Miles se reúnen de nuevo en BYU para disfrutar de la Semana de la Educación. El orador principal fue el élder Callister

- Por Jason Swensen, redactor de noticias de la Iglesia

  • 17 agosto 2012

En el campus de la Universidad Brigham Young, en Provo, Utah, el élder Tad R. Callister se dirigió a los participantes en la Semana de la Educación acerca de los principios del Evangelio y la auto superación.

Puntos destacados del artículo

  • El tema de la Semana de la Educación de este año fue: “Sin profecía, el pueblo se desenfrena, pero el que guarda la ley es bienaventurado” (Proverbios 29:18).
  • La mayoría de los desafíos de la vida, dijo el élder Callister, pueden sobrellevarse y superarse si uno entiende su verdadera identidad, y posee una visión correcta de su destino divino.
  • Otro recurso esencial para una persona en la búsqueda de su destino divino es los “dones del Espíritu”, como el amor, la paciencia, el conocimiento y el testimonio, dijo el élder Callister.

“En esencia, cada don del Espíritu representa un atributo de la divinidad. Por consiguiente, cada vez que adquirimos un don del Espíritu, adquirimos un atributo en potencia de la divinidad”. —Élder Tad R. Callister, Presidencia de los Setenta

Por 90 años, la popular Semana de la Educación de la Universidad Brigham Young ha proporcionado instrucción espiritual y práctica a decenas de miles de personas dentro y fuera de los Estados Unidos. Una vez más, un gran número de hombres y mujeres, y un ejército cada vez mayor de jóvenes, se reunieron en el campus de BYU del 13 al 17 de agosto para disfrutar del singular ambiente del evento de aprendizaje y camaradería del Evangelio. Cada año el popular evento atrae a participantes de todas las edades de casi todos los estados y de más de una decena de países.

El lema de la edición de este año de la Semana de la Educación se obtuvo del capítulo 29 de Proverbios: “Sin profecía, el pueblo se desenfrena, pero el que guarda la ley es bienaventurado” (versículo 18).

“El tema destaca el camino para la conseguir la verdadera felicidad: tener una visión de quiénes somos verdaderamente y qué podemos llegar a ser, y de guardar la ley del Señor”, dice Bruce Payne, administrador del programa de la Semana de la Educación.

Los participantes disfrutaron de alrededor de 1.000 clases que enseñaron más de 200 presentadores provenientes de una vasta colección de entornos y profesiones. Las áreas de instrucción incluyeron principios del Evangelio, relaciones familiares y de matrimonio, superación personal, finanzas y educación. Varios cursos también fueron diseñados especialmente para los jóvenes asistentes a la conferencia.

El evento también incluyó varias presentaciones musicales y una puesta en escena de La ciudad de José: Un musical histórico de Nauvoo.

En su discurso principal del martes 14 de agosto, el élder Tad R. Callister, de la presidencia de los Setenta se centró en la visión “de quiénes somos y lo que podemos llegar a ser”.

Miles de asistentes a la conferencia acudieron al Centro Marriott para escuchar el discurso del élder Callister titulado “Nuestra identidad y nuestro destino”.

La mayoría de los desafíos de la vida, dijo él, pueden sobrellevarse y superarse si uno entiende su verdadera identidad, y posee una visión correcta de su destino divino.

“Creemos que somos descendencia espiritual de Dios con atributos espirituales que hemos heredado y que nos dan el divino potencial de llegar a ser como nuestro padre, Dios el Padre”, dijo.

Tal “doctrina de identidad”, agregó, define el destino potencial de una persona. “Si uno no entiende correctamente su identidad divina, entonces nunca comprenderá correctamente su destino divino. Son en verdad compañeros inseparables”.

La caída de Adán y Eva en el Jardín de Edén permitió a los hijos de Dios experimentar la vida mortal y embarcarse en un camino de potencial ilimitado, dijo él.

Estar inmerso en un mundo del bien y del mal, tener la capacidad de elegir y poder recurrir a los poderes de la Expiación dieron como resultado oportunidades ilimitadas al hombre para progresar hacia su destino.

“La instrucción conmovedora del Salvador y que invita a reflexionar ‘Sed, pues, vosotros perfectos’, era más que metal que resuena o címbalo que retiñe. Era una invitación divina de elevarnos a nuestro pleno potencial y llegar a ser como Dios, nuestro Padre”, dijo el élder Callister.

Por otra parte, él dijo que uno podría preguntarse: “¿Por qué Dios quiere que lleguemos a ser como Él?”.

“A fin de responder a esa pregunta primero uno debe entender por qué existe el hombre”, explicó el élder Callister. “Lehi dio la respuesta breve y simple: ‘Existen los hombres para que tengan gozo’ (2 Nefi 2:25). Si tuviera que preguntarle quién es el ser más feliz en el universo, quién tiene más gozo, sin duda respondería, Dios. Por consiguiente, cuanto más lleguemos a ser como Dios, mayor será nuestra capacidad de experimentar Su calidad de gozo y así cumplir con la medida de nuestra existencia. Debido a que Dios nos ama como hijos Suyos, Él desea que lleguemos a ser perfectos como Él para que tengamos una plenitud de gozo, como Él tiene. Por esa razón Su plan para nosotros a menudo se llama ‘el plan de felicidad’”.

La participación en las ordenanzas salvadoras del Evangelio, agregó el élder Callister, puede desbloquear y dar rienda suelta a ciertos poderes de la divinidad en la vida que no están disponibles de ninguna otra forma. Tales ordenanzas incluyen el bautismo, el don del Espíritu Santo, recibir el sacerdocio y las ordenanzas que sólo se encuentran en el templo.

Otro recurso esencial para una persona en la búsqueda de su destino divino es los “dones del Espíritu”, dijo él.

“¿Cuáles son los dones del Espíritu? Los conocemos como amor, paciencia, conocimiento, testimonio y así sucesivamente. En esencia, cada don del Espíritu representa un atributo de la divinidad. Por consiguiente, cada vez que adquirimos un don del Espíritu, adquirimos un atributo en potencia de la divinidad”.