Prisioneros rescatan a prisioneros: Indexación en la Prisión Estatal de Utah

Por Heather Whittle Wrigley, Noticias y eventos de la Iglesia

  • 28 de octubre de 2011

Los presos de la Prisión Estatal de Utah han estado participando en la obra de historia familiar durante más de dos décadas.

Puntos destacados del artículo

  • Los presos de la Prisión Estatal de Utah han estado participando en la obra de historia familiar durante más de 20 años.
  • Voluntarios y miembros llamados de las unidades circunvecinas de la Iglesia administran el programa de historia familiar en la prisión.
  • Tanto los presos como los voluntarios dicen que su vida ha sido bendecida mediante el trabajo que han realizado en el programa.

“Una de las mejores cosas en cuanto al programa de historia familiar, es que resalta la ley de la Expiación, porque se puede ver a las personas cambiar su vida”. —Brent Powell, voluntario de historia familiar en la Prisión Estatal de Utah

En muchos sentidos, Terry no es muy diferente de muchos otros que disfrutan de realizar la obra de historia familiar. Se pasa varias horas a la semana indexando registros históricos por medio de los recursos de FamilySearch de la Iglesia. Con frecuencia trabaja junto con otros usuarios en su centro local de historia familiar, situado junto a una capilla. Incluso ha ayudado a algunos de ellos a comenzar su propio Personal Ancestral File (PAF) [Archivo de Antepasados Personal].

Pero a diferencia de la mayoría de los 4.600 centros de historia familiar en más de 125 países alrededor del mundo, el centro que Terry utiliza está rodeado de alambre de púas y de carceleros que portan armas de fuego.

Como el recluso #60132 de la Prisión Estatal de Utah durante los últimos 14 años, Terry no siempre se ha interesado en la historia familiar, pero hace siete años decidió probar el centro de historia familiar de la prisión, a cargo de voluntarios de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

“Para mí, mucho tiene que ver con ayudar a otros”, dijo él. “Disfruto ayudar a los presos a encontrar a su familia. Aquí tengo la oportunidad de reflexionar en cuanto a mi vida y ahora sólo quiero servir a los demás”.

Durante la conferencia general de octubre de 2011, el élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “El espíritu de Elías surte su efecto tanto en las personas que son miembros de la Iglesia como en las que no lo son… tenemos la responsabilidad, adquirida por convenio, de buscar a nuestros antepasados y proporcionarles las ordenanzas salvadoras del Evangelio” (“El corazón de los hijos se volverá”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 24).

Por esas razones investigamos nuestra historia familiar, edificamos templos y efectuamos ordenanzas vicarias. Por esas razones se envió a Elías el Profeta para restaurar la autoridad para sellar que ata en la tierra y en el cielo. Nosotros somos los agentes del Señor en la obra de salvación y exaltación que evitará “que el mundo entero [sea] herido con una maldición” (D. y C. 110:15) cuando Él vuelva de nuevo. Ése es nuestro deber y nuestra gran bendición.

En la Iglesia, los registros indexados de historia familiar hacen que a los investigadores de historia familiar se les facilite encontrar información y presentarla para la obra en el templo, permitiendo así que se realicen las ordenanzas del templo a favor de los antepasados que han muerto y que están en la prisión espiritual esperando la oportunidad de aceptar las ordenanzas realizadas a su favor.

A medida que los encarcelados en la Prisión Estatal de Utah indexan millones de nombres al año, muchos se están dando cuenta de que ellos también están cosechando las bendiciones del servicio; tras los muros de la prisión, el programa de indexación de la Iglesia está liberando tanto a aquellos por quienes se está realizando la obra como a los que están realizando la obra: los presos.

Indexación en la prisión

El programa de historia familiar ha estado presente en la Prisión Estatal de Utah, de una u otra forma, durante más de dos décadas. A partir de enero de 2010, los presos cambiaron del sistema de extracción antiguo —copiar a mano registros antiguos en tarjetas— al programa de indexación digital.

Actualmente, cuatro de las seis “unidades” que componen la prisión tienen centros de historia familiar. Entre dichas unidades de la prisión se cuenta con 95 computadoras.

Los reclusos de cada una de las cuatro instalaciones tienen la oportunidad de participar una hora a la vez, varias veces al día, si así lo desean. Hay quienes pasan hasta un máximo de ocho horas al día, seis días a la semana, haciendo obra de historia familiar. Cada centro de historia familiar está localizado dentro de la unidad, y tres de las unidades cuentan con una capilla donde la obra se puede realizar. Cada centro es supervisado por voluntarios.

Muchos son llamados de unidades circunvecinas de la Iglesia, pero una gran cantidad son voluntarios. Los directores, que son específicamente llamados de las estacas circunvecinas, supervisan la labor de los voluntarios en cada uno de los centros.

Brent Powell es un analista de negocios del Departamento de Historia Familiar de la Iglesia que también trabaja como voluntario de 10 a 20 horas a la semana en la prisión supervisando las operaciones de las computadoras de los centros de historia familiar de la prisión.

El hermano Powell explicó que debido a que a los presos no se les permite tener acceso a internet, se ha establecido un proceso especial para que tengan acceso a lotes de registros históricos, de los cuales los presos pueden extraer información a fin de proporcionar índices para consultar.

En primer lugar, los voluntarios descargan lotes de FamilySearch.org a una memoria flash y luego esa información se coloca en un servidor de la prisión. Otro voluntario toma la información del servidor y la distribuye a los cuatro centros de historia familiar del lugar. Los presos entonces pueden transferir la información de los registros históricos a formularios del programa de indexación de FamilySearch, que se ha descargado a sus computadoras. Una vez que hayan terminado los registros asignados, un voluntario recopila la información, la pone en su memoria flash y la transmite al Departamento de Historia Familiar de la Iglesia. Muchos de los reclusos también trabajan en sus propios PAFs, donde los usuarios pueden ingresar nombres, fechas y otra información en una base de datos, para luego clasificar y buscar los datos genealógicos e imprimir formularios y gráficos.

Existen programas similares a escala mucho menor en correccionales penitenciarias en otras partes de Utah y Idaho, EE. UU, así como en Inglaterra. La iniciativa del programa de historia familiar dentro de estas instalaciones es dirigida por los líderes de la Iglesia.

Bendiciones por participar

Entre 2003 y 2010, los reclusos de la Prisión Estatal de Utah han indexado más de seis millones de nombres.

Durante los primeros siete meses de 2011 donaron casi 35.000 horas, e indexaron 1,8 millones de nombres. Se calcula que hacia finales del año los aproximadamente 660 presos que participan habrán indexado un total de tres millones de nombres.

Según el hermano Powell, el éxito del programa se atribuye al hecho de que tanto los voluntarios como los reclusos están muy conscientes de las bendiciones temporales y espirituales que provienen por participar en él.

“Una de las cosas estupendas en cuanto al programa de historia familiar es que se pone de relieve la ley de la Expiación, porque se puede ver a las personas cambiar su vida”, dijo el hermano Powell. “La mayoría de ellos quieren cambiar y es una oportunidad llena de gozo saber que se está prestando servicio a esas personas”.

El hermano Powell, junto con otros 140 voluntarios de historia familiar en la prisión, también siente que su servicio es una oportunidad para que su propio testimonio crezca. “Sé que los presos agradecen el tiempo que uno pasa ayudándoles”, dijo.

Angie es una de las presas que aprecia el programa. Encarcelada en la instalación para mujeres desde 2007, ayuda con la capacitación en el centro de historia familiar. Enseña a los participantes cómo realizar la historia familiar, en particular en cuanto a la indexación y la creación de PAFs.

“El nivel educativo promedio de las mujeres de la prisión es la escuela secundaria”, dijo ella. “Por medio de la historia familiar, las [mujeres] se ven expuestas a matemáticas, historia, geografía, lectura, cursiva, ortografía, investigación. Todas nos sentamos y trabajamos juntas para descifrar las letras. Las veo enseñarse y cuidarse unas a otras”.

Al otro lado del cerco, en el edificio de seguridad media para hombres (llamada “Oquirrh”), Terry observa resultados similares.

“Se obtienen tantos beneficios temporales: aprenden a mecanografiar y a trabajar con computadoras. Aprenden a hacer algo que vale la pena, y yo aprendo paciencia”, dijo. “Mantiene ocupados a los presos. Los mantiene alejados de los problemas, en un buen ambiente, además de que fortalece su autoestima”.

Una de las mujeres de la prisión no había tenido contacto con su hijo por tres años, pero cuando le mandó parte de la historia familiar que había recopilado, la abuela del chico, que era su tutora, le escribió y le dio permiso para que se pusiera en contacto con su hijo regularmente.

Otra joven que no había tenido contacto con ninguno de sus padres por mucho tiempo, un día recibió un paquete. Un tío paterno que ella no sabía que existía había escuchado que estaba en la cárcel y le envió registros genealógicos.

“Para la mayoría, la familia fue parte del problema que hizo que terminaran aquí”, dijo Angie. “Ahora están encontrando parte de la familia que no contribuye al problema. Les da algo a qué aferrarse”.

Muchos de los presos que participan en el centro de historia familiar Oquirrh no son miembros de la Iglesia, pero todos pueden ver la ventaja de tener registros cuando comienzan a buscar su propia historia familiar.

“Les da un sentido de pertenencia y de logro”, dijo Terry. “Muchos de nosotros no sabemos mucho en cuanto a nuestra familia: quiénes eran y dónde están, de dónde vinieron. Empiezan a surgir las historias y pueden ver la conexión que tienen con el pasado. Están haciendo algo que va más allá que ellos mismos”.

Cuando los presos son liberados, tienen la opción de llevarse un disco con toda la labor de historia familiar que realizaron para que puedan continuarla fuera de la prisión.

Más allá del cerco de alambre de púas

En los últimos meses, la participación en el programa de historia familiar ha aumentado.

“Charlas fogoneras y otras actividades han acrecentado la conciencia que se tiene del programa”, dijo el hermano Powell. “El presidente del Templo de Draper, Utah, vino [a la prisión] y explicó el ‘porqué’: lo que sucede después de que se hace la indexación”.

“El cuarto de historia familiar… abre el corazón de hasta el más duro”, dijo Angie. “A veces sentimos como que el cielo está allí”.

Terry dijo que le gusta especialmente hacer investigaciones para encontrar a hijos que hacen falta en las familias.

“Me permite servir”, dijo él. “La capilla es el mejor lugar de esta prisión. Me encanta ver el Espíritu reflejado en el rostro de las personas que uno pensó que nunca participarían”.

Algunas de las personas que nunca pensaron que participarían son las que regresan más a menudo, dijo Angie.

“Surge un pequeño rayo de esperanza cuando aprendemos sobre estas personas a las que buscamos. Algunos no tenían trabajo, cometieron errores”, dijo ella. “Las [mujeres] llegan a comprender que no importa quiénes somos o lo que hayamos hecho, Dios… nos ama lo suficiente… para proporcionar la manera de lograr paz y sanación”.

A medida que los presos llegan a entender más en cuanto al programa de historia familiar y la doctrina de la Iglesia respecto a la familia, muchos encuentran un propósito más grande en lo que están haciendo y en su propia vida.

“Me ha ayudado a saber que todavía mi Padre Celestial me reconoce”, dijo Angie. “Me da esperanza en cuanto al proceso del arrepentimiento. Como, duermo y respiro esperanza de que pueda volver a casa, de que pueda ser rescatada”.

Ya sean miembros de la Iglesia o no, los presos que trabajan en los centros de historia familiar de la Prisión Estatal de Utah se están dando cuenta de que, en un grado u otro, se sienten rescatados.