Cómo avanzar de las presidencias de clase de las Mujeres Jóvenes a las maestras visitantes

Por la hermana Linda K. Burton, Expresidenta General de la Sociedad de Socorro

  • 13 Julio 2016

Abbi Ray, a la izquierda, y Grace Worthington cantan un himno en una clase de las Mujeres Jóvenes el domingo 3 de julio de 2016.  Fotografía de Hans Koepsell.

Puntos destacados del artículo

  • Las lecciones de liderazgo de las Mujeres Jóvenes son un recurso maravilloso para preparar a las jóvenes para convertirse en maestras visitantes.
  • Los principios de preparación espiritual, ministrar a los demás y amar a quienes enseñan prepara a las jóvenes para convertirse en grandes maestras visitantes.

“Las maestras visitantes llegan a conocer y amar a cada hermana con sinceridad, la ayudan a fortalecer su fe y le dan servicio. Procuran inspiración personal para saber cómo responder a las necesidades espirituales y temporales de cada hermana que se les haya asignado visitar”. —Manual 2, 9.5.1.

Una pregunta frecuente que se le hace a las Presidencias Generales de las Mujeres Jóvenes y de la Sociedad de Socorro es: “¿Las jóvenes pueden prestar servicio como maestras visitantes mientras están en las Mujeres Jóvenes para que estén mejor preparadas para servir como futuras líderes, madres y misioneras?”.

Aunque no está aprobado en el manual para las jóvenes que presten servicio como maestras visitantes, hay otras maneras en que se pueden preparar de forma eficaz. Como Presidencia General de la Sociedad de Socorro, es un privilegio servir casi a diario con la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes.

Nos encanta su enfoque y esfuerzos para ayudar a fortalecer el liderazgo de las presidencias de clase de las Mujeres Jóvenes. Recientemente, miembros de la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes han escrito artículos en Church News que buscan ayudar a las líderes de las Mujeres Jóvenes a fortalecer las presidencias de clase.

Las lecciones de liderazgo de las Mujeres Jóvenes se han publicado en LDS.org para ayudar a las presidencias de clase de las Mujeres Jóvenes a conocer cómo contribuir de maneras significativas a la edificación del reino participando en la obra de salvación. Los principios de liderazgo delineados en las lecciones en línea para las presidencias de clase no solo fortalecen a las jóvenes al ser apartadas para actuar en sus llamamientos como miembros de la presidencia de clase, sino que también les sirve cuando practiquen esos principios en sus futuros llamamientos y responsabilidades, incluso y en especial como maestras visitantes.

En el Manual 2, 9.5.1, encontramos una descripción breve de las responsabilidades de una maestra visitante:

“Las maestras visitantes llegan a conocer y amar a cada hermana con sinceridad, la ayudan a fortalecer su fe y le dan servicio. Procuran inspiración personal para saber cómo responder a las necesidades espirituales y temporales de cada hermana que se les haya asignado visitar”.

Las lecciones de liderazgo de presidencia de clase de las Mujeres Jóvenes son la introducción perfecta para las responsabilidades de maestras visitantes mientras las miembros de la presidencia lleguen a conocer y amar a las jóvenes, las ayuden a fortalecer su fe, les presten servicio y busquen inspiración personal para saber cómo responder a sus necesidades. Al hacerlo, se prepara a las jóvenes para servir como maestras visitantes. Observa cómo los siguientes principios y extractos breves que se encuentran en las lecciones de liderazgo de las Mujeres Jóvenes son un recurso maravilloso para preparar a las jóvenes para convertirse en maestras visitantes.

Prepararse espiritualmente

“Con espíritu de oración estudien las Escrituras todos los días de esta semana teniendo en mente a una mujer joven o un desafío que tengan como líder. Presten atención a las impresiones del Espíritu Santo al buscar maneras de seguir el ejemplo del Salvador. Compartan su experiencia con la presidencia de clase”.

Deliberar en consejo

“A medida que demuestren su preocupación y en consejo deliberen sobre las maneras de apoyar y fortalecer a las miembros de la clase, piensen con detenimiento antes de hablar. Comuníquense de maneras que fomenten la confianza y respeto a las personas y familias. Como líderes, tienen la sagrada responsabilidad de mantener confidencial toda información privada o delicada que se trate”.

Ministrar a los demás: velar por cada miembro de la clase

“El profeta José Smith enseñó repetidamente la importancia decisiva de dirigir a los demás con amor y bondad genuinos. Él dijo: ‘Nada tiene mayor efecto en una persona para inducirla a abandonar el pecado que llevarla de la mano y velar por ella con ternura. Cuando las personas me manifiestan la más mínima bondad y amor, ¡oh, qué poder ejerce aquello en mi alma!; mientras que un curso contrario tiende a agitar todos los sentimientos ásperos y contristar la mente humana’ (Hijas en Mi reino, pág. 27).

“Piensen en una época cuando alguien demostró amor genuino y cuidó de ustedes. ¿Qué hizo esa persona? ¿Cómo las impresionó?”.

Enseñar el evangelio de Jesucristo: amar a quienes se enseña

“La caridad es un don de Dios y que no podemos desarrollar sin la ayuda del Señor. Mormón dijo que debemos ‘… [pedir] al Padre con toda la energía de [nuestros] corazones, que [seamos] llenos de este amor’ (Moroni 7:48).

“Al orar, guardar los mandamientos y estudiar la vida del Salvador, su amor por todas las personas aumentará, especialmente hacia aquellos entre quienes sirve”. En Hijas en Mi reino (en el capítulo 7, “La religión pura”: Cuidar y ministrar por medio de las maestras visitantes) encontramos sugerencias sencillas que pueden bendecir tanto a las maestras visitantes como a las presidencias de clase de las Mujeres Jóvenes mientras “ministran” a sus hermanas.

Cómo pueden las maestras visitantes amar, cuidar y fortalecer a una hermana:

• Orar diariamente por la hermana y por su familia.

• Buscar inspiración para llegar a conocer a la hermana y a su familia.

• Visitarla con regularidad para saber cómo está y para consolarla y fortalecerla.

• Mantener un contacto frecuente con ella por medio de visitas, llamadas telefónicas, cartas, correos electrónicos, mensajes de texto y pequeños actos de bondad.

• Saludarla en las reuniones de la Iglesia.

• Ayudarla cuando tenga alguna emergencia, enfermedad u otra necesidad urgente.

• Enseñarle el Evangelio por medio de las Escrituras y de los mensajes de las maestras visitantes.

• Inspirarla mediante su buen ejemplo.

Como hermanas de la Sociedad de Socorro y jóvenes, todas hemos recibido las ordenanzas del bautismo y la imposición de manos por el don del Espíritu Santo acompañados de los convenios sagrados de “… llevar las cargas los unos de los otros… llorar con los que lloran… y… consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar” (Mosíah 18:8–9).

Nuestros convenios y ordenanzas nos conectan con la obra de salvación. Un preciado himno describe esta conexión de manera hermosa: “Sirvamos unidas, pues somos hermanas; que Dios nos bendiga en nuestra labor. Edificaremos Su reino en la tierra brindando servicio con sincero amor” (“Sirvamos unidas”, Himnos, nro. 205).

Mientras las presidencias de clase de las Mujeres Jóvenes y las maestras visitantes se preparen espiritualmente, deliberen en consejo, ministren a los demás y enseñen el evangelio de Jesucristo, “[edificarán] el reino” y ayudarán a las hermanas de todas las edades a prepararse para el regreso de nuestro Salvador Jesucristo.

Abbi Ray lee las Escrituras desde su teléfono en su clase de las Mujeres Jóvenes el domingo 3 de julio de 2016. Fotografía de Hans Koepsell.

Abbi Ray escribe las asignaciones en la pizarra en su clase de las Mujeres Jóvenes el domingo 3 de julio de 2016. Fotografía de Hans Koepsell.

Abbi Ray, a la izquierda, y Grace Worthington buscan Escrituras en el himnario durante su clase de las Mujeres Jóvenes el domingo 3 de julio de 2016. Fotografía de Hans Koepsell.

Abbi Ray, a la izquierda, y Grace Worthington sonríen mientras escuchan su lección de las Mujeres Jóvenes el domingo 3 de julio de 2016. Fotografía de Hans Koepsell.