Esfuerzos de socorro continúan después del tifón Haiyán

- Por Jason Swensen y Sarah Weaver

  • 15 noviembre 2013

Los evacuados en el centro de reuniones Carajay de la ciudad de Lapulapu (Mactan) se refugiaron cuanto antes el 7 de noviembre conforme se preparaban para el tifón más fuerte que azotaría las Filipinas este año.

Puntos destacados del artículo

  • Inmediatamente después de la tormenta, la Iglesia proporcionó alimentos, agua, refugio y otros suministros a las familias desplazadas.
  • Los esfuerzos de socorro que organizó la Iglesia están en camino para proporcionar ayuda adicional a las personas afectadas por el tifón.
  • Las Naciones Unidas estima que 660.000 personas han sido desplazadas por el tifón Haiyán.

“Todos los servicios de internet, energía eléctrica y de teléfonos celulares no funcionaban y en este preciso momento, todavía no funcionan”.—Brent H. Nielson, de los Setenta

Más de 100.000 Santos de los Últimos Días en las Filipinas han quedado tambaleando debido a dos desastres naturales que han devastado secciones importantes de su muy poblada nación isla.

En primer lugar, el 15 de octubre, un terremoto de magnitud 7.2 sacudió la isla de Bohol, cobrando unas 200 vidas y destruyendo o dañando gravemente los hogares de decenas de miembros.

Lamentablemente, esa catástrofe, precedería a un acto de la naturaleza mucho más mortal y destructivo.

El 8 de noviembre, el tifón Haiyán azotó el este de las Filipinas, matando a miles y desplazando a decenas de miles más. Fue afectada de manera especial la ciudad de Tacloban, en la isla de Leyte, donde la lluvia y los vientos de hasta 320 km/h convirtieron una comunidad de 220.000 personas en un terreno baldío lleno de agua.

La Associated Press [Agencia de noticias estadounidense] informó que Haiyán redujo a Tacloban a un desastre de casas, vehículos y árboles destrozados y enmarañados. Mientras tanto, los hambrientos residentes rápidamente desvalijaron los centros comerciales y las tiendas de la zona en busca de alimentos y agua.

La Iglesia está muy extendida en todas las Islas Filipinas, contando con más de 660.000 miembros. Muchos Santos de los Últimos Días figuran entre las víctimas de Haiyán. En el momento de dar los informes de prensa, todavía no se sabía si los miembros estaban entre los muertos o heridos en la tormenta, que se dice es una de las más fuertes que se han registrado en la historia. Los oficiales de la Iglesia también estaban trabajando para recopilar información sobre los daños en las casas de los miembros y en los centros de reuniones.

Más de 10.000 miembros y otras 4.000 personas buscaron refugio en aproximadamente 200 centros de reuniones SUD, según el informe de Bienestar de la Iglesia.

Todos los misioneros en todo el país están seguros y contados. La tormenta destruyó casi toda la comunicación en la gran región de Tacloban. A la oficina del Área Filipinas le llevó varios días para poder comunicarse con todos los misioneros de la Misión Filipinas Tacloban.

A los misioneros de toda la región afectada se les hizo una advertencia por adelantado del avance del tifón, lo que les permitió movilizarse a zonas seguras, incluso a muchos edificios de la Iglesia. Antes de la tormenta, también se proporcionó a cada misionero un kit de emergencia de 72 horas con comida y otras provisiones.

Después de dar cuentas de todos los misioneros que prestan servicio en la zona de desastre en las Filipinas, los líderes locales han volcado su atención a la evaluación de las necesidades de los miembros en el país, dijo el élder Brent H. Nielson, de los Setenta y presidente del Área Filipinas de la Iglesia.

“Todos los servicios de internet, energía eléctrica y de teléfonos celulares no funcionaban y en este preciso momento, todavía no funcionan”, dijo a Church News, el miércoles por la mañana, hora de Filipinas. “No hay ninguna comunicación que salga de esa zona. Todavía tenemos gran dificultad para llevar cosas allí”.

Él dijo que después de la tormenta los líderes locales se comunicaron de inmediato con los presidentes de misión. Cuatro misiones fueron muy afectadas, las misiones de Tacloban, Ceb Este, Bacolod e Iloilo. Debido a los problemas de comunicación, los líderes enviaron a alguien a que buscara a los misioneros, de quienes se dio cuenta de todos, el lunes 11 de noviembre. El élder Nielson dijo que sucedió un milagro tras otro conforme los líderes de la Iglesia trabajaron para ubicar y evacuar a los misioneros, que habían llegado a Manila el jueves 14 de noviembre.

“Fue una tormenta terrible”, dijo él. “Estos misioneros han visto cosas terribles”. Un médico atendió a los misioneros y un profesional en salud mental ha evaluado sus necesidades emocionales. Los líderes de la Iglesia ahora están volviendo a centrar su atención en los Santos de los Últimos Días de la zona de desastre que todavía están en Tacloban y que no tienen “agua, ni un lugar donde quedarse, ni electricidad, ni servicios públicos”.

“Estamos muy preocupados por ellos”, dijo el élder Nielson, haciendo notar que no han sido evacuados . “Es muy difícil”.

La comunicación y el transporte limitados han socavado los esfuerzos de socorro. Los escombros y los cables eléctricos caídos bloquean las carreteras. Los sistemas hidráulicos y eléctricos fueron destruidos o están muy dañados.

Inmediatamente después de la tormenta, la Iglesia proporcionó alimentos, agua, refugio y otros suministros a las familias desplazadas. Otras labores de socorro que organizó la Iglesia estaban en camino para ofrecer ayuda adicional a los miembros afectados y a sus vecinos. Además, la Iglesia fue coordinando las labores de socorro con el gobierno y con otras organizaciones humanitarias.

Se supone que enviar socorro a las Filipinas constituye un esfuerzo enorme en el que participan docenas de naciones y de organizaciones privadas como la Iglesia. El 12 de noviembre, las Naciones Unidas hizo un llamado solicitando más de $300 millones para ayudar a las víctimas. La organización internacional estima que el tifón Haiyán ha desplazado a 660.000 personas.

Bruce Muir, director de Respuesta ante emergencias de la Iglesia, dijo que los líderes de la Iglesia todavía están evaluando las necesidades. En los próximos días, los líderes locales comprarán artículos en Manila, Filipinas, o en otros países de Asia y los enviarán a la zona de desastre. “Haremos todo lo que debemos hacer”, dijo él y añadió que algunos 116.000 miembros de por lo menos 42 estacas y distritos han sido afectados por el desastre. “Sabemos que el lugar está devastado”, dijo él, haciendo notar que todo el mundo está trabajando arduamente para evaluar el estado y las necesidades de los miembros y de otras personas. “Todavía hay muchos aspectos desconocidos. El transporte es difícil; la comunicación está fuera de servicio”.

Las noticias del tifón indujeron a los miembros de todo el mundo a orar por los miembros, los misioneros y por todas las personas de las Filipinas. Muchas personas en la Iglesia tienen vínculos en las islas.