Se dedica un segundo templo en Florida

Por Por Gerry Avant, editor de Church News

  • 5 Mayo 2014

Las Autoridades Generales que participaron en la dedicación del Templo de Fort Lauderdale, Florida, el 4 de mayo son, de izquierda a derecha, el Obispo Presidente Gary E. Stevenson, el élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce, el presidente Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia, el élder Ronald A. Rasband, de la Presidencia de los Setenta, y el élder Kent F. Richards, de los Setenta.  Fotografía por Gerry Avant.

Puntos destacados del artículo

  • El presidente Dieter F. Uchtdorf dedicó el Templo de Fort Lauderdale, Florida, el 4 de mayo. Es el segundo templo en Florida y el número 143 en funcionamiento en el mundo.

DAVIE, FLORIDA

El Estado del Sol hizo honor a su nombre el domingo 4 de mayo y no fue sólo el cielo azul el que causó mayor resplandor en el sur de Florida.

Un mayor halo de brillo emanaba de los rostros de los Santos de los Últimos Días que se regocijaron cuando el presidente Dieter F. Uchtdorf dedicó el Templo de Fort Lauderdale, Florida, el segundo templo de la Iglesia en ese estado y el templo número 143 en funcionamiento en el mundo.

El presidente Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, estuvo en el área de Fort Lauderdale para presidir y hablar el 3 de mayo en el programa cultural de la juventud y para dedicar el templo el 4 de mayo, también habló varias veces sobre las bendiciones de tener un templo en el sur de Florida.

Comentó acerca de la belleza del sur de Florida, el área “entre el vasto océano Atlántico, las praderas pantanosas y más allá del golfo de México”.

“Estoy impresionado no sólo por la belleza natural de Florida, sino también por su pueblo y el rico e inspirador legado de la historia de la Iglesia”, dijo él.

Habló de cómo las ordenanzas del templo y los convenios del templo trajeron gran fortaleza y bendiciones a los primeros pioneros mormones cuando tuvieron que abandonar Nauvoo durante su éxodo hacia el oeste.

Templo de Fort Lauderdale, Florida.

“Las bendiciones del templo estaban casi fuera del alcance de los primeros santos en Florida”, dijo. “Ellos fueron pioneros a su manera. Tuvieron que viajar miles de kilómetros para recibir sus investiduras. Aquellos primeros santos de Florida viajaron a los templos en Salt Lake City y Mesa, Arizona. Más tarde, los santos en Florida ayudaron a construir templos en Washington D.C., en Atlanta y finalmente en Orlando. Hoy ha llegado la hora tan esperada al dedicarse un templo en Fort Lauderdale.

“Nadie puede leer los relatos de los primeros miembros de la Iglesia aquí en Florida sin tener un sentimiento de gratitud y amor hacia estos primeros santos. Me emociono cuando pienso en los muchos sacrificios hechos y el dedicado servicio prestado por estos primeros miembros en Florida. No fue fácil, y a menudo peligroso, para estos santos, cuya historia fue mayormente escrita después de que los carros de mano llegaran al valle del Lago Salado”.

El presidente Uchtdorf habló de la herencia legada a los SUD de Florida, por miembros fieles en el Evangelio como George Paul Canova, presidente de la Rama Sanderson, quien murió en 1898 cuando él y su compañero, Thaddeus Hill, cayeron en una emboscada mientras regresaban de una conferencia misional.

“La vida de esos pioneros de Florida son testimonios sobre el poder, la veracidad y la bondad del mensaje del Evangelio”, dijo el presidente Uchtdorf. “Al dedicar el Templo de Fort Lauderdale y honrar al Señor, también recordamos y honramos a estos fieles miembros que prepararon el camino”.

El presidente Dieter F. Uchtdorf, de la Primera Presidencia, de pie fuera del Templo de Fort Lauderdale, Florida, el 4 de mayo, con el élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, izquierda, y el élder Ronald A. Rasband, de la Presidencia de los Setenta. Fotografía por Gerry Avant.

El presidente Uchtdorf ofreció la oración dedicatoria en la primera y tercera sesión llevadas a cabo para dedicar el templo; el élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, ofreció la oración durante la segunda sesión.

Otras Autoridades Generales que participaron fueron el élder Ronald A. Rasband, de la Presidencia de los Setenta, el élder Kent F. Richards, de los Setenta, y el subdirector ejecutivo del Departamento de Templos, y el obispo Gary E. Stevenson, Obispo Presidente.

Cada una de las Autoridades Generales estaba acompañado por su esposa: la hermana Harriet Uchtdorf, la hermana Kathy Christofferson, la hermana Melaine Rasband, la hermana Marsha Richards y la hermana Lesa Stevenson.

También discursaron durante la dedicación los miembros de la presidencia del Templo de Fort Lauderdale, Florida: Jerry R. Bogges, presidente; Thomas Preston Smith, primer consejero; Robert H. Beck, segundo consejero; Portia Bogges, directora de las obreras del templo, y Marilyn Kay Smith y Wyla Jean Beck, asistentes de la directora de las obreras del templo.

M. Anthony Burns, coordinador del comité de dedicación del templo, y Brook P. Hales, secretario de la Primera Presidencia, también fueron llamados a discursar.

Durante la primera sesión de la dedicación se llevó a cabo una ceremonia para colocar una piedra angular simbólica que se llenó de documentos, otros papeles y publicaciones, fotos y una copia de la oración dedicatoria.

El presidente Uchtdorf hizo unos breves comentarios al recibir a las personas de pie fuera del templo. Él habló sobre la belleza del día: un día soleado y una nueva etapa.

El presidente Dieter F. Uchtdorf invitó a algunos niños a pasar al frente para poner el cemento para sellar la piedra angular del templo. Fotografía por Gerry Avant.

Después de él, las demás Autoridades Generales, y sus esposas se turnaron para poner cemento para sellar la piedra angular, invitó a algunos niños a pasar al frente. Se inclinó y habló a cada niño y niña, preguntando a cada uno su nombre.

Un coro reunido cerca de la piedra angular cantó dos himnos.

Durante cada sesión dedicatoria del templo, los coros compuestos por miembros del distrito del templo, cantaron himnos que expresaban gratitud por el templo y alabanzas por las bendiciones del Señor.

Los miembros vinieron a la dedicación del templo con gratitud y gozo. Entre ellos estaba María Soledad Brenes Pérez, del Barrio Lagoon, Estaca Miami, sur de Florida.

Ella se bautizó a los 18 años, asistió al Templo de Atlanta, Georgia por primera vez como joven adulta durante una cita con su futuro esposo, William J. Pérez, quién había regresado de servir en una misión en Perú. Se casó en el Templo de Atlanta en 1989, continuaron asistiendo a ese templo durante los próximos cinco años, hasta que se dedicó el Templo de Orlando, Florida. “Tomó 13 horas”, dijo con respecto al viaje en coche desde Miami hasta Atlanta.

Cuando le preguntaron cuánto tiempo tardaba desde su casa hasta el Templo de Fort Laurade, sus ojos se llenaron de lágrimas. Tuvo que contener su emoción antes de poder contestar: 30 minutos.

Dijo que estaba agradecida por tener un templo tan cerca de su casa. “Esto significa que podremos ir al templo más a menudo y servir al Señor más diligentemente y constantemente”, dijo. “Ahora es posible venir al templo a menudo, incluso semanalmente, y no de vez en cuanto”.