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Joven de corazón: A una asesora de 100 años de edad le gusta enseñar a las Mujeres Jóvenes

Por Kara McMurray, redactora de Church News

  • 10 Julio 2014

June Norton Ferrel, de 100 años de edad, siente que no hay ninguna diferencia de edad cuando se relaciona con las jóvenes del Barrio Lindon 21, Estaca Lindon, Utah.  Fotografía de Jace Whatcott.

LINDON, UTAH

Hace dos años, June Norton Ferrel estaba arrodillada orando, pidiendo al Padre Celestial la oportunidad de trabajar con las Mujeres Jóvenes de su barrio.

“Pensaba: ‘Ojalá pudiera compartir mi testimonio con ellas más a menudo’”, recuerda la hermana Ferrel.

A medida que siguió orando, anheló y esperó tener la oportunidad de enseñar a las jóvenes, pero a los 98 años, pensaba que era demasiado grande.

“Nadie sabía que quería estar con ellas, que anhelé estar con ellas”, dijo la hermana Ferrel. “He trabajado con los jóvenes toda mi vida. [En una bendición] se me dijo que mi vida se extendería más allá de su período normal y que debía cuidar de mi salud, para que el Señor pudiera extender mi vida, y así… poder enseñar a los jóvenes”.

Poco después de su oración, fue llamada como asesora de las Mujeres Jóvenes.

“Sentimos muy fuerte lo que era que debíamos hacer”, dijo el obispo Kevin Morris, del Barrio Lindon 21, Estaca Lindon, Utah. “Ella compartió con nosotros [después de que fue llamada] que había estado orando por eso, ya que su bendición patriarcal decía sobre la necesidad de enseñar a los jóvenes, especialmente a las Mujeres Jóvenes y compartir su testimonio con ellas”.

El 6 de junio, la hermana Ferrel celebró su cumpleaños número 100, y todavía sigue enseñando a las Mujeres Jóvenes.

“Cuando se me apartó, se me dijo que les contara las experiencias de mi vida una y otra vez”, dijo la hermana Ferrel, “y a los 100 años de edad, ¡tengo muchas experiencias en mi vida!”.

Cuando el obispo Morris asistió a la primera lección de la hermana Ferrel hace dos años, se benefició bastante, no sólo de ella, sino también de las jóvenes. “Vi a las jovencitas muy calladas y el respeto que le demostraban y el sólo hecho de escuchar con verdadera intención. Creo que es muy interesante que las cosas que ella hablaba sobre el principio de su vida se relacionan con las mismas cosas que las jóvenes pasan hoy en día. Acá tenemos a una mujer de 98 años diciéndoles cómo enfrentar las cosas que vendrán”.

La hermana Ferrel es pronta en reconocer a las jóvenes por su respeto y amor. “Lo que más disfruto es su capacidad de amar y de ser buenas. Tengo un dicho: ‘Tengo una lista de buenas jóvenes en mi mente’, [y] … no son perfectas, pero están en la lista”.

Los vecinos, nietos y, por supuesto, las jóvenes se esfuerzan por permanecer en su lista. “Les digo que es fácil ser buenos si están rodeados de buenas personas. Y después les digo: ‘¿Alguien ha sido malo con ustedes? ¡Puedo darles una paliza! ¿Ven este músculo?’”, dijo la hermana Ferrel, riéndose y señalando la parte superior del brazo.

Las jóvenes del Barrio Lindon 21, Utah, leen las Escrituras en la clase, guiadas por la asesora de 100 años de edad, la hermana June Norton Ferrel. Fotografía de Jace Whatcott.

June Norton Ferrel, de 100 años de edad, presta servicio como asesora de las Mujeres Jóvenes del Barrio Lindon 21, Estaca Lindon, Utah. Fotografía de Jace Whatcott.

Las jóvenes del Barrio Lindon 21, Utah, disfrutan de la amistad y el liderazgo de su asesora de 100 años de edad, la hermana June Norton Ferrel. Fotografía de Jace Whatcott.

June Norton Ferrel, de 100 años de edad, quien presta servicio como asesora de las Mujeres Jóvenes en el Barrio Lindon 21, Estaca Lindon, Utah, se relaja en su casa después de enseñar la clase el 17 de junio. Fotografía de Jace Whatcott.

Las jóvenes no sólo han sido buenas alumnas, sino que también han sido buenas ayudantes. Con su vista disminuida, la hermana Ferrel es incapaz de ver las ayudas visuales en la pizarra o leer las Escrituras, aunque dijo que puede ver las sonrisas de las jovencitas. Ella depende de las jóvenes para asegurarse de que la clase sea fluida.

“Siempre son muy corteses y bondadosas. Y la mayoría de las veces, [dicen] ¡‘me encantaría [ayudar]’! Son muy amables y atentas conmigo”, dijo la hermana Ferrel. “Ha sido un momento de gozo. Son muy respetuosas”.

Al comienzo de cada lección, las mujeres jóvenes recitan el primer y segundo “gran mandamiento”, algo, que dijo la hermana Ferrel, les enseña sobre el amor a Dios y a los demás.

“Las cosas que los profetas enseñan se [relacionan] en estos mandamientos, y si logramos eso, el amor de nuestro Dios y nuestro Salvador, entonces no creo que deseemos ser muy malos”, la hermana Ferrel le dijo a la clase cuando ocho de las Damitas terminaron de recitar los dos mandamientos de memoria durante la lección del 22 de junio.

“Creo que mi madre fue inspirada a hacerlo, especialmente en este tiempo con nuestras jóvenes porque hay tantas cosas que pueden amar aparte de su Padre Celestial y el Salvador”, dijo Rexine Ferrel Glenn, hija de la hermana Ferrel.

A medida que continúa cada lección, las jóvenes responden las preguntas formuladas por la hermana Ferrel y leen las declaraciones en la pizarra, que la hermana Glenn escribe para su madre en preparación para cada lección.

“Ésta es la forma en que se hace para alguien con vista disminuida”, le dijo a la clase la hermana Ferrel.

Al hablar de lo ansiosas que son las mujeres jóvenes en ayudar durante las lecciones, la hermana Ferrel dijo: “Ha sido un gozo para mí y un tributo para las jovencitas por su amabilidad, dulzura y bondad. Y creo que la diferencia de edad no la sienten, ni yo la siento”.

Con cada pregunta que hace durante la lección ve varias manos levantadas, las jovencitas están muy ansiosas de contestar las preguntas.

“Ella es sorprendente e increíble”, dijo Tonja Wade, presidenta de las Mujeres Jóvenes en el barrio de la hermana Ferrel. “Se relaciona con las jovencitas. Están dispuestas a darle su respeto y atención”.

A lo largo de su vida, la hermana Ferrel se ha dado cuenta de que es fácil relacionarse con las jóvenes y se ha sentido “joven de corazón”. Muchas de las jóvenes, así como muchos otros, la llaman amorosamente “abuela June”.

“[Ella ayuda] a las jovencitas a aprender el verdadero amor”, dijo la hermana Wade.

Aunque ha sido llamada a servir en las Mujeres Jóvenes, la hermana Ferrel ha enseñado a varias personas más, incluso a su propia familia y a los de su barrio.

“Siempre y cuando tengan algo que dar, denlo”, dijo la hermana Wade de una lección que la hermana Ferrel le enseñó.

El obispo Morris dijo: “Una cosa he aprendido como obispo, y es que… todos, sin importar la edad ni nada, tienen algo que pueden compartir”.

La hermana Ferrel concluye la lección con su testimonio y les recuerda a sus jóvenes, frecuentemente, “siempre he tenido un testimonio, nunca he estado sin uno. A medida que pasan los años se vuelve más placentero”.

Y, por supuesto, les recuerda su amor a cada una de ellas. “Deseo agradecerles a todas y decirles cuán agradecida estoy por su ayuda. Es hermoso ver esa cooperación. Gracias. Las quiero. “Y lo voy a decir, estoy orgullosa de mis jovencitas”.