La hermana McConkie afirma que la obra de salvación requiere que nos asociemos

Por Por Carol F. McConkie, primera consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes

  • 26 junio 2013

Hermana Carol F. McConkie, primera consejera de la presidencia general de las Mujeres Jóvenes  Foto por Ravell Call, Deseret News

“Tanto en el hogar como en la Iglesia, las mujeres participan en la obra del sacerdocio… Esta obra es más productiva cuando… las mujeres y los poseedores del sacerdocio se asocian para trabajar juntos”. —Élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles

Dondequiera que vaya en esta maravillosa Iglesia, me inspiran las líderes de las Mujeres Jóvenes que magnifican sus llamamientos y trabajan codo a codo con líderes rectos del sacerdocio para bendecir a los jóvenes hijos e hijas del Padre Celestial y a sus familias. Al trabajar juntos en unidad y fe, son un ejemplo para nuestros jóvenes de la belleza y la bendición del sacerdocio de Dios sobre la tierra, el cual nos habilita para ayudar en la obra de salvación.

El élder L. Tom Perry enseñó: “Tanto en el hogar como en la Iglesia, las mujeres participan en la obra del sacerdocio, la obra que lleva las bendiciones del sacerdocio a la vida de los hijos de Dios, mediante la cual se manifiesta el poder de la divinidad… Esta obra es más productiva —en el hogar y en la Iglesia— cuando las mujeres y los poseedores del sacerdocio se asocian para trabajar juntos” (“Power In the Priesthood”, Capacitación para Autoridades Generales, 5 de abril de 2013).

El sacerdocio es el poder y la autoridad que Dios da al hombre para actuar en todas las cosas necesarias para la salvación de los hijos de Dios. “Las llaves del sacerdocio son la autoridad que Dios ha dado a los líderes del sacerdocio para dirigir, controlar y gobernar el uso de Su sacerdocio en la tierra” (Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 2.1.1.). Todas las personas que tienen un llamamiento en la Iglesia son llamadas y apartadas bajo la dirección de alguien que posee las llaves del sacerdocio. Se nos llama por profecía y por la imposición de manos por aquéllos a quienes Dios ha autorizado (véase Artículos de Fe 1:5).

Las líderes de las Mujeres Jóvenes son llamadas para instruir, animar y apoyar a las jóvenes y sus familias a medida que se esfuerzan por vivir los principios del Evangelio y “[crecen] en su testimonio del Padre Celestial, de Jesucristo y del Evangelio restaurado” (Manual 2, 10).

Servimos con confianza, sabiendo que hemos recibido autoridad delegada para actuar en nuestros llamamientos mediante las llaves del sacerdocio (véase Manual 2: Administración de la Iglesia, 2.1.1). Nuestra confianza para servir aumenta al ejercer la fe en las ordenanzas del sacerdocio y los convenios que hemos hecho con Dios.

En los consejos de barrio y estaca, las líderes de las Mujeres Jóvenes y los líderes del sacerdocio se reúnen para hacer la voluntad del Señor. Los líderes del sacerdocio buscan el consejo de las líderes de las Mujeres Jóvenes con respecto a todo lo relacionado con ayudar a las personas a venir a Cristo.

“Hermanas, estén preparadas mental y espiritualmente para hablar sobre las necesidades [de las jóvenes y sus familias]. Sean valientes. Sean firmes. Siéntanse seguras al proponer hablar sobre inquietudes y problemas serios… Al escuchar lo que tengan para decir, el líder del sacerdocio a quien rindan cuentas será más fortalecido que lo que ustedes puedan imaginar. En muchos casos, ustedes verán las necesidades y preocupaciones de las mujeres, los jóvenes, los niños y las familias con más empatía y comprensión que sus líderes del sacerdocio. Con espíritu de oración estén atentas a los problemas y sugieran soluciones. Luego, con otros líderes, estén dispuestas a seguir y apoyar el consejo de aquéllos que poseen las llaves del sacerdocio… Todas las personas prosperan, en todos los niveles de gobierno de la Iglesia, al seguir y apoyar a las personas que poseen las llaves” (M. Russell Ballard, Counseling with Our Councils, 1997, págs. 94–95).

Hace poco, fui testigo de la belleza que emana de las líderes de las Mujeres Jóvenes y los líderes del sacerdocio trabajando juntos para llevar las bendiciones del sacerdocio a la vida de la magnífica juventud y sus familias. La conferencia de la juventud se había planeado bajo la dirección del presidente de estaca. Nueve meses antes, los miembros del consejo para la juventud de estaca expresaron su preocupación en cuanto a la salud espiritual y temporal y la estabilidad de sus hogares y familias. Los líderes del sacerdocio y de las Mujeres Jóvenes de estaca guiaron a los jóvenes al deliberar en consejo acerca de las soluciones y actividades recomendadas que podrían fortalecer a los jóvenes y sus familias.

Juntos, decidieron centrarse en el templo. Hicieron caso de la guía de la Primera Presidencia, que había instado a los jóvenes a usar nombres de familiares o nombres de antepasados de los miembros del barrio y la estaca para realizar la obra del templo. El consejo para la juventud puso la meta de reunir 3.300 nombres para realizar las ordenanzas del templo. Bajo la dirección de los obispos, los líderes de la juventud consultaron a los líderes del sacerdocio y de las Mujeres Jóvenes de barrio. Planearon actividades que ayudarían a todos a captar el espíritu de la obra de historia familiar. Aprendieron a indexar. Visitaron el centro de historia familiar. Pidieron la ayuda de sus familias y de los miembros del barrio. Finalmente, los jóvenes de la estaca investigaron y reunieron más de 3.400 nombres.

Embarcados en la obra de salvación, los jóvenes y sus familias fueron bendecidos. Los jóvenes irradiaban confianza, pureza y el Espíritu del Señor. Cada uno de ellos era digno de una recomendación para el templo y tenía la determinación más firme de permanecer en lugares santos. Se mantuvieron juntos mediante la fe y la unidad.

Estos jóvenes habían visto que líderes adultos trabajaban juntos bajo la dirección de los que poseen las llaves del sacerdocio y aprendieron a hacer lo mismo. Podemos ayudar a nuestros jóvenes a comenzar a comprender la belleza y la bendición del sacerdocio al participar juntos en la obra de salvación.