fondo. Fotografía cortesía de la hermana Linda K. Burton.

“Al sobrevenirnos peligros

que amenazan quitarnos la paz,

tenemos en Dios gran confianza;

vencido será Satanás”.

La hermana Burton se dio cuenta de que para estos fieles Santos de los Últimos Días, “nada más importaba sino la familia, los testimonios y la gratitud por el sacerdocio”.

La hermana McConkie se reunió con los jóvenes durante las clases de la Escuela Dominical y las Mujeres Jóvenes. “Estaba asombrada por su optimismo y por su esperanza, por su fe”, dijo ella. “Hablaron con un profundo entendimiento acerca del Evangelio. Fue una dulce experiencia para mí”.

Los miembros del área fueron bendecidos por la inspiración de los líderes de la Iglesia, dijo la hermana Burton.

Antes de la tormenta, el presidente Richard A. Abon, de la Estaca Taclobán, Filipinas, pidió a los Santos que se refugiaran en los centros de reuniones locales; todas las personas que siguieron su directiva sobrevivieron a la catástrofe.


Los niños que se reunieron en el centro de estaca de Taclobán, Filipinas, el 16 de febrero sonríen a la hermana Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro. Fotografía cortesía de la hermana Linda K. Burton.

El obispo Constancio Lim del Barrio 1 de Tacloban condujo a 361 personas por una escalera hacia el techo del centro de estaca Taclobán durante el desastre. Durante las siguientes 11 horas se amontonaron para encontrar seguridad.

Y en muchos barrios, las líderes de la Sociedad de Socorro pusieron a los miembros a hacer kits de 72 horas, semanas antes de que el tifón azotara el área, dijo ella.

Después de la reunión, las mujeres, las jovencitas y las niñas en edad de la Primaria se alinearon y la hermana Burton y la hermana McConkie las saludaron, abrazando a cada una individualmente.

“Es por eso que vinimos”, dijo la hermana Burton.