La Sociedad de Socorro: Un llamado a ministrar

  • 8 marzo 2011

“Se ministra al tocar las manos, mirar a los ojos y responder preguntas”, dijo Julie B. Beck, presidenta general de la Sociedad de Socorro, a cerca de 10.000 personas en un devocional realizado en Idaho.

“La verdadera obra tiene lugar cuando se llega al corazón de la persona”. —Julie B. Beck, presidenta general de la Sociedad de Socorro

Al poco de haber sido abandonada por su esposo, Jenny (se ha cambiado el nombre) se trasladó a un barrio nuevo junto con sus hijos pequeños. No se sintió bienvenida, pues creía que los miembros del barrio la veían como otra carga.

Un día, mientras estaba sentada sola en la Sociedad de Socorro, oyó que una hermana acababa de tener un bebé. Aunque no la conocía, decidió llevarle comida para cenar. Poco después, Jenny se enteró de que a otra hermana la habían operado esa semana, así que también decidió llevarle algo de cenar.

Después de repetir durante varias semanas este servicio desinteresado que nadie le había asignado, Jenny descubrió que había hecho nuevas amistades al ministrar a los demás, lo cual le había proporcionado consuelo y fortaleza, y la dio a conocer a todo su nuevo barrio.

“Era una madre soltera, estaba necesitada y precisaba ayuda”, dijo la hermana Julie B. Beck, presidenta general de la Sociedad de Socorro. “Pero también reconoció que había algo en ella que podía dar, y que si quería tener una amiga, debía empezar por ser amigable ella misma... Entendía quién era y que su situación no definía su identidad”.

Dirigiéndose a casi 10.000 mujeres y líderes del sacerdocio de 45 estacas en el sudeste de Idaho, EE. UU., la hermana Beck enseñó que el pertenecer a la Sociedad de Socorro es un llamado a ministrar en el nombre del Salvador.

“Nuestra obra consiste en ayudarnos unos a otros a obtener la vida eterna con nuestro Padre Celestial y recibir las bendiciones que Él nos ha prometido si somos fieles”, dijo. “Somos parte de la obra de salvación del Señor”.

Un llamado a bendecir y ser bendecidos

Durante las dos sesiones que tuvieron lugar el sábado 26 de febrero de 2011 en el campus de la Universidad Brigham Young–Idaho, la hermana Beck abarcó temas muy diversos, aunque uno muy recurrente fue el de los objetivos de la Sociedad de Socorro.

“Nuestros objetivos son... aumentar la fe y la rectitud personal, fortalecer a las familias y los hogares, y... buscar y ayudar a los necesitados”, dijo. 

La hermana Beck dijo que, en un momento o en otro, a menudo de manera diaria, cada uno de nosotros es uno de esos necesitados. Sin embargo, aclaró: “Nunca asuman que la persona con la que están hablando no necesita nada”.

Al mirar hacia nuestro exterior y prestar servicio a otras personas, nosotras mismas seremos bendecidas. “Siempre habrá pobres entre nosotros”, señaló. “El pobre de espíritu, el pobre de corazón y el pobre en cuanto a las cosas del mundo. Están ahí para [santificarnos]. Nos santificamos al trabajar en la obra del Señor, porque los problemas nos superan y las soluciones sólo pueden venir del cielo”.

Ministrar con el Espíritu

La hermana Beck habló de un matrimonio joven con dos hijos y un recién nacido a quien la hermana Beck y su esposo decidieron visitar porque el padre de la familia se acababa de romper una pierna.

Según se acercaban a la vivienda, se hacía más patente el llanto del bebé. Como nadie respondía, ambos echaron un vistazo por la ventana y vieron a los dos pequeños desordenando por completo la cocina. Mientras su esposo limpiaba la cocina, la hermana Beck oyó que el padre pedía ayuda. Lo encontró completamente inmóvil, con la pierna rota y con el inconsolable bebé en brazos, que necesitaba un más que evidente cambio de pañal. 

Con el bebé en brazos, la hermana Beck se encontró a la madre en el salón, incapaz de huir de sus maestras visitantes, quienes le estaban leyendo el mensaje en la revista Ensign.

“¿Harían eso ustedes?”. La hermana Beck preguntó: “Tal vez sí... si piensan que el programa de las maestras visitantes consiste en concertar una cita y leer la lección”.

La hermana Beck enseñó que atender las necesidades temporales o espirituales de otra persona, requiere preparación espiritual. Sin la guía del Espíritu Santo “no tenemos la ayuda de nuestro Padre Celestial para efectuar Su obra”.

También enseñó que “si las maestras visitantes o los maestros orientadores se preparan con el Espíritu cuando van a hacer la visita, sabrán qué cosas buscar, o el Espíritu podría indicarles si necesitan hacerse cargo de algo”.

(Lea más sobre lo que la hermana Beck enseñó acerca de las maestras visitantes y el seguir el Espíritu.)

Prepararse para ministrar

Además de sugerir la oración, el ayuno, el estudio de las Escrituras y otras maneras de prepararse antes de una visita o de enseñar una lección, la hermana Beck alentó a las hermanas a prepararse durante toda la vida, lo cual las hará ser más útiles en las manos del Señor. 

“Cuanto más tiempo llevo en este cargo, más siento el privilegio de ayudar a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo, Jesucristo, en Su obra divina”, dijo. “No me refiero a tener un puesto... en la Iglesia, sino al llamamiento de servir siendo las manos del Señor”.

La hermana Beck pidió a las mujeres que se preparen para ser más diestras compartiendo su testimonio mediante el estudio de las Escrituras. Las alentó a desarrollar sus talentos para ponerlos al servicio de la edificación del reino de Dios. Las instó a buscar revelación mediante la formulación de preguntas y a compartir sus conocimientos. Las desafió a superar las excusas que han permitido impedirles hacer la obra del Señor.

“Ésta es una oportunidad sagrada”, añadió. “Podemos inventarnos todas las excusas que queramos para no hacer la obra del Señor, pero si decidimos incorporarnos a esta gran sociedad, esta maravillosa hermandad que está aquí para brindar consuelo, entonces llegaremos a formar parte de la obra del Señor”.

(Lea más sobre lo que la hermana Beck enseñó acerca de desarrollar los talentos.)

Con la palabra y con las obras

Aunque había más de 10.000 personas escuchando a la hermana Beck, para los presentes era evidente que ella estaba tan interesada en las personas de la misma manera en que pedía a los asistentes estarlo.

Una hermana joven, nueva conversa, hizo una pregunta en la sesión matutina respecto a cómo podría ella enseñar con más confianza. “Vuelva a ponerse aquí”, le pidió la hermana Beck para que volviera a situarse bajo los focos a fin de que todos pudieran verla. “Fíjense en este rostro”, dijo. “Es usted irresistible”.

“Fue muy delicada con todos los que le hacían preguntas”, dijo Mary Lou Wilding, de Sugar City, Idaho. “Fue muy atenta y... [abordó] las preguntas con mucho tacto y amabilidad”.

La hermana Beck conversó con los integrantes del coro al término de los ejercicios para preparar sus voces, justo antes de la reunión. Pasó el almuerzo entre reuniones con presidentes de estacas locales y sus esposas. Tras la última sesión, dedicó cerca de una hora a saludar a una larga hilera de hermanas que aguardaban recibir de ella unas palabras y un abrazo. Por último, accedió a que se le hiciese una entrevista aunque todavía le quedaban cuatro horas de viaje en auto después de un día muy largo.

“La verdadera obra tiene lugar cuando se llega al corazón de la persona... Se ministra al tocar las manos, mirar a los ojos y responder preguntas”, dijo la hermana Beck.

“Es más fácil decir algo que [hacerlo]”, dijo Katelyn Dickson, alumna de BYU–Idaho que asistió al evento. Pero “cuando se ve a alguien que hace lo que dice, uno recibe la esperanza y la fortaleza de que también puede”.

(Lea más sobre lo que la hermana Beck enseñó acerca del planificar reuniones y preparar lecciones.)

Una vida equilibrada

Si bien el llamado a ministrar como hermana de la Sociedad de Socorro enriquece la vida de una mujer y logra acercarla más al Salvador, la hermana Beck admite que ello implica tener que hacer más cosas. 

“Algunos días se sentirán culpables... Ninguna mujer tiene tiempo, energía ni fuerza suficientes para hacer todas las cosas buenas que tiene en mente“, dijo. 

La hermana Beck alentó a las mujeres a buscar la guía del Espíritu Santo al establecer prioridades en la vida y les prometió que el Señor acepta sus mejores esfuerzos, y que las bendecirá por ello.

“El Señor sabe quiénes son porque ésta es Su obra”, señaló. “Él las fortalecerá y las magnificará”.

Y testificó: “El Señor tiene bendiciones para Sus hijas... No tenemos que preocuparnos, tan sólo ser fieles”.

(Lea más sobre lo que la hermana Beck enseñó acerca del encontrar un equilibrio.)