Richard Elliott: Disfrutando la música de la vida

- Heather Wrigley, Noticias y eventos de la Iglesia

  • 22 abril 2011

Richard L. Elliott, uno de los organistas principales del Coro del Tabernáculo Mormón, traza paralelismos entre la música que él crea con el órgano y la vida que está creando con la música.

Puntos destacados del artículo

  • Richard Elliott se bautizó en la Iglesia a finales de su adolescencia, en 1980.
  • En 1991 se convirtió en organista a tiempo completo del Tabernáculo.
  • En 2009, una lesión en su brazo, potencialmente amenazante para su carrera, lo llevó a desarrollar la destreza con los pedales, por lo que está siendo muy conocido.

“En la música, no es tan malo si te equivocas, es sólo una mala nota. Pero es algo maravilloso que, cuando nos equivocamos en la vida, tenemos al Señor para ayudarnos a arrepentirnos y hacerlo mejor”. —Richard L. Elliott, organista del Coro del Tabernáculo Mormón

Cuando Richard L. Elliott se sienta en la pulida madera de cerezo del órgano del Centro de Conferencias en Salt Lake City, Utah, EE. UU., los 7667 tubos del órgano traducen la música de su alma en algo que los demás pueden disfrutar.

A veces la música emana en ricas ondas, como cuando acompaña al mundialmente famoso Coro del Tabernáculo Mormón cantando el muy amado himno “Éste es el mundo de mi Padre”.

En otras ocasiones la música irrumpe, como lo hace con su poderoso y vibrante arreglo de “Go, Tell It on the Mountain”, una canción de gospel afro-americano que requiere la ágil técnica de los pedales de pie, por la que él ha adquirido cierta fama.

Pero ya sea que esté tocando el órgano, lidiando con lo inesperado de la vida, aprendiendo, o simplemente viviendo, el hermano Elliott sabe que el trabajo continuo y la preparación son componentes clave para nuestro tiempo aquí en la tierra.

“Hay muchos paralelismos entre tocar el órgano y por lo que pasamos en la vida”, dice el hermano Elliott. “Probablemente lo más importante es que [la vida] requiere un constante esfuerzo y preparación. No basta con atiborrarse de estudio a última hora... Es mejor trabajar de forma constante durante un largo período de tiempo”.

Esfuerzo y preparación en la música

La facilidad con la que el hermano Elliott domina todo, desde un piano eléctrico hasta el órgano de cinco teclados del Centro de Conferencias, viene de más de 40 años de práctica y formación musical.

Se enamoró de la música cuando era niño, al escuchar a su madre tocar el piano. La iglesia a la que asistía, mientras crecía en la costa este de los Estados Unidos, lo introdujo a la música gospel, la cual aún influye en sus arreglos musicales enérgicos y muchas veces improvisados. 

De adolescente, tocaba el órgano —con grandes altavoces, máquina de hacer humo, y luces psicodélicas— en una banda de rock. Durante un concierto en una escuela secundaria, aparecieron los bomberos, y el departamento municipal de parques y recreación intentaron poner a la banda en una lista negra.

“Creo que cada músico que sirve en el Coro del Tabernáculo Mormón tiene que encontrar cuál es su voz singular”, dijo el hermano Elliott. “Mi formación fue en una variedad de estilos musicales... Cuando vine aquí tuve que pensar qué era peculiar de lo que yo traía, pero que beneficiaría al Coro y a la Iglesia, así que he tratado de interpretar aquellas cosas”.

El hermano Elliott llegó al Coro en 1991, tras licenciarse en música en el instituto Curtis Institute of America, en Filadelfia, Pennsylvania, EE. UU., y conseguir su maestría y doctorado en la escuela Eastman School of Music, en Rochester, New York, EE. UU.

Muchos están de acuerdo en que la “voz” del hermano Elliott, como organista principal del Coro, es auténtica y fácil de reconocer, por sus 20 años como organista de la Manzana del Templo.

Cada uno de los cinco organistas del coro está muy involucrado en ensayar con el coro, tocando para el programa semanal Música y palabras de inspiración, e interpretando en los recitales diarios de la Manzana del Templo. El grupo consta de los organistas de tiempo completo Richard Elliott, Clay Christiansen y Andrew Unsworth, y las organistas de tiempo parcial Bonnie Goodliffe y Linda Margetts.

“Siempre tratamos de invertir el tiempo en el órgano y hacer todas las cosas que se nos enseñó a hacer en nuestras lecciones de música, pero también nos preocupamos de la preparación espiritual”, dijo el hermano Elliott. “Sentimos que nuestro trabajo aquí es el de edificar e inspirar, pero... también sentimos que nuestro trabajo es el de testificar por medio de nuestra música”.

El sentimiento más gratificante, dijo él, es la confirmación de que lo que él está tocando comunica el mensaje que intenta transmitir.

“Cada vez que salgo y me pongo delante del Coro, y oigo esas voces, se me eriza el cabello”, dice él. “Todavía hay momentos en los que me supera la emoción, no sólo por la dimensión del sonido, o por lo buenos que son, sino por el espíritu que traen y la música que cantan, la cual tiene el potencial de cambiar vidas”.

Esfuerzo y preparación en la adversidad

Un evento que potencialmente podría cambiar la vida de uno, sucedió en la vida del propio hermano Elliott en 2009, cuando se rompió el tendón de su bíceps izquierdo. Sus opciones eran dejarlo y recuperar la movilidad, pero con menos fuerza en ese brazo, o someterse a una operación, la cual podía suponer daños a los nervios.

“Daba un poco de miedo, como músico profesional, contemplar lo que podría pasar en el futuro”, dijo él.

Confió en el Señor, con la fe de que pasara lo que pasara, él lo aceptaría. 

Decidió someterse a la operación y, mientras se recuperaba, encontró otras formas productivas de pasar el tiempo, especialmente en practicar su técnica con los pedales del órgano. 

Dicho esfuerzo acabó siendo la génesis de los solos al órgano que ha interpretado en el concierto de Navidad del Coro en los últimos años.

Aunque su experiencia con la composición era limitada, también utilizó el tiempo para estudiar orquestación y hacer los arreglos de una pieza para el Coro, a petición del director del Coro Mack Wilberg.

Desde la operación, ha recuperado el uso y la fuerza del brazo en su totalidad, sin ningún problema a largo plazo.

“Mi recuperación fue una ratificación de que mi don vino de nuestro Padre Celestial y que Él no había terminado de usarme como instrumento en Sus manos”, dijo el hermano Elliott. “Pero también pienso que, si las cosas hubieran tomado otro giro, habría encontrado otro forma de servir y habría encontrado consuelo en ello”.

Esfuerzo y preparación en la conversión

Cuando el hermano Elliott tenía 18 años, un día iba con su madre en el auto, cuando ella señaló el “Templo Mormón de Washington DC”. No sabía entonces que doce años después se casaría por tiempo y eternidad en ese mismo templo.

Poco después de ver el templo por primera vez, mientras estudiaba para su licenciatura en Filadelfia, conoció la Iglesia por medio de unos compañeros de clase que eran mormones. 

El Libro de Mormón tuvo sentido para él; vio que coincidía con la Biblia, la cual había estudiado en su juventud. Un misionero de estaca le dio las charlas misionales y le enseñó a reconocer el Espíritu.

“Finalmente, tuve que ponerme de rodillas y orar para saber si la Iglesia era verdadera”, dijo él. “Cuando tuve ese sentimiento, sabía que tenía que dar el paso”.

Aproximadamente un año después, en mayo de 1980, se bautizó en la Iglesia. 

Esfuerzo y preparación en la vida

En 1991, cuando el hermano Elliott se convirtió en organista del coro, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) le encargó ser el mejor organista que pudiera ser. 

“Todavía siento que no lo he conseguido”, dijo el hermano Elliott. “He logrado algunos avances, pero puedo ver cosas en las que no he hecho todo lo que he podido hacer, así que tengo un sentido de urgencia ahora por trabajar más duro e invertir más tiempo en hacer las cosas que son más importantes”.

Conforme trabaja para mejorar, dijo que obtiene fuerza e instrucción del Evangelio.

“En la música, no es tan malo si te equivocas, es sólo es una mala nota”, dijo él. Pero es algo maravillosos que, cuando nos equivocamos en la vida, tenemos al Señor para ayudarnos a arrepentirnos y hacerlo mejor. Él nunca abre la puerta demasiado... Siempre es lo suficiente para ver el siguiente paso. Ha funcionado bien para mí tomar un paso a la vez y buscar inspiración en cada uno de esos pasos”.

Mientras que el hermano Elliott tal vez no pueda ver con certeza más que un paso por delante, él confía que, al poner la preparación y el esfuerzo necesarios, la música que produce seguirá enriqueciendo su tiempo aquí en la tierra, así como el de todos los que la oigan.